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Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Códigos y cómplices
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10: Códigos y cómplices 10: Códigos y cómplices La pequeña Dani, con una astucia que claramente venía de los genes de su tío, se acercó a Alejandra con los ojos muy abiertos y su sonrisa más angelical.

—Señora Alejandra…

¿Usted cree que la pianista más bella del mundo me daría un autógrafo y una foto?

—preguntó con una voz tan dulce que hasta las luces del teatro parecieron brillar más.

Alejandra, que por fuera era puro acero pero por dentro no podía resistirse a una niña tan valiente, se derritió.

—¡Pero claro que sí, preciosa!

—respondió Ale, dándole un suave apretón en el hombro—.

Tatiana, atiende a tu fan número uno.

Se lo ha ganado.

La niña no perdió ni un segundo.

Corrió hacia Tatiana y, mientras fingía que buscaba un papel para la firma, le deslizó con rapidez un papelito arrugado en la palma de la mano.

—Es de mi tío Sebas —le susurró al oído con un guiño pícaro antes de posar para la foto.

Tatiana sintió que el corazón le daba un vuelco.

En cuanto pudo, se alejó un par de pasos y abrió la nota.

No solo era un mensaje lindo donde él le pedía disculpas por no poder estar ahí y le decía que no dejaba de pensar en su voz, sino que al final, con trazos fuertes, estaba su número de teléfono.

Sin perder tiempo, y a pesar de que Melissa estaba a solo unos metros, Tatiana sacó su celular y le escribió un mensaje de texto: “Meli, prepara todo.

Esta noche vamos a ver a Sebas, no me importa si tengo que saltar por la ventana otra vez.” Melissa leyó el mensaje, levantó la vista y le devolvió una sonrisa triunfal.

Luego, con los dedos temblando de emoción, Tatiana guardó el número de Sebastián y le envió su primer mensaje directo: “Me enteré de lo que pasó, mi pirata valiente.

La pequeña Dani es la mejor mensajera del mundo.

Prepárate, porque esta noche la que va a aparecer de sorpresa soy yo.

Cuídate mucho.” Desde la consola, Harry veía el intercambio sin decir nada, pero con una media sonrisa.

Sabía que después de lo que había hecho Antonela, su hermano necesitaba una medicina que no vendían en ninguna farmacia: necesitaba a la pianista.

Melissa llegó al auto dando saltitos de victoria, agitando el papel como si fuera un boleto de lotería premiado Harry le dió la dirección sin problema alguno.

Tatiana, que se había puesto unos lentes oscuros y una gorra para pasar desapercibida, la miraba con el corazón a mil por hora.

—¡Listo!

Vamos por tu hombre —soltó Melissa, encendiendo el motor con entusiasmo.

—Que no es mío, Melissa…

—protestó Tatiana, aunque sus mejillas encendidas decían lo contrario.

—Aún no, pequeña, aún no —replicó la rubia con una carcajada, metiendo la velocidad para alejarse del teatro antes de que la tía Alejandra sospechara algo.

Lo que Melissa no se esperaba era que la casa de los padres de Sebastián, esa misma que servía de refugio para el “pirata” herido, albergaba a alguien más esa noche.

Vanessa, el amor platónico de Melissa desde la secundaria, no solo era una artista famosa; era la mejor amiga de Harry y Sebastián desde niños.

Sus familias estaban tan unidas que los padres de Sebas la trataban como a la hija que nunca tuvieron.

Mientras tanto, en la casa, el ambiente era tranquilo.

Sebastián estaba recostado en su cama, con la pierna vendada y el celular en la mano, releyendo el mensaje de Tatiana con una sonrisa boba.

En la sala, Vanessa conversaba con Harry sobre los equipos que se habían dañado, cuando escucharon el rugido de un motor deteniéndose frente a la entrada.

—¿Esperamos a alguien más, Harry?

—preguntó Vanessa, acomodándose el cabello con naturalidad.

—Digamos que vienen a cobrar una deuda…

de corazón —respondió Harry con una sonrisa cómplice al escuchar la risa escandalosa de Melissa desde afuera.

La puerta se abrió y Melissa entró como un torbellino, lista para devorarse el mundo, pero se quedó de piedra al ver a Vanessa sentada en el sofá con una copa de vino.

Detrás de ella, Tatiana entró con cautela, buscando con la mirada el cuarto de Sebastián, pero se detuvo al ver la tensión de su amiga.

—¿Vanessa?

—susurró Melissa, perdiendo toda su valentía en un segundo.

—¿Melissa?

¿La del colegio?

—Vanessa se levantó con una sonrisa radiante—.

¡No me digas que vienes con la “Mozart” de la que todo el mundo habla!

Vanessa, con esa elegancia natural que la caracterizaba, se acercó a Melissa.

La miró de arriba abajo con una intensidad que hizo que a la rubia se le olvidara hasta su propio nombre.

—Sigues siendo un torbellino, Melissa —susurró Vanessa, rozando “accidentalmente” el brazo de ella mientras le ofrecía una copa—.

Me gusta que no hayas perdido esa energía.

Te queda muy bien.

Melissa, que normalmente tenía respuesta para todo, solo pudo balbucear algo sobre el tráfico de Caracas, mientras sus mejillas se ponían del color de un tomate maduro.

Harry soltó una carcajada, disfrutando del espectáculo de ver a la mujer más habladora del mundo completamente muda.

Tatiana, sentada en el borde de un sillón, observaba la escena con una sonrisa nerviosa.

Estaba feliz por su amiga, pero sus ojos no dejaban de desviarse hacia el pasillo oscuro que llevaba a las habitaciones.

Se sentía fuera de lugar, como si llevara un letrero en la frente que decía: “Busco al mecánico de la moto”.

Harry, notando la ansiedad de la pianista, se acercó a ella y se inclinó para hablarle al oído, lejos de la distracción que tenían las otras dos.

—No se va a curar solo con las pastillas, Tati —le dijo Harry con un guiño—.

Al final del pasillo, la última puerta a la derecha.

Está despierto…

y sospecho que te está esperando.

Tatiana le dedicó una mirada de agradecimiento infinito.

Se levantó con cuidado, aprovechando que Vanessa tenía a Melissa contra las cuerdas con una anécdota del colegio, y se escabulló por el pasillo.

Al llegar a la última puerta, se detuvo.

El corazón le latía tan fuerte que pensó que despertaría a toda la casa.

Tocó suavemente, tres veces.

—¿Harry?

Pasa, el vendaje me está picando como el demonio —se escuchó la voz ronca de Sebastián desde adentro.

Tatiana empujó la puerta.

La habitación olía a él, a una mezcla de sándalo y un toque de ungüento medicinal.

Sebastián estaba recostado contra varias almohadas, sin camisa, dejando ver el vendaje que cruzaba su pecho y la pierna derecha estirada sobre la cama.

En cuanto la vio, la queja se le murió en la garganta.

—Tú no eres Harry…

—dijo él, con los ojos brillando de una forma que hizo que a Tatiana se le aflojaran las piernas—.

Y definitivamente, te ves mucho mejor que él.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 ¿Cuál es su idea sobre mi cuento?

Deje sus comentarios y los leeré detenidamente El amor es más grande<3

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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