Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 Cables notas y un chicle
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4: Cables, notas y un “chicle” 4: Cables, notas y un “chicle” El local de la familia de Sebastián olía a una mezcla extraña pero reconfortante: café recién colado y el aroma metálico de los equipos electrónicos abiertos.
Sebastián estaba sentado tras el mostrador, con los pies sobre una caja de repuestos, atendiendo los teléfonos de la tienda.
—Sí, señor, entiendo que el sushi llegó con el jengibre a un lado, pero eso no es una emergencia nacional —decía Sebastián, aguantando la risa mientras le guiñaba un ojo a Antonela, la cajera—.
Se lo repondremos en el próximo pedido.
Feliz tarde.
Colgó el teléfono y soltó una carcajada.
Antonela lo miraba con esa intensidad que a él ya empezaba a incomodarle.
Desde aquella fiesta de Navidad hace dos años, ella se había convencido de que había “algo”, pero para Sebastián, ese encuentro había sido solo una noche fugaz que no planeaba repetir.
—Podrías ser más amable, Sebas —susurró Antonela, acercándose más de la cuenta al mostrador—.
Así podrías conseguir que alguien te cuidara más…
Antes de que Sebastián pudiera inventar una excusa para alejarse, la puerta del local se abrió de golpe.
Harry, su hermano, entró con su energía habitual, pero no venía solo.
Una pequeña de cuatro años corrió como un rayo hacia el mostrador.
—¡Tío Sebas!
—gritó la niña, metiéndose entre Antonela y su tío con la agilidad de un ninja—.
¡Quítate, chicle!
¡Mi tío es mío!
Antonela se puso roja de la rabia y se retiró un par de pasos.
Harry soltó una carcajada mientras veía cómo su hija trepaba a los brazos de Sebastián, quien la recibió con una sonrisa genuina que nunca le daba a los clientes (ni a Antonela).
—Esa niña tiene un radar para las “pegajosas”, ¿verdad, hermano?
—dijo Harry, saludando a Sebastián con un choque de puños—.
Suéltala un momento, que tengo noticias que nos van a sacar de esta rutina de deliverys de sushi.
Sebastián bajó a su sobrina y miró a su hermano con curiosidad.
Harry se veía más animado de lo normal.
—Me acaban de confirmar un contrato grande —soltó Harry, con los ojos brillando—.
Una artista de esas famosas, de las que salen en la tele a cada rato, necesita que nos encarguemos de todo el montaje de sonido y la logística de su nueva gira.
Dicen que es muy exigente, pero pagan lo que pidamos.
Sebastián se cruzó de brazos, interesado.
—¿Ah sí?
¿Y quién es la “joyita”?
—Una tal Tatiana —respondió Harry, revisando unos papeles—.
La pianista.
Dicen que tuvo un problemón hace poco en la autopista y quiere relanzar su imagen con un tour impecable.
¿Te suena el nombre?
Sebastián sintió que el aire se le escapaba de los pulmones por un segundo.
Miró el raspón ya casi seco de su brazo y luego a su hermano.
—Me suena —murmuró Sebastián con una sonrisa extraña—.
Vaya que me suena.
Esa misma tarde, el taller de los hermanos se transformó en una oficina improvisada.
Alejandra llegó puntual, bajándose de la camioneta negra con la misma actitud de “dueña del mundo” que tenía en la autopista.
Al entrar al local, sus tacones resonaron contra el piso de cemento pulido.
Sebastián, que estaba terminando de limpiar una consola, se puso de pie.
Llevaba una franela negra ajustada que dejaba ver el vendaje limpio en su brazo.
Alejandra lo miró un segundo, frunciendo el ceño como si intentara recordar una pesadilla borrosa, pero Harry no le dio tiempo de pensar.
—¡Bienvenida!
Soy Harry, el jefe técnico, y él es mi hermano Sebastián, encargado de la logística y montajes especiales —dijo Harry con su carisma habitual, extendiendo el contrato sobre la mesa de trabajo.
Alejandra se sentó, ignorando el saludo de Sebastián, y fue directo al grano mientras sacaba una pluma dorada.
—Miren, muchachos, esta gira no es un tour cualquiera.
Tatiana está en un momento crítico.
El mundo la conoce como “la pianista de porcelana”, pero esta gira es su metamorfosis —Alejandra bajó la voz, como si revelara un secreto de estado—.
En el concierto de apertura, Tatiana no solo tocará el piano.
Va a cantar.
Canciones inéditas que ella misma escribió durante sus crisis.
Sus fans llevan años esperando que ella use su voz, y esta es la sorpresa que va a relanzar su carrera.
Sebastián, que estaba recostado contra una pila de amplificadores, dejó de jugar con un destornillador.
La imagen de la chica frágil y llorando en la autopista no encajaba con la idea de una mujer valiente que se atrevía a cantar sus propias verdades frente a miles de personas.
—Si va a cantar, el diseño de sonido tiene que ser perfecto —intervino Sebastián, hablando por primera vez.
Su voz profunda hizo que Alejandra levantara la vista—.
No podemos usar microfonía estándar.
Necesita algo que capture la vibración del piano y la calidez de su voz sin que una cosa opaque a la otra.
Si ella se va a arriesgar, nosotros no podemos fallar.
Alejandra lo observó con curiosidad, sorprendida por el conocimiento técnico del “muchacho del taller”.
—Exactamente eso es lo que busco —dijo ella, firmando el contrato con un trazo firme—.
Empezamos los ensayos mañana a primera hora en el teatro.
Espero que sean tan buenos como dicen, porque si Tatiana falla, todos caemos con ella.
Harry sonrió victorioso, pero Sebastián se quedó mirando el contrato.
Mañana volvería a verla.
Y esta vez, ella no podría huir en una camioneta, porque él sería el responsable de que su voz se escuchara en todo el país.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 La vida nos enseña hacer pacientes <3
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