Bambi y el duque - Capítulo 180
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- Capítulo 180 - 180 Capítulo 181 – Nadie lo sabe - Parte 2
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180: Capítulo 181 – Nadie lo sabe – Parte 2 180: Capítulo 181 – Nadie lo sabe – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian entró en otra habitación, escondiéndose detrás de la puerta mientras sostenía una estatua de piedra en su mano.
Cuando él entró en la habitación, ella no esperó y en su lugar lo golpeó en la cabeza tan fuerte como pudo, pero el hombre era fuerte, Ezequiel agarró su muñeca y empujó su cabeza contra la pared, haciendo que su visión se cegara debido al impacto.
—Maldita mujer —gruñó en voz baja— ¡Tienes el descaro de pegarme!
—tiró y empujó de nuevo.
Vivian empujó su mano contra la pared, su mano balanceó el objeto afilado que atravesó el rostro de él, haciéndolo lanzar un grito de dolor— ¡Argh!
El intento de traspasarlo no funcionó.
Ezequiel la atrapó y la empujó contra el suelo, con las manos sobre su garganta, apretándola para ahogarla.
Ella luchó arañándolo y pateándolo, pero fue en vano, ya que su cuerpo había comenzado a perder fuerza.
Las manos del hombre apretaban alrededor de su garganta, reduciendo la entrada de aire, haciendo que sus ojos se volvieran llorosos.
Era como si hubieran sacado a un pez del mar e intentaba sobrevivir sin agua, llegando a su último aliento, la mano del hombre se aflojó.
Vivian se ahogaba por la falta de aire, tosió y sintió el dolor en el cuello cuando una lágrima se le deslizó por el rabillo del ojo.
Ella jadeó, empujando sus piernas y alejándose del hombre que se cernía sobre ella inmóvil con la boca abierta y los ojos muy abiertos.
La habitación estaba considerablemente oscura pero no lo suficientemente como para que ella no viera el pecho del hombre, donde cinco estacas lo estaban atravesando.
Cuando las estacas salieron por completo de su pecho, ella se dio cuenta de que eran dedos y no estacas, la sangre corrió como tinta a través de la camisa y escuchó a Ezequiel jadear cuando se formó un agujero en su pecho.
Cuando él cayó, vio las ropas deshilachadas en el suelo.
Alzando los ojos, vio el demonio que sostenía el corazón de Ezequiel en la mano.
Miró al ghoul y luego al hombre que yacía muerto frente a ella.
No muy lejos estaba el fantasma de la mujer haciendo que su corazón volviera a acelerarse.
¿Había venido a matarla?
El ghoul se adelantó, una mano sosteniendo el corazón y la otra ofreciéndole su mano para que ella la tomara.
¿El ghoul no podía sentir al fantasma detrás?
Tomando su mano, ella se puso de pie.
Evitando mirar la mano de él, ella sintió que la halaban en dirección a la puerta donde el fantasma comenzó a alejarse flotando.
El ghoul paró de halar.
Everest la miró antes de halar de nuevo.
¿El ghoul la había mantenido viva para sacrificarla al fantasma?
Con los músculos adoloridos debido a las repetidas caídas y la falta de sueño, se formaron círculos oscuros alrededor de sus ojos con la frente manchada de sangre.
Caminó para seguir al ghoul mientras la conducía por los pasillos.
El fantasma había desaparecido de la vista dejando sólo al demonio con Vivian.
—¿A dónde vamos, Everest?
—preguntó sin recibir respuesta hasta que llegaron a pararse en algún lugar en la oscuridad.
Al escuchar el clic, se abrió una puerta.
Al salir vio que era el balcón que ella había querido ver desde que había llegado aquí con los demás.
Vio los copos de nieve moverse hacia arriba hasta que desaparecieron en el cielo donde no se podía ver.
—¿La conoces?
—le preguntó al demonio, quien no le respondió.
El fantasma se había ido, haciéndola preguntarse si tenía miedo del ghoul.
Dudaba que alguna de las personas con las que había pasado tiempo hubiera encontrado éste hermoso lugar.
Caminando hacia el frente, se puso de pie para sentir los copos de nieve que la rodeaban.
Se volvió para mirar al demonio que estaba parado en la puerta sin vida.
Ahora no había nadie en la mansión, y a excepción de Ezequiel, un hombre a quien ella había visto ser enterrado y al concejal, todos los demás habían desaparecido de su vista.
Miró a la superficie y sentía nada menos que un suelo nevado, sólo que esta vez estaba alisado.
—No —se susurró a sí misma en autorrealización.
Cuando el fantasma apareció en su sueño, supo que era una mujer que había visto en algún lugar, pero no podía recordar cuándo y dónde.
El esqueleto no era su primer recuerdo, era éste piso en el que había estado con Leo.
Ella había visto a la mujer aquí.
Inclinándose hacia el suelo, tocó la superficie fría donde se formaban los copos de nieve.
Volvió a ver a la mujer, pero esta vez su rostro no estaba deteriorado ni las cuencas de sus ojos estaban vacías.
La mujer lloró con los ojos llenos de lágrimas mientras miraba a un hombre que estaba en los pasillos de la misma mansión, sólo que había luz y objetos de decoración que no lo hacían parecer abandonado.
Ella lloró, sollozando con la cara rota.
—¿Cómo puedes decir esto?
¿Ya no te importo?
¿No soy suficiente para tí?
El hombre la miró con indiferencia, apartó la cara y suspiró.
—Lo que tuvimos fue arreglado.
—Dijiste que me amabas —su voz estaba herida y en su rostro era evidente que mostraba lo destruida que se sentía.
—Nunca te amé.
Me convenía más casarme con una humana que con una bruja.
Deberías saberlo mejor que nadie.
Te has escondido aquí como mi amante en esta mansión.
Tener una amante ya es una vergüenza.
La mujer se secó las lágrimas para preguntar con incredulidad en su rostro.
—¿Quieres decir que me echas?
—No te preocupes querida, no te lanzaré a la calle.
Te mantendré aquí —sonrió el hombre, aplaudiendo con ambas manos.
Entonces apareció un guardia—Entiérrala en el balcón de allá arriba —ordenó el hombre, e incluso Vivian, quien estaba de pie mirando la escena que se desarrollaba, se sintió conmocionada por ella.
—¡No!
—la mujer gritó cuando la estaba tomando el guardia.
Vivian apartó la mano sin querer mirar más, sabiendo bien lo que había sucedido.
Que ella pudiera leer esos recuerdos sólo significaba una cosa.
Debajo de éste piso yacía el cuerpo de la mujer que fue enterrada viva o muerta.
Los rumores decían que había una bruja negra y que ella era una amante, pero la verdad era que era una bruja blanca y no una bruja negra.
Su alma debió haber sido torturada hasta que la hizo aparecerse en forma de fantasma, pensó Vivian para sí misma.
La noche había pasado, el cielo comenzó a iluminarse y Vivian fue a la esquina para dejar que su espalda se apoyara en una pared mientras se sentaba.
Los copos de nieve desaparecieron cuando el cielo se iluminó por completo.
Ella miró hacia arriba donde las nubes aún continuaban flotando.
Le dolía el cuerpo, el dolor era sordo mientras permanecía allí inmóvil.
No sabía qué hora era y cuánto tiempo permaneció allí sentada notando que el ghoul había desaparecido.
Habían dejado a Jamien en el bosque, pero él también debió haber muerto, ya que nunca regresó, y Ezequiel no fue quien lo mató.
¿Entonces fue la mujer fantasma?
esa era la única explicación posible a la que podía llegar.
¿Había estado el fantasma aquí todos estos años, inquietante, pero haciendo qué?
Ah, pensó, el cuerpo estaba enterrado, pero no había encontrado la paz.
El cuerpo necesitaba ser enterrado en un lugar mejor para dejar descansar el alma.
Tal vez, una vez que los concejales llegaran, ella podría preguntarles, pero ¿Qué les diría?
¿Qué cavaran en el piso para encontrar el cuerpo?
Pero eso haría que la interrogaran aún más.
Sintió que algunas cosas quedaron sin explicación, mientras que otras tenía sentido, al menos eso fue lo que ella concluyó.
El fantasma no la había tocado o se había detenido a la llegada del ghoul.
Vivian no sabía lo que había hecho Fitot, y quién mató al concejal, pero supuso que fue el fantasma, ya que los ojos eran muy similares a los que tenía después de su muerte.
¿Por qué?
quizás nadie lo sabría, pero la única cosa que tenía claro era que a la dama le habían hecho daño.
Ella había ayudado al hombre y a cambio, ella había sido difamada, llamada bruja negra e incluso después, él no hizo nada para limpiar su nombre.
Ella cerró los ojos cuando la temperatura en la en el ambiente comenzó a subir.
Cuando llegaron los concejales, los tres llegaron antes de lo previsto, ya que habían sido informados sobre la muerte del concejal.
Oliver no había regresado a casa.
Después de llegar a la mansión, los hombres, posaron sus ojos en la pared donde estaban presentes las líneas de sangre secas.
Leyendo lo que estaba escrito a continuación, entraron en la mansión.
—Está todo muy tranquilo y hay sangre —comentó Hueren entrando en la mansión y viendo a un lado donde había sangre en la pared lateral.
—Parece que todos están muertos —dijo Creed, su voz profunda resonaba en las paredes— ¿Dónde está Oliver?
—preguntó por el concejal que debía vigilar el lugar.
Lionel, quien había ido con ellos, observó la escena donde no había una sola alma a la vista.
Si estaban muertos significaba que todos habían reprobado el examen.
Se le pidió a los examinados que buscaran un cuerpo cuando no había un cuerpo en primer lugar.
Los concejales estaban seguros que cuando los examinados se dieran cuenta, se perseguirían entre ellos para convertirse en un cuerpo.
Su compañero, el concejal Creed, les había dicho que hicieran todo lo posible a menos que los pillaran con las manos en la masa.
Una examinado podría superar cualquier límite si fuera necesario para obtener algo a cambio.
Pero esta vez, el propósito del segundo examen fue poner a prueba su mente y su valor.
Todos habían fallado, al menos a la manera de ver del concejo.
Una persona tenía que aprender a protegerse y también aprender que no debía quitarle la vida a otro.
—Busca a cualquier persona viva —dijo Lionel mientras observaba el lugar.
No era la primera vez que alguien moría en el segundo examen y, más bien, era lo común, ¿pero los nueve?
Debía ser la primera vez, pensó para sí mismo.
Al escuchar algo en una de las habitaciones, entró, siguiendo el sonido que provenía del armario.
Al abrirlo, un hombre gritó, quien era uno de los examinados, para ser más específico, la quinta persona que había desaparecido antes de que Vivian encontrara al concejal.
—¡Concejal Lionel!
—el alivio en la voz del hombre era evidente a medida que salía del estrecho lugar.
Lionel miró al hombre.
entonces hay un hombre que sobrevivió.
—¿Qué haces escondido aquí?
El examinado giró la cabeza antes de decir.
—Había un hombre con éste cuchillo —el consejero mayor lo miró fijamente, mirando a un hombre adulto que temía por el cuchillo— ¡No, no!
no lo entiende, tenía sangre en el cuchillo, pero eso no era todo.
¡Había un fantasma siguiéndolo!
Lionel miró al hombre con su monóculo de cristal como si al humano le hubieran crecido dos cabezas.
Pero lo que Lionel no sabía era que lo que el hombre decía era verdad.
El hombre que era otro vampiro humilde que se llamaba Axel; el segundo día había salido al bosque en busca de comida durante la noche cuando vio al humano Ezequiel que llevaba un cuchillo en la mano chorreando sangre.
Axel había adivinado que el humano había matado a un compañero examinado.
Lo había seguido sigilosamente para ver que el humano se comportaba como si nada hubiera pasado.
Había seguido al humano por vaga curiosidad cuando vio a la mujer examinada que caminaba detrás del hombre no demasiado lejos.
¿Había estado usando un vestido de color blanco anteriormente?
No podía recordarlo, ya que sólo podía ver su parte posterior.
Lo primero que pensó fue que los humanos irían a una habitación para pasar la noche solos juntos, pero, cuando la mujer se dio la vuelta, vio la cara podrida y las manos que parecían descompuestas.
Siendo un vampiro humilde, estaba completamente aterrorizado al ver los ojos vacíos sin globos oculares y se dio cuenta de que no era la mujer examinada, sino un fantasma de la mansión.
Para empeorar las cosas, él se había parado justo en frente del cuadro donde habían pintado a la misma mujer.
Al segundo siguiente, el vampiro había corrido en la dirección opuesta, ya que su vida dependía de ello.
Había escuchado lo suficiente sobre ese lugar para saber que había un fantasma que residía y mataba a hombres especialmente.
Entró en la habitación que estaba en el piso de abajo, abrió el armario y se metió mientras pasaba todo el tercer día allí hasta el momento en que Lionel acababa de abrir el armario.
Sólo él sabía cuán sofocante había resultado estar sentado en ese lugar donde de vez en cuando tenía que abrir el armario para escuchar sólo ruidos extraños que lo hacían cerrarlo de nuevo.
—Créame, concejal Lionel —dijo, inclinándose hacia adelante mientras miraba al anciano.
Para ser un vampiro, tenía grandes ojos que sólo los humanos poseían, suponiendo que se tratase de un vampiro.
—¿Qué pasó con los demás?
¿Dónde están?
—el concejal salió de la habitación mientras preguntaba y el hombre lo siguió de cerca.
—No sé, señor.
Estuve en el armario todo el tiempo después que los cuatro hombres desaparecieran —dijo el vampiro con las manos cruzadas cerca de su pecho.
Mientras Lionel interrogaba sobre lo sucedido, Hueren había ido en busca de los otros examinados, especialmente buscando a la dama.
Cuando llegó al balcón que estaba abierto, corrió a buscarla en la esquina más alejada con los ojos cerrados.
—¿Lady Vivian?
—Hueren tocó el hombro de Vivian, sus ojos se habían cerrado debido al agotamiento.
La mujer parecía herida y en la frente tenía un corte, pero eso no era lo que le molestaba.
Fue algo más que llamó su atención, —¿Está bien, Lady Vivian?
—le preguntó preocupado mirándola a los ojos adormecidos.
—Sí —respondió sin entusiasmo, su voz estaba completamente cansada y todo lo que quería era una cama.
Una cama sería suficiente, incluso una superficie suave donde pudiera acostarse— ¿Se acabó?
—ella le preguntó.
—Ah, sí.
¿Podrá caminar o prefiere que…?
iba a decir que podría cargarla o ayudarla, pero ella se levantó —los pies de la niña no estaban firmes, pero ella logró caminar, haciéndole preguntarse qué había pasado allí.
Al bajar, se encontraron con los concejales que estaban con otro candidato.
Cuando los ojos de Vivian se posaron en el otro examinado, una mirada de sorpresa pasó por su rostro.
—¡Pregúntele a la dama, estoy seguro de que ella lo sabrá!
—dijo el hombre, haciéndola desconfiar de lo que le iban a pedir.
Ignorando al hombre, Lionel le preguntó a Hueren.
—¿Está aquí?
—Sí, señor —respondió Hueren.
Lionel asintió y luego Creed habló, el hombre con un sólo parche negro en la cara.
—Encontré al vampiro de sangre pura muerto en el suelo.
¿Podrías explicarme y aclarar lo que sucedió aquí, mi Lady?
—le preguntó a Vivian, con los ojos tensos puestos en los de ella, que era un peso demasiado grande para Vivian.
Había una sonrisa en su rostro, pero había algo mortal y desalentador en ese hombre de mediana edad—.
Hueren, si pudieras traer un vaso de agua —le ordenó a su subordinado, quien se inclinó y salió corriendo—.
Axel afirma que había un fantasma, que uno de los humanos mató a otro examinado y también, si me puedes decir dónde está el concejal Oliver.
Para cuando llegó Hueren, Vivian había contado fragmentos de lo que había sucedido, dejando a la mujer fantasma por fuera.
Vivian creía que no debía contar algunas cosas y suponía que eso era algo sobre lo que debía permanecer callada, al menos hasta que llegara a donde estaba Leo.
También había obviado la parte donde el ghoul había ido a rescatarla y matar al humano.
Según sus palabras, ella había golpeado su cabeza, pero no sabía cómo lo habían matado, lo que seguía siendo un misterio para ellos, ya que sus manos estaban limpias sin sangre, excepto la de él.
Hueren había ido con Axel a mirar la lápida donde habían encontrado el cuerpo del concejal.
No pudieron mirar el cuerpo por mucho tiempo debido a su condición; volvieron a informar lo que encontraron, confirmando que el hombre había sido asesinado.
Cuando se le preguntó a Vivian, ella sacudió la cabeza fingiendo ignorancia.
Ella respondió.
—No sé —pero el otro examinado continuó afirmando cómo fue la dama fantasma quien lo había matado.
Para el concejal mayor, Lionel, el asunto no era una sorpresa.
Los examinados fueron puestos en aislamiento sin comida ni agua, lejos de la civilización donde uno tendría que caminar todo un camino, con el objetivo de tener que encontrar un cuerpo que no existía.
Fue una prueba para ver quién sobreviviría y quién era digno de ser parte del consejo, ya que el consejo no reclutaba gente de la nada.
Necesitaban personas lo suficientemente cuerdas y éste examen en particular fue diseñado por el propio Lionel.
Por casualidad, un hombre se había mantenido con vida y un examinado inesperado, la mujer, quien había sobrevivido.
—Señor, había un fantasma, tienen que hacer una inspección aquí.
Esa mujer en el retrato… —habló el humilde vampiro, pero fue regañado por el concejal Lionel.
—Eso es suficiente.
Una palabra más y te pondré en un recinto de enfermos mentales.
—lo fulminó con la mirada.
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