ATADA A TRES ALMAS - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 18 – El despertar del Omega
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18: Capítulo 18 – El despertar del Omega 18: Capítulo 18 – El despertar del Omega El amanecer llegó teñido de oro.
Por primera vez en años, Lunaris despertó sin el peso de la guerra.
La ciudad, todavía humeante por las batallas recientes, parecía respirar al compás de un nuevo ritmo.
Lyria abrió los ojos antes de que la luz entrara en la guarida.
Durante un instante no reconoció el silencio.
Era demasiado puro, demasiado vivo.
Su cuerpo aún temblaba con los ecos de la unión; la energía que compartía con Kael, Rowen y Eren seguía fluyendo, ahora más estable, más profunda.
Kael se encontraba junto a ella, en calma.
Rowen revisaba los monitores, aunque su atención estaba claramente en Lyria.
Eren observaba desde la entrada, la mirada serena, como si ya supiera lo que estaba a punto de suceder.
La marca trina en la nuca de Lyria comenzó a brillar suavemente.
El calor se extendió por su piel, pero esta vez no era fuego ni poder: era vida.
Rowen fue el primero en notarlo.
—Tu energía cambió —dijo en voz baja.
Lyria lo miró, confundida.
—¿Cambió?
Kael se incorporó, alerta.
Eren cerró los ojos, concentrándose en el vínculo.
Entonces lo sintieron todos a la vez: un pulso nuevo, un latido diminuto que se mezclaba con los suyos.
Lyria llevó una mano a su vientre, sin entender del todo.
—Es… Rowen asintió, con una sonrisa que era mitad incredulidad, mitad ternura.
—Tres latidos.
El silencio se llenó de emoción.
Kael tomó aire, los ojos brillándole con algo que no era miedo ni sorpresa, sino orgullo.
—Tres… —murmuró—.
Tres como nosotros.
Lyria rió entre lágrimas.
—La luna no se conformó con una sola vida.
Eren se acercó, colocó una mano sobre su hombro.
—No es casualidad —dijo—.
Es el equilibrio.
Los cuatro permanecieron juntos, rodeados por la luz del amanecer que entraba a través de las grietas del techo.
El aire olía a lluvia y a promesa.
Lyria levantó la mirada hacia el cielo, donde la luna menguante aún era visible.
—El Omega no es el final ni el principio —susurró—.
Es el ciclo que continúa.
Kael apoyó la frente en la suya.
—Y ese ciclo empieza contigo.
Rowen y Eren se unieron al gesto, y por un instante los cuatro fueron solo un haz de luz dorada, azul y plata.
Fuera, la ciudad de Lunaris despertaba bajo una luna nueva.
Las marcas del pasado empezaban a borrarse, y en su lugar nacía una historia distinta.
Tres almas unidas… y tres vidas creciendo bajo la misma promesa.
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