Atado por la lujuria: El sistema de subida de rango del prostituto. - Capítulo 120
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No quería ser acusado de trata de personas.
El acuerdo, si no tenía testigos, podía ser tergiversado como una operación de trata de personas.
Internet era un lugar aterrador.
Un pequeño rumor podía destrozar a una persona o a un negocio.
Un minuto después, James regresó con el contrato.
Alaric le deslizó el contrato al hombre para que lo mirara.
—La cantidad por incumplimiento de contrato es de diez millones.
Yo pagué su deuda de dos millones, y ella solo logró pagar una cuarta parte, así que me debes un millón y medio.
En total, necesitarás once millones y medio para rescatar a tu amada.
Parte del público ahogó un grito.
Estaba seguro de que aquellos con sentimientos románticos los reprimirían a menos que quisieran desembolsar todo ese dinero.
Solo los bobos enamorados como el nuevo hombre de Queen estarían dispuestos.
—De acuerdo, lo pagaré —dijo el hombre tras un momento de silencio.
Queen sonrió después de que lo dijera y lo abrazó, apretándolo aún más contra su pecho.
Alaric comprendió cómo lo había atrapado.
—Queen, ¿puedo hablar contigo un segundo?
—dijo, y se giró hacia James—.
Encárgate de la transferencia.
Solo tendré una pequeña conversación.
Queen siguió a Alaric a la zona de descanso.
Alaric cerró la puerta tras él, se dejó caer en uno de los asientos y miró a Queen, que permanecía de pie.
—¿Cuánto tiempo llevas conociéndolo?
—Desde el primer día que empecé a trabajar aquí.
Fue mi primer cliente y venía todos los días.
Alaric miró al techo, derrotado.
Casi dos meses.
—¿Tus sentimientos románticos son recientes o te casas con él porque es estable y está forrado?
—Un poco de ambos.
Sabes que no puedo hacer esto toda la vida.
Al final envejeceré y no quiero morir sola.
Él está más que feliz de casarse conmigo, y es cierto que también me voy con él porque es rico, pero de verdad lo quiero.
No soy tan estúpida como para involucrarme con alguien que no me dará la vida que quiero.
Además, es amable y muy atento.
Alaric asintió.
—¿Tiene parientes?
Estoy seguro de que la mayoría de los suegros no aceptarían a una prostituta como nuera.
Ella se rio suavemente.
—Nada, es huérfano.
Un millonario hecho a sí mismo, así que no voy a tener que lidiar con todo ese drama.
—Gracias a Dios por eso.
Espero que tengas una vida estupenda, pero recuerda que si no va bien o tienes problemas, solo tienes que volver.
Eres una de mis mejores chicas y me duele perderte —dijo Alaric y se reclinó dramáticamente con una mano en el pecho.
Ella estalló en carcajadas.
—Lo haré.
Nunca los olvidaré.
Alaric se levantó y la atrajo hacia sí para abrazarla.
—Espero que tengas los días más felices por delante —le susurró en el pelo.
—Los tendré, de verdad que los tendré.
Ella se rio entre dientes antes de romper a llorar.
Alaric la sostuvo mientras ella sollozaba sobre su pecho.
—Acabas de destrozar mi camisa favorita —dijo Alaric mientras le abría la puerta.
—Toda tu ropa es tu favorita —masculló ella.
Alaric asintió.
—Cierto, les dedico mucho trabajo.
Volvieron al salón juntos y en silencio.
Queen fue a sentarse junto a su preocupado hombre y le susurró al oído.
Ella se giró para mirar a Alaric.
Su hombre tenía una amplia sonrisa en el rostro.
—Gracias —dijo él, inclinando la cabeza.
Alaric asintió.
—Solo recuerda, si alguna vez me entero de que le ha pasado algo, te daré caza —lo amenazó Alaric.
Su rostro palideció.
Asintió con la cabeza enérgicamente.
—Deja de asustarlo —dijo Queen, atrayendo a su hombre hacia su pecho.
Alaric levantó los brazos en señal de rendición.
—Claro, no haré nada mientras él cumpla sus promesas.
Alaric se levantó y se giró hacia James.
—¿Puedes prepararme algo ligero de comer?
Estoy hambriento.
Me voy a mi habitación.
Le echó un último vistazo a Queen antes de dejarlos.
Alaric fue directamente al baño en cuanto llegó a su habitación.
Se moría de ganas de darse un baño desde el momento en que aterrizó, pero Queen lo había retrasado bastante.
Alaric se detuvo frente al espejo y se miró.
Se había vuelto más esbelto a medida que se le formaban más músculos debido a las peleas en el calabozo.
Después, caminó hacia el cuarto de baño.
Salió del baño y se preparó para acostarse.
No pensaba volver a bajar, ya que quería descansar y volver a adoptar la mentalidad del burdel.
…
Alaric estaba de pie afuera, en el aire helado de la noche, mirando hacia el camino que llevaba a la puerta de la mansión.
Por fin había llegado el día de abrir el sótano.
Sabía que había llegado pronto, pero no quería que ninguna de ellas lo echara en falta cuando llegaran.
Habían pasado dos días desde que regresó del distrito diecisiete y había pasado el tiempo organizando la apertura del sótano.
Solo esperaba que la inauguración saliera bien y que no hubiera peleas.
Laura y Jezabel eran de temperamento más apacible, pero en cuanto a Mercy, no quería ni imaginar cómo reaccionaría con las otras chicas en la habitación.
A pesar de sus preocupaciones, estaba emocionado por verlas.
—Deberías esperar dentro —dijo Darius, que estaba de pie a su lado.
No sabía qué estaba pasando, pero sabía que Alaric esperaba a alguien con impaciencia.
—No, no puedo.
Quiero ser lo primero que vea cuando salga del coche.
Y el frío me ayuda con los nervios.
Darius asintió y se quedó en silencio a su lado.
—Pronto nevará —dijo Alaric, rompiendo el silencio.
—Sí, la verdad es que no me gusta el invierno.
—¿En serio?
Yo creo que es una estación preciosa.
Todo se pondrá blanco y todo el mundo buscará un lugar donde entrar en calor.
Darius negó con la cabeza ante sus insinuaciones.
«Solo sabe asociar todo con el burdel», pensó Darius.
Una luz brilló entre los árboles, iluminando el oscuro bosque circundante, antes de que el coche apareciera en la curva.
Alaric reconoció el coche de inmediato: pertenecía a Jezabel.
Caminó hacia el aparcamiento y observó cómo el coche de ella se detenía a su lado.
Abrió la puerta y Jezabel salió.
Alaric ahogó un grito.
Llevaba un largo vestido de noche morado con una profunda abertura que le llegaba hasta los muslos.
Su pelo morado caía sobre su hombro en grandes ondas.
Iba totalmente producida: maquillaje y todo.
—Estás absolutamente fenomenal —susurró Alaric y la atrajo hacia él.
Cerró la puerta del coche tras ella y se inclinó para besarla.
Jezabel le rodeó el cuello con los brazos y le devolvió el beso.
Alaric enredó su lengua con la de ella mientras se besaban.
Sus manos recorrieron el cuerpo de ella, tocándola como si marcara su territorio una vez más.
Jezabel había estado nerviosa mientras conducía hacia la mansión.
Le preocupaba cómo actuar cuando conociera a las otras chicas, si llegaba tarde o si era lo suficientemente guapa.
Le había mentido a su hermano diciéndole que iba a ver a Samantha.
Samantha había aceptado cubrirla cuando le dijo que iba a un lugar que su familia no aprobaría.
Ni siquiera sabía cómo habría mentido si Samantha no hubiera sido su amiga.
Desde que conoció a Alaric, sentía que estaba cambiando, tanto para bien como para mal.
Se había vuelto más segura de sí misma y extrovertida, pero había empezado a mentir a su familia.
Su familia le creía todo lo que decía, ya que nunca les había mentido.
Temía el día en que descubrieran que había solicitado los servicios de un prostituto.
Solo esperaba que Alaric fuera lo bastante fuerte para soportar su ira.
—¿Entramos?
—le dijo Alaric a la aturdida Jezabel.
El pintalabios había desaparecido por completo de sus labios hinchados por tantos besos.
—Vale.
Ella le rodeó el antebrazo con las manos y él la guio al interior del burdel.
—¿Qué tal has estado?
—le preguntó Alaric mientras caminaban.
—He estado bien, solo ocupada con los estudios.
—Eso es bueno.
Te he echado de menos —susurró suavemente, sus ojos la miraban con una intensidad que hizo que su corazón diera un vuelco.
—Yo también te he echado de menos —respondió ella con timidez.
Alaric la condujo hasta la discreta puerta del sótano y la abrió a distancia.
Había añadido esa función para que pareciera misteriosa.
—Parece vieja —comentó Jezabel mientras bajaban las escaleras.
—Ese es su encanto.
Te va a encantar.
Alaric pasó la tarjeta y abrió la puerta.
Una ráfaga de maná salió de la habitación, pero no pasó del primer tramo de escaleras.
—Vaya, esto es mucho, más de lo que esperaba —dijo Jezabel emocionada y entró en la habitación.
Alaric cerró la puerta tras él.
—¿Cómo te las has arreglado para hacer esto?
¿No veo ninguna piedra espiritual por ninguna parte?
¿No es esto demasiado caro de mantener?
¿Este lugar es realmente mágico?
Deberías tener cuidado…
—Más despacio, no puedo responder a todas las preguntas a la vez, hablas demasiado rápido —la interrumpió Alaric.
—Oh, no me había dado cuenta, lo siento —dijo ella, su voz apagándose.
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