ATADA A TRES ALMAS - Capítulo 9
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- Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 – El Alfa herido
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9: Capítulo 9 – El Alfa herido 9: Capítulo 9 – El Alfa herido El amanecer había teñido de rojo las torres de Lunaris cuando Kael Draven recibió el llamado.
Una alarma en los límites del distrito alfa, una brecha de energía detectada cerca del templo lunar.
Nada fuera de lo común, pensó… hasta que olió el aire.
Ceniza y perfume.
Selene.
El rugido del Alfa resonó antes de que la ciudad despertara.
Kael corrió entre los callejones antiguos, la piel ardiéndole bajo la armadura ligera.
El instinto lo guiaba, pero también el miedo: si ella estaba allí, era porque venía a atacar lo que él protegía.
Encontró el rastro en un patio abandonado, entre columnas cubiertas de musgo.
Selene lo esperaba en el centro, con el cabello suelto y una sonrisa que no tenía nada de cordial.
—Sabía que vendrías —dijo ella, alzando una daga negra.
—¿Qué quieres?
—gruñó Kael.
—No lo que tú crees.
Solo… probar la fuerza de tu vínculo.
Se movió tan rápido que el aire silbó.
Kael la bloqueó con un giro, pero el choque de poder los hizo retroceder a ambos.
Selene no buscaba solo herir: buscaba quebrarlo.
—Ella no puede sostener tres marcas —dijo, avanzando—.
Se romperá, Kael, y tú con ella.
El Alfa la embistió, pura rabia contenida.
La tierra tembló bajo sus pies.
El combate fue un baile de fuego y acero: golpes, esquivas, destellos.
La daga rozó su costado; el fuego interno de Kael rugió, pero siguió de pie.
Selene se rió, una risa sin alma.
—Mírate, luchando por una Omega.
El soldado perfecto convertido en animal.
El golpe siguiente fue limpio y certero.
La daga lo alcanzó en el hombro, y la energía oscura se extendió como veneno.
Kael cayó de rodillas, respirando con dificultad, la marca de Lyria ardiendo bajo su piel.
En otro punto de la ciudad, Lyria despertó gritando.
La conexión se tensó, un hilo invisible que le transmitía el dolor de su Alfa.
Rowen y Eren la sujetaron antes de que cayera.
—¡Kael!
—jadeó, con los ojos llenos de lágrimas.
Rowen cerró los suyos, concentrándose en la energía del vínculo.
—Está vivo.
Pero alguien lo ha marcado con poder oscuro.
Eren ya estaba en movimiento, sombras formándose a su alrededor.
—Selene.
De vuelta en el patio, Kael intentó levantarse.
Selene lo observaba con algo parecido a tristeza.
—Pudo haber sido diferente —dijo.
Él alzó la cabeza, los colmillos apenas asomando.
—Y aún así, nunca habría sido contigo.
El fuego volvió a encenderse en su interior.
El Alfa rugió, liberando una ola de energía que quebró el suelo.
Selene se apartó justo a tiempo, sorprendida por la fuerza de su resistencia.
—Tarde o temprano —susurró—, la oscuridad entrará por la herida que acabo de abrir.
Y desapareció entre la niebla.
Kael cayó al suelo, el pulso irregular, la vista nublándose.
Pero antes de perder la conciencia, escuchó un murmullo a través del vínculo: “Resiste.
Ya voy.” La voz de Lyria, clara y firme, cruzó la distancia como un rayo de luna.
Y el Alfa, aun herido, sonrió.
La guerra había comenzado, pero no pelearía solo.
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