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Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 La verdad sin anestesia
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19: La verdad sin anestesia 19: La verdad sin anestesia ​El teatro estaba casi en penumbra, a excepción de la luz cenital que iluminaba a Tatiana sobre el escenario.

Ella estaba absorta en una pieza técnica, pero sus dedos volaban con una melancolía que solo los que la conocían podían entender.

​En la penumbra de las últimas filas, Don Roberto se sentó al lado de Sebastián.

El mecánico se puso tenso de inmediato, pero Roberto le hizo una señal para que no se levantara.

​—Toca bien, ¿verdad?

—dijo Roberto, mirando al escenario—.

Tiene el talento de su madre y, por suerte, mi temperamento…

aunque últimamente está perdiendo el control.

​Sebastián guardó silencio, respetando la autoridad del hombre que tenía al lado.

​—Mira, muchacho —continuó Roberto, clavando sus ojos en los de Sebastián—, respeto los deseos de mi hija.

Si ella dice que eres un hombre que vale la pena, te doy el beneficio de la duda.

Pero no estoy de acuerdo con cómo están haciendo las cosas.

Tatiana le está mintiendo a todo el mundo, incluyéndome a mí a veces, y eso no es justo para nadie.

​—Don Roberto, yo no quiero que ella mienta…

—intentó decir Sebastián, pero Roberto lo interrumpió.

​—Si de verdad la amaras, no permitirías que estuviera jugando a las escondidas como una adolescente asustada.

Este juego de espías y mensajeros tiene un límite.

Tienes que tomar una decisión, y pronto.

Beatriz no va a aceptar esta relación, eso lo sabes tú y lo sé yo.

​Roberto suspiró, mirando de nuevo hacia su hija.

​—Si esto sigue así, ella se irá de Venezuela.

Ya tengo los papeles listos para que termine sus estudios en el extranjero.

Es lo mejor para su carrera, y aunque me duela tenerla lejos, prefiero eso a verla marchitarse en una red de mentiras.

Así que piénsalo: o das la cara y afrontas la tormenta con ella, o te apartas para que ella pueda seguir su camino sin mirar atrás.

​Sebastián sintió que las palabras de Roberto eran más pesadas que cualquier motor que hubiera cargado.

Era un ultimátum disfrazado de consejo de padre.

​—El concierto es en tres días, Sebastián —concluyó Roberto levantándose—.

Ese día se acaba el tiempo de esconderse.

Decide qué hombre quieres ser para ella.

​Roberto se alejó caminando por el pasillo del teatro, dejando a Sebastián con el alma en un hilo y la mirada fija en la silueta de Tatiana, que en ese momento terminaba su sonata con una nota alta y vibrante que resonó en todo el recinto vacío.

En la parte trasera del teatro, Sebastián le relataba a Harry cada palabra de Don Roberto con una frustración que apenas podía contener.

​—Me lo dijo claro, Harry.

O damos la cara o se la lleva del país —decía Sebastián, caminando en círculos—.

Y lo peor es que tiene razón.

No puedo pedirle que viva escondida para siempre.

​Lo que no sabían era que Melissa estaba justo detrás de las pesadas cortinas rojas, escuchando cada palabra con el corazón en la mano.

Sin perder un segundo, corrió al camerino de Tatiana.

​—Tati, tenemos un problema —soltó Melissa, cerrando la puerta con seguro—.

Tu papá habló con Sebastián.

Le dio un ultimátum.

Dice que si esto no se aclara, te vas de Venezuela ya mismo para terminar tus estudios.

​Tatiana se dejó caer frente al espejo del tocador, con el maquillaje todavía impecable pero el alma rota.

Sus manos, las que podían tocar las piezas más difíciles de Chopin, empezaron a temblar.

​—Irme a estudiar fuera…

—susurró Tatiana—.

Ese ha sido mi sueño desde que tengo cinco años, Meli.

Siempre quise ir a la Juilliard o a Viena.

Pero ahora…

ahora mis padres quieren usar mi sueño como una jaula para separarme de Sebas.

​Tatiana se miró al espejo y no reconoció a la mujer que veía.

Por un lado, estaba la artista que había sacrificado su infancia por el piano; por el otro, la mujer que por fin había sentido el calor de un amor real en un taller mecánico.

​—Si elijo a Sebastián, mi madre se encargará de que no vuelva a tocar en un teatro importante en mi vida —dijo Tatiana con la voz quebrada—.

Y si elijo mi carrera y me voy, lo pierdo a él.

¿Cómo se supone que elija entre mi aire y mi sangre?

​—Tienes miedo de tomar la decisión incorrecta y arruinarlo todo —la consoló Melissa, abrazándola por los hombros—.

Pero recuerda lo que dice Vanessa: a veces hay que romper la partitura para crear una música nueva.

​Tatiana lloró en silencio, sabiendo que el concierto en tres días ya no era solo una presentación musical.

Era el juicio final de su propia vida.

El miedo a perderlo todo, o a perderse a sí misma, la estaba asfixiando bajo el cielo del Ávila que ahora parecía cerrarse sobre ella.

Tatiana encontró a su padre en el balcón de la mansión, mirando hacia las luces de la ciudad que tanto amaba.

Se acercó a él con la voz pequeña, cargada de una duda que le quemaba el pecho.

​—Papá…

¿me quieres mandar lejos por castigo o por protección?

—preguntó, buscando en sus ojos alguna señal de la dureza de su madre.

​Don Roberto se volteó y la miró con una ternura infinita, pero con una honestidad que dolió más que un regaño.

​—Hija, ese pasaje y la aceptación en el conservatorio eran tu regalo por el éxito de este concierto.

Siempre fue el plan —respondió él, tomando sus manos—.

Pero ahora, la decisión está en tus manos.

Escoge bien, Tatiana.

Este sueño por el que has luchado desde que tenías cinco años, practicando hasta que te sangraban los dedos, es tuyo.

No es mío, ni es de tu madre.

Si decides quedarte por un hombre y dejarlo todo, asegúrate de que sea porque realmente lo deseas, y no por rebeldía.

​Tatiana se quedó en silencio, más confundida que antes.

Su padre no le estaba prohibiendo nada; le estaba recordando quién era ella antes de conocer a Sebastián.

​A lo lejos, oculto tras la columna del pasillo, Sebastián había escuchado todo.

Sintió un nudo en la garganta que casi no lo dejaba respirar.

Vio a Tatiana, tan pequeña y elegante frente a su padre, y entendió que él no podía ser el ancla que hundiera ese barco que estaba listo para navegar el mundo.

​Él sabía lo que era trabajar desde abajo, lo que era sudar por cada pieza de su taller.

No podía permitir que la mujer que amaba tirara a la basura años de sacrificio por seguirlo a él en una moto vieja por las calles de Caracas.

​—No puedo ser yo quien le quite sus alas —susurró Sebastián para sí mismo.

​Sin decir una palabra, sin despedirse para no flaquear, se dio la vuelta y caminó hacia la salida.

Harry lo vio pasar con la mirada perdida y trató de detenerlo, pero Sebastián solo negó con la cabeza.

​—Se acabó, Harry —dijo con la voz quebrada—.

Ella nació para los grandes escenarios del mundo, y yo…

yo solo soy el mecánico que la ayudó a afinar el motor un rato.

Es hora de dejarla volar.

​Sebastián subió a su moto y arrancó, perdiéndose en la oscuridad de la noche, decidido a desaparecer de la vida de Tatiana antes del concierto para no ser una distracción en su momento de gloria.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 Su regalo es mi motivación de creación.

Deme más motivación

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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