ATADA A TRES ALMAS - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 – Secretos del pasado
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8: Capítulo 8 – Secretos del pasado 8: Capítulo 8 – Secretos del pasado El amanecer sobre Lunaris era inusualmente pálido.
Lyria despertó con la sensación de haber soñado algo importante, pero cada vez que intentaba recordarlo, el recuerdo se deshacía como humo entre los dedos.
La marca en su nuca ardía suavemente, un calor constante, no doloroso, pero insistente.
Kael dormía cerca, aún con los sentidos alerta incluso en el descanso.
Rowen había pasado la noche revisando antiguos archivos del Consejo.
Eren, como siempre, se había desvanecido en la sombra antes de que la luna cayera del todo.
Lyria se incorporó, se envolvió en una capa ligera y salió al balcón.
El aire estaba cargado; podía sentir algo moviéndose bajo la superficie del mundo, como si el suelo respirara.
Cerró los ojos.
Y el tiempo se dobló.
Un murmullo comenzó a llenarle los oídos, un canto antiguo en un idioma que nunca había aprendido pero que comprendía sin esfuerzo.
“Tres lunas, tres almas, un solo destino.
La Omega Trina, guardiana del equilibrio.” Las imágenes llegaron en oleadas: una mujer de cabello blanco como la nieve, de pie sobre un altar de piedra; tres figuras a su alrededor, distintas y unidas, iguales y opuestas.
Luego, fuego.
Sombra.
Silencio.
Y la voz de la mujer: “Lo que la Luna une, la envidia lo intentará romper.” Lyria jadeó, abriendo los ojos.
Estaba de nuevo en su habitación, el corazón golpeándole en el pecho.
Kael la observaba desde la puerta, alerta.
—Otra visión —dijo, más que preguntó.
Ella asintió.
—Mi antepasada.
La primera Omega Trina.
Lo vi… y vi cómo la destruyeron.
Rowen apareció con un dispositivo en la mano.
—Estuve rastreando textos antiguos del archivo lunar.
Encontré una mención al “Rito de las Tres Lunas”.
Según esto, esa unión no se repite desde hace siglos.
La última terminó en sangre.
Eren emergió del rincón más oscuro, su presencia tan silenciosa que ninguno de los otros lo había notado llegar.
—Selene lo sabe —dijo con voz grave—.
Lo siente igual que nosotros.
Por eso se mueve ahora.
El aire se tensó.
Lyria lo entendió: lo que llevaba dentro no era solo una marca, sino un poder capaz de equilibrar —o destruir— a los clanes.
Kael cerró el puño.
—Entonces necesitaremos algo más que instinto.
Rowen, sin apartar la mirada de los símbolos antiguos, murmuró: —Necesitaremos fe.
Y Eren añadió, apenas un susurro: —Y oscuridad.
La nuestra.
La marca en la nuca de Lyria volvió a arder.
Esta vez, no por dolor, sino por comprensión.
Los secretos del pasado no estaban muertos.
Vivían dentro de ella, esperando el momento de despertar del todo.
Fuera, en la torre de Lunaris Corp, Selene abrió los ojos al mismo tiempo.
Una grieta de poder recorrió el suelo bajo sus pies.
Y por primera vez, sonrió sin fingir.
—Así que al fin recuerdas quién eres, pequeña Omega.
Perfecto.
La guerra de las tres lunas acababa de comenzar.
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