Atributos Completos de las Artes Marciales - Capítulo 1258
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Capítulo 1258: Reaparición de los Dioses Antiguos. ¡El Martillo del Dios del Fuego y el Martillo del Dios del Rayo! (2)
Finalmente comprendió por qué le resultaban familiares.
—¡Los Dioses Antiguos! —murmuró Wang Teng para sí mismo.
Había una raza especial tallada en las paredes: ¡los Dioses Antiguos!
—¿Eh? ¿Conoces a los Dioses Antiguos? —se sorprendió Bola Redonda.
—¿Es extraño? —preguntó Wang Teng.
—Por supuesto. Desaparecieron hace millones de años. No sabría de ellos si no hubiera investigado —respondió el otro conmovido.
—¿Ah, sí? —dijo un desconcertado Wang Teng.
Se habían ido; no vio a ninguno de ellos con vida. Sin embargo, sí que había visto uno de sus cadáveres.
Aun así, no quiso dar explicaciones.
Bola Redonda se sintió infeliz. ¿A qué venía esa respuesta? Se sintió ofendido.
—¿Cómo te enteraste de los Dioses Antiguos?
—Vi uno por casualidad —respondió Wang Teng con indiferencia.
—Tsk, no tienes que responder si no quieres. —El pequeño hizo un puchero y volvió al tema principal—. ¿Cuáles vas a elegir?
—Estos dos. —Wang Teng señaló los dos últimos martillos.
Los detalles de los dos martillos se podían apreciar en las tallas; incluso sus colores y su contorno eran visibles. No sería complicado usarlos para las visualizaciones.
El único problema era que no sabía cuán poderosos eran.
Por lo que sabían, no eran más que cosas ficticias de leyenda. Ninguno de ellos sabía nada sobre ellos.
Sin embargo, Wang Teng creía que las armas de un Dios Antiguo no serían para nada débiles. Por eso decidió apostar por ello.
Bola Redonda se quedó atónito.
Habló largo y tendido, pero el tipo aun así eligió los dos últimos martillos.
—¿Por qué? —frunció el ceño y preguntó.
—Sin ninguna razón. Simplemente quiero elegirlos —respondió Wang Teng, despreocupado.
—Tú… —El pequeño no sabía qué decir.
Wang Teng no estaba siendo imprudente, pero lo hizo con ligereza. Bola Redonda no le encontraba ni pies ni cabeza.
—Olvídalo, es tu elección. A mí no me importa.
El pequeño desapareció al instante siguiente, sintiendo que se volvería loco si seguía discutiendo con el humano.
Wang Teng estaba confundido, pero no le dio más vueltas. Una vez que eligió los martillos, desapareció del universo virtual.
Realidad.
Cerró los ojos y las imágenes del par de martillos aparecieron en su mente. Empezó a perfilarlos usando su poder espiritual.
Las armas no se parecían en nada.
Uno estaba cubierto de llamas, grabado por todas partes con ocultos patrones carmesí. Parecía misterioso. Las llamas formaban una punta afilada en la parte inferior del martillo, como una lengua de Llama al ser blandido por el aire.
El otro estaba rodeado de relámpagos, repleto de complejos patrones de color púrpura. Liberaría el poder del relámpago al ser blandido, cayendo desde el cielo. Era extraordinario.
A Wang Teng se le ocurrieron nombres para ellos.
¡Uno era el Martillo del Dios del Fuego!
¡El otro era el Martillo del Dios del Rayo!
El nombre era práctico, fácil de recordar. Además, sonaba impresionante y con clase.
Perfecto.
No fue fácil perfilar los dos martillos, ya que sus patrones eran extremadamente complejos. No eran runas que él conociera; las reglas del cielo y tierra parecían estar incrustadas en ellos.
Sonaba profundo y complejo, y lo era.
Wang Teng se mantuvo paciente, perfilando lentamente los martillos basándose en su comprensión. Su teoría era sólida, por lo que podía sentir el poder de Fuego y relámpago en esos patrones, aunque no supiera lo que representaban.
Su poder era similar al poder de origen.
Poco a poco fue capaz de emular sus auras mientras dibujaba los martillos con su comprensión.
El tiempo pasó lentamente. Pasaron dos días.
Bola Redonda apareció junto a Wang Teng y lo miró con el ceño fruncido. Murmuró: —¿Has fracasado? Te dije que no eligieras esos dos martillos, pero aun así lo hiciste. En serio…
Sin embargo, no tuvo las agallas de decirlo en voz alta.
Siendo una forma de vida inteligente, tuvo un sentimiento de autodesprecio. ¿Por qué estoy en este estado? Se sentía inferior.
Bola Redonda flotó alrededor de Wang Teng dos veces, sintiéndose preocupado. Luego, decidió sentarse frente a él y mirarlo fijamente hasta recibir una respuesta.
¡Zas!
Justo en ese momento, Wang Teng se despertó de repente. Un par de destellos aparecieron en sus ojos: uno rojo y otro púrpura.
La luz roja era abrasadora mientras que el brillo púrpura chispeaba con electricidad.
Los contornos de los martillos se veían dentro de esos brillos. Era un poco extraño que aparecieran en sus ojos.
Sin embargo, Bola Redonda no le dio demasiada importancia y miró a Wang Teng con incredulidad. —¡Lo conseguiste!
Wang Teng se quedó atónito, sin esperar que el pequeño estuviera justo delante de él. Los martillos en sus ojos se dispersaron y asintió. —Sí, acabo de formarlos mediante la visualización. Ciertamente, son especiales.
—Caray, siempre me sorprendes —exclamó Bola Redonda. Luego, le instó—: Rápido, dime qué tan especiales son.
—Son muy poderosos. Parecen contener las reglas del cielo y tierra. Puedo sentir que son más poderosos que los seis primeros martillos —dijo Wang Teng tras meditar un momento.
—Parece que los dos martillos son excepcionales. Acabas de confirmar los rumores —dijo Bola Redonda con una sonrisa.
—Jajaja, toda la gente que investiga debería darme las gracias —se rio Wang Teng.
—Por desgracia, estos dos martillos nunca han aparecido. Sería increíble que lo hicieran —dijo Bola Redonda.
—Aunque aparecieran, no tiene nada que ver con nosotros. Habría formidables guerreros marciales luchando por ellos. —Wang Teng negó con la cabeza—. De acuerdo, voy a refinar mi espíritu.
—De acuerdo. —Bola Redonda asintió y desapareció.
Wang Teng volvió a cerrar los ojos. Ambos martillos flotaban en su conciencia; una fluctuación especial fluía a su alrededor.
Necesitaba replicarlos.
Según el primer nivel del Sutra de Buda, necesitaba cien martillos para el proceso de refinamiento.
Como ya había logrado formar los primeros, lo único que quedaba por hacer era copiarlos y pegarlos, lo que era un proceso más fácil.
Liberó su poder espiritual y los martillos empezaron a formarse. Todos venían en parejas: un Martillo del Dios del Fuego y un Martillo del Dios del Rayo.
El tiempo pasó lentamente…
Finalmente, se crearon los cien martillos, llenando su conciencia. Era una vista grandiosa.
Con razón era necesario tener un espíritu poderoso para practicar el Sutra de Buda. Los cien martillos espirituales ya habían consumido gran parte de su poder espiritual. A una persona corriente le habría costado mucho recrear semejante hazaña.
¡Además, eran martillos poderosos!
Cuanto más fuerte era el martillo espiritual, más poder espiritual se requería.
Los dos martillos visualizados eran los más poderosos disponibles. Solo Wang Teng podía crearlos.
Además, todavía le quedaba una inmensa cantidad de poder espiritual después de fabricar todos esos martillos. Todo era gracias a los atributos de espíritu que había acumulado durante ese periodo de tiempo.
Wang Teng controló los martillos y los usó para golpear su cuerpo espiritual.
Pum, pum, pum…
¡Agh! El rostro de Wang Teng palideció. Inspiró profundamente.
Dolor~
¡Era tan doloroso!
Casi gritó, incluso teniendo en cuenta su fuerza de voluntad.
El arrepentimiento afloraba en ese momento. ¿Por qué usó los cien martillos en ese preciso instante? Debería haber usado un martillo para probar primero.
¡Había sido un imprudente!
Sin embargo, ya era tarde para arrepentirse. Ya había empezado a martillar su cuerpo espiritual, así que no tenía más remedio que continuar.
Pum, pum, pum…
Golpes sordos resonaban continuamente en la conciencia de Wang Teng. Su cuerpo espiritual empezó a solidificarse lentamente.
Al mismo tiempo, el poder de las reglas se filtró en su mente, en particular del Origen de la Llama y el Origen del Relámpago. Fluyeron por los patrones y se fusionaron en la conciencia de Wang Teng con cada golpe de martillo.
—¿Eh? —Wang Teng se dio cuenta del poder. Estaba conmocionado—. ¿Esto es… el poder de las reglas del origen?
¡El Martillo del Dios del Fuego y el Martillo del Dios del Rayo son capaces de proporcionar el poder de las reglas para construir la Pagoda de Nueve Tesoros!
—Si ese es el caso, ¡entonces pongamos toda la carne en el asador!
A Wang Teng se le ocurrió una idea descabellada.
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