Bambi y el duque - Capítulo 186
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- Capítulo 186 - 186 Capítulo 187 – Cómo funciona - Parte 2
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186: Capítulo 187 – Cómo funciona – Parte 2 186: Capítulo 187 – Cómo funciona – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Reuben miró la foto de la mujer que estaba en la caja.
Aunque habían pasado veinte años desde que se había casado legalmente con su esposa para vivir una vida tranquila y pacífica, la que estaba en la caja era quién le había robado el corazón hace mucho tiempo.
Levantando la foto, la puso cerca para mirarla.
Su cabello era negro como la tinta para acompañar el color de sus ojos.
Su expresión era seria, como muchas otras veces que la había visto durante el tiempo que la había conocido, pero había una leve sonrisa que el pintor había captado; cualquiera pensaría que el pintor le había agregado un toque propio para resaltar la belleza de la persona.
Al girar la imagen para mirar detrás, se leía el nombre: ‘Isabelle Genevieve’.
Isabelle, pensó para sí mismo.
Era una bruja blanca, una mujer fuerte como el hombre con el que se había casado.
La había amado en esos años cuando sólo se había convertido en un medio vampiro y ella todavía era una bruja sola que viajaba por las cuatro tierras para no ser atrapada por los humanos, ya que, en ese momento, la palabra bruja era peligrosa; era como una chispa que prendería un fuego ante la duda de la gente.
La imagen que tenía era de esa época, quizás un mes después de haberse conocido.
Había estado fuera y hambriento, queriendo matar cualquier cosa viva con la que pudiera saciar su sed y tropezó con esta mujer.
Era de noche cuando él se había abalanzado sobre ella, —¿Qué crees que estás haciendo?
¿No sabes que una bruja tiene veneno en su sangre?
—había hecho que el joven Reuben, quien todavía era nuevo en la forma de vampiro, la mirara con cautela—.
Una mordida y morirás, deteriorándote poco a poco —al ver qué el no retiraba sus manos, manteniéndola inmovilizada contra el suelo, ella dijo—.
Continúa…
dame un mordisco y compruébalo por ti mismo.
Una sonrisa se formó en sus labios ante ese recuerdo particular suyo con ella.
Ella siempre había estado callada con los ojos severos.
La mayoría de las brujas blancas con las que se había encontrado eran de naturaleza gentil, pero ella no lo era, sus pensamientos eran fuertes y la forma en que vivía era salvaje, hasta que se enamoró de Zachary Delcrov.
Colocando la foto nuevamente en la caja, la empujó a su compartimento secreto.
Habían pasado años desde que falleció, pero los recuerdos de ella eran tan claros como ayer.
Si no fuera por su voluntad, él no habría llegado a ser Director del Consejo y seguiría siendo un vampiro rebelde que ahora ya habría sido destrozado por violar las leyes del consejo mismo.
Qué irónico, pensó para sí.
Pensar que ella ya no estaba traía una leve incomodidad en su pecho.
Ella era su querida amiga, una mujer de la época, y deseaba que todavía estuviera viva.
Con ese pensamiento en mente, cerró el cajón para comenzar a evaluar y firmar los papeles que había sobre el escritorio.
… Vivian siguió a Leonard a través de otro lado del consejo, caminando por los salones que estaban divididos por cubículos, y cada vez que avanzaba, veía a algunas de las personas que, sentadas allí, llamaban su atención mientras sus ojos se movían sin detenerse.
Después de caminar unos pasos más, Leonard abrió una puerta y ella entró para ver a los dos hombres que ya había conocido antes.
Hueren y Datan, quienes miraban un cuadro que estaba extendido sobre la mesa; tenían la espalda recta ante la presencia de Leonard, quien había entrado en la habitación con Vivian detrás de él.
—Lady Vivian, felicidades por acompañarnos —Datan la recibió con una reverencia.
Hueren, quien había estado de pie mirándola, se dio cuenta de que tenía que felicitarla, de lo contrario, parecería descortés.
Bajando la cabeza, la saludó.
—Lady Vivian.
—Gracias —Vivian tomó el saludo.
Si fuera antes, el humano, Hueren, habría sido feliz, pero esta vez había una incomodidad en el aire que emanaba de él.
Lady Vivian no estaba soltera ni era cualquier mujer, era la esposa de su superior, a la que había estado tratando de cortejar cada vez que se habían encontrado, lo que pasó ya dos veces hasta ahora.
Descubrirlo así de la nada le había sorprendido.
Tal vez si alguien dijera que un perro podía hablar hubiera sido mucho más fácil de digerir esta noticia para él.
Luego la vio sonreír, una gran sonrisa que estaba plasmada en su rostro.
—Pareces estar de muy buen humor, Lady Vivian —comentó Datan.
Vivian estaba radiante de felicidad, al decir.
—Estoy feliz de haber llegado finalmente aquí.
Es agradable tener un toque femenino en el equipo, pensó Datan para sí mismo.
Mientras, Hueren no pudo detener sus lágrimas internas como un niño, incapaz de creer que había perdido su oportunidad con una dama como ella.
Datan se alegró de finalmente tener a alguien normal en éste equipo aparte de él.
Lionel era un hombre fácil de enojar cuando algo salía mal y tenía la costumbre de ser lo más grosero posible con sus palabras.
Una persona como él en su equipo, hacía las cosas difíciles.
Luego estaba el duque, quien rara vez hablaba a menos que estuvieran trabajando.
El hombre generalmente se resguardaba en sí mismo sin mezclarse mucho con los demás.
Sólo había unas pocas personas cuidadosamente seleccionadas con quién hablaba Leonard.
Luego estaba Hueren, quien había superado la curiosidad de un gato y que a menudo se metía en problemas deambulando por los departamentos equivocados donde se suponía que no debía estar.
Esto a menudo lo llevaba a más regaños por parte de Lionel, que no castigaba a un miembro sino a todo el equipo.
Leonard se apartó del lado de Vivian y fue a sentarse en su escritorio.
—Después de tener que completar tareas tan difíciles en el segundo examen, es un sentimiento común de logro.
Deberíamos estar muy contentos de que te hayas mantenido con vida.
Escuché lo que sucedió —afirmó Datan, y antes que se sumergieran a hablar del grave asunto, él cambió el tema de inmediato— ¿Recibiste la mansión y el carruaje?
Esto hizo que las orejas de Hueren se animaran.
—¿Mansión?
¿No eran unas tierras?
—le preguntó a su compañero concejal.
Datan sacudió la cabeza con una sonrisa en su rostro mientras levantaba las cejas.
—No, escuché a Lionel hablar con Reuben sobre cómo iban a ofrecerle a Lady Vivian una mansión y otras cosas como para motivar a más mujeres a ser miembros del concejo.
—¡Desearía ser una mujer ahora!
—había decepción en su voz cuando lo dijo.
Datan se rio entre dientes.
—Sí, creo que la mayoría de nosotros desearía eso después de escuchar lo que ofrece el consejo principal ¿Te gustó?
—le preguntó a Vivian.
—No la tomé —su simple respuesta hizo que Hueren azotara la cabeza, con los ojos llenos de admiración por su noble corazón, hasta que ella dijo—.
Ya está la mansión Carmichael, no necesito otra donde nadie viva —al principio, Datan parpadeó y luego abrió mucho los ojos mirando a Hueren, quien lo miró con tristeza antes de mirar a su superior, quien tenía los ojos pegados al libro que sostenía en su mano.
—Perdón, Milady, —¿era que lady Vivian y el duque Leonard tenían una relación sin que nadie lo supiera?
pero entonces Heuren parecía saberlo.
Vivian tuvo la impresión de que el concejal se preguntaba por qué había renunciado a la mansión, después de todo, la mansión no era algo que una persona adquiriera tan fácilmente.
—Pensé que sería más fácil mantener una pequeña casa.
Una vez que Leo y yo tengamos hijos, tal vez podamos darles la mansión.
Sería agradable esperar una vida tranquila en los años por venir.
Leo, quien había estado leyendo, dejó de mirar las palabras del libro cuando sus oídos se alteraron.
Pensar que ella había pensado en eso hasta ahora le trajo una alegría inmensa, aunque en ese momento no lo demostró.
Datan sonrió al entender lo que dijo la Dama y luego le dio una mirada de lástima a Hueren, quien se había sentado en un rincón de la habitación para deprimirse.
Luego se volvió para mirar a su superior.
—No sabía que estabas casado.
Felicitaciones por la boda —deseó.
Leonard le diera un pequeño asentimiento y volvió a leer su libro—.
Le di los informes a Lord Nicholas, como usted pidió, pero aún no los ha traído de vuelta con las firmas ¿Quiere que vaya a recogerlo?
—Eso no será necesario, dijo que vendría antes del anochecer.
Puedes recogerlos y ponerlos en la caja —sugirió Leonard— ¿Encontraste algo sobre la fabricante de pociones?
Hueren respondió.
—Todavía no.
Su rastro ha estado cerca, pero cada vez que creemos haberla encontrado, ella desaparece.
—Vivian —ante la mención de su nombre completo, Vivian se dio la vuelta para escuchar los deberes en los que estaría trabajando—.
Para informarte sobre lo que hacemos, por lo general, trabajamos en las muertes por catástrofes que tienen origen natural.
Intentamos encontrar la causa de la muerte e informarla con la conclusión correcta de lo que podría haber sucedido en la escena.
Además de eso, también trabajamos para detener a los delincuentes que violan las leyes del el consejo.
—¿Leyes del Consejo?
—ella le preguntó.
—Si alguien compartiera una evidencia en particular obtenida por el consejo y se la entregara a otro equipo, o a un tercero, y causa daño al bienestar de las personas, somos el equipo que interviene y limpia la evidencia —dejó el libro y se levantó de su asiento—.
También hay momentos en que cierto departamento pueden solicitar ayuda, que generalmente es proporcionada por el Lord de las tierras o el Director del consejo.
Datan intervino en la conversación en ese momento.
—Estamos ayudando, ya que somos mucho más adecuados para el trabajo que alguien que viste ese día en la tierra del hombre muerto.
—Para abreviar, la mayor parte de nuestro trabajo implica adelantar el trabajo de otros, que fueron incapaces de averiguar lo que había sucedido.
Como soy uno de los duques de Bonelake, tengo otras responsabilidades que le doy a estos hombres, lo que ahorra tiempo —Vivian sintió como si hubiera sido ubicada en el equipo correcto y se alegraba de trabajar aquí, que es donde trabajaba Leo.
Todo sonaba tan emocionante que apenas podía esperar para comenzar.
La muerte de Charlotte todavía estaba en duda y Leo la había aceptado, pero era algo que tendrían que llevar codo a codo con la investigación actual que tenían.
Leo sacó su reloj del bolsillo y les informó a sus dos compañeros concejales que estaban en la sala.
—Tengo que asistir a una reunión del jurado.
Ve si puede ir al departamento y sacar el documento como lo discutimos —le ordenó a Hueren cuya cara de repente se puso seria.
El hombre asintió—.
Datan, puedes cobrar la tasa de impuestos que no han dado las familias que viven al lado de la ciudad de la Isla.
—Creo que todos ya han pagado sus impuestos.
Leonard miró a su supervisado para decirle.
—No todos ¿Quieres que saque los informes y muestre a quienes podrían estar faltando?
Asegúrate de realizar un correcto chequeo y luego ir a las ciudades que se encuentran en un radio de cinco kilómetros.
—¡Sí, señor!
—Datan contuvo el aliento cuando Leonard lo miró.
Vivian, quien los vio prepararse para salir de la oficina, le preguntó a Leonard.
— ¿Qué voy a hacer?
—¿Tú?
—ella diligentemente asintió a su pregunta— Puedes leer los documentos que tenemos aquí, los rastros que hemos encontrado para ponernos al día —Leonard señaló el pequeño montón de documentos que estaba al otro lado de la mesa—.
Termínalos rápidamente y puedes investigar un poco después de eso.
Sus ojos siguieron la dirección de su mano, y luego, mirándolo nuevamente, ella dijo.
—Lo terminaré en un día.
Leo se volteó para mirar la mesa.
—No esa mesa.
La mesa de al lado —dijo, sosteniendo su sonrisa cuando sus ojos se abrieron con la cantidad de más de veinte archivos apilados en la mesa que contenían información sobre el caso en el que estaban trabajando antes de irse.
Sintió que Leo quería decirle algo, pero él contuvo sus palabras, ella era una concejala ahora y, por lo tanto, confiaba en ella.
Asintiendo con la cabeza, dejó la habitación para ella sola, con los dos hombres siguiéndolo a él.
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