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Bajo el cielo del Ávila - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Secretos entre amigas y una tía intensa
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9: Secretos entre amigas y una tía intensa 9: Secretos entre amigas y una tía intensa Tatiana salió del baño caminando despacio, fingiendo una debilidad que no sentía.

—Ya, tía, cálmate que te va a dar algo —dijo Tatiana tratando de sonar agotada—.

Ahora resulta que ni al baño puedo ir tranquila.

Estás pasada de protectora, Alejandra.

Alejandra la miró de arriba abajo con los ojos entrecerrados, antes de ponerle la mano en la frente con firmeza.

—No solo soy tu manager, soy tu tía, genio —le espetó Alejandra con ese tono que mezclaba autoridad y cariño—.

Y tu madre me mata si te pasa algo bajo mi cuidado.

Lo bueno es que no tienes fiebre…

pero tienes una cara…

Alejandra suspiró, acomodándose el bolso de marca en el hombro.

—Vámonos a casa ya, que tengo hambre y la “rumba” aquí a mi lado me tiene harta —dijo con gracia, señalando a Melissa, que no paraba de tararear y mirar el teléfono con una sonrisa sospechosa.

—¡Ay, tía favorita!

—exclamó Melissa, saltando al lado de ellas—.

Pues lamento decirte que seguiré hartando tu noche, porque hoy me quedo a dormir con la estrella.

¡Tenemos mucho de qué hablar!

Sin darle tiempo a Alejandra de protestar, Melissa tomó a Tatiana del brazo y la sacó casi a rastras hacia la salida del teatro.

Estaba desesperada por llegar a la camioneta para que su amiga le soltara toda la sopa sobre el chico sexy del taller.

—¡Mujer, cuidado!

—gritó Alejandra desde atrás, caminando a paso rápido para alcanzarlas—.

¡Tatiana acaba de tener una “explosión” en el baño, no la jamaquees tanto, no vaya a ser que lance sus olores en la camioneta nueva!

Tatiana se puso roja de la vergüenza, pero Melissa solo soltó una carcajada escandalosa mientras subían al vehículo.

Una vez que las puertas se cerraron y la camioneta arrancó por las calles de Caracas, Melissa se pegó al oído de su amiga y susurró: —Olor a baño, mi tía…

¡A mí no me engañas!

Tú hueles a perfume de hombre, a lluvia y a puro pecado.

¡Suéltalo todo ahora mismo!

¿Qué pasó con Sebastián?

Tatiana miró por la ventana, viendo las luces de la ciudad pasar rápido, y no pudo evitar que una sonrisa se le escapara.

—Melissa…

—susurró Tatiana con los ojos brillando—.

Me llevó en su moto.

Y el taller…

el taller es el lugar más real en el que he estado en toda mi vida.

La noche en la mansión de Tatiana había sido una mezcla de suspiros y risas.

Melissa, saltando en la cama, le hizo repetir cada detalle del beso en el taller.

Para Tatiana, por fin había algo real entre tanto lujo y partituras.

Se durmió con el aroma de Sebastián aún en su piel, convencida de que el ensayo de hoy sería el mejor de su vida.

Pero al día siguiente, el sol de mediodía ya pegaba fuerte sobre el teatro y el lugar se sentía vacío.

Ni el rugido de la moto, ni la figura de Sebastián ajustando los cables.

Tatiana caminaba de un lado a otro detrás del escenario, mirando su celular cada dos segundos.

“Me utilizó”, pensaba con el corazón apretado.

“Fue solo una aventura para él, una anécdota con la pianista famosa”.

El dolor en el pecho era físico, pero como la profesional que era, se tragó las ganas de llorar, se retocó el maquillaje y salió al escenario a ensayar con una frialdad que asustó a los músicos.

A media tarde, el sonido de la puerta lateral la hizo saltar.

Harry entró al recinto, pero no venía solo.

A su lado, Antonela caminaba con aire de triunfo, y de la mano de Harry, una pequeña niña de rizos rebeldes y ojos grandes y brillantes —idénticos a los de Sebastián— observaba todo con asombro.

Harry se acercó al escenario con el rostro cansado y levantó la mano pidiendo disculpas a Alejandra, que ya estaba a punto de estallar.

—Disculpen la tardanza —dijo Harry con voz agitada—.

Mi hermano tuvo un accidente anoche cuando llegaba a casa.

El piso estaba muy mojado por la lluvia y la moto se le deslizó en una curva.

Gracias a Dios está bien, no fue nada grave, pero el médico le mandó reposo absoluto por unos días.

Tiene la pierna vendada y algunos golpes fuertes.

El mundo de Tatiana se detuvo.

El sentimiento de culpa la golpeó como una ola.

“Fue después de dejarme a mí”, pensó horrorizada.

“Se accidentó por traerme de vuelta al teatro”.

—¡Tío Sebas se cayó y pum!

—exclamó la niña de rizos, soltándose de la mano de su padre para acercarse al piano—.

Dice que ahora es un pirata porque tiene una venda blanca.

Antonela dio un paso adelante, mirando a Tatiana con una sonrisa gélida.

—Sí, se distrajo por andar en cosas que no debía bajo la lluvia.

Menos mal que yo estaba en casa para recibirlo y curarlo.

No se movió de mi lado en toda la noche.

Tatiana apretó las teclas del piano, produciendo una nota discordante.

El aire se le escapaba.

Quería salir corriendo a buscarlo, pero la mirada de su tía Alejandra y la presencia de Antonela la mantenían anclada al suelo.

El silencio que siguió a las palabras de la niña fue glorioso.

Antonela se puso de todos los colores: rojo de rabia, blanco de vergüenza y verde de envidia.

—¡Es mentira!

—soltó la pequeña Dani con sus rizos saltando mientras señalaba a Antonela con un dedito acusador—.

Ella se acaba de enterar del accidente ahorita en el carro.

Mi tío Sebas la corrió de la casa cuando intentó entrar a su cuarto.

Solo está aquí porque mi abuelo le pidió que ayudara a mi papá, ¡pero mi tío dice que su presencia no es grata!

Harry y Melissa hicieron un esfuerzo sobrehumano para no soltar la carcajada.

Melissa hasta se tuvo que tapar la boca con el celular.

Alejandra, por su parte, arqueó una ceja perfectamente depilada, mirando a la niña con una mezcla de sorpresa y respeto.

—Vaya…

—murmuró Alejandra, acercándose a la pequeña con una sonrisa que pocas veces mostraba—.

Tienes agallas, cosita.

Me caes bien.

Harry, tratando de salvar los restos de dignidad de su empleada y mantener el profesionalismo, intervino con un tono suave: —Dani, hija, no le hables así a la pobre Antonela…

La niña miró a su papá como si le hubieran salido dos cabezas, con una expresión de absoluta incredulidad.

—Papá, el “chicle” de mi tío no tiene nada de pobre.

Como dice mami, ella es una reb…

Antes de que la pequeña pudiera soltar la palabra completa (que todos sospechaban que era “resbalosa”), Harry le tapó la boca con la mano, sonriendo de forma inocente hacia Alejandra y Tatiana, mientras Antonela parecía querer que la tierra se la tragara viva.

Tatiana sintió que el alma le volvía al cuerpo.

No solo Sebastián no la había utilizado, sino que la había defendido incluso estando herido.

Una chispa de determinación se encendió en sus ojos.

Miró a Melissa y su amiga le respondió con un guiño: el plan para ir a verlo ya estaba en marcha.

—Bueno —dijo Tatiana con una seguridad renovada, mirando directamente a Antonela—.

Ya que la “asistente” no tiene nada que cuidar en casa de Sebastián, supongo que podemos seguir con el ensayo.

Harry, cuando estés listo, quiero probar la canción nueva.

Se la dedico a los valientes que se arriesgan por los demás.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Danny_García_7841 Su regalo es mi motivación de creación.

Deme más motivación <3

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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