Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 25

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Bajo el cielo del Ávila
  4. Capítulo 25 - 25 El peso del presente
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

25: El peso del presente 25: El peso del presente Esa noche, Tatiana no pudo dormir.

El contacto con el relicario de su madre había sido el detonante, pero fue el silencio de la isla lo que permitió que la música regresara.

Se escabulló al salón principal, donde un piano blanco descansaba frente al mar.

Sus dedos, guiados por una memoria que no residía en su cerebro sino en sus músculos, empezaron a tocar una melodía suave, melancólica y profunda.

​De repente, los ojos se le llenaron de lágrimas.

No eran recuerdos de fotos o nombres; eran sensaciones.

Recordó el calor de unas manos fuertes sobre su cintura, el olor a aceite de motor y lavanda, y una voz ronca que le susurraba “mi pianista” al oído.

Recordó una noche de pasión absoluta en un pequeño taller, donde el mundo exterior no existía.

​—Sebastián…

—susurró, y el nombre supo a verdad en sus labios.

​El choque emocional fue devastador.

Tatiana se abrazó a sí misma, temblando.

Ahora sabía que había amado a ese hombre con cada fibra de su ser.

Pero entonces, la duda más oscura la asaltó: si ella y Sebastián habían sido así de íntimos, y las fechas de su “rescate” por parte de Zaid coincidían con su embarazo…

¿quién era el verdadero padre de los gemelos?

Miró hacia el pasillo donde dormían sus hijos y sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

​Mientras tanto, en otra parte de la villa, Zaid observaba a través de las cámaras de seguridad.

Ver a su esposa llorar sobre el piano le confirmó lo que más temía.

Con un suspiro de resignación, tomó su teléfono satelital y marcó un número que había conseguido a través de sus servicios de inteligencia.

​En Miami, el teléfono de Sebastián sonó en mitad de la madrugada.

​—¿Diga?

—respondió Sebastián, con el corazón acelerado.

​—Señor Sebastián…

habla Zaid Al-Maktoum —la voz del Jeque era firme pero cargada de cansancio—.

Tatiana está recuperando la memoria.

Ella recuerda la música, y me temo que pronto recordará todo lo demás.

No quiero que ella sufra más por mis mentiras.

Hay un jet privado esperándolo en el aeropuerto de Opa-locka.

Venga a mi isla.

Es hora de que ella sepa quién es el padre de sus hijos por su propia boca.

​Sebastián se quedó mudo, con las lágrimas rodando por sus mejillas.

El hombre que consideraba su enemigo le estaba abriendo la puerta de regreso a su vida.

El vuelo de regreso a Miami fue el más silencioso de la historia.

El jet privado de Vanessa era un palacio en el aire, pero la tensión se podía cortar con un hilo.

Vanessa y Melissa observaban desde sus asientos cómo el mapa de la vida de sus amigos se había vuelto un caos.

​Tatiana iba sentada en el centro.

A su derecha, Sebastián la miraba con una mezcla de devoción y dolor, intentando desesperadamente encontrar en sus ojos a la chica que se entregó a él en el taller.

A su izquierda, Zaid permanecía serio, manteniendo una distancia respetuosa pero con una presencia imponente.

​—Tatiana…

—susurró Sebastián, rompiendo el silencio—.

He esperado mil días para volver a tocar tu mano.

​Tatiana lo miró con dulzura, pero no retiró su mano de la de Zaid.

Sus ojos estaban llenos de una tristeza profunda.

​—Sebastián, recuerdo quién eres —dijo ella con voz suave—.

Recuerdo lo que sentimos, recuerdo la intensidad y cómo mi corazón latía por ti.

Esos recuerdos son hermosos y sé que te amé con locura…

pero para mí, esos recuerdos se sienten como una película que vi hace mucho tiempo.

​Miró a Zaid, quien apretó su mano con fuerza.

​—Zaid estuvo conmigo cuando no sabía ni mi nombre.

Él me vio llorar por pesadillas que no entendía, él sostuvo mi mano cuando nacieron los gemelos.

El amor que siento por él es real, es de ahora.

Estoy dolida por sus mentiras, sí…

pero no puedo simplemente borrar lo que él significa para mí.

​Sebastián sintió que el avión se desplomaba.

Había recuperado a la mujer, pero no su corazón.

Ella lo reconocía como el padre de sus hijos, pero lo veía como un fantasma del pasado, mientras que al “enemigo” lo veía como a su esposo.

​Al llegar a Miami, se instalaron en la mansión que ahora compartían Sebastián y Harry.

El encuentro de los gemelos con su tío Harry fue tierno, pero los niños no dejaban de buscar a Zaid, llamándolo “Papá”.

​—Esto va a ser más difícil de lo que pensamos —le dijo Vanessa a Melissa mientras servían café en la cocina—.

Sebastián pensó que recuperar su memoria sería el final feliz, pero la Tati de hoy ama al hombre que la engañó.

​Tatiana se quedó en el balcón mirando las luces de Miami.

Sabía que tenía que tomar una decisión, pero cada vez que miraba a Sebastián veía a un extraño con recuerdos familiares, y cada vez que miraba a Zaid veía a su hogar, a pesar de la traición.

El taller de Sebastián en Miami era una obra de arte moderna: techos altos, herramientas relucientes y el olor a motor que, extrañamente, a Tatiana le devolvía una paz que el perfume de los palacios no lograba.

Dani, con una sonrisa cómplice, guiaba a los gemelos por el lugar.

—Vengan, campeones, les voy a enseñar cómo su papá hace que los coches vuelen —dijo Dani, llevándolos hacia la zona de pintura para darles privacidad a los adultos.

Sebastián se limpió las manos con un trapo, con el corazón en la garganta.

Ver a Tatiana allí, en su mundo, era todo lo que había soñado.

Pero la mirada de ella no era de nostalgia, era de determinación.

—Sebas…

—comenzó ella, manteniendo una distancia prudente—.

He pasado mucho tiempo pensando.

Recordé todo.

Recordé la libertad que sentía contigo, las noches en el taller y cómo me enseñaste que el amor no tenía que ser una cárcel.

Te amé con cada fibra de mi ser, y el fruto de eso son esos dos niños que están allá afuera.

Sebastián dio un paso hacia ella, pero Tatiana levantó una mano suavemente, deteniéndolo.

—Pero quiero que me entiendas.

Toda mi vida he vivido encerrada.

Primero mi madre con su estricta mansión de oro, luego Carlos con su obsesión enfermiza, y después Zaid…

Zaid es el ser humano más hermoso que he conocido, me salvó la vida, pero me tuvo en una fortaleza de cristal.

Siempre he sido de alguien, Sebas.

Y ahora, por primera vez, quiero ser mía.

Sebastián sintió un nudo en la garganta.

Quiso decirle que él la haría libre, pero se dio cuenta de que ofrecerle su amor ahora era ponerle otra cadena.

—Quiero vivir mi vida sola, conocerme, viajar con mis hijos y mis amigas.

Los niños irán a terapia, sabrán que tú eres su padre y llevarán tu apellido porque es lo justo.

Tendrás tu lugar en sus vidas…

pero no me pidas que te ame como tú esperas.

No puedo volver al pasado porque esa Tatiana ya no existe.

Lo lamento de verdad.

Sebastián guardó silencio durante un largo minuto.

Sus ojos se humedecieron, pero asintió con una nobleza profunda.

Entendió que amarla también significaba dejarla ir para que ella se encontrara a sí misma.

—Si tu libertad es lo que necesitas para ser feliz, Tati…

entonces yo ya gané con solo verte sonreír —respondió Sebastián con la voz ronca—.

No te pediré nada.

Estaré aquí para Leo y Luna, y estaré aquí para ti, como el hombre que te enseñó a volar, aunque ahora decidas volar sola.

Afuera, Dani observaba por el cristal.

Sabía que no era el final de cuento de hadas que todos esperaban, pero era el final real que Tatiana merecía.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 Su regalo es mi motivación de creación.

Deme más motivación

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo