Bambi y el duque - Capítulo 152
- Inicio
- Todas las novelas
- Bambi y el duque
- Capítulo 152 - 152 Capítulo 153 – Mi esposa - Parte 3
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
152: Capítulo 153 – Mi esposa – Parte 3 152: Capítulo 153 – Mi esposa – Parte 3 Editor: Nyoi-Bo Studio Martha caminó hacia las puertas principales dobles donde Paul esperaba afuera.
Al escuchar lo que Marta tenía que decir, Paul frunció el ceño ligeramente y asintió con la cabeza ante la decisión de la anciana.
El jarrón apenas había tenido un mes en la mansión y estaba roto.
Echando un vistazo al jarrón roto, sus ojos se abrieron ante las muchas piezas que se encontraban en el suelo blanco.
Su mirada se movió para encontrar a los dos niños que estaban allí.
Vivian tenía la cabeza agachada, mientras Leonard le hablaba como si la estuviera consolando.
Como si sintiera su mirada, Leonard volteó a ver a Paul, y aunque era un niño pequeño, sus ojos rojos oscuros, que delataban su linaje, hicieron sentir al criado como si lo estuviera juzgando.
El joven maestro miró a Paul queriendo que se fuera para poder quedarse con la niña a su lado.
—No te preocupes, Bambi —la consoló después de ver lágrimas en sus ojos, ya que Martha se había enfadado con ella—.
Hablaré con Martha —al lograr su objetivo, sintió que su corazón se había calmado.
… Leonard ahora echó agua sobre la pálida piel de Vivian.
Paso sus manos por los puntos negros que le habían salido en los costados de la espalda, la dejó apoyarse sobre él y comenzó a lavar su frente.
Vivian respiró a ritmo constante, su corazón estaba tranquilo y se encontraba en silencio en la bañera.
Después de pasar tiempo compartiendo su desnudez con el otro, se sintió menos tímida a su lado, se había acostumbrado a él.
Leo trajo el exfoliante seco de ramitas para sumergirlo en el agua antes de comenzar a lavarle la zona del pecho con movimientos circulares.
Lavando sus senos y bajando hacia su estómago, él soltó el exfoliante para usar sus manos suavemente y así limpiar los pliegues entre sus piernas, sondeándolos con cuidado para que ella no se sintiera incómoda, él la limpió y sintió su suavidad.
Un pequeño jadeo salió de sus labios y el sonido fue placentero para los oídos de él, haciéndole querer escucharla más.
Siendo egoísta, empujó su dedo para sentirla apretarse contra él, junto con su mano que se aferró a su muslo bajo el agua.
Sus pies se estiraron en el agua, presionando el costado de la bañera donde estaba con la cabeza echada hacia atrás cuando él empujó su dedo más profundo.
Al ver que ella no tenía dolor, él movió su dedo dentro y fuera para sentir el calor que estaba a la misma temperatura que el agua.
Leonard se aferró a su cuello, mordiéndolo y chupándolo para duplicar el placer de ella.
—¿Más?
—preguntó mirándola.
Ella tenía los ojos cerrados.
Al no recibir una respuesta, él saco su dedo de entre sus piernas y ella abrió los ojos.
Vivian podría ser abierta en algunas cosas, pero aún había otras cosas que no podría decirle directamente.
Ella quería hacerlo con él, pero no sabía que podría pensar él de ella.
—¿Qué te dije acerca que fueras abierta y me dijeras lo que sientes?
—él quería que ella le dijera todo.
Alejando su rostro de él, miró sus pies juntos mientras su sensación de placer aún estaba alta y al borde.
Sabía la respuesta, pero quería escucharla de sus labios.
Al ver su renuencia, Leo decidió esperar, ya que todavía podía escuchar la frecuencia de sus latidos.
Después de unos segundos, Vivian habló.
Su voz salió tímida: —Más.
—¿Más qué, Vivi?
—él la probó y la sangre fluyo por su rostro sonrojándola.
Ella dijo lo que él deseaba oír la primeva vez que preguntó.
—Tócame más —sintió un escalofrío recorriendo su columna cuando la escuchó jadear de agradecimiento.
—Por supuesto, mi querida esposa —empujó su dedo hacia adentro para darle vuelta esta vez, moviéndolo dentro y fuera mientras la bañera se llenaba con Vivian temblando en sus brazos hasta que alcanzó la cúspide y se desplomó sobre su pecho—.
Que dulce eres —murmuró besando su sien.
—Eres un matón…
—dijo ella con su cuerpo cansado y desplomado contra el pecho de él.
Una sonrisa se pintó a sus labios.
Una vez que salieron del baño, Leonard la llevó a la losa para sentarla allí mientras ambos se secaban.
Bajando al comedor, Vivian fue la primera en sentarse a la mesa, en la silla donde solía sentarse.
Leonard, que a menudo se sentaba frente a ella en el lado opuesto, hoy se sentó a su lado.
Jan, el amo de llaves, había visto a la pareja llegar tarde a casa, sin saber dónde habían estado, y al ver que no era asunto suyo, les sirvió el almuerzo, pero era difícil no notar que había algo diferente en la pareja.
No fue hasta que fue a la habitación del maestro para limpiar las cosas que vio sangre en la sábana.
Mientras Leonard y Vivian comían tranquilamente, la puerta de entrada de la mansión sonó ruidosamente.
Cuando la puerta se abrió, Vivian estaba bebiendo jugo de naranja que le habían dado cuando el Lord llegó con una cesta llena de frutas atada con cintas.
—Buenos días, tórtolos —los saludó Lord Nicholas con una sonrisa de complicidad en su rostro.
Le entregó la canasta al amo de llaves.
La pareja miró al hombre con escepticismo, pensando por qué había venido—.
Qué mal educados al no invitarme al más importante momento de sus vidas.
—Leonard entendió, pero el Lord miró Vivian—.
No esperaba que te fueras en tu gran día —ella lo miró pensativa.
—Me sorprende que no hayas entrado justo después de escucharlo —Leonard se burló del hombre recibiendo una gran sonrisa.
El señor de cabello castaño caminó hacia la mesa para recoger una fruta cortada.
—Pensé que ambos podrían querer un poco de privacidad.
Niños traviesos, adelantando las cosas sin que nadie lo note —Lord Nicholas mordió la fruta antes de poner otra en su boca.
Antes de que Leonard pudiera comentarlo, el Señor habló—.
No te preocupes, no fue Toby —Toby era el ave mascota de Lord Nicholas, que a menudo volaba para buscar información.
—Eso es bueno.
Uno de estos días, el pájaro podría morir de un disparo mío —dijo Leonard.
Vivian, quien había finalizado su comida, fue a buscar las servilletas cuando Lord Nicholas, quien estaba sentado cerca, las recogió para dárselas.
—Qué cruel, no deberías pronunciar esas palabras.
Especialmente cuando es tu primer día de matrimonio —se rio entre dientes.
Jan, quien estaba levantando los platos de la mesa, terminó golpeando un plato contra el otro, antes de abandonar el comedor y luego regresó para limpiar el resto de la mesa.
—Si sabes tanto, también debes saber que auto-invitarte es descortés —respondió Leonard.
Lord Nicholas asintió con la cabeza.
—Pero no creo que necesite una invitación para dar las felicitaciones por el matrimonio de mi querido hermano —levantó la mano como para enfatizar sus palabras, mostrando la conexión que Leonard y Nicholas tenían el uno con el otro.
Recibiendo una mirada de ceja levantada por parte de Leonard, el Lord corrigió—.
No hermano, sino la boda de mi encantadora hermana Vivian, ¿verdad?
—le preguntó a ella.
Vivian estaba sorprendida por el repentino cambio en la relación entre ella y Lord Nicholas, pero estaba feliz de escucharlo llamarla su hermana.
Hasta ahora, ella nunca había sido la hermana de alguien y pensar que él la llamo hermana la hacía feliz.
Al ver su reacción, Leonard comentó: —No caigas en su juego de palabras, Vivi —sin embargo, sonrió.
—Lo digo en serio.
Vivian, ¿no te di mi palabra de que podrías venir a visitarme en cualquier momento?
—Se lo dices a todos —Leonard puso los ojos en blanco.
—No lo hago —Lord Nicholas se comportó como si fuera acusado de algo que no hacía cuando realmente lo hacía—.
Vivian, de ahora en adelante eres mi hermana.
Te doy mi palabra de que siempre puedes venir a mí en busca de ayuda de cualquier índole y en cualquier momento y no te diré que no —Leonard lo miró con los ojos entrecerrados como si el Lord estuviera tramando algo, por su parte, Vivian tenía los ojos ligeramente abiertos—.
Tienes mi palabra.
—Gracias, Lord Nicholas —ella respondió.
—De ahora en adelante puedes dirigirte a mí como Nicholas o Nick.
Ahora que lo pienso, no tenía una hermana —dijo, como si la idea le acabara de llegar a la mente, pero tampoco tenía un hermano.
Hubo una vez un niño que llegó a la puerta, afirmando ser hijo del padre del Lord.
Eso fue hace años cuando acababa de llegar a la Mansión de Rune.
Podría ser cierto, ya que su padre tenía la costumbre de mujerear por toda la tierra de Bonelake.
A diferencia de su padre Wilhelhum, Nicholas se había ganado un nombre de mayor prestigio como figura pública, por eso todos lo amaban mucho más, ya que el Lord anterior no era el hombre al que alguien querría llamar heredero.
—Sí, hermano Nicholas —Vivian sonrió ampliamente.
Para alguien que no tenía hermanos, estaba feliz de llamar a Lord Nicholas como su hermano.
Las únicas relaciones previas que había tenido con otras personas era de sirvienta, de amante y de amiga, pero nunca había recibido otros afectos o nombres que pudieran llamarse como una relación de hermanos.
—No vayas a construir una relación con mi esposa —Vivian sintió que Leonard le pasaba la mano por el hombro posesivamente.
Aunque el Señor no había querido hacer daño, a Leo no le gustaba la idea que ella tuviera una nueva relación con nadie más que con él y no importaba si era de interés romántico o no.
Estaba convencido que su mujer tenía el don de transformar los afectos de los hombres y ellos terminaban enamorándose, y con ese ligero miedo en su corazón, quería evitar cualquier relación de ella antes de que algo brotara y floreciera a futuro.
Vivian se sonrojó ante los celos abiertos que Leo mostró y había sonreído tímidamente cuando sus ojos se encontraron con los ojos del Lord.
Se preguntó cómo Lord Nicholas se enteró de su matrimonio.
Dudaba que la hermana Isabelle o el padre Connor se lo hubieran dicho a alguien, ya que era una boda privada que había tenido lugar súbitamente a medianoche.
Si no fue por el cuervo…
debió haber sido un ghoul, pensó Vivian para sí misma.
Había visto algo acechando en la oscuridad, pero pensó que era sólo una sombra creada por la luz sobre los objetos entre los árboles.
Si ella hubiera vista algo, Leo también debió haberse dado cuenta.
Se preguntó si el ghoul de Lord Nicholas estaría en la iglesia con ellos.
Curiosamente, ella extrañaba al ghoul.
Al principio, había tenido miedo de ver a la extraña criatura, pero uno de ellos tuvo la amabilidad de ayudarla a curar su herida cuando había estado en el consejo.
—¿Dónde están?
—preguntó fuera de contexto para ver a Lord Nicholas y Leonard que la miraban con expresión inquisitiva—.
Los demonios.
La sonrisa de Nicholas vaciló mientras la miraba por unos segundos.
—Los he enviado a los dos lejos de Bonelake por el día.
Uno ha sido enviado al consejo y el otro para seguir a alguien.
No sé cómo decirlo, pero creo que uno de mis demonios está apegado a ti —Leonard frunció el ceño al escuchar esto.
—¿Qué quieres decir?
—preguntó Leo.
—El ghoul llamado Everest parece seguirla a donde va, incluso después de que le ordené que fuera al consejo hace tres días —suspiró Nicholas mirando por la ventana—.
Al principio pensé que fue sólo una vez, pero parece que él le gusta seguirla como una sombra —Vivian no sabía cómo reaccionar al escuchar a Lord Nicholas hablar sobre el demonio que la había estado siguiendo y tampoco sabía que el ghoul tenía un nombre—.
Inicialmente le dije que la siguiera, pero ha le he pedido que deje de seguir a VIvian.
No sé por qué aún lo sigue haciendo, aunque ya he cancelado mi orden anterior.
Por eso Lord Nicholas está aquí.
Pensó Vivian en sus adentros.
No era sólo para felicitarlos, sino también verificar si su ghoul había venido para estar cerca de ella.
—¿Vino a hablarte, Vivian?
—preguntó Leonard intrigado porque el ghoul no estaba obedeciendo a Nicholas.
Parecía extraño que una criatura que lo único que había hecho era matar, hubiera comenzado a seguirla.
Vivian negó con la cabeza.
—No lo hizo luego de la inscripción para el examen del consejo —Está bien, Leonard, tendrá menos de que preocuparse una vez que te unas al consejo…
o tal vez, te lo regalaré si apruebas el examen —dijo Lord Nicholas sonriéndole.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com