ATADA A TRES ALMAS - Capítulo 3
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- Capítulo 3 - 3 Capítulo 3 – El Beta de los secretos
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3: Capítulo 3 – El Beta de los secretos 3: Capítulo 3 – El Beta de los secretos El amanecer sobre Lunaris tenía un tono plateado, como si la ciudad entera aún estuviera atrapada en el reflejo de la Luna.
Lyria no había dormido.
El fuego del vínculo recién nacido con Kael seguía latiendo dentro de ella, como una llama que no se apagaba ni con el alba.
Había huido a la biblioteca subterránea del clan Moonveil, un refugio donde las paredes olían a tinta, polvo y silencio.
Allí podía pensar… o al menos fingir que lo hacía.
Pero no estaba sola.
Entre los pasillos, una figura se movía con la precisión de quien ya conoce cada rincón del mundo.
Rowen Hale, el Beta del Consejo, el estratega más joven en ocupar su puesto.
Su presencia no era fuego como la de Kael, ni sombra como la del Sigma.
Era algo diferente: calma afilada, como una hoja envainada.
—Sabía que te esconderías aquí —dijo con voz tranquila, sin mirarla aún.
—No me escondo —respondió ella, aunque sabía que no sonaba convincente.
Rowen dejó un libro sobre la mesa frente a ella.
La cubierta mostraba un símbolo antiguo: tres lunas entrelazadas.
—Tu marca —dijo simplemente—.
Pensé que querrías saber qué significa en realidad.
Lyria lo miró, desconfiada.
—Todos creen que lo saben.
Pero nadie entiende lo que implica.
Rowen alzó una ceja, con esa media sonrisa que desarmaba a cualquiera.
—Yo no “creo”.
Yo investigo.
Se sentó frente a ella.
La distancia era segura, pero su mirada no.
Tenía ojos color ámbar suave, inteligentes, capaces de leer más allá de las palabras.
Lyria trató de concentrarse en el libro, pero él inclinó la cabeza, observándola con una mezcla de curiosidad y algo más profundo.
—Tu energía cambió —dijo al fin—.
Lo sentí cuando Kael te encontró.
—¿También tú lo sientes?
—susurró ella, apenas audible.
—Claro.
El vínculo no pertenece solo a ustedes dos.
Un escalofrío recorrió su espalda.
El tono de su voz no era de deseo, sino de comprensión… pero esa calma era aún más peligrosa.
Rowen extendió la mano, sin tocarla, dejando apenas un centímetro de aire entre sus dedos y los de ella.
—Mírame, Lyria.
Ella lo hizo.
Y lo que vio la dejó sin palabras: no pasión, no fuego, sino reflejo.
Él la comprendía.
No quería poseerla, quería conocerla.
—Tu destino no es una prisión —dijo él con suavidad—.
Es un mapa.
Y cada uno de nosotros representa un camino distinto.
El silencio se llenó de su respiración compartida.
Por un instante, Lyria sintió que todo el ruido del mundo desaparecía.
Rowen no necesitaba tocarla; su mente la tocaba, su voz la envolvía.
Y cuando él cerró el libro, la energía entre ambos se volvió más densa, más viva.
No era fuego.
Era electricidad contenida.
Rowen se levantó, despacio.
—Aún no lo sabes, Lyria.
Pero lo sabrás pronto.
Ninguno de nosotros llegó a ti por accidente.
Y antes de irse, se inclinó un poco más cerca, lo suficiente para que su aliento rozara su oído.
—Cuando estés lista para entender el vínculo… búscame.
El sonido de sus pasos se perdió entre los pasillos, pero el eco de sus palabras siguió allí, flotando en el aire.
Y Lyria comprendió que el destino que la ataba a tres almas no solo tenía forma de deseo, sino también de conocimiento.
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