ATADA A TRES ALMAS - Capítulo 7
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- Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 – La sombra que observa
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7: Capítulo 7 – La sombra que observa 7: Capítulo 7 – La sombra que observa El viento rugía entre las torres de cristal de Lunaris Corp, el emporio más poderoso de la ciudad.
En lo más alto, una oficina iluminada por luz azulada se mantenía en silencio.
Allí, frente a un ventanal que mostraba la ciudad entera a sus pies, Selene Vortex observaba las luces nocturnas como si fueran piezas en un tablero.
El reflejo del vidrio devolvía la imagen de una mujer impecable: traje negro, ojos ámbar, cabello oscuro recogido en una trenza perfecta.
Pero detrás de esa calma había fuego.
Un fuego frío, alimentado por la envidia.
—La encontraste al fin, Kael… —susurró, con una sonrisa que no alcanzaba a sus ojos—.
Después de todo lo que te di, fuiste tras una Omega marcada.
Caminó hacia su escritorio, donde un holograma proyectaba imágenes del templo lunar.
La energía del vínculo aún resonaba en los sensores ocultos que había enviado; Selene lo había sentido desde la distancia, una vibración que casi la hizo perder el control.
No solo por el poder… sino por lo que representaba: que Lyria Moonveil había conseguido lo que ella jamás podría tener.
Tomó una copa de vino oscuro, girándola lentamente.
—Tres almas unidas… —murmuró—.
Qué irónico.
El equilibrio perfecto, pero también su punto débil.
En la esquina de la habitación, una figura encapuchada esperó en silencio.
—¿Los destruirá, señora?
Selene sonrió, la mirada encendida.
—No.
Primero los separaré.
Que se destrocen entre ellos.
Dejó la copa a un lado y activó otra proyección: Rowen Hale, el Beta.
Su rostro serio, su mirada calculadora.
—Los Betas son tan fáciles de quebrar… —dijo con voz suave—.
Se esconden detrás de la razón, pero todo lo que necesitan es una herida emocional para caer.
Luego apareció la imagen de Eren Vale.
Selene lo observó más tiempo, un brillo de interés cruzándole los ojos.
—Y los Sigmas… esos son los más peligrosos.
No tienen manada.
No tienen miedo.
Pero todos los lobos solitarios tienen un punto de quiebre.
Finalmente, la imagen de Lyria.
La Omega del linaje lunar, con sus ojos plateados y la marca en la nuca.
Selene la contempló largo rato.
No con odio puro, sino con una mezcla de rabia y fascinación.
—Eres hermosa —dijo en voz baja—.
Lo suficiente para que te quieran, pero no lo bastante para merecerlo.
Su puño se cerró.
El cristal del ventanal se agrietó, una línea delgada que serpenteó como una grieta en la luna reflejada.
—Te quitaré lo que amas, una marca a la vez.
La figura encapuchada se movió.
—¿Y si fallamos?
Selene giró sobre sus tacones.
Su sonrisa era la de una depredadora.
—Yo no fallo.
Salió de la oficina, dejando atrás el sonido del cristal rompiéndose del todo.
Bajo sus pies, Lunaris seguía brillando, ignorante del desastre que se cernía sobre sus hijos lunares.
Y en lo más profundo de la noche, la luna menguante se tiñó de un tono rojizo, presagio de que el equilibrio recién nacido estaba a punto de ser puesto a prueba.
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