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Bajo el Cielo de Joseon - Capítulo 36

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Capítulo 36: Cuando la Rectitud Despierta

Tras anunciar su llegada, Lord Yi se dirigió de inmediato a la sede del Saganwon, la Oficina de Censura, donde servía su hijo Yi Jun-ho, el Daesagan, jefe de aquella institución.

Jun-ho había heredado muchas de las cualidades de su padre… y quizás algunas más. Era admirado por muchos y temido por otros, pues se había ganado una reputación peligrosa en la corte: no dudaba en denunciar la corrupción, incluso cuando esta provenía de su propio clan.

A pesar de su juventud, poseía un carácter extraordinario. Era íntegro, sereno y de inteligencia afilada. Dominaba con profundidad los clásicos confucianos y, cuando hablaba, jamás levantaba la voz. Sin embargo, sus argumentos tenían fuerza suficiente para desarmar a cualquiera que intentara enfrentarlo.

Sin duda, era un digno heredero del nombre de la familia Yi.

Cuando Lord Yi llegó al Saganwon, los funcionarios anunciaron su presencia de inmediato. Yi Jun-ho salió a recibirlo y, al verlo, lo abrazó con firmeza. Hacía mucho tiempo que no se encontraban, y aquel breve gesto rompió, por un instante, la rigidez que ambos solían mostrar en público.

Se sentaron a conversar mientras los sirvientes servían té.

Tras algunos intercambios familiares, Jun-ho observó a su padre con curiosidad.

—Padre, ¿qué lo trae hasta aquí? No esperaba verlo en el palacio tan pronto.

Lord Yi dejó reposar la taza entre sus manos antes de responder.

—El Rey me ha mandado llamar. Desea consultarme sobre algunos asuntos que conciernen a la corona.

Jun-ho frunció ligeramente el ceño.

—Padre… las cosas dentro y fuera del palacio no están bien. Los pasillos están llenos de murmullos. Muchos sospechan que el señor Min está tramando algo, pero nadie se atreve a decirlo en voz alta. Todos saben que goza de la plena confianza del Rey.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—También he escuchado rumores de que pretende involucrar al jefe del Cheomseongdae para destituirlo de su cargo. Pero aún no he logrado reunir pruebas suficientes para acusarlo ante la corte.

El rostro de Lord Yi se ensombreció ligeramente.

—¿Quién es el erudito que dirige el observatorio? —preguntó con calma.

—Se llama Han Ji-won, padre.

Lord Yi se quedó pensativo por un instante, como si revolviera recuerdos enterrados en su memoria.

—Han Ji-won… —murmuró lentamente—. Ese nombre me resulta familiar.

Jun-ho lo miró con curiosidad.

—¿Lo conoce?

El viejo consejero entrecerró los ojos, buscando en los rincones de su memoria. De pronto, su rostro se iluminó y soltó una carcajada inesperada.

—¡Han Ji-won! ¡Claro que lo conozco!

Jun-ho lo observó sorprendido.

—Padre… ¿qué sucede?

Lord Yi negó con la cabeza, todavía riendo.

—Ese bastardo… ni siquiera la edad ha logrado quitárselo de encima.

Volvió a reír con ganas mientras levantaba su taza de té.

Jun-ho permaneció en silencio, observando el raro destello de alegría en el rostro de su padre, preguntándose qué clase de historia compartía aquel hombre con el erudito del observatorio.

Lord Yi Seong-jae y Han Ji-won habían compartido más que simples años de estudio en su juventud. Ambos crecieron bajo los mismos techos académicos; cuando todavía eran jóvenes eruditos que soñaban con servir al reino, bajo el mismo cielo que ahora amenazaba con dividirlos.

En aquellos días, pasaban noches enteras estudiando los movimientos de las estrellas y discutiendo los principios de los clásicos confucianos, convencidos de que el conocimiento y la virtud podían sostener el destino de Joseon.

Pero el tiempo, como siempre, eligió caminos distintos para cada uno.

Yi Seong-jae decidió entrar en la política, creyendo que desde la corte podría proteger el orden del reino.

Han Ji-won, en cambio, eligió el camino del conocimiento puro, dedicando su vida al estudio del cielo y a la búsqueda de la verdad en los movimientos de los astros.

No hubo traición entre ellos.

Ni palabras amargas.

Solo el peso silencioso de decisiones distintas… y el orgullo de dos hombres que jamás retrocedieron de los caminos que habían elegido.

Sin embargo, los años no lograron borrar el respeto que una vez se tuvieron. Y ahora, en medio de un reino que parecía fracturarse bajo intrigas y ambiciones, el destino volvía a cruzar sus nombres bajo el mismo cielo que ambos habían jurado comprender.

Lord Yi miró a su hijo fijamente durante unos instantes, como si acabara de tomar una decisión que había estado esperando años. Luego dejó la taza de té sobre la mesa con calma.

—Jun-ho… —dijo con voz grave—. Debemos ir al observatorio.

El joven Daesagan frunció ligeramente el ceño.

Lord Yi sostuvo la mirada con firmeza.

—Ha llegado el momento de averiguar qué ocurre realmente en ese lugar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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