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Bambi y el duque - Capítulo 139

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  4. Capítulo 139 - 139 Capítulo 140 – Errores del pasado - Parte 1
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139: Capítulo 140 – Errores del pasado – Parte 1 139: Capítulo 140 – Errores del pasado – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Leonard se dio la vuelta dejando la habitación, mientras Vivian, quien estaba demasiado sorprendida para mover un dedo, miró al hombre llamado Vlass que estaba muerto en la silla.

Sus ojos, una vez vivos, ahora estaban apagados mientras miraban hacia el suelo con la cabeza inclinada hacia abajo.

Pensar que estaba vivo hace un minuto y que su vida terminó con un golpe a su cabeza por parte de Leonard.

Ella sudó frío y sus pies se tambalearon dando un paso atrás con horror ante lo que vio.

¿Por qué?, se preguntó a sí misma.

No habían llegado al fondo para saber si el hombre era inocente o no.

Partiendo de las palabras de Leo, él había dicho que la vida de ella vida importaba, pero ¿Qué pasa con la del hombre?

al interrogarlo y arrinconarlo para obtener una respuesta sobre su familia, ¿no estaba él obligado a defenderla?

Y ante las palabras duras y sinceras que Leonard había dicho, ella no podría simpatizar con ello y evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos al matar a un hombre a sangre fría.

¿Cómo podía el hombre que la amaba llegar a ser alguien tan frío y al que le resultaba difícil comprender los hechos que acababan de ocurrir?

Sin poder soportar la visión del hombre muerto que estaba siendo desatado por el amo de llaves, Vivian salió del sótano para ir a su habitación.

Una vez que la puerta se cerró, se lanzó sobre la cama, la almohada se encontraba debajo de su cara mientras ella miraba el cielo nublado.

Aunque el movimiento del viento era fuerte, las nubes no se movían de su lugar y temblaban con sus truenos amenazantes esperando el momento oportuno para comenzar a llover sobre las tierras.

Estaba enojada con Leonard, enojada por no esperar y acabar con la vida del hombre sin darle tiempo al pobre de explicar su difícil situación.

Cuanto más lo reflexionaba, más se daba cuenta de que no importaba si el hombre era inocente o no, al final lo matarían.

Podría deberse a que él fue capturado por las brujas negras, lo que sucedió no una, sino dos veces.

En los libros que ella había estudiado decía cómo las brujas negras encantaban y envolvían la mente de un hombre para hacer lo que ellas quisieran.

Otra razón podría ser por que Leo y el hombre, Vlass, habían dicho la palabra venganza.

Al tocarlo, ella no obtuvo nada, no hubo recuerdos que pudiera encontrar.

Al principio, pensó que ocurrió porque él podría haber sido un buen hombre, pero ahora, si lo pensaba, cada vez que tocaba a Leonard, no había nada allí, cuando él había visto la muerte frente a sus ojos.

Por la forma en que él rompió la cabeza de Vlass, estaba segura de que no era su primera o segunda vez.

La cantidad de sangre podría ser numerosa y desconocida para ella.

¿Era así como funcionaba todo el consejo?

La única razón por la que había decidido unirse era para encontrar a Rory.

La ansiedad llenó su corazón, mezclándose con ira y tristeza, y se negó a salir de su habitación.

Estaba molesta con lo que Leonard había hecho.

Pasó una hora, luego dos, y el reloj dio la una y nueve cuando escuchó un golpe en la puerta.

Se sentó para ver que era el amo de llaves quien aparecía detrás de la puerta.

—Mi lady, es hora de cenar —le informó el amo de llaves, pero ella no tenía apetito.

—Por favor, pídele a Leonard que me disculpe hoy.

No tengo hambre —le dijo al amo de llaves, quien no preguntó por qué.

Sólo inclinó la cabeza, dejando la habitación cerrada.

El amo de llaves bajó al comedor donde Leonard ya había tomado asiento.

Al ver a Jan aparecer sin Vivian detrás de él ni escuchar sus pasos, miró al hombre que vino a informarle.

—Maestro Leonard.

Lady Vivian pide a que la perdone, pero no tiene apetito —Leonard sólo asintió con la cabeza y tomó su comida.

Él no estaba arrepentido de lo que le había hecho al humano en el sótano, matándolo frente a ella.

Leonard era alguien que había matado personas de diferentes maneras, sacándoles el corazón o cortándolos para torturarlos.

Romper la cabeza del hombre fue la muerte más santa que podía darle para no perturbar la mente de Vivian o la imagen que ella había tenido durante tanto tiempo de él.

Vivian era demasiado indulgente por naturaleza.

Para alguien que él había cuidado como una sombra y quien no sabía cómo podían ser las personas, ella era demasiado confiada al pensar que la gente cambiaría.

Él fue así también, tenía una manera de ser similar cuando entró al consejo, pero un error que cometió le había enseñado el problema que causaba confiar.

Creer que puedes ser compasivo es una locura de la humanidad.

La gente buena podría cambiar a peor y la gente peor nunca llegaría a ser buena.

Con la misma dureza que la decisión que él había tomado, miró a los ojos de Vivian; ella algún día entendería por qué hizo lo que hizo y cómo funcionaba el consejo, sin dejar huellas, limpiando el desastre que se había hecho.

Esto tomaría algo de tiempo, y con ese pensamiento en la cabeza, él comenzó a comer.

Después de que Jan se fuera, Vivian se tocó el cabello mojado que se había empapado bajo la lluvia junto con Leonard.

No se había cambiado de ropa y parecía que se estaba convirtiendo en un hábito no cambiarse justo después de regresar a la mansión.

Ella tocó su pierna, sintió un bulto y se estremeció cuando su dedo presionó sobre la herida cosida por Leonard.

Era la primera vez en mucho tiempo que peleaban así, en silencio.

Había desacuerdo en ambos partes sobre cómo pudieron haberse hecho las cosas de manera diferente.

Esa noche, Vivian usó el paño húmedo para limpiarse en lugar de meterse en la bañera, pensando que necesitaría la ayuda de Leo para salir de ella.

Limpiándose con el agua tibia, se frotó el cabello para eliminar cualquier humedad y así poder elegir la ropa que usaría para dormir y meterse en la cama.

Esa noche se retorció y dio vueltas sobre la cama porque no podía conciliar el sueño.

Sintiéndose sedienta, levantó la cabeza para mirar la mesa de noche donde yacía una jarra vacía.

Recogiéndola, se dirigió a la cocina para llenarla con agua del pequeño recipiente.

Una vez que terminó, escuchó el murmullo de un trueno que llegaba con toda su fuerza mientras un rayo se acercaba, pero eso no hizo que sus ojos se cerraran ni se estremecieran.

Giró la cabeza para mirar la habitación y, paso a paso, caminó por el suelo frío para ver la puerta ligeramente abierta.

Antes de que pudiera abrirla para ver el hermoso cielo de un tono oscuro como la tinta y las nubes de color gris, vio a Leonard, quien yacía en el suelo con una mano detrás de la cabeza mirando el techo de cristal.

Cuando eran niños, y Leonard todavía estaba en la mansión de Carmichael, ambos solían pasar tiempo allí a la medianoche, un día tras otro, hasta el punto en el que se había convertido en un hábito para Vivian sentarse sola después de que Leo se fuera.

Se cercioró de que Leo no se percatara que ella estaba allí, pero él no era tan tonto como para no escuchar los suaves pasos que se habían acercado a la puerta de la sala.

Todavía enojada con él, dio un paso atrás antes de regresar a su habitación.

Cuando llegó la mañana, Vivian despertó temprano para no tener que ver a Leonard por el momento, hasta que sintiera que su razón se encontraba mejor, pero el duque era más listo que ella.

Conociéndola, y habiéndola estudiado durante tanto tiempo, sabía exactamente cómo funcionaba su mente.

Cuando Vivian entró al comedor con el estómago vacío buscando algo de comida por no haber cenado la noche anterior, vio a Leonard en el comedor, quien se despertó temprano como ella.

Ella lo vio leyendo el periódico que vendían los hombres de la ciudad.

Por otro lado, aparte de la pareja que no hablaban entre sí, Jan, el amo de llaves, tuvo una larga noche.

No es que hubiera tenido una pelea con una mujer, sino que había pasado la noche con el cadáver del humano a quien el maestro Leonard había matado.

Tomar el cuerpo y enterrarlo a plena luz, cuando uno o más habitantes de la aldea caminaban por el bosque, no era un buen método para esconder el cadáver, y al duque no le agradaba la idea de enterrar a los muertos en su patio interior.

Aunque tenía que decir que Lord Nicholas era mucho más flexible cuando se trataba de enterrar a los muertos, pero tampoco quería encontrar los cuerpos después de que los lobos se los comieran.

A Lord Nicholas no le importaría alimentar a sus lobos con el hombre, pero con los lobos alimentados regularmente, dudaba que el humano pudiera ser comido de inmediato sin que se dejaran sobras.

Se había ido al bosque cuando no había nadie, arrastrando el cuerpo hasta la mitad del bosque hasta llegar al Bonelake.

Empujar un cuerpo cuando comenzaba la niebla no era una idea factible, ya que siempre podría ser encontrado, lo que podía llamar la atención de la policía.

Llevando al hombre a un acantilado de gran altura, empujó al muerto y lo vio volar a tal velocidad que desapareció en medio del lago prohibido.

El Bonelake era un lago donde estaban enterrados la mayoría de los cuerpos debido a la forma inusual de la neblina con apariencia de nube.

Algunas personas no se atrevían a acercarse a él.

Jan había arrojado muchos cuerpos allí, por lo que tenía que cuidar su espalda para asegurarse de que ningún alma volvería para perseguirlo si se acercaba demasiado a la orilla.

Algunas mentes curiosas que se demoraban mucho o que se acercaban demasiado nunca regresaban, porque el lago se los tragaba, conservando el cuerpo en su interior, ya que se alimentaba de ellos para extraerles la esencia restante del alma que aun conservaban.

Pero eso no había sido lo más destacado de la noche del amo de llaves.

Después de bajar del acantilado, la única forma de regresar era caminar más allá de la orilla.

Entonces se percató de la sombra del antiguo Lord, Lord Wilhelhum, cuyo cuerpo fue arrojado allí hace años.

Según los detalles anotados en el registro del consejo, Lord Wilhelhum había sido enterrado en el famoso cementerio de los vampiros de sangre pura, en donde ahora estaban enterrados el Sr.

y la Sra.

Carmichael, pero esa no era la verdad.

Aunque todos habían presenciado el entierro, el cuerpo había sido sacado y arrojado al Bonelake, en donde se hallaban hombres sin nombre, y algunos de los delincuentes habían sido arrojados al interior, lo que hacía que el lago fuera tan siniestro.

Fue por orden de Lord Nicholas que Jan mismo había cavado la tumba años atrás para tirar del cuerpo en descomposición al precipicio.

Con el cuerpo arrojado allí, la tumba de Lord Wilhelhum no era más que una caja vacía.

La sombra de Lord Wilhelhum estaba cerca de la orilla, mirándolo.

Los ojos rojos que parecían enojados lo miraban acusadoramente.

Era un vampiro, pero un vampiro inferior, situación que lo preocupaba un poco, pues no sabría cómo reaccionar ante la sombra de un fantasma como el del antiguo Lord que lo estaba mirando.

Fue sólo después de unos segundos que Jan se dio cuenta de que no era a él, sino algo detrás de él, lo que el fantasma estaba mirando.

—Jan —el amo de llaves escuchó al duque llamarlo, lo que interrumpió sus pensamientos—.

Hay un rollo de pergamino en la parte superior de mi escritorio.

Tráigalo aquí.

Vivian no esperaba que Leonard estuviera en la mesa tan temprano en la mañana.

No queriendo que sus emociones fueran obvias, se sentó frente a él.

Al no tener nada que decir temprano en la mañana, Vivian se limitó a mirar el plato que servía la criada en la habitación.

Murmurando las gracias, comenzó a comer, y Leonard se unió a ella para desayunar.

Echó una mirada furtiva a Leo, quien estaba pasando su cuchillo por la carne sobre su plato.

Mientras bajaba los ojos, la mirada de Leonard se movió para observarla.

El amo de llaves, quien había regresado con el pergamino, encontró miradas de gato y ratón en la pareja.

Ambos se negaban a hablar con el otro.

El duque debió haber estado enojado porque tocó al hombre innecesariamente, ya que no habían hallado nada de lo que intentaban encontrar.

Leonard Carmichael era un vampiro de sangre pura que poseía a su mujer.

La irritación no fue sutil cuando Vivian se acercó para tocar al hombre.

El hombre tenía razón y lo sabía porque estuvo allí cuando ocurrió un cierto incidente en el pasado cuando el Maestro Leonard estaba trabajando con Lord Nicholas en una labor donde el Lord lo había estado supervisando.

Hombres, mujeres y niños llegaban en todas sus formas y no importa cuán buenos parecieran, todos cambiaban con la palabra venganza.

Por otro lado, la Dama, Lady Vivian, quien era una humana, parecía tener algo más de lo que un humano normal tendría.

Aunque él nunca supo qué poderes especiales tenía ella, para que el duque le había pedido que tomara el examen del consejo, ella debía ser especial, pensó el amo de llaves.

Dudaba que la chica humana hubiera visto alguna vez al duque matar a alguien enfrente de ella.

Debió haber sido un shock aceptar que el hombre que amaba era un asesino despiadado.

La señora desayunó rápidamente y, antes que pudiera salir corriendo del comedor, la voz del Maestro Leonard la detuvo cuando le habló.

—Preparen el carruaje para Mi lady.

Ella irá a la iglesia para encontrarse con la Hermana Isabelle —y aunque las palabras del Maestro Leonard fueron dirigidas a él, la intención era que Lady Vivian escuchara.

… Cuando Vivian llegó a la iglesia, se sentó en el mismo banco en el que se había sentado antes el padre Connor.

El segundo sacerdote de la iglesia la llamó para que lo siguiera y la llevó a la puerta por la que había salido.

La puerta conducía a un pasaje de piedra que necesitaba la linterna que el padre Connor recogió de la pared.

—Buenos días, Vivian —saludó la hermana Isabelle.

—Buenos días, hermana Isabelle —Vivian saludó a la mujer cuando le pidieron que se sentara en el alto taburete de madera.

El padre Connor, quien había ido a guiarla hacia la hermana Isabelle, salió de la habitación dejando a las dos damas solas.

Mientras la bruja blanca estaba revisando algunas de las hojas de papel que estaban sobre la mesa, Vivian aprovechó la oportunidad para dejar que sus ojos deambularan por la pequeña habitación que estaba iluminada con la ayuda de velas que la hacían parecer como una cueva.

Había muchos libros y muchas pequeñas botellas que se parecían mucho a las que Leonard le había mostrado hacía unos días.

Al no haber conocido antes a una bruja blanca o una bruja negra en particular, ella no sabía qué se hacía con las pequeñas botellas.

—¿Las botellas contienen pociones?

—preguntó una curiosa Vivian que seguía mirando las botellas.

La hermana Isabelle, quien estaba observando a través de las hojas de papel, movió su mirada para ver a Vivian, quien miraba la habitación con curiosidad.

—Las brujas blancas no crean pociones sino medicinas, querida.

—Perdón —Vivian se disculpó rápidamente al ver a la mujer sonreír.

Aunque sus rasgos parecían un poco oscuros con su cabello negro y ojos verdes, su sonrisa era más brillante que el sol que había encontrado en el imperio del Sur.

—Está bien, no lo sabías.

No muchos entran en contacto con las brujas, por lo que un niño o una niña normal no notarían la diferencia.

Usualmente son los desafortunados quienes se cruzan con las brujas negras, y la élite quienes vienen a hacia nosotras, las brujas blancas —explicó la hermana Isabelle, levantándose de la silla.

Pasó el dedo por encima de las botellas antes de recoger una que tenía un líquido como agua adentro.

Sacándolo, lo vertió en su mano y se lo dio a Vivian para que ella pudiera hacer lo mismo.

—¿Qué es esto?

—Agua bendita —respondió la hermana.

—¿Por qué ponerla en una botella?

pensé que era de libre acceso en frente de la iglesia y aquí también —cuestionó Vivian un poco confundida sobre por qué guardaba el agua bendita en un recipiente cerrado como si fuera algo precioso.

—Es cierto, pero a veces las cosas que parecen ser santas no son lo que deben ser.

A veces, las mejores cosas pueden contaminarse con una sola gota de veneno.

—¿No se opone eso al propósito de tener agua bendita entonces?

—No necesariamente.

El agua bendita sigue siendo agua bendita, pero no tendrá el mismo poder que solía tener si se contamina con veneno.

Se reduciría su poder, pero continuaría la acción que se supone que debe realizar —le entregó a Vivian una pequeña botella para ella, mientras continuaba respondiendo a su pregunta—.

Esta es especial porque fue creada por mí.

Hay algunos líquidos con los que toma años dominar la forma en que quieres que se comporte.

Esta fue hecha por mí cuando vivía en otra tierra.

Apenas la recuperé hace unos días cuando me fui a Valeria.

Entonces, la mujer le preguntó.

—Supongo que tienes dos habilidades que pudieron haber sido la causa de la mutación de tus genes, por el motivo que sea.

No hay nada que pueda decir cuando se trata de tus habilidades curativas.

El duque ya debe haberte advertido que no la uses mucho, ya que puede reducir tu tiempo de vida.

Cuanto más la uses, más se acortará, acercándote a la muerte.

—Soy consciente.

—Eso es bueno.

No tienes que ser compasiva con todas las personas, porque algunas están destinadas a morir.

Es el destino —dijo la Hermana, colocando sus manos en una posición abierta para que Vivian pudiera colocar su mano allí.

—Dime si puedes leerme, Vivian.

Sin saber cómo empezar, dijo: —No sé cómo.

Siempre me ha pasado sin querer, incluso cuando Lady Eleanor vino a visitarme, no fui yo quien inició o pensó en tocarla, pero cuando la vampiresa tomó mis manos, quedé atrapada en sus recuerdos.

—Es por eso que estás aquí, para aprender cómo aprovechar los recuerdos de una persona, si es que hay algunos.

Los recuerdos de algunas personas flotan mucho más fácilmente que de otras.

Algunos objetos se marcan con recuerdos mientras que el resto se queda vacío.

También podría depender de cuán fuerte es la emoción, tal vez por eso todos los recuerdos que has visto son sangrientos.

O algunos simplemente es mejor ocultarlos.

—Entonces, esa es la razón por la que no puedo leer algunas cosas o personas —concluyó cuando la vela parpadeó en la esquina de la habitación.

—Es una teoría, pero podremos averiguarlo una vez que comiences a utilizarla.

¿Lo hacemos?

—ella asintió a la pregunta.

Vivian, quien ya había tocado una vez la mano de la hermana Isabelle, trató de ver si podía conseguir algo, pero cada vez que lo intentaba, sus ojos se abrían con la decepción de no encontrar nada.

—¿Nada?

—Vivian sacudió la cabeza— está bien —soltando su mano, vio a la hermana Isabelle colocar un objeto frente a ella.

Era una piedra de aspecto simple, que la hizo preguntarse por qué la mujer la había colocado en la parte superior de la mesa— ¿Intentarías con la piedra?

Moviendo sus manos hacia la piedra, la tocó para escuchar un grito y de repente apartó la mano para sostenerla contra su pecho.

—Estas piedras fueron recogidas cuando un hombre golpeaba a su esposa, y esta fue una de las piedras —explicó la hermana Isabelle antes de colocar otra piedra frente a ella— ¿Qué tal ahora?

—los intrigantes ojos verdes de la hermana Isabelle la miraron, esperando que Vivian le dijera lo que vio.

Comprendiendo, Vivian la tocó, sus dedos sintieron las puntas de arriba y abajo de la piedra para no ver nada allí.

—¿Dónde encontró ésta?

—preguntó Vivian, ya que no parecía haber nada allí.

—Si te lo dijera, ya no sería una prueba.

Necesitas poder encontrar algo más que dolor.

Necesitas equilibrar lo que tienes, no sólo con el dolor, sino también con los recuerdos felices.

Llévala a casa contigo.

Mira lo que encuentres allí.

Sólo puedo guiarte, Vivian.

El camino es tuyo para tomarlo y explorar.

Al volver a la mansión, vio a Leonard, quien se había sentado en el salón que estaba antes de las escaleras.

Emocionada por lo que había encontrado, abrió la boca cuando él levantó la cabeza para mirarla, pero inmediatamente la cerró.

Ambos tercos, ella agachó la cabeza sosteniendo la piedra en la mano.

El temperamento de Leonard se había calmado, pero Vivian seguía molesta con él.

Quería escuchar las palabras pronunciadas por la hermana Isabelle, pero esto era algo que tenía que ver en persona.

Fue después de la comida, cuando ella regresaba a su habitación, que fue detenida por el amo de llaves, quien había ido a entregarle la leche que había calentado para que ella bebiera.

—¿Cómo está su pierna, Mi lady?

—preguntó.

—Está curándose —lo miró sospechosamente por qué lo preguntaba después de la cena.

—¿Quiere que envíe a alguien para vendarla?

—No, lo hice yo misma.

Gracias por preguntar.

Y antes de que pudiera irse, el amo de llaves dijo.

—No es mi deber decirlo, pero hubo un tiempo en que el Maestro Leonard era como usted.

Gracias a él, una familia murió en vano porque no se tomaron las acciones requeridas.

Disculpe —dijo, dejándola un poco aturdida con la información que acaba de darle.

El amo de llaves llevó la bandeja de vuelta a la cocina, dejándola sobre la losa.

Fue a la sala de estudio donde Leonard estaba sentado detrás del escritorio.

A su llegada a la puerta, escuchó a su maestro hablar —Trata de no decir cosas innecesarias, Jan —por supuesto, el duque era orgulloso al contar lo que había sucedido en el pasado, pero la pareja se comportaba como niños—.

Consigue una criada que la ayude si necesita algo.

—Sí, Maestro Leonard —cuando el amo de llaves se volvió hacia la puerta, las comisuras de sus labios se levantaron.

Peleaban en silencio, pero se cuidaban desde lejos.

… Cuando la mañana siguiente llegó, Vivian fue a visitar la Iglesia nuevamente para poder continuar tomando la ayuda de la hermana Isabelle.

Toda la noche se había aferrado a la piedra, mirándola, jugando en la mesita, pero no encontró nada.

Ella no sintió ni un parpadeo por eso.

Quería hablar con Leonard, contarle lo que había hablado con la bruja blanca, pero aún no se habían hablado después de lo que él le había hecho al hombre.

En algún lugar en el fondo deseaba que Leonard la hubiera acompañado hoy a la iglesia, pero con la fría pelea, dudaba que él viniera, ya que había enviado a uno de los guardias de la mansión junto con ella, quien ahora la esperaba afuera.

—Vivian.

—¿Sí, hermana Isabelle?

—Necesito que te concentres en esto y no en el duque Leonard que no está aquí —Vivian se sonrojó ante las palabras de la hermana Isabelle—.

El amor joven como el tuyo me recuerda a uno mío.

Es agridulce, pero te necesito aquí.

Estoy segura de que debió haber tenido sus propias razones para hacer lo que te está molestándote en éste momento —esto la sorprendió, preguntándose cómo sabía que algo estaba mal cuando no había pronunciado una palabra sobre lo que había sucedido entre ella y Leonard—.

No parezcas sorprendida.

Como tú, estoy dotada de algunas cosas por las cuales he estado encerrada en esta iglesia desde hace algunos años.

No puedo ver en la forma en la que tú lo haces, pero puedo sentir lo suficiente como para saber de dónde vienen la confusión y la razón.

He visto a ese niño convertirse en un hombre y puedo decirte que no hace cosas sin una razón.

A veces, hay cosas que son difíciles de entender cuando nuestros seres queridos hacen algo que creemos que está fuera de lugar.

No diría que él siempre tiene la razón, pero tendrías que ver su razonamiento.

—¿Por qué está encerrada aquí?

—Hmm…

me preguntas por qué —la hermana Isabelle fue evasiva con su respuesta.

Dándose cuenta que tal vez no quería hablar de eso, Vivian dijo: —No encontré nada en la piedra.

—¿Es eso así?

—ella asintió ante la pregunta de la bruja blanca— Hmm, tendrás que descubrirlo tú misma.

¿Qué sentiste cuando tocaste la otra piedra?

—la hermana Isabelle colocó la piedra que había colocado primero ayer.

Vivian colocó la segunda piedra que sentía vacía sobre la mesa.

Entonces, todo lo que tenía que hacer era sentir exactamente lo que sentía cada vez que tocaba un objeto o una persona que emitía emociones.

Nunca había intentado concentrarse en cómo se sentía, ya que su concentración se centraba principalmente en los recuerdos que veía en lugar de comprender cómo era transportada al pasado.

Cuando tocó la piedra, sintió como si una ráfaga de viento la soplara.

Sintió su corazón hundirse mientras se sumergía en los recuerdos con la piel hormigueando con la energía estática que se producía.

El grito se hizo más fuerte cuando la imagen apareció frente a sus ojos y retiró la mano para regresar a donde estaba.

La tocó de nuevo, pero no vio nada allí.

Como la mujer mayor no se daba por vencida, se sentaron durante dos horas seguidas sin descanso.

—Concéntrate en cómo te sientes —oyó que la bruja le decía.

Mordiéndose la mejilla, respiró hondo y tocó otra vez.

Pasó un segundo y dos, luego cinco, hasta que escuchó algo allí.

Era muy bajo, pero estaba segura de que había escuchado algo.

¿Un murmullo?

No, pensó Vivian para sí misma, era la risa de unos niños.

Aunque no pudo ver qué o quiénes eran los niños, la risa era audible en sus oídos.

—No fue tan difícil ahora, ¿verdad?

—la hermana Isabelle le dirigió una cálida sonrisa.

—¿Crees que puedo obtener mis propios recuerdos si lo intento?

—esperaba obtener un sí, pero al ver la sonrisa presionada que apareció en la mujer, ella le devolvió la sonrisa.

—Si los encontraras, ¿qué harías?

Lo primero que querría Vivian sería abrazarse y llorar en los brazos de su madre.

Todo éste tiempo había pensado en sí misma como huérfana, pero al saber que sus padres estaban en algún lugar de Valeria, aunque le doliera pensar que podrían haberla abandonado, a final de todo eran sus padres y ella quería verlos y conocerlos.

—La esperanza es buena, niña —la hermana Isabelle, quien se había levantado, le dio unas palmaditas en la cabeza a Vivian—.

He tenido noticias de Leonard, pero no quiero que te hagas ilusiones.

Siempre es bueno tener expectativas bajas —dijo la bruja blanca, hablándole con dulzura.

Vivian se preguntó qué tan maravilloso sería si su madre fuera como esta mujer que tenía su mano acariciándole la cabeza como si fuera una niña—.

Sabes que, si las cosas fueran diferentes, te habría presentado a mi hijo, incluso si tú y el duque están en una relación.

Una chica encantadora como tú es difícil de encontrar.

Sería bueno tener una nuera como tú.

Al escuchar esto, Vivian se sonrojó.

Sus mejillas se pusieron rojas y apartó la mirada para distraerse de las palabras de la hermana Isabelle.

Confundida, ella preguntó: —¿Tienes un hijo?

¿Se les permite a las monjas de la iglesia…

—¡Ay!

—la hermana Isabelle se llevó la mano a la cara y se rio como si la hubieran atrapado— Mantengamos eso en secreto por ahora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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