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Bambi y el duque - Capítulo 151

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151: Capítulo 152 – Mi esposa – Parte 2 151: Capítulo 152 – Mi esposa – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio En algún lugar se originó la creencia que rezaba que los niños vampiros de sangre pura eran demonios disfrazados de ángeles desde que eran pequeños.

Eleanor, la prima segunda de Leonard, tuvo la intención de lastimar a Vivian porque había estado celosa, hasta el punto de haber usado a su hermano para lastimarla y eso le costó a él un colmillo y aprendió lo difícil que puede ser Leonard al lidiar con ciertas cosas.

Leonard era una persona tranquila que normalmente controlaba sus emociones, excepto por el mal genio que surgía cuando estaba enojado.

Siendo discípulo del Señor de Bonelake, tenía características similares en lo que respecta al arte de la manipulación, pero la única diferencia era que Leonard no las usaba tan ampliamente como lo hizo Lord Nicholas.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—el pequeño Leo le pidió a la niña que se acercara a su lado, donde él se había agachado en el suelo con la cabeza entre sus rodillas.

Había estado caminando a una de las habitaciones libres para visitar a su tutor que había ido a hablarle sobre el consejo cuando la encontró a ella en el jardín.

—Se fue volando —murmuró la pequeña Vivian, suspirando como si el mundo hubiera llegado a su fin, ella se levantó para mirar en cierta dirección y él siguió mirando al frente, pero no había nada llamativo.

Vivian se volteó y lo vio sosteniendo un libro— ¿Vas a estudiar?

—ella le preguntó en voz baja.

—Umm —él asintió con la cabeza en respuesta, mientras todavía estaba tratando de buscar lo que ella había estado mirando le preguntó, volteando su vista hacia ella— ¿Qué te llamo la atención, Bambi?

—¿Hmm?

¡Ah, la mariposa!

—ella respondió, girando su cabeza para ver si todavía estaba por allí—.

La seguí en todas direcciones, pero no pude atraparla.

Estaba justo aquí —hizo un mohín.

—¿No tienes que recoger flores y completar los pedidos que Martha te ha hecho?

—le preguntó.

Era tan infantil que él no podía evitar preocuparse por su estupidez y pérdida de tiempo.

Era peor que su prima hermana, Charlotte, y él pensaban que ella era tonta.

Leonard era un niño prodigio, para su edad, tenía un mejor conocimiento y percepción de su entorno, por lo tanto, parecía que los demás eran estúpidos al lado de él.

Una amplia sonrisa se formó en sus labios, felizmente ella dijo.

—Terminé con todos los pedidos, entonces decidí perseguir una mariposa.

—¿Aprendiste a escribir las nuevas palabras que te di ayer?

—preguntó en un tono despreocupado.

Al mismo tiempo, Paul, quien había estado caminando por los pasillos donde se encontraba el jardín adyacente, disminuyó la velocidad de sus pasos para ver a Leonard y a Vivian afuera hablando entre ellos.

Aunque en ese momento Leonard no tenía aún el sentimiento de querer quedarse con ella, su comportamiento hacia ella había hecho que Paul se preocupara por ellos.

Seguramente, el joven maestro no hablaba con Vivian tan abiertamente cuando estaban frente a otros, también porque Vivian se habría escondido en algún lugar lejos de la familia y los invitados.

Paul sabía la cercanía que los dos niños compartían entre ellos y era algo que le preocupaba a futuro.

También sabía que la señora Carmichael los notaba juntos, pero la señora fue lo suficientemente amable como para no evitar que su hijo se hiciera amigo de la humilde humana que era sólo una criada.

Ante la pregunta de Leo, Vivian miró hacia otro lado como si quisiera buscar la mariposa.

—No sé —Leo frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir con que no lo sabes?

—el joven entrecerró los ojos.

Aparentemente, el joven maestro había estado tratando de enseñarle a Vivian lo que sabía, vertiendo su conocimiento en ella, lo cual era demasiado para la joven humana que recién había comenzado a aprender.

Parecía que estaba listo para darle un regaño cuando Leonard, y Paul, quien estaba oculto de la vista de ellos, oyeron.

—No estabas allí.

No puedo hacerlo sin ti —levantó la vista con sus inocentes ojos negros y los ojos del chico se abrieron.

Volteó la cabeza, confundiendo a la niña.

Se había volteado para ocultar el sonrojo que se había formado debido a sus inesperadas palabras.

—Debes ser realmente estúpida para no saber cómo hacerlo sin mí.

No estaré aquí todo el tiempo —se aclaró la garganta y la miró para verla jugar con la hierba debajo de ellos con los pies descalzos.

Leonard dudaba que ella incluso hubiera tocado los libros.

Lo distraída que ella era, era algo que encontraba muy intrigante—.

Te ayudaré a atrapar a la mariposa —ante sus palabras, sus ojos se iluminaron de emoción.

—¿En serio, Leo?

—ella sonrió.

—Sí.

Eso será mañana, pero a cambio, debes terminar lo que te di para que escribas sin mi ayuda.

Al menos inténtalo —no iba a ofrecer su tiempo sin obtener nada a cambio.

Puede que tenga poca capacidad de atención para su edad, pero algo le decía que había potencial en ella.

Nadie veía que era útil estudiar y prepararse para algo mucho más grande que el puro conocimiento.

—¿Me ayudarás a atrapar la mariposa?

—preguntó y lo vio asentir— ¡Terminaré pronto!

—sin esperar su respuesta, ella se apresuró a entrar a la mansión e ir a su habitación.

Leo se quedó allí mirándola correr con sus pequeños pies, preguntándose qué tan sencilla era su Bambi.

Paul, quien los había estado observando en silencio, vio sonreír al niño, lo que lo tomó por sorpresa.

¿Quién sabría que el joven maestro tenía esa sonrisa que lucía mucho más vivo que un muñeco hecho de piedra?

La criada provenía de un entorno humilde, una familia pobre a la que tenía que cuidar y mantener.

Sabiendo la dura realidad de la que ambos niños no eran conscientes, se preguntó si debería pasar por alto el asunto, pero parecían apegados el uno al otro y si pasaba el tiempo, a éste ritmo, él sabría lo difícil y angustiante que sería la situación cuando se convirtieran en adultos.

El hombre tenía buenas intenciones para ambos y, por esa razón, decidió mantenerlos separados durante un día o dos como prueba.

Como era de esperarse, la pequeña Vivian había terminado diligentemente su tarea esa noche al tomar la ayuda de la señora Carmichael.

Leonard le había dicho que no tomara su ayuda, pero él nunca le dijo que no tomara la ayuda de otros.

A la mañana siguiente, Paul hizo que Vivian conociera a Thomas, su nuevo amigo, que era su sobrino.

Olvidándose de la mariposa, la humana se había preparado para salir de la mansión junto con Paul, quien iba a encontrarse con su hermana.

Leonard no se lo habría dicho abiertamente a ella ni a nadie, pero inconscientemente estaba ansioso por atrapar la mariposa para la niña.

Cuando fue a encontrarse con Vivian en la sección de los criados, él la halló a ella vestida y lista para salir con Paul.

Ésta idiota, pensó Leo en su mente, al olvidar su palabra de atrapar a la mariposa.

No era que él estuviera interesado en atrapar una, pero hacerlo por ella de alguna manera le agradaba.

—¿A dónde vas?

—preguntó con voz desinteresada en su puerta.

—Paul dijo que nos encontraremos con Grace y Thomas ¿Vendrás?

—ella le preguntó ansiosamente.

—No —fue la respuesta rápida y aguda.

Estaba molesto.

Había completado todo su trabajo para hoy al quedarse despierto por la noche para poder ahuyentar a su tutor por el día por la única razón de tener tiempo libre, pero aquí ella estaba lista para salir.

—Está bien —dijo conscientemente al sentir el cambio en la atmósfera.

¿Bien?

pensó Leonard en respuesta.

Antes que se fuera, Leonard dijo.

—La gente de la aldea tiene fantasmas escondidos allí —esto llamó su atención, el miedo llegó a quedarse en su rostro.

—¿Fantasmas?

—No recuerdas lo que sucedió la última vez que un niño desapareció —la verdad, fue que una bruja quien secuestró al chico del vecindario, pero el niño no sabía sobre las brujas y, por lo tanto, lo convirtió en fantasma—.

Los fantasmas están buscando niños para comérselos —al escuchar esto, Vivian se mordió el labio sin saber qué decir.

Al ver a Paul caminar hacia la habitación de Vivian, Leonard decidió quedarse callado y darle tiempo para escudriñar en lo que dijo con la esperanza de que esto disuadiría su plan del próximo día.

—Paul, ¿hay fantasmas?

—le preguntó la niña recibiendo una mirada de confusión.

—¿Fantasmas?

¿Dónde, Vivi?

—el hombre realizó una inocente pregunta.

—¡En la casa de Thomas!

Paul se echó a reír, mirando a Vivian, quien tuvo que estirar el cuello para mirar al hombre alto.

—No, Vivi.

No hay ninguno y si los hay, me aseguraré de alejarlos de ti —Vivian asintió con la cabeza con una sonrisa.

Miró a Leonard como si quisiera asegurarle que ella estaría a salvo si Paul está con ella.

—Estaré a salvo, Leo —el criado miró a su joven amo preguntándose qué conversación estaban teniendo antes de que él llegar.

Leonard no se molestó en responder a sus palabras mientras la regañaba internamente.

—Estaré esperando afuera, Vivi —le informó Paul mientras miraba a Leonard como si descubriera algo.

Paul tuvo que ir a visitar el mercado, por lo tanto, el Sr.

Carmichael había dado su aprobación para tomar el carruaje viejo y oxidado que se usaba para los sirvientes en raras ocasiones.

Vivian se subió a su cama para buscar el papel que había dibujado para Grace y Thomas.

Para mostrarles lo que había hecho y cuánto había mejorado en su dibujo, que en realidad no era mucho, pero lo importante no era el talento sino el esfuerzo que puso en él, lo que los hizo elogiarla.

Con Paul fuera de la vista, Leonard salió con Vivian una vez que terminó de agarrar todo lo que llevaba consigo.

Mientras caminaban, Leo habló… —¿Qué pasó con lo de atrapar mariposas?

—le preguntó a ella.

—Las atraparemos más tarde Así que ella había decidido poner a Thomas primero y a él segundo, pensó Leo para sí mismo.

Saliendo de las habitaciones de los sirvientes, caminaron hacia la puerta principal con nadie más que Martha a la vista, quien estaba limpiando las escaleras.

Luego, Leonard habló con Vivian.

—En realidad tenemos mariposas en el florero aquí —inventó una mentira blanca para verla romperse la cabeza.

—¿Eh?

pero las mariposas morirán —dijo al verlo encogerse de hombros.

—Ve a mirar ese Jarrón azul —señaló con la cabeza hacia el jarrón azul que no estaba lejos de donde caminaban—.

Continúa —le dijo con calma.

Después de calcular su reacción, la vio brincar sobre sus pies para ir al florero y echar un vistazo, pero ella era baja.

Al ir a recoger el jarrón, estaba a punto de mirar cuando gritó y dejó caer el jarrón de su mano.

—¡Vivian!

—Martha miró a la niña con horror absoluto.

Vivian parecía asustada, corriendo detrás de Leo al ver el lagarto color crema que se arrastraba por el suelo que había salido del jarrón roto.

Leonard ya conocía la presencia del lagarto que estaba en el jarrón, ya que fue él quien lo colocó allí, pero nunca habría pensado que sería de utilidad.

—¿Qué hiciste?

¡No puedes ir rompiendo todos los jarrones de la mansión!

—la ama de llaves la regañó con una voz estricta y desaprobatoria.

Miró a su alrededor para ver que no había nadie a la vista— ¿No te dije que te mantuvieras alejada de los jarrones?

—Pero Leo dijo… —Vivian —Martha usó la voz como si se tratara de su propia hija quien se comportó mal—, no puedes llamar al joven maestro por su nombre.

Es el maestro Leonard —trató de corregir a la niña.

¿Qué, qué?

—Maestro Leonard —murmuró Vivian mirando hacia abajo con las manos cruzadas frente a ella mientras estaba parada detrás de él.

—Ah, el jarrón —la mujer miró hacia el piso preocupada.

No era ni la primera ni la segunda vez que pasaba.

Ella había notado que la niña era terrible cuando se trataba de sostener cosas delicadas con las manos.

Era como si sus manos estuvieran hechas de mantequilla y dejaba caer todo.

Debido a esto, había evitado darle un trabajo delicado, después de todo, era una niña, pero no podía justificarla ante los propietarios.

Cada artículo en la casa tenía el valor del salario de un sirviente.

Ya cansada del trabajo que había estado haciendo, dijo— Como castigo, no irás con Paul.

Vivian levantó la vista de repente con una cara triste.

No sólo había sido regañada, sino que también se le había negado a salir.

—No lo haré…

—dijo la pequeña, pero Martha no la escuchó sin importar cuán linda fuera la chica.

Si el ama de llaves no la rectificaba ahora, la niña sólo continuaría repitiendo sus errores.

Martha tenía una expresión severa en su rostro.

—Iré a decirle a Paul.

Ve a tu habitación, Vivian…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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