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Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 6

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  4. Capítulo 6 - 6 Sopa de nervios y verdades
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6: Sopa de nervios y verdades 6: Sopa de nervios y verdades El restaurante era un lugar acogedor cerca del teatro, de esos que huelen a leña y ajo, pero para Tatiana, el ambiente estaba más cargado que una tormenta eléctrica.

Estaban todos sentados en una mesa larga: Alejandra en un extremo revisando correos, Harry tratando de mantener una conversación ligera, y en el centro, el verdadero campo de batalla.

Sebastián estaba sentado frente a Tatiana.

A su lado, Antonela no perdía oportunidad para rozar su brazo o servirle agua como si él no pudiera hacerlo solo.

—Y cuéntanos, Sebastián —soltó Melissa, rompiendo el hielo con una sonrisa traviesa mientras devoraba un bocado de su almuerzo—.

¿Siempre eres así de…

intenso con tus clientes o es que Tatiana recibe un trato especial por ser “la Mozart de la Fajardo”?

Tatiana casi se atraganta con su bebida y le lanzó una mirada de advertencia a su amiga, pero Sebastián solo sonrió de lado, esa sonrisa que ya empezaba a ponérsela difícil a la pianista.

—Trato a todos según lo que el equipo necesite —respondió él, fijando sus ojos claros en Tatiana—.

Y el piano de Tatiana es delicado, requiere mucha atención a los detalles.

No querríamos que nada se desafine en el último momento, ¿verdad?

—Sebastián es muy perfeccionista —intervino Antonela, apretando el brazo del chico y mirando a Tatiana con superioridad —.

Por eso nos va tan bien en el taller.

Somos un equipo imbatible, ¿verdad, Sebas?

Incluso en las noches que nos quedamos trabajando hasta tarde…

solos.

El comentario cayó como un balde de agua fría.

Melissa arqueó una ceja y Tatiana sintió una punzada de molestia que intentó disimular enfocándose en su ensalada.

—Qué bueno que tengan tanta “confianza” —dijo Tatiana, recuperando su tono elegante pero con un filo de ironía—.

Aunque espero que en la gira esa confianza no distraiga el trabajo técnico.

Necesito que los que estén en mi escenario estén enfocados en la música, no en…

otros asuntos.

Harry, notando que la tensión subía de nivel, decidió intervenir antes de que alguien lanzara un tenedor.

—Bueno, la música es lo más importante —dijo Harry, tratando de salvar el momento—.

Por cierto, Tatiana, esa canción que empezaste a ensayar…

tiene algo especial.

Sebastián tiene razón, vas a necesitar un sonido muy íntimo.

Se nota que la escribiste con mucho sentimiento.

¿Es para alguien en especial?

Sebastián se inclinó un poco hacia adelante, mostrando un interés que no había tenido durante todo el almuerzo.

Tatiana sintió que el aire se le escapaba.

No podía decir que la letra hablaba de sentirse atrapada y de querer huir, algo que solo ese chico de la moto parecía haber entendido sin que ella dijera una palabra.

Melissa dejó el tenedor en el plato con un tintineo metálico que captó la atención de todos.

Apoyó la barbilla en su mano y miró a Antonela con una sonrisa que parecía inocente, pero que tenía el filo de un bisturí.

—Oye, Antonela, qué interesante eso que dices de las “noches trabajando solos” —soltó Melissa, arqueando una ceja—.

Porque, sabes, yo soy una romántica empedernida y me encantan las historias de amor en la oficina.

¿Cuánto tiempo llevan de novios?

¿O es algo más…

informal?

Antonela se tensó visiblemente, enderezando la espalda mientras su mano seguía posesiva sobre el brazo de Sebastián.

—Bueno, no nos gustan las etiquetas, ¿verdad, Sebas?

—respondió ella, tratando de sonar misteriosa—.

Tenemos una conexión muy profunda desde hace años.

No necesitamos andar gritándolo por ahí.

—¡Ah!

Entiendo —replicó Melissa sin darle respiro—.

Es que me dio curiosidad porque Harry mencionó que Sebastián es un “soltero codiciado” en el taller.

Y tú sabes, Harry es su hermano, debería saberlo.

Además, con ese guiño que Sebastián le lanzó a Tati en la fiesta el otro día…

cualquiera pensaría que está muy disponible.

Tatiana sintió que la cara le ardía y trató de esconderse tras su copa de vino.

Sebastián, lejos de ponerse nervioso, soltó una risa seca y divertida, mirando a Melissa con respeto por su audacia.

—Antonela es una pieza clave en el negocio familiar, Melissa —dijo Sebastián con voz firme, quitando suavemente el brazo de la cajera de encima del suyo para alcanzar la jarra de jugo—.

Es como una hermana para Harry y para mí.

Le agradezco mucho su dedicación, pero no hay que confundir la lealtad con…

otras cosas.

El silencio que siguió fue sepulcral.

Antonela se quedó pálida, con la boca entreabierta, mientras el “golpe” de Sebastián resonaba en el aire.

Melissa le lanzó una mirada triunfal a Tatiana, quien por fin pudo soltar el aire que estaba reteniendo.

—Vaya, qué aclaratoria tan necesaria —murmuró Tatiana, recuperando su seguridad—.

Es bueno saber quién es quién en el equipo.

No me gustaría que los dramas personales afectaran la acústica de mi gira.

Sebastián la miró fijamente a los ojos, con una intensidad que hizo que a Tatiana se le olvidara cómo usar los cubiertos.

—Nada va a afectar tu gira, Tatiana —sentenció él—.

Mi único compromiso ahora es que tu voz se escuche exactamente como tiene que escucharse.

Sin interferencias.

Alejandra, que había pasado todo el almuerzo sumergida en el brillo de su pantalla gestionando crisis, levantó la mano mecánicamente para pedir la cuenta.

No se había percatado de la guerra silenciosa que Melissa acababa de ganar, ni del rostro descompuesto de Antonela.

—Ya está pago.

Vámonos, el tiempo es oro y ese escenario no se va a montar solo —sentenció Alejandra mientras se ponía los lentes de sol—.

¡Andando!

El regreso al teatro fue rápido, pero al entrar por la zona de camerinos, el grupo se dispersó.

En uno de los pasillos laterales, donde las luces todavía estaban apagadas y las cajas de sonido estrechaban el paso, Tatiana se detuvo para ajustar la correa de su zapato.

Cuando se incorporó, se encontró de frente con una pared de músculos y el aroma a metal y lluvia que ya reconocía como suyo.

Sebastián no se apartó.

El pasillo era tan angosto que Tatiana podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo.

El aliento de ambos chocaba en el aire frío del teatro, creando una burbuja donde el ruido del exterior desapareció.

Él dio un paso más, acortando la distancia mínima que quedaba.

Sus ojos claros brillaban en la penumbra.

—Tienes un talento que te quema por dentro, Tatiana —susurró él, y su voz ronca vibró en el pecho de la pianista—.

Pero me da la impresión de que nadie se ha tomado la molestia de ver qué hay debajo de toda esa fama.

Y a mí…

a mí me encantaría conocerte de verdad.

Sebastián bajó la mirada a los labios de ella.

Estaba tan cerca que Tatiana pudo sentir el roce casi imperceptible de su aliento antes del beso.

Ella cerró los ojos, entregándose a la gravedad de ese momento, esperando el impacto…

—¡TATI!

¡TIENES QUE VER LO QUE DIJO VANESSA EN SU HISTORIA!

—el grito de Melissa retumbó en las paredes del pasillo estrecho.

Melissa entró en escena con el celular en alto, tan distraída con la pantalla que casi choca con ellos.

Sebastián se separó de golpe, recuperando su postura profesional en un segundo, aunque sus ojos seguían fijos en Tatiana con una promesa silenciosa.

—¡Ay!

—exclamó Melissa, levantando la vista por fin—.

Perdón, ¿interrumpí algo?

Es que Vanessa publicó…

bueno, luego te cuento.

Harry te busca, Sebastián, dice que el cableado del piano está dando problemas.

Sebastián le dedicó una última mirada cargada de intención a Tatiana y pasó por su lado, rozando su hombro con el de ella.

—Nos vemos en el ensayo, Mozart —dijo antes de desaparecer en la oscuridad del escenario.

Tatiana se quedó allí, con los labios todavía entumecidos y el corazón latiendo a un ritmo que ninguna partitura podría seguir.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 El destino está escrito<3

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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