Bambi y el duque - Capítulo 179
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- Capítulo 179 - 179 Capítulo 180 – Nadie lo sabe - Parte 1
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179: Capítulo 180 – Nadie lo sabe – Parte 1 179: Capítulo 180 – Nadie lo sabe – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian no miró a ninguno.
Temía por su vida.
Lo poco que había visto la hizo preocuparse por lo que podrías pasar.
Un hombre era un asesino y otro sospechaba de cosas de las que ella ni se había percatado.
Ellos se habían adentrado demasiado profundo en el bosque para descubrir lo que estaba sucediendo, pero de qué serviría que alguien cavara tumbas si ella abría la boca sobre lo que sabía.
¿En dónde estaba Everest?, pensó Vivian para sí misma.
Esta era la primera vez que esperaba la ayuda del ghoul, pero el ghoul no era suyo.
Nicholas le había dicho que le regalaría el ghoul, pero debió haber sido una broma, ya que un ghoul no era algo que uno regalaría o recibiría.
Ella trató de repensar lo que estaba sucediendo nuevamente cuando su cabeza comenzó a girar con la sobrecarga de información que había descubierto al venir aquí.
Había dos cosas importantes de las que preocuparse.
Uno era el fantasma y el otro era el vampiro de sangre pura que había matado a los otros candidatos.
—Lady Vivian, ¿deberíamos regresar?
—Ezequiel caminó hacia donde ella estaba, sus botas se hundían suavemente en el suelo helado una tras otra— ¿Encontraste algo?
—la expresión de su rostro le decía que él sabía que una mujer de su calibre era una simple humana que no tenía la habilidad para encontrar cosas y que sólo estaba perdiendo el tiempo.
En ese momento, Jamien giró en cierta dirección como si tratara de escuchar algo, ya que tenía una expresión de concentración en su rostro.
—Hmm, escucho algo.
Déjenme averiguarlo, ambos pueden regresar a la mansión.
Ezequiel miró al vampiro de sangre pura antes de asentir.
—Vamos —le dijo a Vivian.
Quedarse ahí no la ayudaría en nada y era mejor volver a la mansión que deambular por un bosque con el que no estaba familiarizada.
Cuando los dos humanos volvieron a la mansión, Jamien miró hacia adelante.
No había mentido cuando dijo que había escuchado algo en el bosque.
Los hombres de los que había bebido sangre fueron asesinados y sus cuerpos no fueron recuperados ya que estaban ocultos en el fondo del hielo.
¿Era un animal en el bosque que no podía agarrar?
Habiendo tratado con criaturas antes, Jamien fue bastante valiente al adentrarse en el bosque.
Escuchó el sonido de una mujer llorando.
Fue un sonido dócil que se mantuvo constante en comparación con los sonidos de la naturaleza que se escuchaban anteriormente.
Entrecerrando los ojos, fue en busca de la voz.
El concejal que había muerto era un vampiro humilde, por lo tanto, quien lo hubiera matado no debía ser un adversario muy fuerte.
Jamien era el único vampiro de sangre pura aquí.
Aunque no se lo había dicho a nadie antes, con los brillantes colores de sus ojos, él se hacía pasar como si fuera un vampiro humilde.
Ahora buscaba en la oscuridad el sonido del llanto.
De repente un cuervo graznó, sorprendiendo al hombre.
Los cuerpos de los que había bebido sangre estaban muy lejos de donde él estaba, donde nadie podría encontrarlos.
Como si alguien pasara detrás de él, se dio la vuelta para ver nada más que árboles, lo que dificultaba mirar la mansión.
Pero el hombre no llegó a desviarse demasiado, ya que lo que lo seguía se quedó cerca después de que él se aislara.
Una voz susurró en el aire.
—Sé lo que hiciste —era una voz de mujer, que se podía llamar seductora.
El cuello de Jamien se movió de un lado a otro, de izquierda a derecha, pero no miró hacia arriba donde estaba la mujer con su vestido blanco.
Manchas negras estaban cubrían su ropa.
Ella se quedó allí mirándolo con una cara deteriorada por los años que habían pasado.
—Para ser un fantasma, no eres muy inteligente —dijo Jamien con arrogancia, sosteniendo su voz para que el fantasma dejara escapar un sonido de risa que hizo eco a través de los árboles antes de que cayera en silencio.
—Sé lo que hiciste…
—dijo la voz de nuevo— Lo sé …
mataste mujeres y hombres.
Tu corazón está realmente corrompido —la voz se enojó antes de detenerse delante de él, lo que lo hizo retroceder unos pasos—.
Un abandonado niño solitario que quiere devolver lo que su familia le hizo.
Quieres vengarte de toda la gente.
Matar a las personas una por una, enojado con tu madre por dejarte.
Te ayudaré a lavar tus pecados —dijo el fantasma como si estuviera bajo un hechizo, sin mirarlo, con los ojos vacío.
Por primera vez, Jamien parecía asustado, con los ojos muy abiertos mientras retrocedía, arrastrándose en el suelo.
—¡Aléjate de mí!
—sacó la pistola de su bolsillo y apretó el gatillo, el disparo resonó por toda la tierra, pero nada le sucedió al fantasma.
Tan sólido como parecía, el fantasma no se vio afectado por él.
Al acercarse a él, susurró.
—Sé lo que hiciste…
Jamien.
… Vivian y Ezequiel, quienes habían llegado al final del bosque donde podían ver claramente la mansión, escucharon el sonido de un disparo proveniente del bosque, lo que los hizo mirar hacia atrás.
¿El vampiro sangre pura llevaba una pistola con él?
—¿Crees que está en problemas?
—le preguntó al hombre que tenía los ojos fijos en el camino por el que acababan de llegar.
—No podemos decir nada en éste momento ¿Tenemos permitido llevar armas?
—él no le preguntó a ella nada en particular—.
Quédate aquí, Lady Vivian.
Déjame ir a buscar al vampiro —dijo, dejándola frente a la mansión.
Vivian agarró la antorcha con ambas manos, la luz había disminuido lentamente ya que había estado ardiendo durante bastante tiempo.
Asustada de regresar dentro de la mansión, Vivian caminó de un lado a otro por un momento, antes que una helada corriente de aire mordiera su piel apenas soportándolo.
El tiempo pasaba sin noticias de Ezequiel o Jamien.
Esperó un poco más de tiempo antes de ver que la luna, que había estado en lo alto, ahora se había desplazado indicando que la medianoche había llegado.
Yo sé lo que hiciste Se sentía como si la escritura en la pared estuviera escrita para todos ellos.
Todos tenían secretos ocultos, pero ¿Cómo alguien podría saberlo?
Incluso si ella era la bruja que había ayudado al segundo Lord de Bonelake, la pregunta era cómo iba a saber todo sobre ellos.
Ella pensó en el balcón que había visitado con Leonard, el fantasma desaparecía en el aire cada vez que ella intentaba buscarlo.
Todo el tiempo, ella había tratado de encontrarlo durante el día y se preguntaba por qué nunca lo había buscado durante las horas de la noche.
Era demasiado oscuro para encontrarlo en la noche, lo que hacía plausible tratar de hallarlo durante el día.
Mientras Vivian reflexionaba, un pensamiento vino a su mente.
El concejo no era del tipo fácil y con una mezcla de criaturas rondando en el interior, ella dudaba que establecieran un examen sin un juego sucio.
Se les dijo que cada año había al menos un examinado que moría.
¿Y si…
y si nunca hubo un cuerpo ?, se preguntó.
Le habían dado sólo dos días a los concejales, lo que significaría que esperaban que terminaran en dos días.
La mansión estaba aislada, lejos de las otras ciudades, nadie saldría ante la idea de perder el tiempo y menos con la presencia de algunos vampiros y además un vampiro de sangre pura que podría matar a los humanos para alimentarse.
¿Y si esos eran los cuerpos?
se preguntó Vivian para sí misma.
Después de todo, había nueve de ellos y cada uno de ellos había buscado en la mansión todas las pistas posibles sin encontrar nada.
Los vampiros no podían aguantar la sed, al menos no demasiado tiempo, y necesitaban consumir sangre.
Quien inició los asesinatos debió estar entre los nueve, y quizás el mismo Jamien había matado a un humano o tal vez a más de uno.
Queriendo encontrar a Ezequiel, Vivian regresó al bosque en vez de entrar a la mansión.
Sus pasos en la nieve eran tan silenciosos como los de un gato, pero cuando se acercó al humano listo para llamarlo, vio la sangre que salpicada en su rostro bajo la luz de la luna.
Escondiéndose detrás de un árbol rápidamente, se cubrió la boca para que su respiración en ese clima frío no alertara al hombre.
Afortunadamente, la antorcha se había apagado, lo que no permitió que la notaran.
Mirando despacio, ella lo vio arrastrar a uno de los examinados por las piernas para poder empujarlo hacia la pequeña zanja y cubrirlo con nieve.
Desafortunadamente para Vivian, al mismo tiempo, le picó la nariz, haciéndola sentir cosquillas; ella trató de contenerse, pero para su consternación, estornudó, lo que fue suficiente para que el hombre la notara.
—¿Lady Vivian?
Ezequiel la llamó, pero Vivian no le respondió.
Sin moverse y con la espalda pegada a la parte posterior del árbol, contuvo el aliento sin querer volver a estornudar.
No podía creer que se hubiera quedado atrapada en medio de un grupo de asesinatos durante el examen.
No sólo asesinatos, sino también un fantasma en la mansión.
Insegura y ahora más preocupada, cerró los ojos mientras sus pies se alejaban hacia el otro lado, cuando lo escuchó llamar esta vez de manera informal.
—Vivian.
Sé que estás aquí, sal —dijo, lo que la hizo esconderse aún más y, de ser posible, se habría fusionado con la corteza del árbol.
Al verlo caminar en otra dirección, Vivian corrió desde allí en la dirección opuesta, sus pies se movieron rápidamente antes de escuchar pasos detrás.
No muy lejos vio al hombre corriendo hacia ella con la cara manchada de sangre.
Cuando se trataba de correr, Vivian lo hacía muy bien, pero en comparación con el hombre, era lenta.
Él hombre estaba casi a unos pasos de distancia cuando entró en la mansión y cerró las puertas tan rápido como pudo y el hombre detrás se golpeó contra la puerta, haciendo un gran ruido.
Alejándose de la puerta, Vivian observaba como la empujaba con fuerza, sonando la puerta con estruendo.
La sacudía ruidosamente.
El hombre que estaba afuera intentando abrirla.
Después de unos segundos, se detuvo.
Al acercarse a la puerta, trató de ver si podía escuchar algo, pero no escuchó nada.
Al asomarse por la ventana, un ceño cayó sobre su rostro al ver que ya el hombre no estaba allí.
Vivian miró a su alrededor antes de darse cuenta de que había otra puerta desde atrás y tal vez si fuera allí para cerrarla ahora, sólo terminaría encontrándose con él, lo que tenía sentido, ya que se podían escuchar los pasos acercándose en su dirección.
Mientras subía las escaleras se cayó.
Fue por el hombre que apareció de repente y detuvo al intentar alejarse, halándola de la pierna y haciéndola tropezar.
Su cuerpo rodó por los escalones golpeándose y cayó al suelo.
—¿A dónde corres?
—le preguntó Ezequiel caminando hacia ella y la miró.
Le dolía la frente donde la sangre había comenzado a derramarse producto de la caída, tocándola vio sangre en su mano—.
Tienes una cara bonita que me hace sentir mal dejar una cicatriz allí, pero ya no importa, no importa.
Pensaba dejarte vivir, pero ahora que me has visto con ellos —se refería a los cadáveres—, no puedo dejar que eso suceda, ¿verdad?
—¿Por qué?
—¿Por qué los maté?
—él le preguntó a ella— No me digas que aún no lo has resuelto, oh no, ya lo has averiguado —dijo—.
Yo entendí desde el primer día de qué cuerpos se estaba hablando.
¿Cruel, no lo crees?
convertir a uno de los examinados en el cuerpo.
Lamentablemente, cuando tomé a uno de ellos, otro examinado me atrapó, siguiendo el rastro de sangre.
Yo iba a responsabilizar al vampiro de sangre pura, pero luego, el concejal murió, cambiándolo todo, gracias a la perra en esta casa.
Yo debería ser más cuidadoso —susurró.
Sin embargo, Vivian no entendía quién había matado a quién.
Ella lo vio jugando con el pequeño cuchillo cubierto de sangre.
Jamien había matado a algunos de ellos, y Ezequiel afirmó haber matado a más de uno, pero también estaba el hombre llamado Fitot, que ni Jamien ni Ezequiel lo mataron, ya que ella lo había visto estrangulado por el fantasma.
El hombre, demasiado confiado, se dio la vuelta.
—Una vez que termine contigo seré el único candidato que quede para ser reclutado para el consejo.
¿Sabes lo importante que es para mí ingresar al consejo?
Es un sueño que no todos alcanzan —se volvió para ver el espacio vacío, ya que Vivian ya había huido corriendo de allí.
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