ATADA A TRES ALMAS - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 – Encuentro con el Alfa
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2: Capítulo 2 – Encuentro con el Alfa 2: Capítulo 2 – Encuentro con el Alfa El aire de Lunaris parecía detenido.
El ruido de los autos flotantes, las luces de los edificios y el murmullo del gentío se desvanecieron cuando Kael Draven dio un paso hacia ella.
Su presencia llenó todo el espacio.
Cada movimiento suyo era pura autoridad, fuego contenido, fuerza ancestral.
El tipo de Alfa que no necesitaba gruñir para ser temido; bastaba su mirada.
Lyria retrocedió un paso, pero el suelo pareció atraerla hacia él.
Su instinto gritaba peligro, pero su cuerpo… reconocía al suyo.
—¿Quién eres?
—preguntó con voz temblorosa, aunque sabía la respuesta antes de oírla.
Kael se detuvo frente a ella.
La distancia entre ambos era mínima, apenas un suspiro.
El calor que irradiaba su cuerpo envolvía el de ella como una llamarada invisible.
—Tu destino —dijo él, sin apartar la mirada.
Esa voz… profunda, áspera, con un timbre que vibraba directamente en su pecho.
El pulso de Lyria se aceleró.
Sintió su marca en la nuca arder como si alguien la hubiera tocado con fuego líquido.
—No digas eso —susurró ella, bajando la vista.
—No necesito decirlo —replicó él—.
Lo sientes.
Igual que yo.
Sus respiraciones se mezclaron.
Lyria percibió su aroma: fuego, madera y tormenta, una mezcla que la hizo perder el equilibrio por un instante.
Era la esencia de un Alfa en su forma más pura.
Kael alzó una mano, con lentitud, como si temiera que ella desapareciera si la tocaba demasiado pronto.
Le rozó la mejilla con los dedos, y ese simple gesto fue suficiente para que su cuerpo entero se estremeciera.
La conexión fue inmediata.
Una corriente eléctrica corrió entre ambos, encendiendo cada sentido.
Ella lo sintió en la piel, en el alma.
La Luna se alzó entre las nubes, brillante, testigo del primer contacto.
La energía del vínculo comenzó a despertar: un hilo invisible los unía, latiendo al compás de sus corazones.
Kael la observó con una mezcla de deseo y reverencia.
—No sabes cuánto tiempo te he buscado.
Lyria alzó la mirada, sus ojos brillando con la misma luz plateada de la Luna.
—No deberías haberlo hecho.
Tres marcas no son una bendición.
Son una condena.
El Alfa sonrió, un gesto apenas perceptible, cargado de desafío.
—Entonces, que el infierno me reclame.
Pero no pienso soltar lo que es mío.
Sus palabras resonaron dentro de ella, más allá de la razón.
Por un instante, el mundo pareció detenerse: solo existían ellos dos, el fuego de su unión, el temblor de lo inevitable.
Lyria retrocedió, intentando recuperar el control de su respiración, pero Kael no la siguió.
En su mirada ardía el reconocimiento del alma, y también la promesa silenciosa de lo que vendría: deseo, peligro y destino.
Desde las sombras, unos ojos grises observaban.
Eren, el Sigma, presenció el momento en que la llama se encendió.
Y supo, con un nudo en el pecho, que pronto también sería parte de ese fuego.
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