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Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 24

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  4. Capítulo 24 - 24 La invitación al paraíso de cristal
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24: La invitación al paraíso de cristal 24: La invitación al paraíso de cristal En la intimidad de su palacio, Zaid rodeó a Tatiana con sus brazos, ocultando su rostro en su cuello con una ternura que parecía genuina.

Entre besos y caricias suaves, le susurró al oído su plan para alejarlos de todo.

—Amira, mi vida…

te noto distraída últimamente —dijo Zaid con voz melosa—.

He preparado un viaje a nuestra isla privada en las Maldivas.

Solo nosotros, los niños y el mar.

Necesitamos escapar de este estrés.

Tatiana le devolvió el beso, mirando a Zaid con esos ojos de amor y gratitud que tanto le dolerían a Sebastián si los viera.

Para ella, este hombre era su salvador, su roca.

—Me parece una idea maravillosa, Zaid —respondió ella con una sonrisa—.

Pero…

me gustaría invitar a las dos mujeres que conocí hace poco, Vanessa y Melissa.

He llegado a tomarles un cariño especial, y me gustaría que vieran lo feliz que soy contigo, que conocieran al hombre que me dio una segunda oportunidad.

Zaid se tensó imperceptiblemente.

Sus ojos oscuros brillaron con una sospecha que ocultó rápidamente tras una máscara de cortesía.

Él sabía perfectamente quiénes eran ellas, pero negarse solo haría que Tatiana tuviera más curiosidad.

—Si eso te hace feliz, que así sea —dijo Zaid, forzando una sonrisa—.

Invítalas.

Será interesante conocer a las personas que han cautivado a mi esposa de esa manera.

Cuando Vanessa y Melissa recibieron la invitación, no podían creerlo.

Era la oportunidad perfecta para estar cerca de Tatiana las veinticuatro horas, pero también era una trampa de oro.

—Zaid no es tonto —advirtió Vanessa mientras preparaba su equipaje de lujo—.

Nos quiere cerca para vigilarnos.

Quiere demostrarnos que Tatiana es suya y que no tenemos oportunidad de “despertarla”.

—Pero ella nos invitó porque nos quiere —replicó Melissa con esperanza—.

Eso significa que la verdadera Tati está ahí, luchando por salir.

Solo tenemos que ser cuidadosas.

Sebastián no puede venir, sería el fin de todo.

Sebastián, al enterarse, sintió que el alma se le caía a los pies.

Ver a las chicas partir hacia una isla privada con el hombre que le “robó” a su familia era una tortura.

—Vayan —les dijo Sebastián con la voz ronca—.

Consigan que recuerde algo, lo que sea.

Yo me quedaré aquí, esperando en la sombra, pero si ese hombre intenta hacerles algo o se lleva a Tatiana a otro lugar, no me importará su poder ni su dinero.

Iré por ella.

El jet privado de Zaid despegó al amanecer.

Tatiana iba sentada al lado de su esposo, tomada de la mano, mientras Vanessa y Melissa observaban desde los asientos laterales, conscientes de que estaban entrando en la boca del lobo para intentar rescatar a su mejor amiga.

La isla privada era un paraíso de arena blanca y aguas tan cristalinas que parecían irreales.

Al llegar, Zaid se mostró como el anfitrión perfecto.

Esa noche, mientras instalaban a las chicas, Zaid tuvo un momento a solas con Vanessa en la terraza.

​—Sé por qué están aquí —dijo Zaid con la mirada perdida en el océano—.

No soy un mal hombre, Vanessa.

Solo soy un hombre que encontró un tesoro entre los restos de un naufragio.

Cuando vi a Amira, tan herida, y supe que esperaba dos vidas dentro de ella, sentí que Dios me daba la oportunidad de ser el padre y esposo que perdí.

Sé que ocultar la verdad no fue lo correcto, pero miren a su alrededor…

ella es feliz.

Mis hijos son felices.

​Vanessa lo miró con una mezcla de lástima y reproche.

—La felicidad construida sobre una mentira es un castillo de arena, Zaid.

Tarde o temprano, la marea sube.

​A la mañana siguiente, Tatiana, impulsada por una curiosidad que no la dejaba dormir, buscó a Melissa.

—Siento que te conozco de siempre, aunque mi mente diga lo contrario —le confesó Tatiana—.

Vamos a bucear, solo nosotras.

Necesito silencio.

​Se alejaron de la orilla en un pequeño bote y se sumergieron en el jardín de coral.

Bajo el agua azul turquesa, rodeadas de peces de colores, el mundo exterior desapareció.

Melissa nadó cerca de ella y, en un momento de quietud, sacó de su traje de neopreno un pequeño objeto envuelto en una red: un relicario de oro antiguo con una “B” grabada.

​Era el relicario que Beatriz Fajardo siempre usaba, aquel que Tatiana le había regalado a Melissa para que lo guardara “por si algo pasaba” antes de su última gira.

​Melissa se lo entregó bajo el agua.

Tatiana lo tomó y, al abrirlo, vio la foto minúscula de ella misma cuando era bebé en brazos de su madre.

En ese instante, una burbuja de aire escapó de los labios de Tatiana.

El choque fue tan fuerte que olvidó por un segundo que estaba bajo el agua.

​Salieron a la superficie jadeando.

Tatiana sostenía el relicario contra su pecho, temblando violentamente a pesar del sol.

​—Este…

este es el olor de mi infancia —susurró Tatiana, con los ojos llenos de lágrimas—.

Recuerdo este relicario.

Recuerdo el perfume de mi madre.

Melissa…

Dios mío, Melissa…

¡Me acuerdo de la biblioteca de mi casa!

​El velo se estaba rompiendo.

La imagen de Beatriz, la severidad de su madre y la dulzura de su padre Roberto empezaron a inundar su mente como una represa que se rompe.

​—¿Tati?

¿Estás ahí?

—preguntó Melissa llorando de alegría.

​Tatiana la miró, y por primera vez en tres años, no era “Amira” la que miraba, era la pianista de Caracas.

—Recordé a mis padres, Meli…

Pero, ¿quién es el hombre de la tienda de música?

—preguntó con voz quebrada—.

Porque cuando lo veo, mi corazón late tan fuerte que siento que se va a salir, pero me da terror lo que eso significa para mi vida aquí.

La cena bajo las estrellas en la isla privada era de una belleza casi dolorosa.

El brillo del relicario de oro sobre el pecho de Tatiana resaltaba bajo la luz de las velas.

Zaid, con la sabiduría de quien sabe que no puede retener el viento con las manos, observó la joya y sonrió con una mezcla de tristeza y orgullo.

​—Lleven a los niños a descansar —ordenó suavemente a las niñeras.

Una vez que quedaron solos con Vanessa y Melissa, Zaid tomó la mano de su esposa—.

Amira…

Tatiana…

Eres lo más hermoso que ha pasado por mi vida.

Pero sé que ese relicario no es solo un adorno.

Es una llave.

​Tatiana lo miró con los ojos empañados.

Zaid suspiró profundamente y, por primera vez, soltó la carga que llevaba en el alma.

​—Te encontré rota y decidí reconstruirte a mi manera.

Me aproveché de tu olvido porque te amé desde el primer segundo.

Pero no puedo llamarme hombre si sigo ocultándote quién eres.

Fuiste una mujer brillante, una artista…

y tenías una vida antes de mí.

​Tatiana, conmovida por la vulnerabilidad del hombre que la cuidó durante tres años, se inclinó y lo besó con una ternura que hizo que a Vanessa y a Melissa se les apretara el pecho.

​—Eres el hombre de mi vida, Zaid —susurró Tatiana—.

Te amo porque me diste una identidad cuando no tenía nada.

Pero necesito saber quién era esa chica de la foto.

Permíteme conocer mi pasado, no me alejes de mis amigas.

Necesito unir las piezas de mi alma.

​Zaid asintió, con la voz quebrada: —Acepto.

Y si después de saberlo todo, decides que tu lugar no es a mi lado…

lo entenderé.

Te dejaré ir, aunque eso me rompa el corazón.

​Desde el otro extremo de la mesa, Vanessa y Melissa intercambiaron una mirada de profunda tristeza.

Estaban viendo algo que no esperaban: un amor sólido y real entre Tatiana y el Jeque.

Se sentían culpables por Sebastián, quien en Miami seguía contando los segundos para recuperarla.

Se daban cuenta de que, aunque Tatiana recuperara la memoria, el corazón de ella ahora tenía un dueño que la había tratado como a una reina en sus momentos más oscuros.

​—Sebastián no tiene oportunidad, Vane —susurró Melissa cuando se retiraron a sus habitaciones—.

Ella no lo recuerda a él, pero sí recuerda que Zaid la salvó.

El agradecimiento es un vínculo más fuerte que cualquier recuerdo borroso.

​Vanessa suspiró, mirando hacia el horizonte.

—El problema es que ella todavía no sabe que el padre de esos niños no es el hombre que tiene al lado.

Y cuando esa verdad salga, todo este “amor perfecto” va a temblar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 He añadido etiqueta en este libro, añada “Gusta” en el cual para el soporte.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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