Bambi y el duque - Capítulo 177
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- Capítulo 177 - 177 Capítulo 178 – Detrás del piso - Parte 2
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177: Capítulo 178 – Detrás del piso – Parte 2 177: Capítulo 178 – Detrás del piso – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian se cubrió la boca por la sorpresa al ver al concejal llamado Oliver, quien había quedado clavado en la pared con las piernas y las manos separadas.
Su expresión parecía sorprendida y vacía.
Debido a la falta de luz, les tomó un tiempo ver que el hombre no tenía los ojos.
Eran cuencas vacías lo que los miraban.
Su corazón había sido lanzado hacia sus pies y una pequeña cantidad de hielo se había formado encima de él.
Los tres tragaron saliva y el vampiro que estaba afuera los siguió poco después de encontrar al hombre allí.
Asustado y fuera de sí, dijo: —¡Esto ya no es gracioso!
¿Quién de ustedes tres está matando a las personas aquí?
Tú —el vampiro miró a Jamien— Tenía poco tiempo en la mansión y apenas había salido ¿Lo mataste?
¿O fueron ustedes dos?
—sus ojos rojos parecían furiosos hacia Vivian y el humano.
—¿Tres?
—preguntó Vivian con el ceño fruncido.
La última vez que dijeron que eran cinco, ¿dónde estaba la quinta persona?
Como si leyera la atmósfera, la humana hizo la siguiente la pregunta… —¿Dónde está la quinta persona?
¿Alguno de ustedes lo vio?
—Vivian sacudió la cabeza.
—Me he estado ocupando de mis asuntos ¿Qué es lo que estás insinuando?
Me acusas de asesinato.
No olvides que puedo romperte el cuello como una ramita si dices otra palabra —Jamien amenazó al hombre, quien apretó sus dientes.
—¿Dónde está él, entonces?
—preguntó el humilde vampiro.
—Como si lo supiera.
Tal vez fuiste tú quien hizo que la gente fuera herida mientras te comportabas inocente y frágil —el vampiro se enojó por esto y corrió hacia Jamien para darle un golpe, pero Jamien le propinó un golpe en la cara que empujó al hombre, haciendo que deslizara sobre el suelo.
El humilde vampiro gimió de dolor—.
No estaba bromeando cuando dije que puedo romperte el cuello en dos.
El vampiro se puso de pie, ofendido y con su ego dolido, se sonó sus nudillos.
—Todos, por favor, ¡dejen de pelear!
—el humano gritó junto a Vivian— Hemos perdido muchos hombres y hemos perdido al concejal.
¡Pelear no va a resolver nada!
—¡Cállate, humano!
—el humilde vampiro le gruñó al humano— ¿No puedes ver que todo esto es parte de la prueba?
Todos los años la gente muere y no es algo nuevo.
Antes de que algo más pudiera surgir entre estas tres personas con las que el vampiro intentaba pelear después de ver al concejal muerto, Vivian habló: —Puede que tengas razón en relación a las muertes, pero dudo que hayas oído que algún concejal fue asesinado en el pasado.
—¿Qué dices del quinto hombre entonces?
¿A dónde fue?
—el humilde vampiro cruzó sus brazos contra su pecho y esperaron a que ella respondiera.
—¿No es obvio?
Salió a caminar por el bosque —el humano replicó ante la estupidez del vampiro.
El vampiro se lanzó sobre el humano, pero el hombre fue lo suficientemente inteligente como para alejarse unos pasos, lo que hizo que el vampiro cayera, golpeando su cara directamente contra el suelo.
El humano se sacudió las mangas como si el vampiro fuera un perro que había arrojado su pelaje sobre él en el aire.
Luego habló.
—Si has terminado de entretenernos, señor idiota.
Propongo buscar a los hombres desaparecidos.
—¿Y qué hacemos?
—el vampiro de pura sangre preguntó con un tono de desdén— Falta un día más para que termine el examen y dudo que alguno de nosotros llegue a encontrar el cuerpo todavía.
Me gustaría aprovechar mejor mi tiempo que dedicándoselo a los hombres que poco me importan.
—¿Quién creen que escribió esas palabras?
—Vivian le preguntó a Jamien y al hombre, quienes juntos se voltearon para mirar que estaba goteando de rojo.
—Debe ser una broma tonta —al escuchar esto de Jamien, las cejas de Vivian se fruncieron.
¿Él pensaba que ella creería tal cosa?
Llevando su mirada hacia ella, se rio entre dientes— ¿Qué?
no me diga, Lady Vivian, que planea buscar los cuerpos.
Ella frunció los labios preguntándose qué hacer.
No, no planeaba buscar los cuerpos, pero sí tenía la intención de buscar a la última persona desaparecida.
En ese momento no tenían una manera de saber que era lo que estaba sucediendo, no es que importara anteriormente cuando cuatro personas habían desaparecido y el concejal sólo se había sentado en la esquina de la vieja mansión pasando su tiempo libre durmiendo la mayor parte de las veces.
Ahora quedaban un vampiro de sangre pura con el que ella había tenido visiones donde lo había visto matar mujeres; otro vampiro no puro que no disfrutaba de la presencia de ella y también era grosero con los demás, quien parecía ser el más aturdido de los cuatro; luego estaba el humano que parecía tranquilo y sereno, e incluso se preocupaba por proponerse buscar a otros, y, por último, ella misma, Vivian.
Había escuchado a hombres matarse entre ellos maléficamente por el esfuerzo de aprobar los exámenes del consejo, era lo que veía aquí.
Ella dudaba que el concejal fuera promovido si el examen fuera aprobado.
La pregunta era ¿Por qué lo mataron?
Y la escritura allí era lo suficientemente extraña como para decir que era el trabajo de un simple loco.
Mirando a los hombres, ella trató de adivinar quién podría estar lo suficientemente loco como para escribir en la pared, mientras colgaba al concejal como un animal de exhibición.
Pero ¿Sería éste?
¿O alguien más?
Miró a la mansión, sus ojos se movían de una ventana tras otra, que eran oscuras y viejas como el resto de la mansión.
Ella dijo.
—Salir a esta hora o en cualquier otra podría no ser seguro.
Nuestro número de participantes sólo disminuye a medida que transcurre el tiempo.
Sería mejor quedarse adentro que deambular, lo que podría ser inseguro —aunque dijo esto, algo le decía a su corazón que no era lo que estaba afuera, sino lo que estaba dentro, por lo que tenía que preocuparse.
La muerte le recordó al ghoul y se preguntó si la habría seguido hasta aquí, pero con dos días casi transcurridos, no había señales de ello.
Tal vez Lord Nicholas le había dado un trabajo y, por lo tanto, no podía venir aquí ahora.
La preocupación marcó su frente.
—Soy Ezequiel —se presentó el humano.
—Vivian —dijo su nombre.
—Es bueno conocerte —inclinó la cabeza y continuó—.
Regresemos.
Estaremos solos para el día siguiente, como dijo el concejal Creed, las asignaciones fueron para dos días, de a un hombre por día.
—Vivian asintió con la cabeza.
Cuando el concejal mayor habló sobre ello, ella lo entendió de inmediato.
Volviendo al interior, cada uno de ellos se dispersó.
No querían estar cerca, sino simplemente encontrar sus pistas, ya que todavía era importante aprobar el examen.
Nadie podía abandonar la montaña donde se encontraba la mansión de nieve, ya que tendrían que cruzar el bosque antes de llegar al camino donde transitaban los humanos, y Dios sabía que sin carruaje no era lo suficientemente seguro como para pasar, ya que los hombres que se habían ido nunca habían regresado.
Habiendo quemado el pergamino con la pista, ella miró alrededor de la mansión para ver si podía encontrar algo más.
En lugar de ir a otro lado, Vivian regresó a la sala de estudio.
La habitación estaba tal cual como cuando se había ido.
Tomando dos antorchas, las encendió brillantemente para que se iluminara toda la habitación.
Esto fue suficiente para que ella se moviera y mirara a través de los libros con sólo una de las antorchas en la mano.
Como no había nadie alrededor, miró su mano enguantada.
Todo lo que tenía que hacer era quitarse los guantes de las manos y concentrarse en encontrar y percibir los recuerdos de lo que podría haber ocurrido en estas paredes cerradas.
Respirando profundamente y dejando salir el aire, vio la niebla como aire saliendo de su boca.
Sacando su guante, se lo puso en el abrigo.
Hacía frío y el guante no era algo que ella quisiera quitarse ni unos minutos, pero la muerte del concejal los había estremecido a todos.
¿Iban a dejar que el concejal colgara así hasta que llegaran los otros hombres?
¿Y si ella fuera otra presa como el resto, y fuera asesinada aquí?
Leonard había estado menos preocupado cuando la envió en el carruaje.
Sin decir muchas palabras, la besó, presionando sus labios con los suyos y deseándole lo mejor.
El hombre con el que se había casado tenía confianza en que ella saldría exitosa.
Todo lo que ella tenía que hacer era demostrar que él tenía razón.
Quitándose la delgada cadena que llevaba alrededor del cuello, la abrió para poner el anillo que Leonard le había regalado.
Volviéndosela a poner, miró los pequeños estantes de libros que estaban forrados.
Escogiendo el que estaba en la esquina más alejada, levantó la mano y escuchó un ruido detrás de ella.
Dándose la vuelta, vio que no había nadie allí con ella.
Las ventanas estaban cerradas y eso la preocupaba.
Ya estaba demasiado asustada con el fantasma, y ahora que personas habían desaparecido, o habían sido asesinadas, para ser más específicos, sólo podía imaginar lo que le deparaba en esta mansión abandonada.
No, ella no necesitaba pensar, porque ya sabía quién era el fantasma.
Era suficiente encontrar las pistas y vincular las cosas.
Todo lo que tenía que hacer era encontrar el esqueleto que había tocado la última vez y comprender lo que había sucedido para poder volver a casa.
Sus manos se pusieron sobre los libros y pronto los papeles comenzaron a agitarse, haciendo ruidos que hicieron latir su corazón hasta sentirlo en sus oídos.
Está bien, se dijo a sí misma que no le iba a pasar nada.
No había hecho nada por lo que temer, pero luego dudó si el fantasma entendería su razonamiento de que había sido una buena chica toda su vida.
Puso su mano directamente sobre los libros, escuchó por primera vez un crujido y, para su horror, pronto todo el estante se rompió.
¡Oh no!, entró internamente en pánico.
Sólo tenía la intención de tocarlos, pero en cambio, se rompió todo el estante de vidrio y cayó, haciéndose pedazos en el piso.
Jamien y los otros dos hombres llegaron a la habitación para ver el estante roto que estaba sobre sus pies.
—Por favor, no destruyan la mansión —dijo Ezequiel, mirando los vidrios.
—Lo siento —se disculpó.
No había tenido la intención de crear un desastre y de llamar la atención.
Jamien, como la otra vez, no se molestó en hablar con ella, miró a su alrededor y luego le dio la espalda.
El humilde vampiro cuyo nombre era Fitot, se quejó y la maldijo por asustarlo debido a que sonó como un trueno en la mansión.
Ezequiel, quien estaba detrás, dijo.
—No tienes que recoger nada.
Es una prueba, es probable que ocurran percances, pero ten cuidado.
Necesitamos encontrar evidencias también —asintió con la cabeza— ¿Qué estás buscando?
—le preguntó curioso, entrando en la sala de estudio y mirando los libros y el escritorio que contenía la habitación.
—Iba a tomar un diario —dijo rápidamente.
Por fortuna, antes de involucrarse en el caso con toda su fuerza, había leído un nombre en el diario.
—¿Diario?
—preguntó el hombre curioso.
Se inclinó para apartar los pedazos de vidrio y revisó algunos de los libros antes de elegir uno rojo— ¿Era éste?
—se lo entregó a ella.
Ella lo miró perpleja.
¿Él no estaba interesado en mirarlo?
si fuera el vampiro llamado Fitot, estaba segura que él habría huido con el libro con la esperanza de encontrar algo, pero éste hombre no parecía interesado.
Al darse cuenta de su mirada, el hombre habló.
—Ya lo he ojeado —ella asintió con la cabeza.
Así que por eso él no quería echarle un vistazo—.
No hay mucho escrito allí.
Sólo habla sobre de cuán maravillosa fue la juventud del señor y cuántas personas mató —resumió para ahorrarle tiempo.
—¿Mató gente y nadie hizo nada?
—ella le preguntó a Ezequiel, quién revisaba los otros libros.
Señalando los que ya había leído— ¿Cómo descifraste ese caso?
—preguntó con asombro.
—Él debe haber escondido su diario para que saliera a la luz sólo después de su muerte —adivinó—.
Tiene algunos escritos sobre su amante, con quien tuvo una aventura amorosa hasta que ella lo dejó —esta era una nueva versión para la mansión, pensó Vivian para sí misma.
Curiosa, ella le preguntó.
—¿Por qué lo dejó?
—¿Porque tomó a una nueva mujer como esposa mientras ignoraba a la amante?
¿Quién sabe?
Las versiones son demasiadas —comentó, y ella estuvo de acuerdo.
Los rumores de la mansión de nieve y las historias que habían dado vueltas eran tantas que nadie podía decir cuál era la verdad.
La noche pasó y la mañana llegó llena de miedo.
Los cuatro se habían quedado despiertos sin pestañar, ya que era mejor mantenerse despierto que ser el próximo en la fila de los asesinados.
—Enterremos al hombre —le propuso Jamien para su sorpresa, y por un minuto sintió como si el hombre tuviera un buen corazón.
Desde el punto de vista de Vivian, Fitot no estaba interesado, pero debía pensar que era una mejor idea enterrar al muerto que dejarlo colgando como un espantapájaros fuera de la mansión.
Se quedó de pie, mirando al lugar donde lo habían enterrado profundamente, mientras la nieve caía para encontrarse y cubrir el suelo manchado.
Una vez que el cuerpo estuvo cubierto por la arena, se colocó una piedra no sólo para marcar el lugar donde reposaba el cuerpo muerto, sino para poder regresar y visitarlo y saber en dónde señalar cuándo llegaran los concejales mañana.
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