Bambi y el duque - Capítulo 147
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- Capítulo 147 - 147 Capítulo 148 – Castidad - Parte 1
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147: Capítulo 148 – Castidad – Parte 1 147: Capítulo 148 – Castidad – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Al ver la naturaleza salvaje en sus ojos suavizarse ante su toque, Vivian sintió que su pecho se aligeraba.
Era como si estuviera domesticando a un león que estaba listo para atacarla hace unos minutos.
Aunque no lo hizo.
Cuando abrió los ojos, la intensidad en su mirada no había desaparecido, sino que se había duplicado gracias al tierno toque de ella.
Dirigiendo su mano hacia él, él le besó la muñeca mientras dejaba que sus labios permanecieran sobre su piel por un rato.
Jugando con los dedos de ella con su mano, el probó su fuerza.
La respiración de Vivian se aceleró cuando él la miró con emoción en sus ojos, sentimientos ardía en los ojos de ella.
—Acércate aquí conmigo, Bambi —susurró él, aspirando el aire que ella había estado tratando de contener en sus pulmones—.
Aquí, en mi habitación conmigo —se aseguró de dejarle claro su intención.
Todo éste tiempo, ellos lo habían pasado en sus habitaciones, o era Leonard quien se quedaba en la habitación de invitados con ella hasta que ella se dormía.
Pero pensar en permanecer el resto de la noche juntos en una habitación individual y una cama individual, en verdad, ella no sabía cómo responder a su solicitud.
—Es demasiado pronto —dijo, levantándose de la cama mientras sentía timidez sólo de pensarlo.
Aún no habían hecho gran cosa ya que no compartían la misma habitación, aunque sus habitaciones nunca estuvieron demasiado lejos una de la otra.
La idea la excitaba, pero la asustaba deliciosamente al mismo tiempo.
Antes de que ella pudiera huir de él, Leonard la agarró de la mano para acercarla, rodeando su brazo alrededor de su cintura.
—Piensas que es muy pronto, yo diría que es bastante tarde ¿Todavía no se ha acostumbrado tu corazón?
—preguntó en serio.
Vivian se dio la vuelta para mirarlo, estaba un poco incómoda con las mantas y la almohada que yacían debajo de ellas.
Al notar que dudaba, la dejó ir por un breve momento antes de tirar de ella de vuelta como si un carnívoro jugara con su comida por aburrimiento— Dime.
—¿Que te diga qué?
—preguntó Vivian con timidez mientras intentaba moverse sutilmente fuera de sus brazos para poder correr y esconderse en su habitación.
—No tienes que ser tímida al respecto.
No hemos hecho aún todas las cosas que hacen dos enamorados y te confieso que deseo hacer más —susurró las últimas palabras en su oído, calentando su cuerpo exactamente como él quería que fuera.
—Leo…
—la siguió mirando hacia abajo como quien busca algo en el suelo.
Su actitud cambió de una serena a una mirada hosca, pero no se rindió respecto a querer mudarla de habitación permanentemente.
—¿No quieres?
—Lo haría, pero…
—Pero ¿qué?
—soltó Leonard en un tono entrecortado como de niño y frunció el ceño, mordiéndose el labio inferior al no saber cómo expresarlo.
—No podemos compartir la habitación —sus palabras fueron firmes, pero también lo era la resolución de Leo.
Había aguantado tanto tiempo deseándola, pero no estaba seguro de cuánto tiempo podría soportar sin tomarla por las buenas o por las malas.
Parecía que al principio era un escenario imposible, pero ya no.
—¿No me amas?
—Sí —respondió ella a su cadente pregunta.
—¿Tienes miedo?
—trató de poner de manifiesto todas las razones posibles por las que ella estaba dudando en ese momento.
La había visto desnuda, la había bañado en la bañera con sus propias manos, y aunque quiso tocarla más íntimamente en ese momento, él le había puesto freno a su bestia interior que merodeaba sin descanso dentro de él.
Al verla sacudir la cabeza incluso ante esa pregunta, un ceño comenzó a asentarse en su frente.
Se había cansado de todas las preguntas posibles sobre por qué ella se negaba, pero no era nada de lo que él se había imaginado.
Dejando que sus brazos la liberaran de su fuerte abrazo, se alejó de ella.
Se levantó para caminar hacia los armarios donde sacó una camisa que llevaba cuando tenía que salir de la mansión.
—¿A dónde vas?
—preguntó Vivian inocentemente, con un poco de ansiedad en su voz.
Leonard comenzó a desabotonarse la camisa y luego la tiró al suelo.
—Voy a dar un paseo —fue la respuesta que le dio mientras se ponía la camisa.
Doblándose las mangas, caminó por la habitación cuando ella se puso de pie.
No era que no quisiera pasar sus noches y días con él, sino que había sido criada por humanos.
Los humanos que pertenecían al estado inferior de la sociedad, a diferencia de los vampiros de sangre pura como él.
—No te vayas —Leo no quiso irse al oír sus palabras, aunque fuera sólo una modesta petición de ella.
Él le dedicó una sonrisa, sólo para romperle el corazón aún más.
—No te preocupes Vivi, volveré pronto.
Si estás de acuerdo con eso, deberías descansar aquí, ya que la cama es mucho más cómoda que en donde duermes, pero si no quieres, está bien —dijo tomando el manto que estaba colgado en el soporte.
Vivian no entendía por qué la atmósfera había pasado de ser dulce a una helada como los fríos inviernos en Bonelake.
Ella no tenía la intención de cambiar de opinión, pero ¿Le molestaba que fuera a dar un paseo en medio de la noche?
¡Cómo podía dejarla aquí sola!
—Leo, no te vayas…
—dijo ella siguiéndolo de cerca hasta la puerta.
Cuando se volteó, le dio unas palmaditas en la cabeza como si fuera una niña— ¡No soy una niña!
—le dijo a él cuando la palmeó.
—Siempre serás una niña —una risa escapó de su boca.
Aunque había sonreído, parecía que igual iba a salir de la mansión.
—¿No preguntarás por qué?
—ella se paró en el lugar con las manos abrazadas frente a su pecho.
—¿Estás tratando de seducirme, Vivi?
Su pregunta evidente la hizo tambalearse de su postura rígida.
—¿Qué?
¡No!
¿Por qué piensas eso?
—él suspiró.
—Qué desafortunado, si es así, no tengo ninguna razón para quedarme aquí por la noche.
Volveré por la mañana —se detuvo, con Vivian sosteniendo los extremos de su camisa que aún no se había metido.
—¿Por qué actúas así?
—preguntó ella, con el corazón agitado— Me llevas al borde del acantilado sólo para soltarme.
¿Te gusta verme así?
—su mano se apretó en el extremo de su camisa para soltarse cuando él se volvió para mirarla.
—No comiences algo si no puedes terminarlo —sus palabras fueron tranquilas pero agudas, como una advertencia, pidiéndole que no buscara alterar sus aguas.
Él dijo lo primero que se le vino a la mente—.
No puedo contenerme al verte.
Te veo y quiero torturarte más, pero sería abusar hacerlo ahora.
¿Torturarla?
Vivian no entendió lo que dijo.
—No creas que he olvidado lo niña que eres.
Al hacer lo que hiciste porque no te diste cuenta del por qué yo hice lo que hice.
Debo castigarte por eso.
Mucho más severamente de lo que te castigué la última vez —eso fue suficiente para que su boca se secara y su corazón se estremeciera en su pequeño cuerpo.
Ella sacudió la cabeza para librarse de los pensamientos que habían comenzado a formarse.
—Tú lo mataste sin piedad —lo acusó.
—Hice lo que era necesario.
—Podrías haberle dado una forma mucho mejor de morir que quitarle la vida sin que se diera ni cuenta.
No puedes matar a todos los que sientes que son una amenaza —esto provocó una mirada amarga en el rostro de Leo.
Vivian no se arrepintió de lo que dijo y le costó mucho decir lo que creía que era correcto.
—Puedo y lo haré, Vivian.
No hay punto medio, no hay lugar para errores y si estás hablando de la muerte, obtuvo la muerte más rápida y honorable que alguien podría desear —Leonard había matado a hombres y mujeres de formas mucho peores de las que Vivian pudiera imaginar.
Si no fuera por la presencia de ella, le habría arrancado la cabeza al hombre sólo por mencionar a la persona que mató a Charlotte.
Ambos se miraron fijamente, Vivian lo miró más fuerte hasta que Leo decidió apartar su mirada de ella para irse.
Siendo inflexible, ella sostuvo su camisa sin soltarla.
Su ira se disipó rápidamente después de verlo listo para irse.
—¿Por qué estás enojado?
—No lo estoy.
—Pero te vas —señaló lo obvio.
Tomó unos segundos y dijo—.
Es más fácil decirlo que hacerlo.
¿No me escuchas?
—Estoy escuchando —Leonard se volvió y cruzó los brazos sobre el pecho.
No quería irse, pero si quería llevarla a donde estuviera, él tenía que usar trucos encubiertos para lograr que ella hablara con él.
—No es que no quiera compartir tu cama —comenzó, sus mejillas se pusieron rosadas, pero la oscuridad las escondió bien mientras estaba de espaldas hacia la chimenea—.
Que un hombre y una mujer compartan la misma habitación antes de casarse, eso no está bien.
Ella lo vio mirarla sin decir nada, como si estuviera pensando en lo que dijo.
sus ojos se entrecerraron hacia ella.
—Qué mal visto sería eso.
¿Y qué pasó con los besos que compartimos y los momentos en la cama donde toqué cada centímetro de tu cuerpo?
—Vivian sintió su aliento que se aceleró ante la mera mención de sus palabras, debilitando sus nervios y liquidando el fuego.
Ella dio un paso tras y otro mientras retrocedía—.
Tocar, besar, chupar y jalar ¿O no fue lo que Martha y Paul te enseñaron?
—Fue Grace —corrigió Vivian.
Grace era la hermana de Paul— Pero no, esto es diferente —Leonard se detuvo en seco.
Echándole un vistazo antes de que él la agarrara de la mano y la sacara de la habitación.
Sorprendida, preguntó—: ¿A dónde me llevas?
—Ya verás —respondió.
—¡Mis zapatos!
—protestó ella, pero Leo no se detuvo.
Llevándola al establo, Leonard fue a soltar una de las riendas de su caballo que había sido atada al poste.
Pronto se subió al caballo y le dio la mano para que ella la tomara.
Frunciendo los labios, finalmente le dio la mano y él la jaló sobre el caballo para que pudiera sentarse frente a él.
—Eres un hombre agresivo —murmuró en voz baja y él se echó a reír.
El viaje fue lento, ya que Leonard se tomó su tiempo para llevarla a donde sea que fueran.
Siendo cerca de la medianoche, se podía escuchar el chirrido de los grillos mientras bajaban por el camino desierto con árboles que estaban alineados a ambos lados del fangoso camino.
Levantó la vista hacia la luna que se veía alta y hermosa en el cielo, las estrellas entraban y salían detrás de las nubes sopladas por el viento.
Vivian y Leonard llegaron al pueblo que estaba profundamente dormido.
Los cascos del caballo emitieron sonidos en el suelo mientras caminaban por el sendero para finalmente detenerse frente a una vieja iglesia a la que ella había estado yendo.
Él bajó del caballo, luego la ayudó a ella y tomó su mano entre las suyas cuando entraron en la iglesia, las antorchas ardían brillantemente a ambos lados de las puertas.
—Es muy temprano para que ambos confiesen sus pecados —la hermana Isabelle sostenía una antorcha en la mano con una pequeña sonrisa en sus labios.
Al ver la expresión cautelosa de Vivian, se disculpó—.
Escuché lo que sucedió al mediodía.
Disculpen las molestias causadas ¿Hay alguna razón por la que hayan llegado aquí a esta hora de la noche?
—Sí —respondió Leonard.
La hermana Isabelle se inclinó acercándose a ellos, esperando que él hablara mientras Vivian hacía lo mismo, excepto que su mano estaba fuertemente apretada en la suya—.
Nos gustaría casarnos ahora —dijo él.
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