Bambi y el duque - Capítulo 143
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- Capítulo 143 - 143 Capítulo 144 – Chica con guantes - Parte 2
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143: Capítulo 144 – Chica con guantes – Parte 2 143: Capítulo 144 – Chica con guantes – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio El destino era algo tan extraño en el mundo de los humanos y los vampiros.
Vivian siguió a Sullivan fuera de la casa en la que había entrado con la simple idea de no querer molestar al hombre de sangre pura mientras trataba de comportarse civilizadamente con ella, aunque la miraba una vez cada cinco minutos.
Vivian había querido ir a mirar la escena con el simple propósito de descubrir cómo se veían las rayas en el cuello de las mujeres, al recordar el corte de las gargantas que había presenciado a través de los recuerdos de Jamien.
Olvidó que se había puesto los guantes sobre las manos, había ido a tocarla sólo para ser detenida por el Carmichael mayor de sangre pura.
Tal vez, si se hubiera quitado el guante de una de sus manos y hubiera tratado de hacer un contacto más rápido con la mujer que estaba tumbada en el suelo con esos llamativos y hermosos ojos azules, habría resuelto el misterio de la muerte que tuvo lugar allí y en todas partes alrededor de las tierras, la cual estaba siendo causada por una sola bruja negra que estaba usando a otras brujas negras para que la ayudaran en todo el país.
Pero eso nunca sucedió, y aunque Vivian dejara de seguir al hombre para regresar a ver los cuerpos, no encontraría a la mujer tendida en el suelo, sino que sólo descubriría el vacío allí.
La, en apariencia, joven bruja negra llamada Ester, permanecía escondida detrás de uno de los árboles mientras miraba a las dos personas que ahora deambulaban por los callejones yendo de una casa a otra.
Después, recogió los residuos de las brujas negras que había sacrificado para completar el ritual que aún estaba incompleto, sin darle ningún poder.
Había ido a recoger el cuerpo de uno de los niños pequeños del pueblo donde habían puesto el saco que estaba junto a sus pies.
La bruja negra había estado planeando que el ritual tuviera éxito durante mucho tiempo, pero parecía que incluso esta vez el ritual se convirtió en un fracaso.
Después de leer los movimientos del consejo, sabía que no estarían allí, pero tampoco esperaba extraños yendo a dar un paseo.
Eran un vampiro de sangre pura y una niña humana.
Ella tomó el saco, se lo puso sobre sus hombros y partió Vivian, quien seguía a Sullivan en silencio, se preguntó por qué la había llevado hasta allí junto con él.
¿Era para mostrarle los cuerpos y así asustarla de lo que conllevaba el mundo del consejo?
¿O era para poder prepararla antes de que se realizara el segundo examen?
La respuesta estaba en manos del Sr.
Carmichael, ya que ella no se atrevía a preguntarle al respecto.
El hombre no podía saber sobre sus habilidades, ya que era algo confidencial.
Mientras pasaban sobre cuerpos que habían sido cortados y asesinados, todo el ambiente se llenó con el hedor de los cadáveres podridos y la sangre seca que había corrompido la atmósfera limpia que quedaba después de la lluvia.
El vampiro de sangre pura que miraba dentro de las casas.
Vivian se tapó con la parte posterior de su manga, todavía cubriendo su nariz, y escuchó un leve sonido a la distancia.
Sin prestar atención a lo que Sullivan le había ordenado que hiciera, se alejó del hombre y se dirigió hacia el sonido que se hacía más audible en uno de los extremos de las casas.
Preguntándose si eran los pájaros carroñeros los que habían ido a alimentarse de los cuerpos debido al olor a muerte, empujó la puerta de la casa para ver una figura frente a ella que llevaba una capa negra.
Al escuchar sus pasos, la persona cerró una caja de madera tallada que estaba examinando.
Antes de que pudiera pensar quién era, la persona se dio la vuelta con los ojos muy abiertos como si estuviera sorprendida y Vivian jadeó suavemente debido al giro repentino.
—¡Hermana Isabelle!
—exclamó.
La mujer tenía una expresión pasiva al principio, pero debido a la sorpresa de Vivian, esbozó una pequeña sonrisa.
—Buenas tardes, Vivian —la hermana Isabelle sonrió, mirándola, deteniendo todo lo que estaba haciendo anteriormente sobre el viejo escritorio de la casa—.
No te esperaba aquí —dijo la bruja blanca, soltando la caja que había recogido.
—Yo tampoco.
—Eres una ingrata —Sullivan, quien no había encontrado a la humana parada en la puerta cuando se dio la vuelta, fue a buscarla y la escuchó jadear en estado de shock, haciéndole pensar que estaba en peligro.
Al ver a la hermana Isabelle parada adentro, detuvo su discurso; Como si examinara quién era la mujer y qué estaba haciendo allí, dijo—: ¿Qué hace una bruja blanca aquí?
¿El consejo te envió?
A Vivian le pareció que el señor Carmichael no conocía a la bruja blanca.
No era una gran sorpresa, ya que algunos de los vampiros de sangre pura eran lo suficientemente ortodoxos como para no querer entrar a la iglesia.
La mujer no se contuvo para presentarse.
—Soy la hermana Isabelle de la Iglesia del Convento.
Vine a inspeccionar, justo como usted.
Tengo que ver si hay algo que pueda encontrar antes de que la evidencia sea dañada por ellos —a diferencia del vampiro de sangre pura, la bruja blanca se quedó tranquila mientras hablaba con él.
Sullivan no ocultó su disgusto al ver la presencia de la bruja.
—Que una bruja blanca entre en una tierra de muertos sin previo aviso es algo sospechoso —dijo al final, como burlándose de su existencia, categorizándola con los humanos.
—El consejo irá a llamarme al final, y es mejor terminar de mirar la escena a esperar hasta su llamada.
Tengo otros asuntos que atender.
—respondió la hermana Isabelle, y desde donde se encontraba Vivian, se dio cuenta de que la mujer repasaba al vampiro de sangre pura con los ojos.
Ahora que Vivian lo pensaba, ¿por qué Sullivan fue a ver si no era parte del consejo?
A las personas que no pertenecían al consejo generalmente no se les permitía caminar por la escena del crimen y, aun así, el hombre hastaba allí.
Vivian miró al hombre con ojos curiosos.
Como si la tierra muerta no tuviera suficiente multitud, llegaron a escuchar el leve sonido de un carruaje que se hacía más fuerte a medida que se acercaba al tranquilo pueblo.
Los tres salieron y caminaron hasta el final del callejón para ver llegar dos pares de carruajes al sitio.
Vivian estaba familiarizada con uno de los dos que se detuvo frente a ellos.
Ella, quien había estado detrás del viejo vampiro de sangre pura, echó un vistazo para ver a los cocheros abrir la puerta para que cinco hombres salieran.
El primer hombre en salir del carruaje fue el concejal Lionel, a quien tuvo la suerte de ver durante su tiempo en el primer examen.
Su alta estatura y delgada figura se erguía con la ropa auténtica que llevaba.
Un pequeño monóculo adornaba la parte delantera de su ojo.
Era el hombre que había vigilado su tiempo durante el examen.
Leonard fue el segundo en salir y saludó a su tío con una reverencia respetuosa.
Sus ojos se encontraron con la hermana Isabelle.
Un poco confundido ante su presencia, se inclinó y la mujer regresó el acto con gracia.
Cuando los hombres del consejero saludaron a Sullivan Carmichael, Leonard vio a alguien parado detrás de su tío.
Su mirada finalmente captó el cabello rubio y la baja estatura, sus ojos se entrecerraron considerablemente al ver a Vivian, quien estaba mirando hacia otro lado sin mirarlo a los ojos.
Su mandíbula se apretó fuertemente, y sus ojos se fijaron firmemente en ella, preguntándose qué estaba haciendo ahí.
Oyó a Lionel, el alto concejal con el monóculo, hablar con su tío.
—Gracias por su generosa ayuda, señor Sullivan, nos complace su asistencia.
Aunque Sullivan no trabaja directamente para el consejo, sus habilidades para recoger la esencia de los cadáveres son útiles para los concejales que trabajan en el estudio de la naturaleza y la causa de la muerte, ya que lo que se ve a simple vista no puede aportar una conclusión suficiente.
—Definitivamente es un placer ayudarlo.
Ayudar al consejo también es un deber que todos tenemos que elegir e incorporar —la sonrisa que mostró Sullivan le dio un giro de ciento ochenta grados a su estado de ánimo antes de la presentación.
Los concejales habían llegado.
Había luz en sus ojos rojo oscuro y una sonrisa como de una serpiente que hizo que Vivian desconfiara del hombre.
No era ningún secreto que él prefería la compañía de los vampiros de sangre pura que la humilde presencia de una humana y la de la bruja a su alrededor.
Luego, Sullivan dijo—.
No esperaba que llegaran una hora antes, pero es bueno ver que el consejo es rápido en sus reuniones y decisiones.
Lionel no apreció a las otras dos mujeres que habían ido a acompañar al vampiro de sangre pura.
Como si su lengua saboreara algo agrio, frunció el ceño.
—¿Quién es esta jovencita que trajiste contigo?
Y también está la hermana Isabelle.
Por mucho que apreciemos tu trabajo, te pediríamos que esperaras nuestra guía antes de venir a mirar a la tierra de los hombres muertos —el concejal arrastró las palabras, moviendo su línea de visión hacia Vivian, quien ahora se había quedado alerta con los ojos de todos sobre ella.
Dada la forma en que Sullivan Carmichael sentía desagrado por los seres humildes, estaba claro que él y los otros concejales compartían sentimientos de incomodidad y desconfianza cuando se trataba de la bruja.
Aparentemente, el odio entre los humanos, los vampiros y las brujas era más profundo de lo que parecía ser.
Nadie confiaba en nadie y la gente estaba siendo cautelosa.
La hermana Isabelle inclinó la cabeza y dijo: —Disculpas, sir Lionel.
Había salido a comprar algunas hierbas medicinales en las montañas y al regresar escuché la desafortunada noticia de lo que sucedió aquí.
Tenía que ver qué sucedió y qué causó el mal destino de las personas que vivían en éste lugar —alzando la cabeza, sus ojos se encontraron con los de Lionel.
El hombre emitió un pequeño hmph —Por favor, no pise estas tierras a menos que la orden haya sido aprobada por escrito por el consejo, Hermana Isabelle —siendo uno de los concejales más antiguos del grupo, Lionel estaba a cargo de esto.
Un superior directo de Leonard.
—Lo tendré en mente —la hermana Isabelle inclinó la cabeza.
Al ver que el concejal había terminado de hablar con la bruja blanca, Sullivan aprovechó la oportunidad para entrar en la conversación.
—Esta es Vivian, una solicitante del examen del consejo de éste año.
Pensé que sería bueno que diera una vuelta y que entendiera cómo y qué es lo que los concejales deben hacer.
Disculpe la intromisión —al escuchar su nombre, Vivian fue alertada e inclinó la cabeza para evitar cualquier falta de respeto.
Si el concejal mayor con el monóculo estaba disgustado con la presencia de la bruja blanca, que era una buena mujer con una buena reputación en la tierra en donde vivían, no sabía qué respuesta recibiría del hombre por estar allí.
—Hmm —Vivian descubrió que Lionel le daba una inspección general, similar a la que Sullivan la había dado antes cuando fue a visitar a Leonard—.
Felicidades por aprobar el primer examen.
—Gracias, concejal Lionel —le agradeció a Vivian, manteniendo una leve sonrisa que no sentía demasiado, con la cara en blanco.
Lionel se alejó para caminar junto con Sullivan y Leonard a su lado, quien involuntariamente se había alejado de donde estaba Vivian.
Incluso la hermana Isabelle, que había estado con ellos, les dio una sonrisa también para explorar la vista.
—¿Es sólo Vivian?
¿No tienes un apellido?
—preguntó uno de los hombres que también era miembro del consejo y los había acompañado.
Era de estatura promedio, su suave cabello castaño cobrizo caía sobre su frente, sus ansiosos ojos marrones esperaban que ella respondiera.
Era un humano que se había unido al consejo hace un año, su espíritu todavía estaba alto por la juventud, a diferencia de los que se habían oxidado hace tiempo.
—Es grosero preguntarle a una dama su nombre sin darle el tuyo, Hueren —otro hombre golpeó el costado de Hueren mientras intentaba susurrar, aunque no lo suficientemente bajo para todos los que los rodeaban.
—¡Perdón por mi falta de tacto!
—Hueren se disculpó y le hizo una profunda reverencia a Vivian— Mi nombre es Hueren Bilgan.
¿Puedo preguntar cuál es su nombre, bella dama?
El consejo, aunque estaba lleno de las mentes más brillante y astutas, estaba completamente dominado por la población masculina y, si era necesario ser más estadístico, por los vampiros promedio y de sangre pura.
Apenas había dos o cuatro mujeres que trabajaban en el consejo y todas eran vampiras.
Saber que Vivian, quien era humana, había aprobado la primera parte del examen, fue un placer para Hueren, quien sólo había descubierto su existencia hace unos minutos.
Tan promedio como la miraban algunos en el mundo, Vivian tenía sus propios encantos que emitía sin darse cuenta y atrapaba la atención del sexo opuesto.
Cuando Vivian se escondió de los ojos oscuros de Leonard detrás Sullivan, quien habían sufrido una conmoción al mirarla; el humano que trabajaba junto a él había visto a la niña como si fuera una criatura tímida que no quería ser vista.
—Es sólo Vivian, señor.
No tengo apellido —se presentó Vivian.
Aunque Leonard le había dado su apellido la última vez llamándola ‘Vivian Carmichael’, Vivian dudaba que fuera prudente decirlo, ya que sólo despertarían la curiosidad sobre por qué un Carmichael era un humano.
—Oh.
Está bien, el apellido no tiene mucho más valor que los nombres —respondió Hueren antes de sonreír—.
Me alegro de conocerte.
El hombre junto a él tosió y se adelantó para presentar él mismo.
—Lady Vivian, soy Datan Valentine.
Felicitaciones por aprobar el examen del consejo.
El segundo también será fácil —la animó, sus ojos rojos le dijeron que era un vampiro promedio.
Datan era más bajo que Hueren por sólo una pulgada.
—Gracias, señor Valentine.
Al escuchar el llamado de Lionel, ambos le hicieron una pequeña reverencia.
Los labios de Hueren se abrieron antes de dejarla parada allí.
Vivian soltó el aliento que había estado conteniendo.
Sin nadie mirándola.
Al igual que la hermana Isabelle, quien no siguió el rastro de los hombres que habían ido a mirar la tierra muerta, decidió hacer un recorrido de nuevo.
Esta vez, sin que Sullivan respirara sobre su cuello para no “contaminar” nada.
Miró en dirección hacia donde podían escucharse las voces de los hombres antes de seguir adelante.
El suelo estaba fangoso.
La lluvia que había caído con fuerza la noche anterior e hizo que se humedeciera.
Cada vez que daba un paso adelante o atrás, su zapato entraba y salía del lodo.
Si no tenía cuidado, los pies junto con el zapato podrían resbalarse y caerse fácilmente.
Ya había ido hasta allí, sería una pena irse sin ver nada.
Con ese pensamiento, se quitó el guante derecho y luego el izquierdo.
Cubriéndose la cara de nuevo con el dorso de la mano, comenzó a recorrer las casas.
El olor acre de los muertos se volvía más intenso con el paso del tiempo porque los cuerpos comenzaban a descomponerse.
Vivian apenas podía estar de pie.
Forzándose a dar un paso hacia adelante, algo se hizo notar.
Esta cantidad de olor podría golpear a cualquiera en la cara a menos que supiera cómo no respirar el hedor desagradable.
Cuando escuchó un ruido y fue a buscar a la hermana Isabelle, el hedor todavía estaba allí y tuvo que cubrirse la cara.
Hubo ocasiones en las que el tío de Leonard, Sullivan Carmichael, también se había tapado la nariz, pero no había visto a la bruja blanca estremecerse ante el olor que flotaba por el pueblo o las casas.
¿Tendrá algo que ver con ser una bruja blanca?
Pensó Vivian para sí misma.
Con las voces casi desapareciendo, sabía que no era prudente alejarse, ya que, aunque esta tierra no era peligrosa en ese momento, siempre era bueno ser cauteloso.
Su pie izquierdo entró en contacto con una piedra, resbalando sobre una delgada corriente de agua que fluía en cierta dirección.
Algo cosquilleó en su mente cuando la vio.
Fue extraño para ella porque sabía que la lluvia había sido fuerte la noche anterior, y que esas líneas distintivas no hubieran sido arrastradas era muy raro.
Había algo en esa línea de flotación, como la que había encontrado antes.
Preguntándose hasta dónde llegaba, comenzó a seguir el rastro del agua.
Después de un minuto de caminata, parecía que el sendero se cruzaba con otra línea, pero Vivian no se detuvo allí.
Ella continuó caminando.
Siguiendo la línea hasta que llegó al final, pero la línea se conectaba con otra de nuevo.
La línea que parecía caminar había pasado de una esquina a otra.
Mientras los concejales estaban ocupados mirando los cuerpos y tratando de descubrir qué sucedió con las brujas negras cómo si fuera lo más importante, Vivian alimentó su curiosidad.
Esta vez caminó sobre la línea exterior para encontrarse con el tronco que había visto antes.
Esta línea en particular era circular, ya que la llevó al mismo punto donde había comenzado.
Cuando caminó, vio dos líneas más que se alejaban entre sí de tal manera que las líneas se tocaban cinco veces.
—Es un patrón —susurró Vivian para sí misma.
Sin poder detener su curiosidad, caminó apresuradamente, siguiendo con la vista el camino a través de las dos intersecciones que se encontraban con más líneas en medio del círculo.
Con una descarga de adrenalina, el patrón comenzó a formarse en su mente.
Era un patrón con forma de estrella.
Había leído en el libro de “Magia oscura segura”, que las brujas negras a menudo usaban diferentes formas geométricas.
Canalizaban la energía necesaria para dibujar y comenzar un ritual de sacrificio en masa.
No había duda de que esto era obra de las brujas negras, pero ¿Qué tipo de ritual realizaban las brujas?
Si sus cálculos eran correctos, según el número de asesinatos en masa que se estaban llevando a cabo, era para un cierto objetivo que aún no había sido alcanzado por quienquiera que lo estuviera planeando.
El boletín hablaba sobre el asesinato, pero no había brindado la información completa, ya que nuevamente despertarían los rumores de la gente del pueblo y la ciudad.
Cuando Sullivan estuvo mirando los cuerpos con sus manos ‘limpias’, ella lo escuchó murmurar que algunos habían fallecido sin ser tocados mientras que el resto había muerto al cortarles la garganta.
Quiso encontrar a la hermana Isabelle para poder darle la información y discutir con ella, ya que dudaba que los concejales siguieran el consejo de una mujer como ella que aún no estaba calificada para ser concejal.
Antes de que pudiera ir a buscar a la bruja blanca, se dio cuenta de que no la había visto cuando estaba siguiendo el camino de la línea de flotación.
¿Ya se había ido?, se preguntó a sí misma.
—Lady Vivian —la llamó uno de los hombres.
Mirando por encima de su hombro, vio que era el hombre llamado Hueren, quien vino a caminar hacia ella— ¿Qué haces sola aquí?
Pero Vivian tenía su propia pregunta para él.
—Disculpe, pero ¿En dónde está la hermana Isabelle?
tengo problemas para encontrarla —le dirigió una sonrisa de disculpa por interrumpir su pregunta.
—¿Ah?
¿La hermana Isabelle?
No estoy seguro, pero podemos encontrarla juntos —le propuso el concejal humano, y para su deleite, ella asintió con la cabeza.
Comenzaron a buscarla, pero aparentemente, la mujer ya se había ido.
Con un poco de abatimiento, suspiró internamente— ¿Está bien, mi lady?
¿Quiere que vaya a buscarle agua?
debe haber algo en el carruaje.
—Estoy bien, gracias —ella le dedicó una sonrisa cortés y el hombre sonrió como una vela que podría ser apagada si Leonard entraba en escena y veía a Vivian ser cortejada.
El concejal Hueren Bilgan miró la expresión cansada de la bella dama y dijo: —Es muy común sentir náuseas en presencia de tantos cadáveres.
La primera vez en un atierra muerta siempre te causa dolor de cabeza.
—Vivian sólo sonrió mientras contemplaba si era correcto decirles a todos los presentes lo que había descubierto.
Recordando algo que Leonard le había dicho durante su estadía en la posada cuando habían ido a pagar y dar sus últimos respetos a Charlotte Easton, ella contuvo la lengua.
Había un espía en el consejo y todavía estaban tratando de encontrar al impostor.
Incluso si no lo dijera ahora, las noticias seguirían llegando al consejo principal y a los demás, lo que hacía que no tuviera sentido quedarse solo.
Sopesando sus opciones, se puso de pie.
—¿De dónde vienes, lady Vivian?
—preguntó Hueren, interesado en saber de ella.
La mujer era hermosa, sus características delicadas y gentiles lo hacían sentir como si quisiera ser su caballero con una armadura brillante.
Vivian levantó la vista para mirarlo a los ojos, los cuales miraban directamente a los suyos.
—Eh, soy de Valeria, señor Bilgan.
—¿Es así?
Pensé que era una conocida del alto Carmichael cuando te presentó.
He visitado Valeria muchas veces, debemos habernos movido en el mismo círculo si conoces a hombres como Sullivan Carmichael —Hueren dijo el nombre del hombre de sangre pura en un susurro, como si pudiera ser castigado si lo atrapaban pronunciándolo.
No queriendo parecer grosera ante el hombre a pesar de que era un extraño que acababa de conocer, ella le preguntó: —¿Trabajas con el duque?
Los ojos del hombre se iluminaron.
—Sí.
El duque Leonard es quien lidera nuestro equipo de tres —respondió a su pregunta.
—¿Qué hay de Sir Lionel?
—Oh, Sir Lionel no participa durante el trabajo.
Está en proceso de convertirse en uno de los altos Ancianos debido a su credibilidad, por lo general, trabaja en la comisión y en la evaluación de las tareas.
Debes preguntarte por qué está aquí hoy —sonrió cuando la vio lanzar una mirada cuestionable en dirección a las débiles voces que podían escucharse.
La sonrisa del hombre fue tan contagiosa que ella misma sonrió.
Luego susurró en voz baja—.
Si has estado leyendo las noticias recientes que han estado circulando, encontrarás muchos asesinatos.
Aparentemente, las muertes han aumentado y todo lleva a los mismos asesinos.
—¿Los mismos asesinos?
—preguntó.
—Sí.
Quiere decir a la misma persona.
—¿Puede una persona matar a tantos?
Hueren frunció el ceño ante eso, presionando sus labios antes de hablar.
—Hay huellas que se adquirieron en algunos de los lugares.
Sin embargo, no sabemos por qué está sucediendo.
No se ha escuchado sobre asesinatos masivos consecutivos en mucho tiempo.
Vivian no dio ninguna información y sólo asintió a lo que el concejal tenía que decir sobre el asunto.
—Hueren —Leonard llegó a donde estaba la pareja.
—Duque Leonard ¿Conoces a Lady Vivian?
ella fue quien aprobó el examen —Leonard miró a su compañero concejal por un breve minuto antes de mirar a Vivian.
—Buenas tardes, duque Leonard —inclinó la cabeza para ocultar la sonrisa que se había formado en sus labios.
—Buenas tardes —su voz parecía un poco dura pero tranquila.
Hueren se inclinó hacia Vivian.
—Si no estás acostumbrada al Duque, no te preocupes por su falta de palabras.
—Lo tendré en mente —respondió ella—.
Duque Leonard, ¿podría saber dónde está la hermana Isabelle?
No hemos podido encontrarla —apareció un pequeño ceño en su frente.
—Dijo que te iba a encontrar hace quince minutos.
—Quizás debió de estar ocupada mientras buscaba a Lady Vivian —dijo Hueren, pero a Leonard le pareció extraño que no hubiera vuelto con Vivian.
La hermana Isabelle no era del tipo que se extraviaba.
Sus ojos se posaron en las manos de Vivian donde se habían quitado los guantes.
—¿Encontraste algo?
—preguntó directamente mientras ignoraba la mirada confusa de Hueren a la pregunta que estaba dirigida a Vivian.
—No toqué nada —asintió bruscamente.
Conociendo a Vivian, habría aprovechado la oportunidad para encontrar lo que había sucedido.
De la nada, Vivian se volvió repentinamente en cierta dirección.
—Dame un momento, por favor —se inclinó ante los dos hombres y corrió en la dirección en la que se había girado.
Cogiendo la parte delantera de su vestido, Vivian corrió hacia la casa en la que Sullivan Carmichael la había regañado.
No sabía por qué no lo había pensado antes.
Mientras se apresuraba, dos pares de botas la siguieron de cerca.
El cuarto.
La habitación en la que habían estado y la habitación en la que había encontrado a la hermana Isabelle parada allí mirando algo.
¿Fue una coincidencia que la encontrara en la misma habitación?
Al haber estado un poco familiarizada debido a la exploración anterior, encontró la casa y abrió la puerta para darse cuenta de que la mujer que yacía en el piso ahora estaba desaparecida, pero había algo más que yacía en el suelo.
Algo pegajoso y grumoso que se había derretido debido a la exposición extrema al calor.
No pudo evitar arrugar las cejas al verlo.
Como nunca había visto algo así, le subió la bilis a la garganta y casi la vomitó, y trató de contenerla mientras se tapaba la nariz.
Sus ojos cayeron sobre la caja de madera que había visto sostener a la hermana Isabelle cuando fue a ver quién era, caminó hacia ella mientras se mantenía a distancia de lo que estaba en el suelo.
Sin esperar, colocó su mano sobre la caja para sentir un recuerdo que trató de leer pero que era difícil de captar ya que estaba borroso.
Sin tomar nota de Leonard y Hueren, quienes habían llegado a la habitación, respiró hondo, tratando de relajarse.
Finalmente se sintió sumergida en recuerdos que no eran claros, pero si suficientes para despejar sus dudas.
Su corazón latía con fuerza en su pecho.
Al abrir la caja de madera tallada, descubrió que estaba vacía.
Dándose la vuelta lentamente, sus ojos se encontraron con los de Leonard y él preguntó: —Esa no era la hermana Isabelle, ¿verdad?
Vivian sacudió la cabeza.
—Esa no era la hermana Isabelle.
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