ATADA A TRES ALMAS - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 – El instinto del Alfa
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16: Capítulo 16 – El instinto del Alfa 16: Capítulo 16 – El instinto del Alfa La ciudad de Lunaris estaba en calma, pero era una calma falsa, la que precede a las grandes tormentas.
En la guarida, las luces estaban bajas y el aire cargado de energía contenida.
Kael Draven permanecía de pie frente a la mesa de mando, los ojos fijos en los mapas que proyectaban el movimiento del Consejo y los restos del ejército de Selene.
Habían sobrevivido a todo, pero algo dentro de él no descansaba.
El instinto del Alfa no sabía lo que era la paz: solo la alerta constante.
Cada ruido, cada sombra, era una posible amenaza.
Rowen estaba revisando los canales de comunicación; Eren, silencioso, vigilaba desde el pasillo exterior.
Lyria dormía, su cuerpo aún débil después de la captura, pero su presencia seguía irradiando calma y poder.
Kael la miró un momento, y en su pecho se mezclaron orgullo y miedo.
Había jurado protegerla, pero el vínculo le había enseñado algo que nunca esperaba: no se trataba de fuerza, sino de confianza.
Y confiar… era lo que más le costaba.
Rowen se acercó, la voz baja.
—No puedes mantenerte en guardia para siempre, Kael.
—No mientras haya una amenaza —respondió él.
—Entonces nunca descansarás —replicó Rowen, con una leve sonrisa.
Eren entró en ese momento, su tono tan tranquilo como siempre.
—Hay movimientos en el distrito Alfa.
El Consejo prepara algo.
Kael asintió.
—Lo esperaba.
Se giró hacia los dos.
—Escuchen.
Ya no somos tres guerreros y una Omega.
Somos una unidad.
Si nos atacan, no lucharemos separados.
Rowen bajó la cabeza, respetuoso.
Eren, en silencio, le sostuvo la mirada.
—¿Qué harás cuando el Consejo venga por ti?
—preguntó.
Kael respiró hondo.
—Haré lo que hace un Alfa.
Mantenerlos con vida.
Un ruido los interrumpió: Lyria se había despertado.
Su voz era suave, pero firme.
—No necesitas mantenernos con vida, Kael.
Solo caminar con nosotros.
Él se volvió, y por un instante, todo el peso de su deber pareció desvanecerse.
Lyria se incorporó, aún pálida, pero su mirada tenía la luz de siempre.
—El instinto del Alfa no está para cargar el mundo —dijo—.
Está para sostenerlo cuando los demás caen.
Kael se arrodilló frente a ella, dejando que la coraza invisible del guerrero se deshiciera un poco.
—Temo perderlos —confesó.
—Entonces eres más fuerte de lo que crees —le respondió ella.
Sus manos se unieron, y el vínculo se encendió una vez más.
Por un momento, el fuego del Alfa, la mente del Beta, la sombra del Sigma y la luz del Omega respiraron al mismo compás.
Eren habló, mirando el horizonte a través de la entrada.
—No importa lo que venga.
No nos romperán.
Kael se levantó.
Su mirada había cambiado: ya no era solo el Alfa del combate, sino el líder de un todo.
—Que venga lo que tenga que venir —dijo con calma—.
Esta vez, no lucharemos por sobrevivir.
Lucharemos para vivir.
Fuera, la luna comenzaba a alzarse.
Su reflejo caía sobre ellos como una bendición silenciosa, presagio del destino que estaba por cumplirse.
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