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Bambi y el duque - Capítulo 149

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149: Capítulo 150 – Fuego crepitante.

149: Capítulo 150 – Fuego crepitante.

Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian contuvo el aliento mientras transcurrían los segundos, su corazón zumbaba y latía mientras permanecía de pie bajo la ardiente mirada de Leo.

Después de regresar a su habitación le soltó la mano, el calor se disipó de la palma de su mano dejando que la superficie se enfriara.

Ella volvió mirarle la mano cuando se quitó el anillo que solía llevar en su dedo índice.

Era una reliquia familiar que ella había visto usar al Sr.

y la Sra.

Carmichael, y al segundo siguiente después de quitárselo, él la tomó de la mano y deslizó el anillo en su dedo anular.

—Ahora se sientes completo —Leo le sonrió con una sonrisa juvenil, haciendo que pareciera de la edad de ella, ya que rara vez sonreía, manteniéndose con una cara estoica desde una edad temprana.

Ella lo vio aflojar los botones de su camisa.

Ella recordó que estaba usando la capa de él y ella se la quitó rápidamente.

Sin saber dónde colocarla, miró a la izquierda y a la derecha, el colgador estaba al otro lado de la habitación.

Leo se confesó en la iglesia antes de que la hermana Isabelle anunciara que serían marido y mujer con una ceremonia rápida.

Parecía tranquilo, como si las cosas no hubieran cambiado, mientras ella se daba cuenta de que era su esposa, y cuando el pensamiento pasó por su mente, sintió que su corazón se derretía.

Ella era la esposa de Leonard, al pensar en ello, sintió una cálida sensación llenando su pecho.

—Dámela —le dijo Leonard, tomando la capa de su mano.

Le dio la espalda para caminar hacia él colgador y poner la capa allí antes de volverse hacia ella—.

Pareces un ratón asustado —le dijo a ella.

Ella desabrochó sus puños alrededor de su muñeca y le dobló las mangas, lo que le dio a su apariencia una sensación más relajada, ya que estaba en la mansión ahora.

—Leo…

—¿Sí?

—él inclinó la cabeza de manera dubitativa hacia ella.

Al ver que dudaba, como si se preguntara qué y cómo hablar, él comentó— ¿Fue demasiado repentino?

—ella sacudió su cabeza.

Ambos se amaban, así que ella no veía por qué no podían casarse ahora.

No importaba si era hoy o no más tarde, ya que seguiría siendo igual— Prometo mantenerte feliz, Vivi.

Eres mi esposa ahora —dijo, compensando la falta de palabras de ella en ese momento.

—Haré lo mejor que pueda también —la sincera respuesta lo hizo sonreír, con esa una sonrisa que estaba reservada sólo para ella.

Sus pies descalzos se acolcharon en el suelo frío mientras caminaba hacia él.

Se paró frente él abrazándose con ambas manos.

Poniéndose de puntillas, presionó sus labios sobre los de él, dejando que se detuviera por un breve momento, pero el duque aprovechó la oportunidad para rodearla en sus brazos acercarla, dándole un prolongado beso.

Para una persona que había amado a la niña por siempre, desde que era joven, Leonard quería tener todo de ella.

Aunque la había tocado antes, ahora el ambiente se sentía diferente.

La prueba era el anillo que descansaba en el dedo de ella.

Las manos de él recorrieron su cuerpo vestido, sintiendo cada curva mientras la deseaba más cerca y anhelaba convertirse en uno con su cuerpo y alma.

¿Cuánto tiempo había esperado para llamarla suya?

Demasiado.

Al fin era suya.

Podría parecer apresurado casarse con ella en medio de la noche, pero él no veía el punto de retrasarlo más.

La deseaba y no había nada más que pudiera pedir en éste mundo.

Su corazón y su mente se calmaron, una calma que se apoderó de él al saber que Vivian era su esposa y estaban legítimamente casados.

Sintió ansiedad que cuando se besaron, como si temiera que todo en ese momento fuera un sueño, una mentira, un producto de su imaginación que desaparecería cuando llegara la mañana.

Ella le devolvió el beso con la misma ferocidad, sus manos se cerraron alrededor de su cuello y se sujetó a él.

Sus labios se movieron contra los suyos, él tiró con sus dientes del labio inferior de ella, lo que era una dulce tortura, un poco de dolor antes de acariciarlo con su cálida lengua.

Lamiendo la comisura de sus labios, se deslizó en la dulce cavidad de su boca.

Una de sus manos se había colocado en la parte posterior de su cabello mientras la otra descansaba sobre la parte superior de su cadera, para acercarla a él mientras se besaban.

Las lenguas chocaban ferozmente entre sí, y la boca de Leo se había convertido de repente en un oasis de agua para Vivian, quien era como una viajera sedienta que había quedado varada en el desierto.

Ella era la gasolina y él era el fuego que quemaba el resto de su alma, impregnándose de ella.

Sin romper el contacto, Leonard la condujo hacia su cama.

Él chupó y mordisqueó sus labios, se apartó un poco de ella y retrocedió un paso.

Leonard se sacó la camisa sobre la cabeza rápidamente y luego se quitó el pantalón y el resto de la ropa.

Al verlo, ella sintió que su corazón latía lo suficientemente fuerte como para poder oírlo en sus propios oídos.

Apartó la vista de su cuerpo desnudo donde había visto sus músculos definidos.

Aunque ella había estado desnuda frente a él antes, era la primera vez que Vivian lo veía completamente sin ropa.

Incapaz de mantenerse tranquila por su timidez, se volteó para mirar a otra parte cuando sintió que Leo le colocaba un dedo debajo de la barbilla para atraer su atención.

—Mírame —le ordenó para que no desviara la vista.

A Leo no le importó su timidez cuando ella trató de ocultar su sonrojo al verlo desnudo.

La sorprendió levantando su mano y colocándola en su pecho para ver sus ojos negros dilatarse un poco.

Podría haber sido la primera vez que ella lo veía así, pero él no quería que se sintiera avergonzada por eso.

En el futuro harían cosas más vergonzosas de lo que su inocente mente podría pensar, y eso lo ponía duro de sólo pensarlo.

Ella era la manzana que él había observado durante más tiempo del que podía recordar.

Una deliciosa manzana que colgaba de la rama más alta del árbol más alto y había eliminado cualquier posible recolector que hubiera querido comer de esta fruta suya.

Ahora que ella lo había elegido para sí misma, quería hundirle los dientes y probarla.

Vivian podía sentir sus músculos firmes debajo del toque de sus manos.

La sangre fluyó por su cuello para asentarse en sus mejillas.

—¿No es demasiado temprano?

—le preguntó mansamente mientras sus ojos se mantenían mirándolo sin poder ver a otro lado.

—De hecho, es muy temprano para dormir ahora mismo —le dirigió una mirada juguetona y acusadora al decirlo.

—Es por eso que te casaste conmigo —se rio entre dientes, asintiendo con la cabeza.

—Eso es correcto.

Tú fuiste la que mencionó la boda.

Sólo cumplí tus deseos.

¿No es cierto, cariño?

—su tono se volvió serio.

Leo sabía que estaba nerviosa, y si él le daba más de un año, ella seguiría estando nerviosa y trataría de zafarse de sus brazos para huir de él—.

Déjame quitarte esto —dijo mirando el vestido que ella llevaba y la volteo para verla de espada.

Colocando sus manos sobre su cintura, la acercó para inclinarse hacia adelante y atrapar la pequeña pieza de metal con los dientes y así desabrochar su vestido.

La cremallera emitió un sonido parecido al de un ronroneo mientras se deslizaba hasta su espalda baja.

Separando el vestido mientras lo desabrochaba, la ayudó a deslizarlo hacia abajo hasta caer sobre los pies de ella.

El fuego siguió chisporroteando en la chimenea cuando Vivian sintió que la volteaba de nuevo, casi desnuda, para sentir su calor mientras yacía vestida sólo con su ropa interior.

Él pudo sentir la dureza de sus nalgas; ella sintió que él balanceaba su cuerpo suavemente sobre el de ella, lo que proporcionaba la fricción necesaria para lo que se avecinaba entre ellos.

Pasando las manos hacia arriba y hacia abajo por su cintura, él comenzó a besar sus hombros, salpicando besos por toda su piel, hasta la parte posterior de su cuello, un beso tras otro.

Vivian suspiró felizmente en sus brazos hasta que gritó de dolor cuando Leonard le mordió el lóbulo de la oreja.

Él mordió y chupó el lóbulo de su oreja.

Primero tiernamente, y cuando cayó en un estado de euforia, un aguijón de dolor la trajo de vuelta a la realidad.

—Duele —se quejó suavemente.

—Estaba destinado a doler —le mordisqueó la oreja para volver a besarle la nuca.

Cuando la giró, ella lo miró con esos inocentes ojos negros como si esperara su palabra para saber qué hacer.

Con ganas de jugar con ella, ladeó la cabeza.

—Está bien mirar hacia abajo, Bambi.

Necesitas familiarizarte con él, ya que lo verás a menudo —ante sus palabras, Vivian sintió como si la temperatura de la habitación se hubiera disparado.

Ella tragó saliva mientras él la esperaba en su lugar, esperando a ver si ella obedecía sus palabras.

—Dame tu mano —le habló dulcemente, y cuando lo hizo, la guio hacia su pecho y luego hacia su estómago.

Moviéndola más abajo, tocó su virilidad que se sentía cálida y dura en su mano—.

No tengas miedo.

—No tengo —respondió ella mientras se mantenía firme para no ser intimidada.

Ella tuvo el coraje de mirar hacia abajo y poner el largo miembro de él en su mano.

—Acarícialo —la guio para mover sus manos sobre las de ella.

Vivian estaba agradecida de que le dijera lo que había que hacer, ya que le dio un impulso de motivación, debido a que su corazón que estaba a punto de saltar y escapar.

Viendo como él le movía la mano hacia arriba y hacia abajo, ella continuó el movimiento por sí misma, y él la dejó continuar sola.

Recordando lo que había visto en el teatro nocturno cuando Leo la había llevado allí, decidió aumentar su velocidad.

Mirando hacia arriba, vio que su cabeza estaba echada hacia atrás, con los ojos cerrados, y los abría de vez en cuando para mirarla sin voltear a otro lado.

Sus labios se separaron, se le escapó un suspiro que avivó su entusiasmo por complacerlo después de ver la expresión placentera en su rostro.

Su mano se detuvo de repente cuando Leo agarró su muñeca para evitar que continuara.

—¿No está bien?

—ella le preguntó preocupada de haber hecho algo mal.

—Lo hiciste más que bien —besó su mejilla y luego la atrajo hacia él mientras su longitud endurecida presionaba su estómago.

Deslizó su dedo por sus labios, observando sus rasgos cuando empujó un dedo en su boca y le daba una mirada acalorada.

Queriendo hacer lo que había visto que la actriz le hizo al actor en el escenario ese día, trató de hablar.

Ella murmuró algo, levantando la cabeza mientras sacaba el dedo que le había presionado la lengua.

—Yo también quiero hacerlo —al oír esto, Leo arqueó una ceja.

—¿Hacer qué, Bambi?

—Umm, eso, lo mismo que hiciste…

—la siguió.

Quería intimidarla, pero como era su primera vez, decidió dejarla ir.

Verla así de nerviosa sólo lo excitó mucho más.

Como si ya supiera lo que ella quería hacer, él le preguntó— ¿Estás segura?

no tienes que hacerlo ahora mismo —retiró el mechón de cabello que tapaba su rostro.

—¿No puedo?

—ella le pidió que le acariciara la cara.

—No se trata que puedas o no puedas.

No tienes que sentir la necesidad de hacerlo ahora mismo para hacerme sentir bien, porque me siento muy bien complaciéndote —Leo la vio mirando a nada en particular y sus ojos se suavizaron—.

Vamos a guardarlo para otro momento —la llevó a la cama, besándola en los labios, pero para su sorpresa, Vivian miró abajo y le tocó la virilidad con ambas manos.

Al verlo levantar la ceja ante su acción, ella le devolvió la sonrisa con timidez.

Como un gatito ansioso, ella se cernió sobre él, y él la dejó ver cómo se sentía para no ahuyentarla.

Por ahora.

Vivian le pasó la mano por el pecho y luego por el hombro, inclinándose hacia adelante, apartó el cabello rubio de su frente con la mano para dejar un suave beso en su frente.

Sus labios se demoraron más tiempo con los ojos cerrados antes de apartarse para mirarlo.

Él tenía adoración y amor en sus ojos por ella.

—No me beses tan dulcemente, Bambi.

Tal vez no pueda contenerme contigo —declaró al verla sonreír.

Sus dedos recorrieron los músculos de su cuerpo.

Ella lo tumbo sobre la cama y se sentó sobre él con cuidado.

Sintió los músculos duros y su corazón latir cuando tocó su pecho con las manos.

Deslizándose sobre su cuerpo, dejó un rastro de besos desde su cuello hasta su pecho.

Pasando la mano por los contornos, mordisqueó su pecho, chupándolo hasta que se enrojeció.

Imitando lo que Leonard le había hecho, ella hizo lo mismo al dejar besos en su piel, la única diferencia era que, mientras Leo era duro, las mordeduras de Vivian eran pequeños mordiscos bastante entrañables a los ojos de Leo.

Incapaz de resistir más, la agarró por los brazos y la puso abajo, de tal manera a Vivian quedó apoyada contra la cama mientras Leonard estaba encima de ella.

Juntando ambas manos de ella con las suyas, le dio un beso que la hizo curvar los dedos los pies.

Besándola hasta que se quedó sin aliento, él se movió para atender los dos montículos en su pecho que buscaban atención y se habían endurecido.

Bajando la boca, la atrapó y la chupo antes de bajar y luego quitarle la ropa interior que llevaba.

Los dedos de los pies de Vivian continuaron curvándose aún más cuando él deslizó la última prenda de su cuerpo dejándola desnuda y abierta para tocarla.

Cuando sus ojos se encontraron con él, recibió una sonrisa, y hasta un jadeo salió de su garganta.

Su espalda se arqueó sobre la cama cuando él empujó su dedo entre sus piernas.

Siendo su primera vez, se aseguró de prepararla bien para poder empujar su virilidad más tarde.

Hubo algunos jadeos que intentó contener, y no muy feliz con eso, Leo empujó su dedo más adentro para obtener la reacción que quería de ella.

Sus ojos se empañaron con una neblina de deseo, sus labios se separaron y sus manos trataron de contener el placer que se agitaba en la boca de su estómago.

Sintiéndose embriagada, con la sangre recorriendo sus venas ardiendo de deseo, se hundió en el placer que Leo le proporcionaba Leo le dio un par de besos más en el cuello y luego levantó la cabeza para mirarla a los ojos y asegurarse de que ella se sintiera igual que él.

Sus ojos estaban dilatados por la lujuria.

Él la vio parpadear como si fuera a desaparecer el miedo que sentía.

Mientras la miraba a los ojos, la vio parpadear y ponerse roja, lo que lo hizo fruncir el ceño.

Al principio, pensó que era la luz de la habitación, pero tenía buena vista, mejor que la mayoría de los vampiros de sangre pura.

Mientras continuaba el juego previo, Leonard la miró a los ojos, que parpadeaban en color rojo.

No era oscuro, sino uno rojo brillante que aparecía y desaparecía.

Se preguntó si eran sus genes de sangre pura los que intentaban emerger combatiendo sus rasgos humanos.

Después de recuperar su visión, vio a Leonard mirándola a los ojos con el ceño fruncido.

Al darse cuenta, él le ofreció una sonrisa y ella la se la devolvió para tocar su rostro como atesorándolo, en ese tiempo espacio que temía que desapareciera si se dormía y volvía a despertarse.

Los lados del anillo que llevaba en su dedo anular brillaban debido a la luz que salía de la chimenea.

—Vivi, te amo —le confesó Leo.

Sus ojos se suavizaron, tenía una sonrisa en sus labios mientras lo miraba.

—Yo también te amo, Leo —respondió Vivian, y él le estampó un beso justo en su frente igual al que ella le había dado.

Al colocarse entre sus piernas, Vivian respiró hondo y sintió como él acariciaba su muslo.

—No tengas miedo.

Sólo duele al comienzo.

Se sentirá mucho mejor después —prometió con voz suave, persuadiéndola para que se relajara.

Dejando que una pierna de ella descansara sobre la cama, él tomó la otra y la colocó sobre su hombro para que no la cerrase cuando llegara el momento.

Sosteniéndola firmemente con una mano, usó la otra para frotar su virilidad contra la entrada de ella y verla estremecerse inicialmente, como si esperara dolor.

Cuando Leo tocó su sexo entre sus piernas con su virilidad, esperaba que le doliera, pero el dolor nunca llegó cuando él le frotaba su virilidad de arriba abajo sobre la entrada.

Por alguna razón, se sintió mucho mejor que su dedo.

Al frotarlo contra su sexo se sintió como dos piedras moviéndose juntas para crear una chispa de fuego, y cuando la chispa se convirtió en fuego ardiente, sintió un dolor punzante que la hizo llorar.

—¡Ahhh!

—las lágrimas corrieron por las esquinas de sus ojos.

Su interior se sentía como si estuviera roto con una fuerte sensación de ardor, mientras Leo esperaba a que ella se adaptara a su tamaño.

Queriendo aliviar su dolor, Leo cogió suavemente la pierna que descansaba sobre su hombro y la bajó sobre la cama y así su rostro quedó frente al de ella.

Él alisó los mechones de su cabello que habían sobresalido salvajemente, acariciando su cuello, esperaba que el dolor se desvaneciera.

—Shh.

Respira, cariño —la arrulló mientras lamía las lágrimas de ambos ojos con la lengua.

Mientras sus ansiosos ojos lo buscaban, ambos brazos lo alcanzaron y ella le rodeó su cuello.

Inclinando su rostro, dejó que la besara mientras intentaba olvidar el dolor— Envuelve tus piernas —ante sus palabras, Vivian hizo lo que le pidió, envolviendo sus piernas alrededor de la cintura de él.

Dándole el tiempo suficiente para comprenderlo, lentamente comenzó a moverse dentro de ella.

Gotas de sudor transpiraron sobre su piel con los fuertes ​​latidos de ambos chocando entre sí.

El brillo del sudor resplandecía a la luz, sus respiraciones, mezcladas con gemidos y suspiros de placer, era lo que se escuchaba en la tranquila habitación.

Sus manos se retorcieron sobre las sábanas que yacían debajo de ellas.

Cada vez que él se empujaba dentro de ella, ella arqueaba más y más, y él entraba más profundo; quería consumirla y poseer todo lo que ella tenía para ofrecerle.

Mientras continuaban moviéndose, Vivian pudo sentir que ella dejaba sus inhibiciones y abrazaba el placer que Leo le estaba dando.

Jadeos y gritos llenaron la habitación y se dio cuenta de que Leonard disfrutaba cada arqueo.

Pronto sintió que algo se acumulaba y, al mismo tiempo, vio el rostro de Leonard contorneándose con emociones que no podía comprender, que parecían sensuales con cada movimiento suyo.

Al llegar a la cima del placer, ella gritó su nombre: —¡Leo…!

Sus labios se separaron y hecho la cabeza hacia atrás cuando sintió que él se derramaba dentro de ella.

Sus piernas se relajaron y también todo su cuerpo, de modo que su espalda finalmente tocó la cama.

Su pecho se movía hacia arriba y hacia abajo, su respiración estaba acelerada por la cantidad de placer que había recibido su cuerpo, tarareaba su propia canción.

Durante el tiempo que estuvieron conectados, con Leonard empujándola hacia un nuevo borde, sintió que su alma abandonaba su cuerpo, y sólo regresó cuando sintió que la mano de él se colocaba suavemente sobre su mejilla.

—¿Estás bien?

—le preguntó Leo, asegurándose de que estaba bien y no tenía dolor.

Él mismo había perdido el aliento al tratar de calmar y contener el miedo a romperla.

Sacando su virilidad con cuidado, la vio estremecerse y luego volvió a abrir los ojos antes de ir a acostarse a su lado.

Si no fuera por sus agradables gritos que lo habían excitado, donde ella había gritado su nombre con cada empuje que hizo, él se habría preocupado.

—Sí —ella le dio una sonrisa impresionante.

La tomó en sus brazos, abrazándola cerca para escucharla susurrar—.

Gracias, Leo —jugando un poco con ella, le respondió con un “lo sé” mientras le pasaba la mano por la parte superior de la cabeza.

No hablaron más y se abrazaron.

Disfrutando de las secuelas del acto sexual.

Tenían en sus labios sonrisas sutiles mientras se escuchaba el zumbido del fuego antes de que se apagara la hoguera.

Vivian no se dio cuenta cuando sus ojos se cerraron, casi durmiéndose, pero cuando se abrieron, las cortinas sobre las ventanas estaban cerradas.

Fue uno de los días más bondadosos para la tierra de Bonelake y pudieron experimentar un día soleado, el segundo consecutivo.

Antes de que pudiera darse la vuelta, sintió el brazo de Leo alrededor de su cintura, con el pecho contra su espalda y su respiración sobre su cabello, que movía algunos mechones de su cabello cada vez que exhalaba.

El abrazo fue cálido y no pudo evitar empujarse hacia atrás para sentir su brazo apretarse aún más alrededor de su cintura.

Una sonrisa apareció en su rostro, la Navidad llegó como un rayo.

Todavía no se movía, podía sentir que Leo todavía estaba dentro de ella, llenándola como lo hizo hace unas horas.

Los movimientos de su relación sexual aún estaban frescos.

Su rostro se sonrojó, y bajó los ojos para pensar en lo que hicieron, lo que había sucedido en medio de la noche.

Ella había gritado su nombre cuando él se empujó dentro y fuera de ella a un ritmo continuo.

Con el reloj colgado al otro lado de la pared de la habitación, era difícil decir qué hora era.

Su espalda desnuda se sentía bien contra su pecho desnudo.

Con cuidado, se dio la vuelta para poder mirar la cara dormida de Leo.

Un lado de su rostro estaba presionado contra la almohada negra, sus pestañas se sacudieron contra su mejilla con los ojos cerrados.

Parecía tranquilo mientras dormía, sus sueños debieron haberlo arrastrado profundamente ya que ella podía ver los ligeros movimientos de sus ojos detrás de sus párpados.

La tranquilidad en su rostro era algo que deseaba poder proporcionarle todas las mañanas a partir de ahora.

Ella siguió mirando su atractivo, incapaz de creer que él fuera su esposo ahora y ella su esposa.

¿Cómo terminó atrayendo a un hombre tan amoroso que no sólo era dulce con ella, sino que también un hombre cariñoso, inteligente y guapo?

sus estrellas debieron haber sido bendecidas, pensó Vivian para sí misma.

Era el tipo de hombre que no le echaría una mirada a nadie, y aquí estaba él, que había puesto toda su vida en sus manos para amarlo y vivir con él.

Pedir más sería un abuso De repente, de la nada, sintió que la atraía hacia él.

¿Había estado despierto todo éste tiempo?

—Estás despierto —susurró.

—Lo he estado por unos minutos —respondió besando la parte superior de su cabeza.

Ella lo acarició sutilmente mientras todavía estaba avergonzada por lo que habían hecho— ¿Cómo estás?

—le preguntó preocupado al retirarse y mirarla— ¿Estás incómoda?

—continuó con su pregunta.

—Ah, estoy bien —le devolvió la sonrisa incómoda mientras miraba su pecho hasta que lentamente se encontró con sus ojos.

—Me alegra escuchar eso —jugó con su espalda, pasando el dedo en líneas al azar en zig-zag.

Vivian lo deseaba, como si estuviera esperando que él dijera o hiciera más, y su reacción fue lo suficientemente linda como para provocar una risa entre sus labios— ¿Qué pasa?

—¿Qué?

—ella frunció el ceño.

—Si sigues mirándome como lo estás haciendo ahora, tendré que continuar con lo que hicimos.

No me tientes, mi zorra.

Eres tan adorable que podría volverte a comer.

—¡No me comas!

—Leo se rio de la rápida respuesta que recibió, y ella sonrió al verlo alegrarse tan temprano durante el día cuando sólo se habían despertado.

Mientras el silencio caía sobre ellos, Vivian se puso a pensar antes de preguntar con voz baja— ¿Lo disfrutaste…

también?

—se sintió mal por no poder devolverle la cantidad de adoración que él le mostraba.

Ella se había ofrecido a hacer cosas que había visto, pero él se había negado diciéndole que podrían hacerlo en otro momento.

Sería egoísta de su parte no complacerlo.

—Lo hice.

¿Por qué la duda?

—le preguntó intrigado, antes de darse cuenta de lo que estaba pensando.

Levantando la mano que descansaba entre su pecho, besó el dorso de sus dedos— Estoy más que satisfecho de tenerte en mis brazos.

Hay días, semanas y años por venir en los que podemos tomarnos el tiempo para amarnos —le aseguró.

—No hice nada —dijo como decepcionada por su falta de acción.

—Hmm —se quedó mirándola con las orejas caídas de preocupación— ¿Cómo planeas complacerme?

—le preguntó con calma con una cara de póquer, pero la cara de la niña se encendió.

Ella no retrocedió.

—Lamiéndote Leo mantuvo una cara seria mientras miraba a su Bambi para besar su nariz.

Con una sonrisa en su rostro, él respondió… —Claro.

Puedes lamerme la próxima vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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