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Bambi y el duque - Capítulo 140

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140: Capítulo 141 – Errores del pasado – Parte 2 140: Capítulo 141 – Errores del pasado – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Sin saber cómo reaccionar ante la ligera risa de la hermana Isabelle, se sintió como una niña que había sido atrapada por una mentira que se le había dicho, Vivian le respondió con una sonrisa insegura.

Siendo curiosa, le preguntó a la bruja blanca: —¿Por qué no estás con tu familia?

La sonrisa en el rostro de la hermana Isabelle no se apagó, pero la luz en sus ojos verdes se volvió opaca con la oscuridad.

Como si reflexionara sobre cómo responderle, ella dijo: —Eres una niña curiosa.

Como última prueba de la habilidad física, te dejaré leerme, pero déjame advertirte, no será fácil.

Si tú eres capaz de ver mis recuerdos, concluiré que estás lista para perfeccionar tu habilidad por ti misma y no necesitarás más mi ayuda.

Esto hizo que Vivian se preguntara qué secretos podría tener la bruja blanca que no quería que nadie supiera.

Anteriormente, cuando preguntó sobre el trabajo que se requería para formar parte de la Iglesia, la hermana Isabelle la había iluminado diciéndole que su trabajo consistía principalmente en curar a las personas y susurrar palabras de aliento para que la gente sobrellevara los días.

También dijo que el consejo le envió información necesaria que ella luego proporcionó a los involucrados en un período de semanas.

La hermana Isabelle había hablado sobre emparejarla con su hijo, pero ¿Dónde estaba él?

nunca había oído que las Hermanas o los Padres de la iglesia se involucraran en una relación.

—Con el ritmo que llevas, no debería ser difícil para ti tocar y aprender, aunque te aconsejaría que uses tus guantes en todo momento.

Algunos recuerdos no son del tipo que querrías saber.

Es por eso que, en el pasado, los que poseían habilidades físicas nunca tocaban nada.

Preferían ignorar el conocimiento que les llegaba por miedo a saber algo que no era para ellos.

Demasiado conocimiento enloquece a las personas, y la visión del mundo ante sus ojos es diferente a la del ignorante.

Esto hizo que Vivian se preguntara si la bruja blanca le estaba advirtiendo sobre el consejo.

Cuando regresó a la mansión Carmichael, vio el carruaje que había llegado y se estacionó en el cobertizo.

Recogiendo su vestido, se inclinó para colocar un pie en el pedestal antes de dejar caer el otro en el suelo.

Se preguntaba quién era el visitante, ya que el carruaje parecía antiguo, la continua exposición del hierro a la lluvia había oxidado las ruedas.

Con el tiempo, llegó a ver a un hombre de mediana edad salir con el duque.

Ambos se dieron la mano, intercambiando palabras, y el hombre bajó los tres escalones.

Al ver a Vivian, el hombre se inclinó y ella también.

Antes de que el hombre de mediana edad entrara en el carruaje, se volteó sobre su hombro para decir: —Espero verte allí el próximo viernes —Leonard levantó la barbilla con una sonrisa cortés.

La sonrisa se desdibujó cuando salió el carruaje, fuera de la mansión.

Vivian se preguntó por qué había venido el hombre y qué ocurriría el viernes.

¿Se organizaba una velada importante para que el caballero viniera personalmente a invitarlo?

Vivian, quien todavía no hablaba con Leonard, lo miró y vio que seguía mirando en dirección al carruaje en el que se había embarcado el hombre de mediana edad.

Su cabello rubio estaba despeinado, era desastre sin domar desde que ella se había ido esta mañana a la Iglesia.

El cochero que sostenía el paraguas para ella debido las gotas de lluvia que caían del cielo, lo acercó cuando ella entró en el amplio techo, protegiendo así a la dama.

La suelta camisa beige de Leo contrastaba con su hermoso rostro, se dejaba entrever que el cuello con forma de V se entrecruzaba con las cintas de encaje que no habían sido atadas; una era corta y la otra un poco más larga.

La camisa estaba combinada con pantalones ajustados y zapatos que llevaba en la mansión.

Con lo que ella sabía, al hombre le encantaba tener tantos zapatos como fuera posible en su armario, lo que hizo que Vivian dudara que tuviera que repetir calzado por lo menos durante tres semanas.

Antes de que ella pudiera apartar la mirada de él, sus ojos se encontraron, así como si la vida los hubiera predestinado a encontrarse incluso si tomaban caminos diferentes; como si estuvieran hechos el uno para el otro, para la felicidad o la tristeza.

Los ojos rojos de él tenían una grave intensidad mientras se miraban, pero su contacto visual no fue muy largo, ya que una de las criadas salió para barrer las hojas, preguntándose qué más había olvidado hacer por orden del amo de llaves.

Al ver a la pareja que permanecía allí en silencio, mirándose en la distancia, la criada dio un giro de ciento ochenta grados para volver a entrar.

Leonard fue el primero en apartar la mirada.

Volteando la cabeza junto con su cuerpo mientras metía las manos en los bolsillos de su pantalón y entraba para dejarla sola.

Al ver que finalmente estaba fuera de su vista, ella dejó escapar el aire que había estado conteniendo.

La mirada de ella bajó lentamente desde donde él se había parado, escuchó el fuerte trueno que vino en dirección a la tierra que estaba en el extremo sur.

La lluvia caerá a cántaros en cualquier momento, pensó Vivian para sí misma.

Se preguntó cuánto tiempo estarían Leo y ella así, sin hablar entre ellos, manteniendo su postura respecto a lo que sentían que era correcto e incorrecto.

No era que ella no viera la perspectiva de Leonard.

Para alguien cuya familia había sido asesinada por pura traición, y su prima hermana y hermano quedaron atrapados en el fuego cruzado, el hombre había tenido el razonamiento de que, si descubría que la planta se estaba pudriendo, no sólo cortaría esa parte, sino que sacaría toda la planta y la tiraría.

Dado que tanto el amo de llaves como la hermana Isabelle tuvieron algo que decir con respecto Leonard al ponerse de su lado, le hizo preguntarse si pensaban que ella estaba equivocada.

Todo lo que tenía que hacer era preguntarle a Leonard qué había sucedido para hallar la respuesta, pero estaba molesta, molesta por el hecho de que había matado a un hombre cuando parecía inocente e inofensivo.

Aunque la gente a veces afirmaba hacer muchas cosas, no era necesario que lo hicieran.

Siempre se podría razonar con la verdad para demostrar por qué debía hacerse.

Después de salir del sótano hace dos días, regresó hasta allí para ver una silla vacía en la esquina de la fría habitación.

El amo de llaves era uno de los sirvientes más confiables aquí; el cuerpo debió haber sido eliminado por él en donde nadie pudiera encontrarlo.

Al entrar en el espacio más cálido de la mansión, Vivian se quitó los guantes de las manos.

La noche no era agradable.

La lluvia caía más que nunca, las nubes retumbaban, las corrientes de agua se rebosaban y se derramaba fuera de los canales.

La corriente era demasiado fuerte, ya que sacaba el limo y el barro del suelo cuando el agua rebosaba.

Un relámpago golpeó repetidamente, el trueno fue tan fuerte que sus anteojos y los objetos que la rodeaban vibraron.

Lejos de la mansión Carmichael, en uno de los extremos de la ciudad, unas pocas figuras encapuchadas se pararon mientras la lluvia caía sobre ellas.

Eran cuatro en total, tres eran mujeres y uno era un hombre.

Era un grupo de gente hermosa.

Cada característica era atractiva por sí misma, hasta que una mujer con ojos azules abrió la boca y su larga lengua de serpiente se deslizó hacia afuera.

Una de las mujeres estaba parada debajo de un árbol grande, usando una gran hoja para que el humo que había estado avivando no se extinguiera.

Murmuró palabras que no habían sido escuchadas antes, y sus labios se movían cuando la lluvia arropaba cualquier otro sonido, excepto el de los relámpagos, el viento y los truenos en la tierra de Bonelake.

—Jamien —la mujer de ojos azules le habló al hombre que estaba parado detrás de ella, mirando el pueblo frente a ellos, observando hacia el cielo de donde venían las gotas de lluvia, y dijo—.

Es hora de avanzar, llévate a Lairona contigo Le cayeron unas gotas de agua en la cara antes de que ella pudiera bajar la cabeza.

Al mirar por encima de su hombro, vio a la mujer tomar un tronco de madera en la mano.

El hombre llamado Jamien y Lairona caminaron junto a ella con un tronco de madera en las manos.

El tronco de madera había sido cincelado hasta un borde afilado para que pudiera usarse para marcar en el suelo.

Con los aldeanos dormidos dentro de sus pequeñas casas, había pocas o ninguna posibilidad de ser atrapado por alguien.

La lluvia cubría todo a su alrededor.

La mujer continuó mirando hacia el frente.

No habían esperado que lloviera tanto que el suelo no pudiera drenar toda el agua de la lluvia.

Su piel comenzó a oscurecerse, una pigmentación muy diferente a la que tenía su hermosa piel pálida con pequeñas pecas a los lados de la nariz.

Las escamas comenzaron a aparecer para reemplazar la piel lisa hasta que la persona parecía una criatura horrible.

Aunque el color de los ojos seguía siendo azul con toques específicos de negro, el aspecto de la mujer había cambiado; su nariz era larga y puntiaguda, y cuando abrió la boca, no sólo se asomaban unos dientes largos, sino que también cariados que eran extremadamente feos.

La cara de una bruja negra no podía retener la forma humana por mucho tiempo y tenían que volver a su forma natural durante unas horas antes de poder transformarse de nuevo, pero la máscara siempre se agrietaba durante momentos estrés.

La bruja negra miró a las dos brujas que habían ido a marcar territorios alrededor del pueblo, iniciando con los pasos necesarios antes de poder comenzar con la masacre.

Aunque no necesitaba personas con las que trabajar, había algunas cosas en las que necesitaba que las otras brujas la ayudaran.

Otra razón, aparte de la ayuda, es que no quería ensuciarse las manos.

Con el pasar de las décadas, ella se había mantenido oculta de todo, lejos de los ojos de las personas, y vivía como una sombra.

La cantidad de sangre que habían derramado sus manos era incontable, y esta noche aumentaría al número.

Ella estaba trabajando para dar lugar a una masacre, una masacre que nunca había tenido lugar.

Siempre había algo que le impedía trabajar con éxito.

La tierra tardó más de media hora en ser marcada bruscamente con la rama afilada.

La lluvia se filtraba lentamente por la profundidad en la que los troncos habían sido empujados y arrastrados; el agua llegó a asentarse, conectando e interconectando las muchas líneas y círculos que se dibujaron dentro y alrededor del pequeño pueblo.

El agua que había caído sobre los tejados se deslizaba gota a gota, fundiéndose nuevamente en el suelo donde se volvía fangoso.

La bruja negra caminó a la aldea continuando con sus murmullos de maldiciones, dando una vuelta por el lugar con el caldero humeante.

Cuando el resto de las brujas terminaron de hacer los últimos preparativos para el sacrificio humano, el hombre llamado Jamien preguntó: —¿Es hora?

—Todavía no —murmuró la mujer de ojos azules.

Como la lluvia que había parado, no había nada más que silencio llenando sus ojos.

Aunque había familias que estaban en las casas, la tierra parecía desierta.

Pasaron unos minutos más cuando las pesadas nubes comenzaron a alejarse lentamente en el cielo, mostrando la luna detrás de ellas.

Cuando la luz se derramó, reflejándose en el agua que se había acumulado en la irregularidad del suelo, las brujas negras se dispersaron para entrar en un círculo.

Sacaron los cuchillos que estaban escondidos en sus ropas, abriendo las puertas de las casas de la aldea haciendo que hombres y mujeres gritaran mientras sus gargantas eran cortadas una por una.

Al mismo tiempo, la mujer que había liderado todo, estaba parada afuera del círculo.

Cuando la masacre llegó lentamente a su fin, la mujer miró a la luna.

Ella no se atrevió a entrar en el círculo y susurró maldiciones que comenzaron a iluminar las líneas y el amplio círculo que dibujado alrededor del pueblo.

El hombre llamado Jamien salió rápidamente del círculo dejando a las otras dos brujas negras atrapadas adentro.

Cuando intentaron salir, algo invisible las detuvo, como si hubiera un muro para contenerlas mientras ellas lo empujaban.

—Debes parar de jugar con mujeres humanas.

La próxima vez no seré lo suficientemente amable como para contenerlo.

Al escuchar hablar a la bruja negra, el hombre respondió: —¿Qué puedo decir?

disfruto sus gritos —se rio lamiendo la sangre de su guadaña— ¿No te atraen, Ester?

—Son encantadores —respondió ella al ver a las otras dos brujas comenzar a disiparse en el aire—.

Toma la mitad de los cuerpos y dispersarlos cerca del lago.

—¿El lago?

—el hombre parecía intrigado por su elección de abandonar los cadáveres.

—Deberías saber bien por qué, Jamien.

Pensé que serías más inteligente para resolverlo después de aprobar el examen —había una dulce sonrisa enfermiza en sus labios.

El hombre no parecía satisfecho con sus palabras.

Viniendo de los vampiros de sangre pura y también siendo mayor que la bruja negra que parecía tener apenas entre dieciséis o diecisiete años, no le gustó la forma en que ella le habló, pero puso una sonrisa en su rostro— ¿Recibiste algo sobre el segundo examen?

El tonto insolente que entró en el consejo no sabe qué hacer —dijo caminando hacia las cenizas de las brujas negras muertas que se manchaban con el suelo fangoso.

—Escuché que casi se expone así mismo en la reunión —se rio el hombre por el error que habría costado el plan.

La vio recoger el polvo y almacenarlo en una vasija y cerrarla.

Ella retrocedió: —Si continúa, tendré que pedirle a uno de ellos que lo elimine a él —comentó la bruja negra con sus brillantes ojos azules mirando a los rojos—.

Te veré pronto.

—Por supuesto —respondió Jamien al verla caminar hacia el oscuro bosque y desaparecer.

Volteando para mirar hacia las casas, caminó para ver los cuerpos que yacían en las camas y en el suelo salpicados de sangre por todas partes.

Fue la masacre perfecta y la disfrutó.

Siendo un vampiro de sangre pura no podía matar a su antojo.

Yendo con una de las mujeres a las que consideraba bonita, la levantó para beber sangre de ella.

Justo cuando sus labios tocaron la sangre, la escupió de inmediato y arrojó el cuerpo al suelo.

—¡Sabe a orina!

maldita sea esa bruja —murmuró secándose la boca con el dorso de la manga antes de ponerse a trabajar.

Cuando llegó la mañana, la luz del sol golpeó la tierra después de largas horas de lluvia, pero, aunque esta no era suficiente para secar el agua que estaba en el suelo, sí lo era para calentar el cuerpo de una persona.

Sin embargo, en la aldea que había sido acechada, no había nada para calentarse.

Los cuerpos se congelaron.

Pronto, la noticia sobre otro pueblo atacado por las brujas se extendió por toda la tierra, alertando al consejo sobre el asunto.

La reunión del consejo fue realizada inmediatamente por el concejal principal, Rueben, llamando a los cuatro Señores de Bonelake y a los cuatro duques de cada una de las tierras del Oeste, Este, Sur y Norte.

Leonard, quien fue llamado rápidamente, asistió temprano por la mañana.

Vivian se despertó y entró al comedor con él ausente.

Recogiendo el boletín que había llegado después de que Leonard se fuera, leyó las palabras: ‘¡Asesinato en masa!’ en letras grandes.

Frunciendo el ceño, se sentó a la mesa para descubrir que la gente de cierta aldea en Bonelake había sido asesinada ayer por la noche y que el consejo aún no había descubierto quienes fueron y ni qué pasó.

—El maestro Leonard fue convocado para discutirlo —dijo el amo de llaves mientras le servía el té.

—¿Escuchaste algo más?

—ella lo vio sacudir la cabeza.

—El Maestro me pidió que arreglara su vendaje.

Me dijo que le informara que podría llegar a casa un poco tarde esta noche y que no fuera a la Iglesia por hoy.

También me dijo que podía pedirme cualquier cosa que necesitara —informó Jan mientras colocaba el pan a un lado de su plato— ¿Le gustaría mantequilla, señorita?

—Sí, por favor —respondió ella sin tocar su pan todavía.

Pensó profundamente antes de preguntarle al amo de llaves— ¿Qué tan lejos está el pueblo que fue masacrado?

—No muy lejos.

Si toma el carruaje, apenas tomaría menos de cuarenta minutos por carretera —le respondió cortésmente antes de darse cuenta de cuál podría ser su intención.

El temor llenó su rostro.

Un surco se formó entre sus cejas cuando Vivian se volteó completamente para mirarlo y le preguntó algo que el duque no estaría feliz de escuchar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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