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Aventuras Sexuales Salvajes y Épicas - Capítulo 158

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158: Capítulo 158 Zorra de Papi 2 158: Capítulo 158 Zorra de Papi 2 “””
Desde su primer encuentro con su pequeña Tina, comenzó el lento proceso de convertirla en una zorra perfecta para su Papi.

Hoy era el primer día de su entrenamiento e iban a trabajar en su vestuario, así que fueron al centro comercial.

—Papi, ¿tenemos que ir de compras?

—se quejó Tina en el coche de camino—.

Odio ir de compras.

—Vamos dulzura, Papi te va a comprar cosas muy bonitas y te prometo que al menos te divertirás un poco —extendió la mano y le frotó el muslo a través de los vaqueros.

Muy pronto llegaron al centro comercial y decidió que sería mejor empezar por lo básico: lencería.

Tina estaba claramente avergonzada de estar en una tienda de lencería, y más aún con su padre, así que él tuvo que tomar el mando.

Cogió bastantes cosas de los estantes y la llevó al espacioso probador.

Observó a su niña desvestirse hasta quedarse solo con las bragas y no pudo evitar inclinarse para darle un beso apasionado en los labios mientras su mano bajaba para acariciar su clítoris a través de la tela.

—Papi —susurró ella.

—Tienes razón, cariño, dejémoslo para después —sonrió—.

Ahora, veamos cómo te quedan estas cosas.

Ella desfiló prenda tras prenda para él: camisolas, baby dolls, sujetadores, bustiers, camisones, slips y conjuntos de pijama.

Decidieron comprar algunos conjuntos de sujetador y braga, un pijama rosa con un top de tirantes y unos pantaloncitos cortos que enmarcaban perfectamente su trasero, un baby doll negro de encaje transparente y, por supuesto, un liguero negro con medias.

Después de pagar los artículos y mientras se dirigían a la siguiente tienda, notó una pequeña sonrisa en el rostro de su niña.

—¿Ya te estás divirtiendo, dulzura?

—preguntó.

—Un poquito, Papi —se sonrojó ligeramente.

Él sabía que ella terminaría cediendo y esperaba que su próxima parada en una tienda de ropa moderna fuera igual de agradable.

—Ahora cariño, Papi va a recoger un par de cosas por su cuenta, pero quiero que empieces a probarte cosas aquí.

Dile a la vendedora que quieres verte sexy si necesitas ayuda.

Volveré en unos veinte minutos y espero que tengas algunos conjuntos para mostrarme.

¿Puedes hacer eso por Papi, dulzura?

—Creo que sí, Papi —dijo Tina, con un toque de nerviosismo en su voz.

—Puedes hacerlo bebé, volveré en un momento —y con eso se fue al otro lado del centro comercial, a la gran tienda departamental para comprarse unos nuevos bóxers y varios pares de calcetines hasta la rodilla para su Tina.

Hizo su compra y de camino de vuelta a la tienda de ropa no pudo evitar preguntarse qué atuendos provocativos tendría su niña para mostrarle.

Caminó hacia la parte trasera de la tienda donde estaban los probadores.

—¿Tina?

—preguntó, sin saber detrás de qué puerta estaba.

—¡Aquí, Papi!

—exclamó ella y abrió su puerta solo un poquito.

Miró alrededor y la tienda estaba vacía, el resto de los probadores vacíos, y el personal estaba en el mostrador prefiriendo charlar entre ellos en lugar de atreverse a ayudar a un cliente.

Perfecto.

Se deslizó dentro del probador, cerrando la puerta con llave tras de sí, pero no estaba preparado para lo que vio.

Su pequeña Tina, bañada en la dura luz del pequeño cubículo, llevando una ajustada polo blanca y la falda de cuadros más corta que jamás había visto.

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—Oh, bebé —gimió.

—¿No te gusta, Papi?

—dijo Tina, repentinamente insegura.

—Todo lo contrario, bebé.

Me encanta —y con eso la atrajo hacia él, besándola duramente en los labios, frotando su pene erecto contra ella.

Alcanzó debajo de esa pequeña falda para masajear su firme y redondo trasero antes de bajarle las bragas y metérselas en el bolsillo.

Recordó los calcetines hasta la rodilla que había comprado y le hizo ponerse un par blanco—.

Mmm, cariño, no tienes idea de lo sexy que te ves, ahora inclínate para Papi.

—Ella hizo lo que se le ordenó y puso sus manos contra una de las paredes con espejo.

Rápidamente se desabrochó los pantalones y frotó la cabeza de su pene arriba y abajo por su hendidura—.

Bebé, ya estás tan mojada para Papi —le susurró al oído—.

¿Te excita llevar este lindo conjunto para mí?

—Sí, Papi —susurró ella.

—No creo que debas volver a usar pantalones cuando estés con Papi, ¿de acuerdo, dulzura?

Papi quiere poder tocarte cuando quiera.

—De acuerdo, Papi.

—Buena chica, dulzura.

Ahora recibes la bonita y grande recompensa de Papi por ser tan buena niña —puso su mano sobre la boca de ella y metió su pene hasta el fondo en su húmeda y pequeña vagina.

La folló dura y rápidamente, manteniendo su mano apretada contra su boca para amortiguar sus gemidos—.

¿Te gusta la recompensa de Papi, verdad cariño?

—preguntó y ella asintió vigorosamente en respuesta—.

Mmm esa es mi niña.

—Su respiración se aceleró y ella comenzó a empujar hacia atrás contra su pene, con unas cuantas embestidas más ella estaba corriéndose.

Las paredes de su vagina se apretaron fuertemente alrededor de su pene y dejó que el orgasmo de ella exprimiera el semen de él.

Quitó la mano de la boca de ella y dejó escapar un suspiro profundo.

—Me gustó eso, Papi —dijo ella.

—A mí también cariño, mucho —respondió mientras metía su pene de vuelta en sus pantalones—.

Ahora muéstrale a Papi qué otros conjuntos tienes.

—Y ella lo hizo, luciendo una serie de faldas extremadamente cortas y tops ajustados que abrazaban perfectamente todas sus curvas.

Salieron del probador y era obvio que las vendedoras no se habían enterado de nuestro pequeño revolcón.

Hizo que su bebé se quedara con una de las faldas sin las bragas, que todavía estaban en su bolsillo mientras se dirigían a su última parada del día: zapatos.

—Te va a gustar esta, niña, porque Papi va a hacer todo el trabajo y solo quiero que te sientes aquí.

—Vale, Papi —sonrió y se sentó en la silla.

La había llevado a la gran zapatería de descuentos y la sentó en el rincón más alejado de la tienda.

Salió y cogió muchos estilos en su talla antes de regresar a ella con una pila de cajas.

Se arrodilló frente a ella y le quitó sus viejas zapatillas antes de poner sus manos en sus rodillas y separar sus piernas ligeramente.

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—Ooh, Papi tiene una vista tan hermosa desde aquí abajo, dulzura —dijo, mirando bajo su falda hacia su rosa y recién follada vagina.

Ella se rió y él le puso el primer par de zapatos.

Un bonito par de Mary Janes de charol, perfectos para completar su pequeño y caliente look de colegiala.

Después de esos vinieron muchos pares de tacones altos, stilettos, plataformas y similares.

No hace falta decir que salieron con varios pares y regresaron al coche.

El estacionamiento estaba bastante vacío cuando volvieron al coche y él observó atentamente cómo Tina se deslizaba en el asiento del copiloto, su diminuta falda subiendo aún más.

Todavía estaba incómoda con ella, tratando de tirar del dobladillo para cubrirse.

Su pene se estaba endureciendo en sus pantalones al verla.

—Déjalo estar, dulzura, a Papi le gusta así.

—Pero, Papi…

—Shh, cariño —extendió la mano y la agarró por la nuca, atrayéndola hacia él para besarla.

Tomó su mano y la colocó en su entrepierna, haciéndola sentir su creciente miembro—.

Siente lo duro que estás poniendo a Papi.

Y ella lo hizo, frotándolo a través de sus pantalones mientras se subía al asiento del copiloto para sentarse de rodillas.

—Creo que será mejor que lo saques y lo chupes, bebé, haz que Papi se sienta muy bien.

—De acuerdo, Papi —sonrió mientras desabrochaba sus pantalones y sacaba su palpitante pene.

Comenzó a lamer la cabeza, con lamidas largas y lentas.

—Ahora recuerda lo que le gusta a Papi, cariño —dijo mientras empujaba suavemente su cabeza hacia abajo—.

Papi quiere que tengas en tu boca tanto como puedas soportar.

Ella captó el mensaje y su cabeza se deslizó hasta abajo en su pene.

—Mmm sí, bebé, justo así.

Ella estaba trabajando con su caliente boquita y él arrancó el coche.

—Papi, ¿qué estás haciendo?

—preguntó ella, un poco asustada.

—Tenemos que irnos, dulzura, o llegaremos tarde a la cena.

Tú solo sigue chupando el pene de Papi, ¿de acuerdo?

—D-de acuerdo, Papi —dijo mientras volvía a envolver sus labios alrededor de su pene.

Puso el coche en marcha y comenzó el muy agradable viaje a casa.

Su bebé se estaba convirtiendo en toda una pequeña chupadora de penes y era todo lo que podía hacer para no soltar su carga en su boca.

A una manzana de casa le dijo que podía parar y metió su todavía duro pene de vuelta en sus pantalones.

—¿No lo hice bien, Papi?

—preguntó.

—Dulzura, lo hiciste muy bien, pero Papi no quiere correrse todavía —metió el coche en el garaje—.

Ahora, vamos dentro, la cena probablemente está lista y esperándonos.

—¡Cariño, ya estamos en casa!

—llamó mientras entraban por la puerta.

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—¡Ya era hora, la cena está lista y ¿qué demonios llevas puesto, Tina?!

—su esposa prácticamente gritó cuando vio el nuevo look de Tina.

—Relájate, cariño —dijo él—.

Es lo que todas las chicas de su edad están usando, estoy seguro de que es solo una fase.

—Parece una cualquiera —dijo ella, y él no pudo evitar pensar que ese era exactamente el punto.

—Entonces encajará perfectamente con todas las demás cualquieras de su edad —replicó.

—Vamos a comer —dijo ella, lanzándole una mirada helada.

Se sentó en el lado opuesto de la mesa, frente a Tina y a él.

Todos se sirvieron y comenzaron a comer, conversando sobre sus días y las noticias recientes.

Su esposa también tenía el televisor encendido bastante alto en uno de esos estúpidos canales de jardinería y parecía estar más interesada en eso que en su propia familia.

Deslizó una mano bajo la mesa mientras comía, desabrochó silenciosamente sus pantalones y sacó su todavía duro pene.

Extendió la mano y apretó la rodilla desnuda de Tina, ella puso su mano sobre la suya, la tomó y envolvió sus dedos alrededor de su pene.

Tina le lanzó una mirada que parecía decir «¿Estás loco?» y él solo le sonrió y continuó haciendo una charla trivial.

Bombeó su mano arriba y abajo de su pene hasta que estuvo seguro de que si quitaba su mano, ella continuaría, y así lo hizo.

Era demasiado excitante, su niña masturbándolo bajo la mesa con su esposa sentada justo frente a él, sabía que no iba a durar mucho tiempo.

A propósito tiró su cuchillo al suelo y su esposa puso los ojos en blanco.

—Ups, qué torpe soy.

Tina, ¿podrías recogerlo por él, por favor?

—Ella asintió y mientras se agachaba bajo la mesa, él continuó acariciando su pene.

Sintió los calientes labios de Tina envolviendo la cabeza de su pene y se masturbó dentro de su boca—.

Ooohh cariño, ¿has hecho algo nuevo con el asado?

Mmmmm oohhh dios, está delicioso —gimió, tratando desesperadamente de ocultar el hecho de que estaba disparando chorros de semen en la boca de su hija.

—¿Eh?

Oh, no, no creo —dijo su esposa, apenas había registrado que él estaba hablando, y mucho menos tratando de encubrir algo.

Tina volvió a aparecer en su silla con el cuchillo.

—Aquí tienes, Papi —sonrió y se limpió un pegote de semen de la barbilla para metérselo en la boca.

—Gracias, cariño —dijo mientras pensaba en toda la maravillosa diversión que iban a tener juntos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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