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Bambi y el duque - Capítulo 162

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162: Capítulo 163 – Baile de invierno − Parte 1 162: Capítulo 163 – Baile de invierno − Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Viendo como Leo la presionaba contra el espejo, Vivian sintió que su cuerpo se calentaba.

Ella quería cerrar los ojos, pero la forma en que él la miraba a través del espejo le hacía imposible no mirarlo como si estuviera bajo un hechizo hecho para la eternidad.

Cuando la mano de Leo se movió por su espalda, para sentir la redondez de su trasero, los labios de ella se separaron ligeramente con su pulso latiendo al compás de su aliento.

La mano de ella se posó sobre el espejo cuando sintió que él le quitaba el cabello del rostro, el cual se había tapado cuando ella fue al vestuario para ver cómo le quedaba el vestido.

Un escalofrío de deseo recorrió la columna vertebral de ella cuando el dedo de él se deslizó por su espalda desnuda.

La uña de ella se hundió más profundamente en su piel.

—¿Lo olvidaste?

—No lo hice —susurró en un tono apresurado.

—¿Es así?

vi al hombre coqueteando contigo mientras le devolvías la sonrisa.

¿No?

—su mano se deslizó alrededor de su cintura mientras la otra le apretaba el trasero.

—No quise decir que fuera así.

Sólo estaba siendo educada —respondió ella cuando se volteó para mirarlo.

Leonard le pasó el dedo por la mejilla, acariciándola mientras ella se inclinaba por su toque, ansiando más, y sus ojos se abrieron con los labios separados, su pulgar bajó por su labio inferior antes de meterlo en su boca para que dejara de hablar.

—No tienes que ser cortés con todas las personas que caminan por estas tierras.

Si no te conociera mejor, habría asumido que sólo estabas tratando de ponerme celoso —los ojos de él tenían tanto fuego que podrían quemarla—.

Él te puso las manos encima, tocó algo que es mío ¿Cómo quieres que reaccione?

—él dejó la decisión en manos de ella.

Vivian habría dicho juguetonamente que matara al hombre, pero Leonard no era necesariamente un hombre de juegos.

A veces sus palabras podrían ser tomadas con importancia, tanto, que, si ella las pronunciaba, él mataría al hombre.

Cuando él quitó el pulgar de su boca, ella dijo.

—Debe haber sido un error.

Él sólo me estaba ayudando —dijo ella, quien no quería que sus palabras mal interpretadas le costasen la vida al vendedor.

Ella lo escuchó tararear en respuesta, él había estado mirando sus labios y escuchando sus palabras.

Su mirada se clavó lentamente en los ojos negros e inquietos de ella.

—No encubras al hombre por lo que ha hecho ¿Crees que era un caballero tratando de ayudar a una chica humana?

tanta ingenuidad  —murmuró, manteniéndola donde estaba ahora, con la espalda apoyada en el espejo, y continuó hablando—.

Un hombre como él, tocándote tan cerca, revoloteando a tu alrededor, sólo significa que quiere llevarte a la cama.

Quiere arrancarte la ropa que llevas puesta, recorrerte con las manos y cogerte —su repentino uso de palabras crudas la sobresaltó.

—No quise hacerlo —ella se disculpó rápidamente por que no quería escuchar que el continuara con lo que quería decir sobre el hombre.

La hacía sentir más incómoda que cuando el vendedor se había parado detrás de ella.

Las palabras de Leo a veces eran descaradas y sin filtro, lo que le llegaba directamente al corazón.

Podría hacer que su corazón palpitara o romperse en un millón de pedazos, como lo había experimentado en el pasado, y no quería sentirse de esa manera.

En su defensa, se había alejado del hombre y había tratado cortésmente de decirle: no gracias.

—Sé que no quisiste, mi dulce Bambi.

No lo quisiste hacer y sólo digo lo que piensan otros hombres cuando ven a una mujer como tú —sin dejarla ir todavía, continuó hablando—.

Te ves realmente fascinante con éste vestido.

No puedo resistirme a morderte.

Vivian entró en pánico y empujó su pecho.

—¡Leo!

no aquí, por favor —susurró.

Cuando ella lo empujó aún más, él atrapó ambas manos de ella en una mano—Por favor —dijo ella, pero Leo había perdido todo su razonamiento.

—Te he mencionado esto, Vivi.

Cuanto más suplicas y me miras así, sólo me excitas más —le habló con una voz tranquila que la asustó un poco, pero la excitó al mismo tiempo.

En ese momento.

Leo la asustaba por la forma en que la miraba.

Era como si fuera una presa que iba a ser torturada y comida viva lentamente.

Su nariz chocó contra su columna al nivel de su cuello, dejándole pequeñas marcas de mordiscos y besos.

¡No era que Vivian no quisiera que la tocara!

Sino que el lugar en el que estaban se encontraba fuera de la mansión.

¡Era una tienda, por el amor de Dios!

Aunque no todos escuchaban bien, se avergonzaría absolutamente si Lord Nicholas o cualquier otro trabajador de la tienda estuviera afuera del probador.

Leo era el tipo de hombre que no se preocupaba por asuntos tan triviales, pero Vivian sí, y eso sólo la ponía más nerviosa.

Antes de que ella pudiera pedirle que la dejara ir para que pudiera cambiarse de ropa, lo escuchó hablar.

—¿No me dejas tocarte?

necesito la seguridad de que eres mía —el rostro en blanco de él se volvió hacia ella, era el rostro que usualmente tenía hacía ella cuando quería algo o quería que ella hiciera algo o que lo escuchara.

Parecía demasiado atractiva para que él pudiera resistirse de no querer hacerla suya allí.

Los ojos de Vivian se abrieron ante sus palabras, e insegura de si sería capaz de hablar, sacudió la cabeza, parecía que su cuerpo ansiaba su toque, pero su mente se negaba al posible placer que se le iba a dar.

—La gente nos va a cuestionar.

—Déjalos.

Una vez que se enteren, se correrá la voz y sólo aumentarás mi preocupación cuando estés lejos y en algún lugar donde mis ojos no puedan encontrarte —él la responsabilizó a ella, haciéndola sentir culpable para que ella cediera.

—No lo harán si sales del vestidor ahora —Vivian era suave, parecía que estaba perdiendo su determinación mientras hablaba.

—¿Tienes miedo de lo que la gente vaya a pensar?

—ante su pregunta, ella asintió con la cabeza preocupada y se pasó la mano por la frente— Está bien.

Incluso el hombre que te estaba tocando tan frívolamente debería saber a quién perteneces y no tocar lo que es de otro.

Él jugó con el cabello de ella, girándolo y probándolo entre sus dedos mientras la esperaba.

De esa forma, él la miró con una expresión acalorada, su resolución comenzó a crecer de nuevo.

Él le dirigió una sonrisa que disolvió todos los muros posibles que ella había construido para no verse afectada por su encanto.

No era dulce ni educado, era malvado, pero lleno de travesuras que la hacían excitar.

—Te estoy probando —dijo sin darle la opción de negarse.

Ella no parpadeó, pero escuchó la repentina rotura de tela de la parte delantera del vestido que llevaba y sus ojos casi se caen de su rostro— Es un vestido hermoso, pero realmente difícil de quitar —con esas palabras, acercó sus labios a los de ella, estrellándolos para presionarlos con tal posesividad que Vivian no sabía que existía.

La lengua de él se deslizó en la boca de ella, vacilante, ella abrió la boca para que él pudiera dominarla mientras él tomaba el control del ritmo del beso.

Sus lenguas se frotaban una contra la otra, bailando a su propio ritmo.

Sus labios eran ásperos cuando la chuparon haciéndola llorar.

—Le harás saber al niño lo que estamos haciendo si eres tan ruidosa.

Quizás debería tenerte frente a ese humilde vendedor para mostrarle a quién perteneces —él arrastró sus labios y mordió la parte superior de su pecho.

Vivian, incapaz de mover sus manos, trató de liberarse, lo que no le cayó bien a Leo.

Infeliz porque quería escapar, él la mordió con más fuerza para provocar otro grito de esos delicados labios rosados.

—¡Ah!

Sintió su lengua mojada y gruesa correr sobre la piel enrojecida que había sido mordida.

—Rasgaste el vestido —habló con preocupación.

—Deberías preocuparte por ti misma y no por el vestido —rasgó el vestido aún más para revelar sus senos por completo.

—¡No lo hagas!

—ella le gritó, susurrando con horror.

Aunque personalmente no sabía cuánto costaba el vestido, sabía que no era nada barato.

Ella acercó sus manos para cubrirse el pecho.

Desde que se casaron, Leonard había comenzado a amarla más que antes.

La forma en que hablaba con ella, la forma en que la cuidaba y la mirada decía cuánto quería poseerla, aunque nunca hablaba una palabra al respecto.

Para Leonard, no se trataba de seguridad, sino de la necesidad de poseerla en ese momento, y no dejaría que nadie la mantuviera alejada de él.

La correa que sujetaba su pantalón ahora se había soltado y cuando supo que ella era suya, no vio el punto de contener lo mucho que quería amarla y adorarla.

Colocando sus manos alrededor de su cuello, le dio un beso a la cara mientras ella todavía intentaba cubrir con sus manos su cuerpo que no estaba bien cubierto con el vestido roto que ya no podría ser reparado.

Él lamió su labio superior juguetonamente.

Quería consumir cada parte de ella, por la forma en que lo miraba, como una mascota que quería ser llevada a casa, alimentada y acariciada, él apretó los dientes con ganas de morderla, haciendo que sus ojos parecieran salvajes.

Vivian no sabía lo que le había pasado a Leonard, pero sus bromas habían ido demasiado lejos y estaba convirtiendo sus palabras en realidad.

Sólo Dios sabía lo que pensarían los miembros de la tienda sobre ellos y el vestido roto, la vergüenza cayó sobre su rostro.

Al estar así con él en una habitación pequeña y acogedora donde podía hacer lo que quisiera, ya que nadie se atrevería a entrar e interrumpir lo que estaba haciendo el duque, un pequeño escalofrío recorrió su cuerpo y Leonard lo notó.

Sus ojos parecían llenos de pasión y ella dudaba que sus palabras lo disuadieran.

Se casaron, pero había momentos en que ella se preguntaba por qué éste hombre la amaba tanto.

Para ser amada y necesitada con tanta pasión sin tener en cuenta a ninguna otra persona, se preguntó si era porque él era Leonard Carmichael o porque así era cómo él se sentía por ella.

La asustó, pero al mismo tiempo, hizo que su pecho se sintiera encrespado y ella ya no podía negarse.

¿Cómo podría?

Antes de que ella supiera acerca de su linaje de vampiro de sangre pura, el hombre la había marcado desde el principio.

Se sintió especial hasta que sus pensamientos volvieron al presente cuando Leonard le apretó el pecho al bajar las manos.

Un suspiro de gemido escapó de su boca.

—Tan suave —susurró mientras frotaba sus dedos y pellizcaba las oscuras puntas de sus senos— ¿No dijiste que querías hacer algo por mí, que te sentiste mal?

—le preguntó, y aturdida, Vivian, quien tenía los ojos cerrados, los abrió para mirarlo a los suyos.

Cuando sus palabras la penetraron, sus mejillas se pusieron más rojas por segundos.

—Lo hice, pero…

—ella no pudo terminar su oración.

—Sólo estamos tú y yo aquí.

No tienes que preocuparte por los demás —besó su mejilla— ¿No me ayudarás, Bambi?

—esperó su respuesta, jugando con sus senos, tirando de vez en cuando y usando su boca para pellizcar las puntas.

Hacer cosas a puerta cerrada era diferente de hacer cosas como estas en público donde podían escucharlos.

Vivian tragó saliva y se le secó la garganta sin necesidad de mirar la mitad inferior del cuerpo que estaba presionado contra el suyo.

Él se apartó de ella, su espalda golpeó el otro lado del espejo mientras se recostaba con sus ojos sin romper la conexión con los de ella.

Miró hacia las cortinas para asegurarse de que Leo hubiera cerrado la puerta antes.

A diferencia de ella, Leo estaba bien contenido, excepto por sus ojos salvajes que le daban una pista de lo que quería de ella.

No hizo ningún movimiento y se quedó quieto.

No dijo nada en ese momento, esperándola y sorprendiéndola también.

Tímidamente, Vivian soltó sus manos para dejarlo y dar un paso cerca de él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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