Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Reguetón y chispas en la sala
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11: Reguetón y chispas en la sala 11: Reguetón y chispas en la sala Vanessa dejó la copa de vino en la mesa sin apartar la mirada de Melissa.
Se acercó con ese caminar rítmico, casi como si estuviera siguiendo el beat de una de sus canciones, hasta quedar a escasos centímetros de ella.
El perfume de Vanessa, dulce y amaderado, envolvió a Melissa por completo.
—¡Vaya!
Creí que hablabas más, Rapunzel —soltó Vanessa con una sonrisa de suficiencia—.
Te recordaba mucho más lanzada en el colegio.
¿O es que te intimido ahora que salgo en la tele?
Melissa sintió el reto en esas palabras.
Respiró profundo, recuperando ese espíritu de “terremoto” que la caracterizaba.
Se acomodó el cabello hacia atrás y, por primera vez en la noche, sostuvo la mirada de la cantante con la misma intensidad.
—Así que la gran estrella del reguetón estaba pendiente de mí —replicó Melissa con un tono juguetón, recuperando su chispa—.
¿Tanto te marqué que no pudiste olvidarme entre tanto concierto y autógrafo?
Vanessa soltó una risita ronca, de esas que hacían vibrar los cristales.
Se acercó un poco más, acortando la distancia hasta que Melissa pudo sentir el calor de su cuerpo.
—¿Qué puedo decir?
Me encantan las rubias —confesó Vanessa, mordiéndose el labio inferior mientras sus ojos bajaban a la boca de Melissa—.
Y tú siempre fuiste la rubia que más ruido hacía en mi cabeza.
Melissa tragó saliva, pero no retrocedió.
—Pues prepárate, porque ahora hago más ruido que antes —susurró Melissa, desafiante.
—Eso espero, Meli.
Porque no me gusta la música suave —respondió Vanessa, atrapando un mechón de pelo de la rubia entre sus dedos.
Mientras tanto, al final del pasillo, el silencio del cuarto de Sebastián era el contraste perfecto para el juego de seducción que ocurría en la sala.
Tatiana, ajena a que su amiga estaba a punto de ser “devorada” por la cantante de reguetón, cerró la puerta de la habitación del mecánico, dejándolos a ambos en una burbuja de intimidad.
Vanessa no esperó a que Melissa recuperara el aliento.
Acortó la distancia y la devoró en un beso cargado de toda la intención del mundo.
Melissa, lejos de asustarse, respondió con una intensidad que hizo que Vanessa sonriera entre labios.
Se separaron justo a tiempo.
El sonido del auto de los padres de los muchachos entrando en el garaje y el ruido de las llaves en la cocina las obligó a volver a la realidad.
—Esto es solo el comienzo, princesa —susurró Vanessa, robándole un último beso corto y juguetón.
Se acomodó el cabello y la chaqueta, lista para ir a ayudar a la familia con las compras como la “hija política” perfecta que era.
Melissa se quedó allí, de pie en medio de la sala, sintiendo que flotaba.
Pero la burbuja estalló cuando una vocecita apareció de la nada.
—Meli…
—la pequeña Dani la miraba con los brazos cruzados y una ceja levantada—.
¿Estás bien?
Tu boca está toda…
como de payasa.
Si quieres ir al baño a arreglarte el desastre, es al final del pasillo.
Melissa se puso roja como un tomate y salió disparada hacia el baño, tratando de borrar las huellas del “huracán Vanessa” de su cara.
Mientras tanto, en el silencio de la habitación, Tatiana estaba arrodillada junto a la cama.
Con una delicadeza extrema, sus dedos largos de pianista intentaban acomodar la venda del pecho de Sebastián sin lastimarlo.
Él la observaba, respirando con dificultad, no por el dolor de las costillas, sino por tenerla tan cerca.
—Te dije que no tenías que venir, Mozart —murmuró él, cubriendo la mano de ella con la suya para detener el movimiento—.
Pero mentiría si dijera que no me moría por verte.
Sebastián soltó un suspiro pesado y desvió la mirada hacia la ventana, donde la lluvia volvía a repicar.
—El accidente…
—comenzó a decir con voz ronca—.
No fue solo la lluvia.
Iba demasiado rápido.
Tenía la cabeza en otra parte, repitiendo el beso del taller una y otra vez como un idiota.
Por un segundo me sentí invencible porque tú me habías besado, y la carretera me recordó de golpe que sigo siendo solo un mecánico de barrio.
Tatiana levantó la vista, encontrándose con los ojos claros de él, ahora llenos de una honestidad cruda.
—No eres “solo un mecánico”, Sebastián —le dijo ella con firmeza, apretando su mano—.
Eres el hombre que me hizo sentir viva después de años de ser una máquina de tocar piano.
Si te pasó algo por mi culpa…
—No fue tu culpa —la interrumpió él, acercando su rostro al de ella—.
Fue mi suerte.
Porque si no hubiera tenido ese accidente, no estarías aquí ahora mismo, escondida de tu tía, cuidándome en este cuarto.
En la habitación, el aire quemaba.
Sebastián, ignorando el pinchazo de dolor en sus costillas, tiró del brazo de Tatiana con suavidad pero con firmeza.
Ella terminó con medio cuerpo sobre él, apoyando las manos con un cuidado extremo en el colchón para no presionar sus heridas.
Sus labios se encontraron en un beso hambriento, una mezcla de alivio y deseo que los hizo olvidarse de dónde estaban.
—Tati…
—susurró él contra su boca—, vas a hacer que se me olvide que no me puedo mover.
Pero la burbuja estalló con tres toques rítmicos en la madera de la puerta.
—¡Tío Sebas!
¡Tati!
—la voz de la pequeña Dani sonaba emocionada—.
Mi abuela hizo arepas y quiere conocer a la “amiga elegante” de la que Harry no para de hablar.
¡Salgan ya!
Tatiana se separó de golpe, roja como una amapola, acomodándose el cabello y el vestido con manos temblorosas.
Sebastián soltó un gruñido de frustración, pero con una sonrisa ladeada.
—Ve —le dijo él, guiñándole un ojo—.
Mi mamá te va a amar, pero ten cuidado: si te descuidas, te pone a fregar los platos para ver si de verdad eres “de los nuestros”.
Mientras tanto, en el baño, Melissa se echaba agua fría en el cuello, tratando de que el corazón le bajara a las pulsaciones normales.
De pronto, la puerta se abrió y se cerró con un clic metálico.
A través del espejo, vio la figura imponente de Vanessa apoyada contra la pared, observándola con una mirada profunda, cargada de una honestidad que no se ve en los videos musicales.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 Su regalo es mi motivación de creación.
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