Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 17

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Bajo el cielo del Ávila
  4. Capítulo 17 - 17 El peluche de la esperanza
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

17: El peluche de la esperanza 17: El peluche de la esperanza El sol de la tarde brillaba sobre la piscina de la mansión.

Tatiana estaba sumergida hasta los hombros, tratando de refrescar no solo su cuerpo, sino también sus pensamientos, que no dejaban de volar hacia el taller de Sebastián.

​De repente, un movimiento entre los arbustos de jazmín llamó su atención.

De entre las hojas salió la pequeña Dani, con su ropita manchada de tierra y una rama enredada en el cabello, pero con una sonrisa de oreja a oreja.

​Tatiana se levantó del agua de un salto, salpicando todo a su alrededor.

—¡Dani!

¿Qué haces aquí?

¡Cuidado, te van a ver!

—susurró alarmada, mirando hacia las ventanas de la mansión por si su madre estaba observando.

​—Es una historia muy larga, Tati —respondió la pequeña, recuperando el aliento—.

Pero soy más rápida que los guardias de la entrada.

Mi tío te manda esto.

​Dani metió la mano bajo su camisita y sacó un pequeño peluche: un perrito con una manchita de aceite (seguramente del taller) que sostenía una carta doblada en su patita.

​—También te mandó un beso —añadió la niña con un guiño travieso—, pero me dijo que ese mejor te lo da él cuando lo veas.

¡Adiós!

​—¡Espera!

¿Cómo entraste?

—preguntó Tatiana, pero fue tarde.

​Dani soltó una sonora carcajada que resonó en todo el patio y salió corriendo con la agilidad de un gato, perdiéndose de nuevo entre la vegetación antes de que los empleados de seguridad se dieran cuenta de que una pequeña intrusa había burlado su vigilancia.

​Tatiana se quedó sola, con el corazón latiendo a mil por hora.

Se sentó en el borde de la piscina, abrazando el pequeño peluche que olía a Sebastián: una mezcla de sándalo y metal.

Con manos temblorosas, abrió la carta.

​”Mi Mozart, si este peluche llegó a tus manos, es porque mi mensajera favorita es invencible.

No dejes que las paredes de esa casa te hagan olvidar que afuera hay una moto esperándote y un hombre que no deja de soñar con tu música.

Te veo en mis sueños hasta que pueda verte en el teatro.

—S.” ​Tatiana apretó la carta contra su pecho, sintiendo que por fin podía respirar.

Pero justo cuando guardaba el peluche bajo su toalla, escuchó unos pasos firmes acercándose.

​—¿Tatiana?

¿Con quién estabas hablando?

—la voz de su padre, Roberto, sonó desde el porche.

Beatriz salió a la terraza con paso firme, sus tacones golpeando el mármol con una precisión irritante.

Miró a Tatiana, que todavía estaba húmeda y abrazada a su toalla con una fuerza sospechosa.

​—¡Tatiana María!

Te hice una pregunta —exigió Beatriz, cruzándose de brazos—.

Escuché una risa y te vi hablando con alguien.

Sabes perfectamente que las visitas a esta casa pasan por mi filtro.

Si vas a invitar a alguien, debemos estar al tanto, y que sea alguien de tu nivel, no esos…

empleados del teatro que Alejandra deja entrar a cualquier parte.

​Tatiana sentía que el peluche le quemaba bajo la toalla.

El olor a taller era tenue, pero para ella era como un faro.

​—No era nadie, mamá —mintió Tatiana, tratando de que su voz no temblara—.

Estaba…

ensayando una letra en voz alta y me reí de mis propios errores.

Los nervios por el concierto, supongo.

​Beatriz entrecerró los ojos, acercándose un paso más.

—¿Ensayando?

¿Desde cuándo hablas con los arbustos para ensayar?

Roberto, dile algo.

Tu hija está actuando de forma errática.

​Roberto, que había estado observando la escena con una calma absoluta, se acercó a Tatiana.

Él notó algo que Beatriz, en su ceguera de grandeza, ignoró: una pequeña huella de zapato infantil en la tierra fresca cerca de la piscina y, sobre todo, el brillo desafiante en los ojos de su hija.

​—Déjala, Beatriz —dijo Roberto, poniendo una mano protectora sobre el hombro de Tatiana—.

Si quiere hablar con los pájaros o con ella misma, está en su derecho.

El arte requiere un poco de locura, ¿no es lo que siempre dices?

​Roberto bajó la mirada y vio un pedacito de la carta de Sebastián asomando por la toalla de Tatiana.

Sin que Beatriz se diera cuenta, el hombre movió su mano para ocultar el papel mejor.

​—Además —continuó Roberto, mirando a su esposa con una sonrisa encantadora—, hoy no es día para interrogatorios.

Tatiana, ve a cambiarte.

Tu madre y yo vamos a entrar a revisar unos catálogos de arte que traje.

​Beatriz resopló, dándose por vencida por el momento gracias a la intervención de su marido, pero lanzó una última mirada de sospecha al jardín antes de entrar a la casa.

​Cuando se quedaron solos por un segundo, Roberto le susurró a Tatiana al oído: —Ese “ensayo” dejó una huella de zapato talla 28 en el jardín, Tati.

Dile a tu amigo que su mensajera es muy ruidosa.

Y guarda bien ese perrito de peluche antes de que tu madre lo use para practicar tiro al blanco.

​Tatiana abrió los ojos como platos.

¡Su papá lo sabía todo!

​Después de que Beatriz se encerrara en su despacho para atender unas llamadas, Roberto aprovechó la oportunidad.

Subió las escaleras con dos vasos de jugo natural y tocó suavemente la puerta de su hija.

​—¿Se puede, Mozart?

—preguntó entrando con una sonrisa.

​Tatiana estaba sentada en su cama, con el pequeño perrito de peluche sobre sus piernas y la carta de Sebastián abierta.

Al ver a su padre, intentó esconderlo todo bajo la almohada, pero Roberto levantó una mano para detenerla.

​—Ya es tarde para esconder el “cuerpo del delito”, Tati —dijo sentándose a su lado y entregándole el jugo—.

Cuéntame la verdad.

¿Quién es ese tal Sebastián y por qué tiene a mi hija escondiendo peluches con olor a grasa de motor como si fueran tesoros prohibidos?

​Tatiana suspiró, dejando caer los hombros.

Por fin, la represa se rompió.

​—Es el hombre más increíble que he conocido, papá —confesó con los ojos brillando—.

No es solo un mecánico.

Es alguien que me ve de verdad, no como la “artista famosa” o el “diamante de mamá”.

Él me escucha.

Me devolvió la pasión por la música cuando sentía que solo tocaba por obligación.

​Roberto escuchaba en silencio, con una seriedad que no era de juicio, sino de profunda atención.

​—Mamá lo odia porque no tiene un apellido rimbombante ni millones en el banco —continuó Tatiana con amargura—.

Pero él tiene un corazón de oro.

Y esa niña que viste…

es su sobrina, la pequeña Dani.

Es parte de su mundo, un mundo que es real y cálido, no como este teatro de cristal en el que vivimos.

​Roberto tomó la carta, leyó un par de líneas y sonrió para sus adentros.

​—”El pirata no se rinde ante las tormentas…” —leyó Roberto en voz baja—.

Tiene agallas, eso no se puede negar.

Mira, hija, tu madre vive en un mundo de apariencias, pero yo vivo en el mundo de los resultados.

Y el resultado es que hoy, por fin, veo luz en tus ojos.

​—¿No vas a prohibirme verlo?

—preguntó Tatiana con esperanza.

​—Si lo hiciera, sería un hipócrita.

Yo me enamoré de tu madre cuando ella era la estrella de su conservatorio y yo apenas empezaba a cargar cajas en un puerto —reveló Roberto, dejando a Tatiana boquiabierta—.

Lo que sí te pido es que seas inteligente.

Tu madre es capaz de todo si se siente desafiada.

Pero quiero conocerlo, Tati.

Quiero ver a los ojos al hombre que envió a una espía de cuatro años a mi jardín.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 Su regalo es mi motivación de creación.

Deme más motivación

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo