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Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 Permiso para amar
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16: Permiso para amar 16: Permiso para amar ​Vanessa y Melissa La luz de la mañana entraba suavemente por los ventanales de la mansión.

Melissa le contaba a Tatiana, con un brillo en los ojos que no podía ocultar, la invitación que Vanessa le había hecho la noche anterior.

​—¡Tati, me dijo que no me va a dejar dormir en tres días!

—susurró Melissa, medio emocionada y medio apenada—.

Pero no quiero dejarte aquí sola con la Madre B merodeando.

​Tatiana se sentó en la cama y tomó las manos de su amiga, sonriendo de verdad por primera vez en días.

​—¡Tienes que ir, Meli!

Vive tu romance, aprovecha que mi papá está aquí.

Él tiene a mi mamá distraída con sus historias de negocios y mimos.

Yo voy a estar bien, Alejandra canceló los ensayos hoy y pienso pasar todo el día pegada a mi papá para recuperar el tiempo perdido.

Ve y disfruta tu amor por Vanessa, te lo mereces.

​Melissa no se lo hizo decir dos veces.

Se arregló en tiempo récord, poniéndose algo que gritaba “actitud”, justo cuando el rugido del motor del deportivo de Vanessa se escuchó en la entrada.

​Abajo, en el gran salón, Don Roberto tomaba café mientras leía el periódico.

Beatriz estaba a su lado, todavía un poco somnolienta pero satisfecha.

Cuando Melissa bajó corriendo, Beatriz frunció el ceño al verla tan arreglada.

​—¿Y tú a dónde vas con tanta prisa, Melissa?

—preguntó Beatriz con sospecha.

​—Va a salir, Beatriz.

Déjala, es joven —intervino Roberto sin bajar el periódico, guiñándole un ojo a Melissa.

​En ese momento, la puerta principal se abrió y apareció Vanessa, luciendo unas gafas oscuras y una chaqueta que costaba más que el coche de cualquier mortal.

​—¡Buenos días!

Vengo por mi chica —dijo Vanessa con una seguridad que dejó a Beatriz muda.

​—¡Vanessa!

Qué gusto verte —dijo Roberto levantándose para saludarla con un abrazo—.

No sabía que tú y Melissa eran tan…

cercanas.

Me alegra que mi hija y sus amigas estén en buenas manos.

​Beatriz estaba a punto de protestar al ver a “la reguetonera” en su casa, pero Roberto le puso una mano en la cintura y la atrajo hacia él.

​—Déjalas, negra.

Nosotros también tenemos planes, ¿recuerdas?

—le susurró al oído, dejando que Melissa y Vanessa escaparan hacia la libertad del asfalto caraqueño.

​Mientras tanto, en el piso de arriba, Tatiana miraba por la ventana cómo el deportivo se alejaba.

Se sentía feliz por su amiga, pero una parte de ella deseaba que fuera Sebastián quien estuviera esperando afuera en su moto.

..

El deportivo de Vanessa volaba por las curvas de la carretera hacia El Hatillo.

Melissa iba con el cabello alborotado y una sonrisa que no le cabía en el rostro.

Por fin, después de años de represión y secretos, estaba al lado de la mujer que amaba, sin que nadie las vigilara.

​—¿A dónde me llevas, Vane?

—preguntó Melissa, mirando cómo el paisaje se volvía más verde y fresco.

​—A mi refugio —respondió Vanessa, quitándose las gafas de sol y lanzándole una mirada cargada de intención—.

Un lugar donde no soy “la estrella” y tú no eres “la asistente perfecta”.

Solo somos nosotras.

​Llegaron a una propiedad escondida tras un muro de piedra cubierto de hiedra.

Era una casa moderna, de cristal y madera, que colgaba prácticamente sobre un barranco con una vista impresionante de todo el valle de Caracas.

Al entrar, el silencio era absoluto, roto solo por el sonido del viento entre los pinos.

​Vanessa no esperó ni un segundo.

Apenas cerró la puerta principal, tomó a Melissa por la cintura y la pegó contra la pared.

​—No tienes idea de cuántas veces soñé con tenerte aquí, lejos de la mirada gélida de Beatriz y de las cámaras —le susurró Vanessa cerca de los labios.

​—Yo también…

—alcanzó a decir Melissa antes de que Vanessa la callara con un beso hambriento, lleno de todos los años de espera.

​Se separaron jadeando, y Vanessa la guio hacia la terraza, donde una mesa pequeña tenía servido vino y algunas delicias locales.

​—Tengo pensado cumplir cada una de las promesas que te hice por videollamada, Rapunzel —dijo Vanessa mientras servía dos copas—.

Pero primero, quiero que te relajes.

Aquí el tiempo no existe.

Hoy el mundo se detiene bajo el cielo del Ávila, solo para ti y para mí.

​Melissa bebió un sorbo, sintiendo que el calor del vino y la mirada de Vanessa la hacían flotar.

Por un momento, se olvidó de las fotos de Antonela, de la furia de Beatriz y de los problemas en el teatro.

​—Si esto es un sueño, no me despiertes nunca —murmuró Melissa, acercándose de nuevo a la cantante.

​—No es un sueño, nena.

Es nuestro nuevo comienzo —respondió Vanessa, tomándola de la mano y llevándola hacia la habitación principal, donde los ventanales mostraban una Caracas que empezaba a encender sus primeras luces doradas.

​En la terraza de El Hatillo, Melissa sentía que el corazón se le salía del pecho.

Miraba a Vanessa y veía a esa niña que siempre la protegió, convertida ahora en una mujer imponente que la amaba de vuelta.

​—¿En qué piensas, rubia?

—preguntó Vanessa, acariciándole la mejilla mientras el sol empezaba a caer tras la montaña.

​—En que si esto es un sueño, es el mejor de mi vida —susurró Melissa—.

No puedo creer que la chica de mis sueños, mi amor de toda la infancia, esté aquí conmigo…

de esta forma.

​Vanessa sonrió y la atrajo hacia ella, dándole un beso suave.

Estaban en las nubes, ignorando por completo que en la mansión Fajardo se estaba librando otra batalla de silencio.

​Alejandra entró a la mansión con su tableta en mano, moviéndose como un torbellino de eficiencia.

​—¡Melissa!

¡Necesito cerrar la agenda de Tatiana para la gira y esa niña no contesta el teléfono!

—gritó Alejandra mientras caminaba hacia el salón.

​Se detuvo en seco al ver a Roberto sentado cómodamente, con una expresión de paz absoluta.

​—Baja la voz, Ale —dijo Roberto con una sonrisa tranquila—.

Melissa no está.

Se fue a tomar aire fresco.

​Alejandra frunció el ceño, captando de inmediato el tono de su cuñado.

Se acercó y bajó la voz a un susurro.

—¿Se fue con ella, verdad?

Con Vanessa.

Roberto, si los padres de Melissa se enteran de que su hija está en El Hatillo con una cantante de reguetón, se vienen de España mañana mismo.

Sabes cómo son los Martínez, para ellos los gustos de Melissa son un “error pasajero” que quieren corregir a toda costa.

​Roberto asintió con gravedad.

Los padres de Melissa eran extremadamente estrictos y no aceptarían la orientación de su hija, ni mucho menos que estuviera saliendo con una estrella tan mediática.

​—Por eso mismo, tú y yo vamos a guardar silencio —sentenció Roberto—.

Para mí, Melissa es como una segunda hija.

Si ella encontró la felicidad con Vanessa, no seré yo quien se la quite.

Dile a Beatriz que Melissa fue a hacer unos recados para el teatro.

No quiero que los Martínez regresen a Venezuela a armar un escándalo que termine de hundir a estas niñas.

​Alejandra suspiró, sintiendo un peso menos sobre sus hombros.

—Gracias, Roberto.

De verdad eres el único con cabeza fría en esta familia.

Pero…

¿y si Beatriz sospecha?

Ella sabe que Vanessa y Sebastián son amigos.

Si une los puntos, esto va a explotar.

​—Que explote cuando yo esté presente —dijo Roberto, levantando su copa de café—.

Mientras tanto, que Melissa viva su sueño.

El Ávila tiene muchos secretos, y este es uno que protegeremos nosotros.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 ¿Cuál es su idea sobre mi cuento?

Deje sus comentarios y los leeré detenidamente

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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