ATADA A TRES ALMAS - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 Capítulo 14 – Envidia y sangre
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14: Capítulo 14 – Envidia y sangre 14: Capítulo 14 – Envidia y sangre El Consejo Lunar se reunió en lo alto de la torre central de Lunaris, bajo una cúpula de cristal que reflejaba una luna teñida de rojo.
Afuera, la ciudad parecía normal; adentro, cada palabra era una chispa sobre un campo de pólvora.
Selene, impecable en su traje oscuro, hablaba con voz firme ante los consejeros.
—Los linajes antiguos están despertando.
La energía de la Omega Trina puede alterar el equilibrio.
Una pausa.
—Si no controlamos ese poder, nos destruirá a todos.
Las pantallas mostraban imágenes borrosas del templo, de la guarida, de las llamaradas de energía de Lyria.
Cada proyección cuidadosamente editada, manipulada.
Selene sonreía apenas: las semillas de duda ya estaban plantadas.
Uno de los ancianos del Consejo preguntó: —¿Y qué propone, señora Vortex?
Selene entrelazó las manos.
—Neutralizar el vínculo.
Dividirlo antes de que la marca alcance su punto máximo.
Mientras tanto, en las ruinas del templo lunar, Lyria despertaba con un estremecimiento.
El aire olía a tormenta.
El fuego, la mente y la sombra vibraban dentro de ella, inquietos.
Rowen, que no solía asustarse fácilmente, dejó a un lado las pantallas de vigilancia.
—No me gusta el silencio —dijo.
Kael ya tenía la mano sobre la empuñadura de su espada.
—Tampoco a mí.
Eren, quieto, observaba las sombras que se alargaban por las paredes.
—No es silencio.
Es contención.
Están acumulando energía.
El suelo tembló.
Una luz carmesí, la misma del consejo, atravesó el techo del templo y se derramó sobre ellos.
La energía golpeó como una ola; Lyria gritó.
Selene había lanzado su ataque.
No era una simple explosión: era una cadena de energía lunar invertida, creada para romper los lazos del vínculo.
Kael cayó de rodillas, la marca en el pecho ardiendo.
Rowen intentó estabilizar el campo, pero su propia marca comenzó a brillar con un ritmo contrario.
Eren gruñó, sujetándose la cabeza.
Lyria sintió cómo el fuego, la mente y la sombra se desordenaban dentro de ella, cada uno tirando en direcciones opuestas.
El dolor era insoportable, pero la ira lo era más.
—¡No!
—su voz resonó en la sala—.
¡No me los quitarás!
La energía de la marca estalló, creando un campo dorado que contrarrestó el rojo.
Lyria se mantuvo en pie, las lágrimas cayendo, el poder temblando en el aire.
En la torre, Selene observaba los monitores mientras su plan comenzaba a fracturarse.
El reflejo de Lyria, de pie en medio de la tormenta, la paralizó por un instante.
Porque en ella vio algo que había deseado toda su vida: aceptación.
—Eso era mío —susurró Selene—.
Todo lo que ella tiene me lo robaron.
Su control vaciló.
El flujo de energía se desvió y la cúpula del Consejo se quebró.
La luz roja se dispersó en destellos que cayeron sobre la ciudad como lluvia ardiente.
En el templo, la fuerza de Selene se desvanecía.
Kael se levantó tambaleante, con el fuego de nuevo encendido en los ojos.
Rowen estabilizó el vínculo con una corriente mental limpia.
Eren extendió la sombra para protegerlos de los fragmentos de energía.
Lyria, en el centro, respiró con fuerza.
—No hay envidia que pueda contra lo que somos —dijo.
El silencio volvió.
La lluvia carmesí se extinguió, dejando el aroma metálico de la batalla y la certeza de que Selene no se detendría.
Pero ahora sabían que su poder conjunto podía resistirla.
Muy lejos, entre las ruinas de la torre derrumbada, Selene se levantó cubierta de sangre y polvo.
Miró el cielo, donde la luna recuperaba su luz plateada.
—No termina aquí —murmuró—.
La luna aún tiene fases.
Y en ese instante, comprendió que la envidia se había convertido en su única fe.
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