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ATADA A TRES ALMAS - Capítulo 12

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  4. Capítulo 12 - 12 Capítulo 12 – Marcas de fuego
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12: Capítulo 12 – Marcas de fuego 12: Capítulo 12 – Marcas de fuego La guarida dormía en penumbra.

Solo las runas grabadas en la piedra latían con un brillo tenue, como respiraciones de luz.

En el centro, Lyria estaba de pie, la piel cubierta por el resplandor que nacía de su propia marca.

Desde el ataque y la traición frustrada, algo dentro de ella había cambiado.

El poder que antes se desbordaba sin control ahora buscaba salida, reclamando un propósito.

Rowen ajustaba los sensores de energía, la voz serena pero firme.

—Si logras sincronizar las tres líneas del vínculo, la energía dejará de dañarte.

Se convertirá en parte de ti.

Kael estaba detrás, la mirada fija en ella, su presencia tan tangible como el calor de una hoguera.

Eren se mantenía cerca, silencioso, como un guardián invisible.

Lyria cerró los ojos.

El sonido del mundo se desvaneció, sustituido por tres ritmos distintos: el pulso firme del Alfa, la calma profunda del Beta, la sombra latente del Sigma.

Por un instante, las tres vibraciones se entrelazaron dentro de ella.

La marca en su nuca respondió con una llamarada de luz carmesí que recorrió su espalda y sus brazos.

El aire se volvió denso.

El poder crecía, mezclado con sensaciones: el calor del vínculo, la memoria de cada mirada, cada promesa.

No era un fuego que quemara, era uno que transformaba.

Lyria dio un paso al frente, abriendo las manos.

Una corriente de energía dorada salió de su cuerpo y se extendió por las paredes del santuario.

Las runas antiguas comenzaron a arder con un brillo cálido.

Kael se acercó, el rostro iluminado por aquella luz.

—Lyria… Ella lo miró y sonrió, apenas.

—Estoy bien.

Es solo… poder.

Rowen la observaba con una mezcla de admiración y asombro.

—No solo poder —corrigió—.

Es tu herencia.

Eren, sin apartar la vista de la luz que los envolvía, murmuró: —Y también nuestra.

El fuego se expandió, cubriendo la sala con una calidez viva.

Durante un momento, todos quedaron unidos en el mismo pulso: tres respiraciones, un solo corazón.

Entonces, con un destello final, la luz se disipó.

La marca de Lyria seguía ardiendo, pero su brillo era estable.

Ya no era una herida, ni una carga.

Era un sello.

Lyria se dejó caer de rodillas, exhausta pero serena.

Kael la sostuvo antes de que tocara el suelo.

Rowen apoyó una mano sobre su hombro, y Eren se arrodilló junto a ella.

—Ya está —dijo ella, con una sonrisa débil—.

Ya no me controla.

Kael la miró, el fuego reflejado en sus ojos.

—Ahora tú lo controlas.

Fuera, la luna llena se alzó, teñida de un tono dorado que nunca antes se había visto en Lunaris.

Las marcas de fuego habían despertado.

Y con ellas, un poder que podía salvarlos… o consumirlos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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