Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 Entre cuotas y abuelos
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12: Entre cuotas y abuelos 12: Entre cuotas y abuelos No creas que quiero estar contigo una noche y ya, Rapunzel —soltó Vanessa, rompiendo el silencio con esa voz ronca que ponía a Melissa a temblar—.
Me gustas de verdad.
Y quiero una…
no, muchas “cuotas” contigo para ver hasta dónde llega esto.
No soy de las que se rinden a la primera canción.
Melissa se giró, todavía con las manos húmedas, y se encontró con la determinación de la cantante.
—¿Estás hablando de un contrato a largo plazo, estrella?
—preguntó Melissa, recuperando su valentía.
—Estoy hablando de que no te voy a dejar escapar tan fácil —respondió Vanessa, acercándose para darle un beso rápido en la mejilla antes de salir—.
Ahora, vamos a la mesa.
Mi mamá ya puso los platos y no querrás hacer esperar a la mujer que hace las mejores arepas de toda Caracas.
…..
Arepas, risas y fuego lento La mesa del comedor era sencilla, de madera fuerte, y el olor a maíz tostado llenaba cada rincón de la casa.
Tatiana se sentía extrañamente cómoda, a pesar de estar sentada entre Harry y la señora Elena, la mamá de los muchachos, quien la miraba con una mezcla de curiosidad y ternura.
Pero el verdadero espectáculo estaba ocurriendo justo enfrente.
Vanessa, la gran estrella del reguetón, se había sentado al lado de Melissa.
Sin importarle que sus “suegros” estuvieran presentes, Vanessa se encargaba de que Melissa no tuviera que mover un dedo.
—Pruébala, Meli.
Esta tiene el relleno que te gustaba cuando éramos niñas —dijo Vanessa, acercándole un trozo de arepa a la boca de Melissa con una naturalidad que dejó a la rubia sin palabras.
Melissa, roja como un tomate, intentaba mantener la compostura, pero cada vez que Vanessa le rozaba la pierna por debajo de la mesa o le dedicaba una mirada intensa, casi se le caía el tenedor.
Harry, que estaba sentado al lado de Tatiana, no pudo aguantar más.
Soltó una carcajada limpia mientras veía cómo su “hermana” Vanessa consentía a la rubia.
—¡Bueno, bueno!
—exclamó Harry, señalándolas con el cuchillo—.
Vane, si sigues atendiendo así a Melissa, mi mamá va a pensar que ya le trajiste el anillo de compromiso.
¡Cuidado, Meli, que esta no te suelta ni que le paguen!
—¡Harry, deja a las muchachas tranquilas!
—intervino la señora Elena con una sonrisa pícara—.
A mí me encanta ver a Vanessa tan…
inspirada.
Hacía tiempo que no la veía tan atenta con una “amiga”.
Vanessa no se inmutó.
Le guiñó un ojo a Harry y luego miró a Melissa, mordiéndose el labio.
—Lo que pasa es que Harry tiene envidia porque él no tiene a quién darle de comer en la boca —soltó Vanessa, provocando que hasta la pequeña Dani soltara una risita—.
Además, Melissa se merece esto y más por haber aguantado a la tía Alejandra todo el día.
Tatiana reía bajito, disfrutando de ver a su amiga tan feliz y nerviosa a la vez.
Sin embargo, su mirada se escapaba constantemente hacia el pasillo.
Sabía que Sebastián estaba solo en el cuarto con su plato de comida, y se moría por volver a su lado.
—Tati, mija, no te me distraigas —le dijo la señora Elena suavemente—.
Come, que para tocar ese piano tan bonito necesitas fuerza.
Y no te preocupes, que Sebastián no se va a ningún lado con esa pierna así.
Él está ahí bien guardadito para ti.
Tatiana sintió que el corazón le daba un vuelco.
En esa mesa, los secretos no duraban mucho, pero el cariño sobraba.
Tatiana observaba la escena con una mezcla de ternura y resignación.
Melissa y Vanessa estaban en su propio mundo, una burbuja de coqueteos y risas que indicaba claramente que la noche para ellas apenas comenzaba.
Al ver que su mejor amiga estaba más interesada en escapar con la estrella de reguetón que en cualquier otra cosa, Tati decidió tomar las riendas.
Bajo la mesa, sacó su teléfono y le escribió a Juan, su chófer de confianza.
“Juan, necesito que me busques en la dirección que te voy a enviar en 30 minutos.
Por favor, sé discreto y no le digas nada a mi tía Alejandra.” Una vez asegurado su transporte, Tatiana miró a la señora Elena con su mejor sonrisa.
—Señora Elena, todo estuvo delicioso.
¿Cree que podría llevarle un poco de postre a Sebastián?
Me gustaría despedirme de él antes de irme.
—¡Claro que sí, mija!
—respondió la mujer, sirviendo una porción generosa de dulce de lechosa en un platico—.
Dale esto, que el dulce siempre ayuda a que las penas del cuerpo se olviden.
Tatiana tomó el plato y caminó por el pasillo con el corazón latiendo a mil.
Al entrar al cuarto, Sebastián la recibió con una mirada iluminada.
Al verla con el dulce, soltó una risita.
—¿Sobornando al herido con azúcar, Mozart?
—preguntó él, tratando de incorporarse un poco.
—Solo asegurándome de que tengas un buen sabor de boca cuando me vaya —respondió ella, sentándose con cuidado a su lado—.
Mi chófer ya viene en camino.
Melissa se va con Vanessa, así que tengo que volver a la “cárcel de cristal” antes de que Alejandra note mi ausencia.
Tatiana comenzó a darle pequeñas cucharadas del dulce, creando un momento de intimidad absoluta.
Entre bocado y bocado, las miradas decían más que las palabras.
—Gracias por venir, de verdad —susurró Sebastián, tomando su mano después de terminar—.
Me has dado la mejor medicina del mundo.
—Cuídate, pirata —le respondió ella, dándole un beso suave pero profundo en los labios antes de levantarse—.
Mañana te escribiré.
Y más te vale que hagas reposo, porque te necesito sano para el estreno.
Salió del cuarto justo cuando las luces de la camioneta de Juan iluminaban la entrada de la casa.
Afuera, vio a Melissa y Vanessa despidiéndose de los demás, listas para su propia aventura.
Tatiana subió al auto, suspirando de alivio y felicidad, mientras se alejaba de la casa que, por unas horas, la había hecho sentir en su verdadero hogar.
….
Vanessa y Melissa Mientras la camioneta de Tatiana se perdía en la oscuridad de la calle, Melissa se subía al impresionante deportivo de Vanessa.
El olor a cuero nuevo y a ese perfume caro de la cantante la mareaba más que cualquier trago de vino.
Vanessa arrancó con fuerza, haciendo que el motor rugiera por las calles solitarias.
No puso reguetón; puso un beat suave, algo que hacía que el ambiente se sintiera más íntimo.
—¿A dónde vamos, estrella?
—preguntó Melissa, tratando de recuperar su tono de chica ruda, aunque las manos le temblaban.
—A un lugar donde la “Rapunzel” que yo recuerdo pueda soltarse el pelo sin que nadie la juzgue —respondió Vanessa, mirándola de reojo con una sonrisa depredadora.
Minutos después, se estacionaron en un mirador que mostraba a toda Caracas iluminada, como un pesebre gigante bajo el Ávila.
Vanessa apagó el motor y el silencio se volvió denso, eléctrico.
—Me gusta que no hayas cambiado, Meli —dijo Vanessa, girándose en su asiento para quedar frente a ella—.
Sigues teniendo esa mirada de que te quieres comer el mundo, pero ahora…
ahora te ves como si supieras qué parte del mundo quieres morder primero.
Melissa soltó una risita nerviosa, pero no bajó la mirada.
—¿Ah sí?
¿Y según tú, qué parte es esa?
Vanessa no respondió con palabras.
Se acercó lentamente, invadiendo el espacio de Melissa, y puso una mano en su nuca, jugando con los cabellos rubios de la base de su cuello.
—Yo no soy como Sebastián, Meli.
Él es un romántico, un tonto que cree en los cuentos de hadas con su pianista.
Yo soy más directa.
Si quiero algo, voy por ello.
Y te llevo queriendo desde que usábamos uniforme.
—¿Y ahora que me tienes aquí, qué vas a hacer?
—desafió Melissa, con la respiración entrecortada.
Vanessa se acercó a su oído y le susurró con esa voz ronca que usaba en sus canciones más sexys: —Darte todas las “cuotas” que te prometí en la cocina.
Y créeme, Rapunzel, no acepto devoluciones.
Sin darle tiempo a reaccionar, Vanessa la besó.
Pero no fue el beso rápido de la casa; fue un beso largo, dominante, que sabía a libertad y a deseo acumulado por años.
Melissa se aferró a la chaqueta de Vanessa, entregándose por completo a la sensación de estar, por fin, con la mujer que siempre había visto desde lejos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 El amor llega cuando me te los esperas <3 No es fácil crear una obra, ¡deme un voto por favor!
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