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Bambi y el duque - Capítulo 145

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145: Capítulo 146 – Pérdida de la vida – Parte 1 145: Capítulo 146 – Pérdida de la vida – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Leonard vio a Vivian salir del baño con la ropa que se había cambiado y que era apropiada para la mansión.

El vestido que llevaba era de color beige, realzando el color de la piel rosada de su cara, puesto que había pasado tiempo en el agua tibia.

Él había pensado cambiarse de ropa también porque Vivian se tomó más tiempo del habitual en el baño, pero no estaba seguro de que ponerse.

Cuando el fue a buscarla para consultarle, ya ella había entrado a bañarse y entonces decidió esperarla hasta que saliera.

En el camino de regreso, ella parecía aturdida, como si estuviera demasiado cansada por los acontecimientos del día.

Antes de dirigirse a su habitación, había ido a buscar al amo de llaves.

Su ira estaba a punto de estallar cuando el amo de llaves se disculpó con la cabeza gacha y dijo que no pudo contradecir a su tío, ya que el hombre le había ordenado a Vivian que lo acompañara.

Lo que no entendió fue por qué el tío Sullivan la llevaría consigo cuando ella no tenía nada que ver con el asunto.

No pudo evitar pensar que era uno de los planes de su tío de querer mantener a Vivian lejos de él.

Después de todo, él había dicho que ella no sería un humano ordinario una vez que completara y aprobara el examen.

Aunque no hablaban en los mismos términos, él decidió romper el hielo entre ellos.

—Lionel es un hombre difícil con quien trabajar incluso para los vampiros y es más duro para los humanos.

No te preocupes por su forma de hablar —dijo para aliviar la tensión entre ellos, que se había acumulado durante tres o cuatro días—.

Fuiste de mucha ayuda hoy.

A la mayoría de nosotros nos habría tomado otro día o dos, o tal vez nunca lo hubiéramos hecho si llovía de nuevo.

—Despreciaba mi presencia —comentó Vivian con una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos.

—Lo hacía —Leonard no era el tipo de hombre que endulzaba las cosas para ella, pero entonces no había nada que ocultar.

Para un concejal como Lionel, que tenía una gran experiencia, el hombre no veía el provecho de ver un extraño caminando por el sitio donde ocurrieron las muertes.

Aunque el tío Sullivan fue quien la arrastró allí, dudaba que Vivian se hubiera resistido a sus palabras— ¿Qué estabas haciendo en la aldea de los asesinatos?

—le preguntó a ella.

Vivian, quien había estado frotando su cabello húmedo, se detuvo suavemente por un segundo antes de continuar frotándoselo y colocó su toalla humedecida en el respaldo de la silla.

—Quería ir a verlos —su voz fue tranquila y suave a sus oídos.

Parecía que su idea era correcta.

—¿Por qué?

Se dio la vuelta para mirarlo, sus ojos la miraban mientras ella no se movía de su lugar.

Le hizo preguntarse si lo había decepcionado al ir a un lugar donde no debía, ya que él quería que se quedara en casa.

—Leí el boletín de la ciudad, indicando cómo se descubrieron cuerpos con cortes verticales en las gargantas de las mujeres —dijo en un sólo suspiro.

—Y tú que piensas ¿Jamien estuvo allí?

—preguntó Leo a lo que ella asintió en respuesta— ¿Encontraste algo?

—preguntó tomándola por sorpresa.

Por cierto, la había mirado de manera furiosa cuando la encontró por primera vez de pie detrás de su tío, ella estaba segura de que volcaría su ira sobre ella una vez que volvieran a la mansión, pero estaba equivocada.

Leonard era un hombre temperamental, pero eso no significaba que no supiera cuándo controlarse antes de lastimar a la persona que amaba.

Ella era una mujer que iba a entrar en el mundo del consejo, estaría mal de su parte mantenerla alejada y pidiéndole que no tuviera curiosidad, siendo que fue él quien quiso que ella fuera parte del mundo al que él pertenecía.

Y no importa cuánto la amara y cuánto sabía sobre los peligros del mundo, quería que ella compartiera el mismo espacio que él.

Era un hombre egoísta.

Tenerla bajo su mismo espacio llenaría su mundo vacío y ella sería la luz de su oscuridad.

Volviendo a la compostura, Vivian respondió a su pregunta.

—No pude.

Iba a tocar un cuerpo de mujer para ver si tenía un corte en la garganta, pero el tío Sullivan insistió en que no tocara nada en el cuerpo.

Me dijo que contaminaría la evidencia —apretó los dientes al final cuando lo dijo.

Habían hecho rondas juntos, pero cuando finalmente tuvo el coraje de tocar a un muerto, Sullivan había ido a llevársela como si fuera una niña.

—Tenía razón.

Los cuerpos son enviados a examinar después de la inspección, ni siquiera los concejales tocan algo sin usar guantes especializados que no permitan que sus huellas digitales marquen los cuerpos o mezclen su sudor con el posible fluido externo de los muertos.

Terminarías siendo sospechosa si eso sucediera.

Así que fue por eso, pensó Vivian para sí misma.

—Los guardias generalmente están allí para proteger el perímetro para que nadie camine o pase por él.

Siempre es bueno tener medidas de precaución.

Parece que esta vez el magistrado olvidó enviar a los guardias, aunque lo dudo, ya que nunca deja de enviar a sus hombres.

—¿Crees que fueron asesinados antes que llegáramos?

—Podría ser así —vio a Leonard reflexionar, levantándose de la cama mientras caminaba hacia ella—.

Es un antiguo dicho que dice que hay que mantener a los vivos lejos de los muertos.

Muerte sobre la tierra, muerte sobre el pueblo.

La muerta pasará y se llevará a todos.

Los que no hayan muerto aún, serán perseguidos hasta dejarlos sin aliento.

—¿Tiene un significado más profundo de lo que tiende a pensarse?

—Es un dicho del folklore que se ha transmitido a través de los siglos —sus palabras captaron toda su atención.

Inconscientemente se inclinó hacia delante para escuchar lo que tenía que decir al respecto—.

Si miras la última línea del folklore: “Los que no hayan muerto aún, serán perseguidos hasta dejarlos sin aliento”.

La tradición podría hablar de las brujas que vienen a mirar las tierras que han destruido para asegurarse de que no haya nadie vivo.

Si los guardias fueron asignados, podría existir la posibilidad que las brujas los mataran mientras buscaban a cualquier posible persona viva.

Vivian no estaba segura de cómo reaccionar ante esa información.

Había llegado al punto en el que no podía captar más detalles o noticias antes de que su mente se derrumbara.

Se sorprendió por completo cuando se enteró de que la hermana Isabelle no era ella, sino que descubrió que el conmutador había tomado su forma para recuperar algo que había en la caja.

Aunque borrosa y nebulosa, no le tomó mucho tiempo descifrar los recuerdos.

Su corazón se hundió como si un ancla hubiera sido atada a su alrededor y arrojada al mar en un pozo sin fondo que no tenía superficie.

—¿Qué viste allí, Vivi?

—sus ojos parpadearon dos veces, moviéndose hacia arriba para encontrarse con su mirada que esperaba pacientemente a que ella respondiera su pregunta.

—El conmutador sabía mi nombre —la cara de Leo se endureció ante esta revelación.

No lo había notado antes, ya que no estaba familiarizada con un conmutador, pero había un ligero brillo de sudor, como un brillo en la piel de los conmutadores que habían encontrado, y estaba segura de que cada vez que se encontraba era el mismo conmutador.

—¡Hermana Isabelle!

—Vivian exclamó mirando a la bruja blanca.

—Buenas tardes, Vivian —el conmutador había dejado caer la caja con un poco de confusión en su rostro—.

No te esperaba aquí.

Leonard le preguntó: —¿Qué viste, Vivi?

—El conmutador, él, lo he visto más de dos veces —lo dijo mordiéndose los labios.

Leonard frunció el ceño, esperando que ella completara lo que estaba diciendo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas—.

El hombre, él y yo hablamos.

Aquí en esta misma mansión.

Como si se diera cuenta, el propio Leonard sintió un pinchazo en el corazón cuando confirmó: —Se estaba haciendo pasar por Paul —Vivian no asintió con la cabeza ni negó ante su declaración— ¿Qué viste en el recuerdo?

—le preguntó.

—Durante tu cumpleaños.

El día…

—no continuó diciendo, ya que nadie quería recordar lo que había sucedido ese día o esa noche.

Nadie lo habría sabido ni se habría dado cuenta.

En ese momento, no sabían sobre la existencia de un conmutador.

Como si volviera a la memoria, se vio cavando al lado del pilar dando paso a las enredaderas que giraban alrededor de las paredes cilíndricas blancas—.

Estaba limpiando las paredes llenas de barro cuando el hombre vino a aconsejarme sobre qué hacer.

Miró la mansión como si no la hubiera visto antes, mencionando que las ventanas estaban sucias a pesar de que se limpiaron la semana anterior.

Pensé que lo había visto en el mercado, pero sospeché que había sido mi imaginación.

Nunca pensé que vería a Paul morir delante de mí.

Ella tomó un profundo respiro en un esfuerzo por no dejar que sus emociones la guiaran, pero sus labios temblaron.

Lágrimas rodaron por sus mejillas, como si se hubiera abierto un grifo, las lágrimas se derramaron sobre sus pálidas mejillas.

Hipó.

—Paul él fue marcado.

Fue el conmutador quien tomó su forma.

Dijiste que tú y los concejales investigaron su muerte.

Paul y su familia eran inocentes —cuando Leonard dio un paso adelante ella sacudió la cabeza.

Limpiándose las lágrimas con el dorso de la mano, apartó su vista con los ojos cerrados.

Ella sabía que no había nada que pudieran haber hecho.

Nadie podía saber que los conmutadores tomaban formas y usaban a hombres y mujeres inocentes para hacer su trabajo.

¿Cómo podría alguien saber si la persona era real o no?

había pasado todo el día con Paul, preguntándole qué hacer, pero ni una sola vez lo encontró lo suficientemente sospechoso como para sentir que él no era Paul.

Cuando Leo levantó la mano para alcanzarla y consolarla, la escuchó decir.

—Necesito tiempo.

Recogió hacia atrás la mano que había levantado para tocarla, cerrándola, y la dejó caer a su lado.

Se habría permitido darle el tiempo que necesitaba, pero no podían seguir apartándose cada vez que algo sucedía entre ellos.

Ella podría haber pedido tiempo y él sabía que ella quería culparlo de alguna manera, culparlo por no escuchar lo que ella había dicho sobre la inocencia de Paul.

Por matar a un cuidador suyo que había sido leal hasta el final quedaría en su mente, la culpa de no poder salvar a las personas a su alrededor.

El sentimiento de culpa le recorrió la sangre al recordar la sonrisa que Paul le había dado a Vivian antes de ser colgado hasta la muerte.

—Lo siento —se disculpó, cada palabra que él decía era sincera y llena de culpa.

Ella negó con la cabeza.

—No lo hagas —cuando abrió los ojos llenos de agua, notó la tristeza en sus ojos— ¿Por qué nos está pasando esto a nosotros?

¿Por qué estamos perdiendo tantas personas a nuestro alrededor?

—no pudo pronunciar las últimas palabras debido a su hipo.

A pesar de que estaba molesta y llena de preguntas, Leonard se acercó a ella y continuó disculpándose—.

Lo siento, Vivi —abrazándola, ella rompió en lágrimas, gritos silenciosos e hipo.

A él le que tomó tiempo calmarla mientras le pasaba la mano por la cabeza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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