Bambi y el duque - Capítulo 167
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- Capítulo 167 - 167 Capítulo 168 – Casa llena - Parte 1
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167: Capítulo 168 – Casa llena – Parte 1 167: Capítulo 168 – Casa llena – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Después de darle la noticia a la criada, Vivian miró a la anciana que la miraba con ojos sorprendidos, moviéndolos de un lado a otro, viendo a la pareja antes de inclinar la cabeza y decir: —Felicidades, maestro Leonard y Lady Vivian —los felicitó.
—Todavía no le hemos dado la noticia a nadie, por lo tanto, quisiera agradecerle que lo mantuviera en silencio por un tiempo, Sra.
Clark —la mujer asintió con la cabeza un poco confundida en cuanto a por qué mantendrían su matrimonio en secreto.
—Sí, maestro Leonard —ella aceptó su pedido.
Leonard, quien había llegado a conocer a la mujer, sabía que ella no era del tipo de persona que le contaría a la gente, no porque fuera una sirvienta, sino por un cierto incidente que había tenido lugar en el pasado.
Fue cuando tenía dieciséis años y había venido aquí con Maximilian durante la primavera.
Siendo muchachos, habían salido a la ciudad cuando estalló una pelea, un malentendido con un chico local.
Aunque Maximilian lo había dejado pasar, el chico local, que era de sangre caliente y con quien había peleado, lo había seguido a su casa y había tratado de herirlo en venganza.
Una cosa llevó a la otra y en un accidente que no pudo evitarse, el niño se golpeó la cabeza contra la pared, se partió la cabeza y cayó al suelo.
Todavía podía recordarlo muy claramente como si hubiera sucedido ayer.
El niño no sólo se rompió la cabeza cuando Maximilian lo empujó, sino que el impacto en la pared fue tan grande que causó que le saliera un gran flujo de sangre cuando cayó al suelo.
El olor a sangre despertó el hambre en los vampiros de sangre pura.
La señora Clark, quien estaba durmiendo, se había despertado debido a la conmoción y cuando salió a ver qué estaba pasando, el chico yacía muerto en el suelo.
Ninguno de ellos quería que la pelea terminara así, pero el accidente había tenido lugar de todos modos y condujo a la muerte del niño.
Si alguien se hiciera cargo del asunto e informara sobre lo sucedido, la culpa recaería sobre el vampiro y no sobre el humano.
Las leyes podrían inclinarse por los humanos ya que eran frágiles y la misma ley no amparaba a las criaturas nocturnas.
Joven o no, Maximilian habría sido llevado juico, sus colmillos habrían sido rotos para llevase la vergüenza de ser un vampiro de sangre pura débil o sería puesto en una celda que no era un lugar en el que un niño quisiera estar.
Los sirvientes que formaban parte de las antiguas familias de vampiros de sangre pura eran extremadamente leales a sus dueños.
Especialmente aquellos cuya familia había servido a la familia generación tras generación.
Ella era humana, pero le había pedido al joven maestro Gibbs que no se preocupara.
Había llevado el cuerpo al bosque y enterró al niño lejos de la ciudad para que nadie pudiera darse cuenta.
Las paredes y los pisos habían sido limpiados impecablemente.
No era necesario que se lo dijera, los guardias de la aldea habían acudido cuando se le dijo al niño que no fuera donde iban a señalar con el dedo a los vampiros de sangre pura.
Gracias a la criada, no pudieron reunir la evidencia contra Maximilian.
Esa noche Vivian y Leonard se sentaron en la mesa redonda donde la sirvienta sirvió la comida preparada por Vivian.
Cuando llegó el día siguiente, pasando del mediodía a la noche, Vivian, quien aún no se había preparado y se estaba poniendo la ropa en la cama, vio a Leonard salir de la ducha, y la mandíbula inferior casi se le cayó al suelo.
Él se había cortado su cabello rubio, el cual lucía desde que era joven.
Lo había cortado a los lados y en el medio para darle una sensación mucho más atractiva que hizo que el corazón de ella saltara un latido.
Tragando saliva, ella se recuperó y se apresuró a bañarse.
Cuando salió con una toalla envuelta alrededor de su cuerpo que la cubría por debajo de sus hombros, vio a Leo con la camisa blanca, abrochándose los puños de las mangas antes de pasar su mano por su cabello rubio.
—¿Quieres que le pida a Martha que te ayude con el vestido?
—los ojos de Vivian se quebraron ante el nombre y Leo se dio cuenta de lo que había hecho, corrigiéndose a sí mismo y dijo— Quiero decir, la señora Clark.
—Sí —necesitaba a alguien que la ayudara con los ganchos y la cuerda.
Aunque Leonard podía ayudarla, no quería que él se metiera con su ropa después de lo que había hecho en el Valle de la Isla.
Tomando la ayuda de la criada, Vivian se intentaba poner el vestido negro, que era el vestido que Leonard había elegido para ella.
La parte más dolorosa fue cuando le apretaron fuertemente la espalda mientras ella se sostenía del cabezal de la cama.
Ella estaba segura de que iban a quedar marcas en su espalda.
Agradeciendo a la mujer por su ayuda, se peinó y se aplicó polvo alrededor de la cara y el cuello, y un toque de gel rosa para que sus labios se vieran más rosados.
Leonard llamó a la puerta, al entrar en la habitación, la vio sentada frente al tocador.
Ella se volvió para mirarlo con ojos que parecían el cielo nocturno lleno de estrellas.
Se veía hermosa.
Cada vez que salían, su cabello generalmente estaba de alguna manera sujetado para que no se moviera, pero esta vez había decidido dejar que su cabello cayera por la espalda, lo había peinado cuidadosamente para colocarlo sobre su hombro izquierdo.
Vivian lo vio con una caja de terciopelo azul en la mano.
Se había puesto el abrigo negro sobre la camisa blanca, quitándose el lazo que antes tenía alrededor del cuello.
Como si notara su mirada, él dijo: —Lo sentiste demasiado apretado.
—Estoy lista —le informó.
—Te falta una última cosa —diciéndolo, abrió la caja en su mano para sacar una cadena con un colgante de piedra azul oscuro.
La puso alrededor de su cuello y enganchándola —.
Ahora si luces completas —dijo mirándola a través del espejo.
Cuando Leonard salió con Vivian a la Isla del Valle, visitó la joyería para obtener la cadena que había pedido después de comprarle el vestido hace unas semanas.
Cuando el carruaje se detuvo frente a la entrada de la mansión, Vivian salió colocando su mano derecha en la mano de Leo para mirar la mansión de Lord Alexander Delcrov.
La mansión Delcrov era tan grande como la mansión de Rune.
En términos de tamaño de la tierra y la altura, se encontraba rodeada de árboles.
Se encendieron las antorchas dentro y alrededor para iluminar la mansión como si fuera Navidad.
Al igual que Leonard y Vivian, había muchos otros que habían sido invitados y que habían llenado el espacio para estacionar los carruajes cerca del establo y fuera de la mansión.
Siendo su primera vez, vio mujeres a su alrededor que adornaban su ropa costosa con perlas y joyas alrededor del cuello y las orejas.
Como si eso no fuera suficiente, tenían pulseras alrededor de la muñeca junto con anillos en los dedos.
Comparada con ellas, Vivian se veía bien vestida, no encontrándose trajeada ni por debajo ni por encima de lo ameritado para el baile de invierno.
Ya que se había encontrado con el Lord por casualidad cuando ella había ido al concejo, se mostró cautelosa con él.
El Lord le había hablado de forma ruda, ella había escuchado de otro concejal que no les prestara mucha atención a las palabras del Lord, ya que él le hablaba de la misma manera a todo el mundo.
Al entrar en la mansión, los condujeron al salón principal, que era lo suficientemente grande como para acomodar a todos los invitados sin la necesidad de cambiarlos o ajustarlos para hacer espacio.
Se aferró a la mano de Leo, quien puso su atención sobre ella.
Se detuvo en cierto lugar y dijo: —Vamos, Bambi —le acarició la espalda suavemente, momento en que algunos de los invitados notaron la interacción de la pareja.
Había demasiados ojos sobre ella desde que habían entrado en la habitación, ojos ella había tratado de ignorar.
Tomando una serie de pequeñas respiraciones, ella sonrió para hacerle saber que estaba bien.
La multitud, curiosa, se preguntó a quién había traído el duque con él, ya que muchos de ellos no habían visto a esta humana antes.
Vivian parecía ser una de las mujeres más bellas de ese salón, lo que era suficiente para atraer la atención tanto de hombres como de mujeres.
Estas últimas con el sentimiento de envidia por Vivian que estaba con el duque.
Con su exquisito vestido y la piedra brillante que colgaba de su cuello, valía la pena mirarla más de dos veces.
—Creo que el collar está atrayendo mucho la atención —murmuró en voz baja.
Leonard había mantenido una cara seria hasta que una pequeña sonrisa apareció en sus labios después de escuchar su murmullo debido a los ojos que los seguían.
—Creo que es la dueña de la piedra quien está atrayendo mucha más atención que la piedra misma —él respondió—.
Ven, vamos a saludar al Lord —dijo, llevándola hacia al hombre alto y de cabello oscuro que estaba reunido con tres hombres.
En su camino, Vivian vio a alguien.
Era Lady Eleanor, quien la miró a los ojos y le sonrió, pero Vivian la conocía muy bien.
Desde que se enteró de las cosas que había hecho cuando eran jóvenes, Eleanor era alguien de quien había decidido mantenerse alejada.
Sin mostrarlo en su rostro, le devolvió la sonrisa con el mismo vigor que si ignorara sus malas intenciones.
Como si no hubiera suficiente competencia, para su sorpresa, vio a Lady Shirley cerca de Lord Alexander.
El que ella estuviera allí sólo mostraba las amplias conexiones que ella y su madre habían construido con la alta sociedad siendo sólo humanos.
Caminando hacia donde estaban, Leonard saludó al Lord.
—Buenas noches, Lord Alexander —Vivian inclinó la cabeza en señal de saludo.
El Lord le devolvió la cortesía al saludarlo.
—Buenas noches, Duque Leonard.
Gracias por mostrar su presencia aquí —cuando los ojos del Lord se posaron en la chica que estaba al lado del Duque, sin esperar a que Leonard la presentara, Vivian habló… —Soy Vivian, mi Lord.
Es un placer conocerle —se habían conocido, más precisamente se habían encontrado, pero parecía que él no recordaba su encuentro.
Como si algo sonara en su memoria, dijo… —Tú eres la chica que aprobó el primer examen —parecía que una mujer que aprobara el examen del consejo era un gran problema, lo que hizo que el Lord la recordaba.
No la felicitó, pero le preguntó— ¿En qué te gustaría especializarte una vez que hayas completado el segundo examen?
—preguntó, sus rasgos intimidantes pesaban sobre ella como una roca que estaba a punto de caer sobre su cabeza.
Había puesto su corazón en pasar el examen y se decidió que estaría trabajando con Leonard debido a sus habilidades, pero se había olvidado en qué departamento trabajaba.
Pensando en sus palabras, respondió cuidadosamente —Tengo un gran interés en querer resolver los asesinatos y las muertes que acontezcan —sus palabras llamaron bastante la atención de los otros hombres que habían estado de pie alrededor del Lord anteriormente—.
Me gusta indagar en los detalles y creo que me iría bien allí.
—La misma línea que el Duque.
Sería bueno tener una concejala —las palabras de Lord Alexander fueron breves, pero no fueron ni rencorosas ni degradantes como el resto de las personas con las que se había cruzado cuando se enteraron de las ganas de ella de trabajar para el consejo.
—Felicidades, mi Lady —le deseó uno de los hombres.
—Sí, no es cosa sencilla y he llegado a escuchar que el segundo examen no será tan fácil —dijo otro, su cabello gris mostraba su edad y sus ojos negros indicaban que era humano.
—El segundo examen nunca ha sido fácil —dijeron los primeros hombres—.
Lionel siempre ha superado los obstáculos con dificultad y cada cierto tiempo muchos mueren y sólo uno o dos examinados pasan la prueba.
Vivian se alegró por las palabras de aliento, pero ahora, mientras hablaban, comenzó a preocuparse.
¿Era tan malo?
y la muerte, no era eso demasiado, cuando lo escuchó por primera vez pensó que la gente bromeaba, pero ahora ya no parecía una broma.
—Oh, bueno, todo es parte de la diversión —¿diversión?
pensó Vivian para sí misma, el primer hombre continuó hablando—.
Escuché que has podido resolver el caso que Igor estaba encontrando difícil —se rio.
—Sí, hemos podido sortear las cosas —las palabras de Leonard eran tan claras como las de Lord Alexander y, si no lo supiera mejor, Vivian habría supuesto que el Lord de Valeria era su mentor y no el Lord del lago de huesos.
Mientras Leonard les hablaba a los demás sobre otro caso que habían recibido, observó a un hombre pelirrojo que no estaba muy lejos y que parecía ser la persona más alegre del pasillo, por alguna razón, ese hombre le pareció familiar y ella continuó mirándolo mientras trataba de darse cuenta de lo que sentía.
Sin darse cuenta de que su mirada era demasiado fuerte, sus ojos giraron para mirarla antes de que una amplia sonrisa se formara en sus labios.
Caminando hacia ella, se inclinó.
—Lady Vivian.
Soy Elliot Wells —se presentó.
Ah, pensó para sí misma.
Era el rumoreado hermano de Jerome.
Ella le devolvió el saludo con uno de los suyos—.
Es bueno conocerte finalmente.
He oído muchos comentarios de ti por Jerome —dijo sin ser sutil acerca del interés de su hermano mayor en ella.
La sonrisa de Vivian se volvió incómoda.
—¿Es así?
Espero que hayan sido buenos —respondió ella y, al mismo tiempo, se preguntó si las orejas de Leonard se habrían animado al mencionar a Jerome.
—Oh, lo fueron —se rio el pelirrojo antes de toser—.
Duque Leonard.
Es bueno verle.
Vivian estaba esperando que Leonard le respondiera algo al hombre, ya que había raras ocasiones en las que se ponía posesivo, pero la sorprendió cuando inclinó la cabeza en agradecimiento.
—Sr.
Wells, gracias por su ayuda previa.
—No hay problema en absoluto —respondió Elliot, antes de que sus ojos vieran a alguien detrás de ellos.
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