Bambi y el duque - Capítulo 170
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170: Capítulo 171 – ¿Quién es?
– Parte 1 170: Capítulo 171 – ¿Quién es?
– Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Leonard había estado hablando con uno de los duques de la Villa Wo, quien había recorrido todo un camino para encontrarse con él, ya que quería información sobre un caso que había cerrado hace unos meses.
Estaba hablando cuando por el rabillo del ojo vio a Vivian bailando con Jerome Wells en la pista de baile.
No le prestó mucha atención a eso, pero le incomodaba la mano de otro hombre sobre su esposa.
Cuando la canción llegó a su fin, otro hombre se dirigió a su esposa de inmediato antes de que ella pudiera salir de la pista.
Fue uno de los concejales, el Lancelot Knight, con quien sólo había intercambiado saludos, pero nunca había trabajado con él de cerca.
De vez en cuando, asentía con la cabeza, escuchando al hombre que estaba a su lado mientras sus ojos estaban en ángulo a unos pocos grados de la cara del hombre donde podía ver a Vivian.
Después de que su prima segunda, Eleanor, la detuviera, él había estado muy atento.
Disculpándose, se les acercó, ya que estaban atrayendo bastante atención hacia ellas por parte de algunos de los invitados.
Para cuando llegó, las mejillas de Eleanor estaban enrojecidas, con los ojos muy abiertos, parecía que quería hablar, pero nunca abrió la boca.
Vivian, por otro lado, sonrió como un niño cuando Leonard levantó una ceja con la pregunta por qué su prima segunda parecía enojada con ella.
—Eleanor —Leo la saludó, rompiendo su trance de furia que reemplazó con un rostro dulce hacia él.
—Leo —Vivian, quien se había dado cuenta de la sutileza anterior, pudo ver que la vampira tenía un gran afecto por él, ya que no fue sólo su comportamiento, sino también su voz y su postura las que cambiaron con su presencia, para hacerse más atractiva.
Ella se había puesto guapa, esperando pescar elogios de él, pero nunca vinieron.
En cambio, Leonard preguntó por su hermano.
—Veo que Christopher no se ha presentado éste año.
—Está demasiado avergonzado como para mostrar su cara.
Rompiste su colmillo, Leo, qué esperabas —después de que Leonard escuchara a Vivian, se sintió mal por el hombre, pero él no era culpable por ello, lo que hizo que la vampira continuara hablando, cambiando sus palabras.
Sin embargo, se lo merecí, ya que un niño mató a su un cordero mascota.
Sacudió la cabeza y la pareja la miró.
—Cierto.
Siempre es mejor cortar el capullo, que es venenoso, de lo contrario la flor crecerá y dañará a toda la planta —las palabras de Leonard tenían un significado oculto que sólo podían ser entendido por Vivian, mientras que Eleanor asintió con la cabeza en acuerdo—.
Veo que aún no has bailado —esto iluminó los ojos de la vampira.
—Tú tampoco —respondió Eleanor, conteniendo su entusiasmo y esperando que le preguntara al momento, ya que era una cortesía común pedirle a una dama que bailara si aún no lo había hecho, pero incluso la vampiresa que estaba enamorada de su primo segundo no había aprendido cómo era Leonard.
—No lo he hecho —respondió con una cara seria.
Eleanor, lista para que le pidieran el baile, se preparó cuando Leonard dijo—.
Espero que un hombre especial venga a pedirte que bailes con él —dijo, indicando que había escuchado a las dos chicas hablar entre ellas.
Ofreciéndole una sonrisa, se volvió hacia Vivian— ¿Te gustaría bailar, Milady?
—levantó la mano para que Vivian la tomara delante de todos.
Antes, cuando Jerome le había pedido un baile, el hombre había estado callado, no alzando la voz, pero Leonard no tenía intención de ser sutil al respecto.
Le había pedido abiertamente a Vivian que bailaran, de tal manera que todos los que los rodeaban lo habían escuchado preguntarle, lo cual incluía a los que estaban absortos en su conversación.
Sus ojos estaban fijos en los de ella, la sonrisa que le había dado a su prima desapareció.
Había algo en la forma en que miraba a Vivian ahora, esperando conquistarla.
Sin pensarlo, ella colocó su mano sobre la suya y él la apretó firmemente.
En ese momento, ellos empezaron a fundirse en la habitación y fue como si estuvieran en un salón vacío.
Sólo ellos dos, la música se oía a la distancia.
Mientras se acercaban a la pista, Leonard colocó la otra mano con valentía en su espalda baja, acercándola mientras la miraba a los ojos.
No habían declarado públicamente su relación, pero eso no significaba que no pudiera bañar a las personas con sus atenciones ocultas.
A menudo era difícil para un hombre o una mujer de sangre pura mantenerse al lado de su pareja cuando iban a una velada o un evento como éste.
Leonard quería disfrutar su tiempo con ella, cada segundo era importante cuando se trataba de ella y eso había cautivado a Vivian como una llama que voluntariamente había llegado a arder en su apasionado amor.
Vivian no colocó su mano no sobre su hombro sino sobre su pecho, con una sonrisa en la cara que era tan radiante como el sol mismo.
Con los dos ojos cerrados, bailaron con la música del salón.
Vivian amaba cada segundo, no era por el entorno que la rodeaba, sino porque era Leonard quien estaba con ella ahora.
Hasta que él la tomó de la mano, ella no sabía percatado que tenía frío.
Era vacío esperando ser llenado.
No era que estuviera sola, pero Leonard la tan hacía feliz y contenta en esta vida, que tal vez no sería capaz de sentir lo mismo si estuviera con otra persona.
Ambos caminaron por el mismo sendero de dolor y de amor, cada emoción compartida entre ellos, de alguna manera ella era brillante y el otro era oscuro, complementaban la personalidad del otro.
En sus brazos, Vivian se balanceó suavemente, girándose y siendo empujada hacia sus brazos.
Mientras bailaban entre ellos, muchos podían ver la química que compartían.
No era sólo porque los dos eran guapos, sino que el duque no había llevado a una mujer a la pista de baile tan voluntariamente antes, pero quién podría culparlo cuando su esposa tenía tal efecto en él.
Para Leonard, era uno de sus sueños hecho realidad tenerla para él.
La había amado durante tanto tiempo y ahora era el momento de apreciarla hasta su último aliento.
—¿Olvidé decirte que te ves hermosa?
—le preguntó cuándo ella se acercó demasiado a él, sus mejillas se tiñeron de un cálido color rosa que no se notaba ya que estaba a unos centímetros de él.
Se suponía que debían mantenerlo en silencio, pero éste no era el lugar para mantener sus sentimientos disfrazados.
Ahora estaba segura que al menos la mitad de la gente de aquí pensaría que algo entre ellos se estaba gestando cuando ya se había dado.
Esconderse así tenía sus propias ventajas, ya que la hacía sentir que estaban haciendo algo que no debían hacer.
Leonard no le decía muchos cumplidos, pero cuando lo hacía, sus palabras eran directas, y en estos días no había sido muy refinado, atacando su pobre corazón y cuerpo.
La mano de Leonard se sintió cálida y se aferró a ella con fuerza.
Elliot, quien estaba parado en algún lugar cerca de la pared con un vaso en la mano, vio a la mujer a quien Alexander había elegido recientemente para cuidar una de las ciudades de Valeria.
La mujer tenía una figura pequeña, sus ojos rojos eran agudos con una expresión seria, escogiendo la comida que le ofrecían.
Cuando sus ojos se encontraron con su rostro, su mirada se volvió amarga por la mirada de Elliot.
Se podía decir que, si fuera posible, la mujer rubia se habría dado la vuelta para ir en otra dirección, pero ya había comenzado a caminar, así que tenía que cruzárselo.
Con una sonrisa encantadora, saludó a la mujer.
—Sylvia —y su rostro se encogió levemente cuando la llamó de una manera graciosa.
—Sra.
Clopton —la mujer rubia lo corrigió.
—Deberíamos podernos tratar por el nombre y no por el apellido.
Puedes llamarme Elliot o El —dijo Elliot, complacido de ver que ella había dejado de caminar para hablar con él.
—Escuché que se opuso a que yo fuera reclutada, Sr.
Wells.
¿No eran suficientes mis calificaciones?
¿O es porque soy una mujer?
—sus ojos parecían aburridos, no queriendo prestar demasiada atención al vampiro, sus intenciones eran muy confusas desde que lo había conocido por primera vez.
Ella había escuchado a otro hombre llamado Oliver que trabajaba para el Señor y le decía lo incompetente que era para tomar el trabajo, pero cuando lo conoció, él había sido amable con ella.
—Debes haber escuchado mal —negó lo que ella escuchó, sus ojos se volvieron pequeños a medida que su sonrisa crecía.
No se podía confiar en hombres como estos, pensó Sylvia para sí misma.
Cuando colocó el plato que había estado cargando sobre la mesa junto a él, lo vio tomar uno de sus trozos de carne con el tenedor que sostenía.
Se acercó demasiado a su mano y lo clavo en la mesa.
Si no fuera por la música en el salón, la pequeña acción habría sido notada por las personas a su alrededor—.
Tan protectora —murmuró, con los ojos ligeramente abiertos ante su acción de robarle la comida.
—Si necesita comida, consígala usted mismo, señor Wells —dijo ella, recogiendo el plato y dejándolo de pie, mirándola con una pequeña sonrisa.
De vuelta en la pista, Vivian y Leonard continuaron bailando y algunos de los que aún no se habían unido a la pista fueron a hacerles compañía.
—¿Cómo lo está pasando Jerome?
—Leonard le preguntó a Vivian.
—Bien, ¿por qué preguntas?
—preguntó con el ceño fruncido preguntándose si algo le había pasado al hombre.
—Sólo curiosidad —respondió, girándola de nuevo antes de atraerla hacia él.
Mientras se movían, vio muchas caras familiares y vio a Lord Nicholas.
¿Cuando llego?
allí estaban Lord Alexander y algunos de los concejales conocidos cuyos rostros recordaba.
Lady Eleanor no había ido a la pista y, desde donde estaba, podía ver a la vampiresa furiosa porque Leonard no le había pedido a ella sino a Vivian el baile, cuando Vivian ya había bailado con otros dos hombres.
Fue cuando Leonard y Vivian cambiaron de lugar, que vio a Lady Shirley pedirle a uno de los hombres que no conocía que bailara.
En un par de ocasiones pilló a la joven señorita mirándola.
Una vez, dos, tres veces y ella seguía viéndola con una mirada fija que la hizo preguntarse por qué la estaba mirando.
No era que ella no supiera que Leonard la había avergonzado delante de todos, la última vez que ellos se encontraron en la misma velada, pero en ese momento ella sentía la mirada con fuerza.
Generalmente, Vivian se mantenía alejada de los problemas, asegurándose de no lastimar a nadie y no quedar atrapada en el fuego cruzado, pero cada vez que intentaba alejarse, convertía a un extraño en un enemigo.
Cuando suspiró, Leonard le dirigió una mirada inquisitiva, pero sonrió antes de sacudir la cabeza para hacerle saber que no era nada.
Todos en la pista estaban disfrutando ese momento de alegría en la velada cuando las luces de la mansión se apagaron, soplando cada vela encendida para oscurecer todo el lugar y dejar el salón a oscura.
La única luz que había era la que provenía de los corredores donde la luz de la luna emitía su resplandor a través de las ventanas y las puertas principales.
La música se detuvo y los murmullos de lo que acababa de pasar llenaron la sala con una ruidosa charla después de un silencio mortal.
Una mujer, asustada por la oscuridad, gritó, lo que sorprendió a algunos.
Incapaces de ver en la oscuridad, la gente terminó caminando en todas direcciones, chocando entre sí.
Vivian soltó las manos de Leonard, una persona se tropezó con ella y la hizo perder el equilibrio.
Con los tacones que llevaba, estaba a punto de caerse a un lado cuando uno de los invitados la recogió en la oscuridad.
—Gracias —dijo, sintiendo que su corazón casi se le escapaba del pecho.
Recuperando el equilibrio y acomodándose el vestido, se apoyó en la persona que sostenía su mano y en plena oscuridad le vino un recuerdo, frente a sus ojos, de algo que había sucedido hace unos días.
Ella fuera la persona que conservaba los recuerdos.
Ella se vio a sí misma y a los demás hablando con ella en la tierra de los muertos, pero eso no era todo.
Mientras la persona la ayudaba a ponerse de pie, vio a una bruja que parecía enojada y furiosa.
Todo sucedió tan rápido que para cuando Vivian regresó al presente, la luz había vuelto, las velas se habían iluminado mágicamente, la música comenzó y la gente siguió bailando después de dos segundos como si nada hubiera pasado.
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