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Bambi y el duque - Capítulo 187

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187: Capítulo 188 – Cómo funciona – Parte 3 187: Capítulo 188 – Cómo funciona – Parte 3 Editor: Nyoi-Bo Studio Al escuchar el sonido del cerrar de la puerta, Vivian se quedó en una habitación llena de documentos que estaban sobre el escritorio.

El lugar donde Leo se había sentado parecía ser su asiento habitual ya que la mesa estaba limpia con los papeles apilados en un orden simétrico, pero cuando miró el resto de los puestos, parecía como si hubieran sido arrojados al azar, debido a que el escritorio en el que Hueren había estado sentado parecía que podría caerse en cualquier momento.

Respiró hondo y suspiró antes de comenzar a apilar los papeles de la manera correcta, que le permitiera hacerle más fácil revisar y guardar.

Una vez hecho esto, decidió ordenar la otra pila de archivos que Leonard le había pedido que leyera.

Conociéndolo, sabía que él tenía grandes expectativas sobre ella y no quería decepcionarlo, pero la forma en que la habitación estaba desordenada era algo que no podía pasar por alto.

Le llevó menos de quince minutos hacerlo y se sentó en la silla para levantarse de repente cuando se abrió la puerta y el concejal mayor entró en la habitación.

Lionel la miró.

—¿Por qué estás sentada allí inactiva?

¿No te han dado ningún trabajo?

—le preguntó mientras sus ojos exploraban la diferencia en la habitación.

—Me han pedido que lea los archivos aquí —él le dio un breve asentimiento.

Yendo a un escritorio que no había tocado, lo escuchó decir.

—No tocaste mi escritorio.

¿Está lleno de termitas que no lo hiciste?

—se volteó para preguntar, antes de buscar algo por lo que había ido a la habitación.

Vivian no estaba segura de si estaba preguntando por desilusión o por agradecimiento al no poner sus manos sobre su escritorio.

El escritorio de Lionel tenía un pequeño tablero con su nombre en la parte superior, ella había decidido no tocarlo por no saber lo que diría el hombre si llegaba a darse cuenta de que había tocado sus pertenencias, pero ahora no lo sabía.

—Ayúdame a buscar un pergamino.

El maldito guardia tuvo que recordarlo ahora, justo antes de que el jurado decida finalizar el caso —murmuró entre dientes—.

Es un pergamino que tiene un sello rojo.

Uno del consejo.

Debo haberlo colocado en algún lugar aquí —dijo, revisando archivo tras archivo.

A Vivian no le importaba ayudarlo.

Comenzando a buscar el archivo que él había mencionado, ella revisó también.

Tal vez él quería que limpiaran su escritorio como ella había hecho con el resto y tal vez si los hombres de aquí aprendieran la importancia del orden no habría tantos problemas para encontrar un archivo.

Al pensar que un concejal superior mantenía su escritorio en ese estado de desorden, se preguntó qué más iba a descubrir en éste lugar, tomando en cuenta que hay gente que literalmente no le importaría matar a otros para conseguir un puesto aquí.

Ahora era comprensible, ya que los concejales proporcionaban a los examinados aprobados tierras y buena credibilidad dependiendo del nivel que alcanzaran.

Ella podría haber encontrado el archivo usando sus manos, pero sacando sus guantes frente a él, no sabía si sería correcto.

Pasaron unos minutos más antes de que ella sacara un archivo que estaba atascado entre otros dos.

—¿Es éste?

ella le preguntó.

—Finalmente.

Sí, gracias por ello.

Puedes continuar con tu trabajo ahora —y salió de la habitación.

—No hay problema —le susurró en la habitación.

La sala era suficiente para albergar a diez personas, pero sólo había cinco escritorios; cuatro escritorios asignados al equipo y el otro que estaba lleno de archivos, con pequeñas ventanas en la pared por donde se podía ver la luz pasar.

Cuando Hueren regresó después de una hora, la habitación era diferente a cuando se había marchado.

Su escritorio parecía limpio, al igual que los demás.

Sus ojos se posaron sobre la mujer que se había quedado dormida con la cabeza contra la mesa de un escritorio.

Qué valiente es, pensó para sí mismo, quedarse dormida en la oficina, en el escritorio del duque, cuando su superior le había pedido específicamente que leyera los archivos.

Leer los archivos era un trabajo muy aburrido, pero era donde se podía comenzar a ver en qué estaban trabajando para tener una idea justa de lo que estaba sucediendo.

Parecía estar en paz mientras dormía profundamente con los brazos sosteniendo su cabeza.

Mirar alrededor de la habitación le recordó la historia de Blanca Nieves y los siete enanitos que existían en el mundo humano.

Lady Vivian era blanca como Nieves, pero sólo había cuatro enanos aquí.

Al escuchar los pasos que se acercaban afuera, rápidamente saltó a su asiento, sacando un libro de su mesa para leer cuando la puerta se abrió con Leonard seguido por Datan, quien estaba hablando sobre los impuestos.

—…

les pregunté al respecto, pero lo han estado negando —dijo Datan entrando, en la habitación.

—Haz que el magistrado participe en la reunión.

Él tendrá el registro que desapareció de quien no dio el reporte mensual —encontrando a Vivian durmiendo en su escritorio con los ojos cerrados y respirando fuerte, hizo una pausa antes de calmar su voz—, pídele que se encuentre conmigo.

Hablaré con él.

Mientras caminaba hacia donde estaba Vivian, sus ojos seguían mirándola mientras los otros dos concejales esperaban para ver qué iba a hacer su superior.

A Leonard generalmente no le importaba dejar que sus hombres se aflojaran de vez en cuando, pero cuando se le daba un trabajo, especialmente a un novato, el hombre era intolerable.

Pero ya habían esperado una reacción diferente, la dama era su esposa.

Leonard se quitó el abrigo que llevaba puesto y se lo puso alrededor de los hombros para que no sintiera frío, ya que las oficinas del consejo se construyeron bajo tierra.

Cuando se dio la vuelta, vio dos expresiones estupefactas en sus dos supervisados.

—¿Qué?

—preguntó en un tono de asombro— Hueren —el duque llamó al humano y éste se inclinó para preguntar qué había sucedido.

Claro que estaba tratando de cortejar a su esposa y había estado parado cerca de ella hace unos momentos, pero eso no significaba que resultaría en su muerte, ¿verdad?

—Sí, Duque Leonard —ante la respuesta de Hueren, Datan se preguntó si Hueren había cometido un error dirigiéndose a su superior de la manera que lo había hecho.

—¿Estás aprendiendo como ser una lagartija?

—la seriedad en su voz hizo que el hombre parpadeara dos veces— ¿Por qué estás sosteniendo tu libro al revés?

—preguntó Leonard.

El humano se miró las manos donde sostenía el libro al revés que había recogido de la mesa a toda prisa después de escuchar el sonido de unos pasos.

Girando el libro, Hueren lo levantó para intentar esconderse detrás de él.

Leonard fue y se sentó en el asiento de Lionel.

Hueren se escondía detrás de su libro, mientras Datan seguía asimilando el hecho que el duque se había casado y que ni una palabra había salido al público.

Mirando al hombre y luego a la mujer dormida que tenía el abrigo de su esposo a su alrededor, pensó que había sido una boda tranquila.

Durante todo éste tiempo, el hombre nunca entretuvo a una mujer, les hablaba si se acercaban a él por cortesía, pero nunca había tratado de complacer a una mujer a los ojos del consejo, por lo que la experiencia de casarse se sentía extraña ahora.

Habiendo conocido a la Dama ya, la mujer era alguien a quien admirar.

No sólo había pasado el examen, sino que también había logrado capturar el corazón del duque, lo que la hacía una mujer increíble, pensó Datan para sí mismo.

Cuando Vivian se despertó, la habitación estaba vacía de nuevo ya que los hombres tenían que hacer cosas y debían discutir los tratados que se estaban celebrando en las diferentes partes de la ciudad en nombre de la paz.

Mientras tanto, hizo un esfuerzo por mirar los archivos que le habían pedido que leyera.

Aparentemente, la situación era tal, que hasta que no entendiera en detalle los casos, no se le permitiría hacer el trabajo preliminar y tendría que quedarse aquí trabajando con los documentos.

Era un trabajo minucioso, donde cada departamento del consejo debía participar y sellarlos, revisión que a menudo sería evaluada por un equipo.

Había dos casos en los que Leonard y su equipo estaban trabajando, uno era sobre unos conmutadores que habían sido entregados por otros hombres del consejo que no pudieron resolverlo.

El segundo caso era sobre las muertes que ocurrían a menudo alrededor del pueblo.

Las muertes causadas por humanos, vampiros y las brujas negras.

Cogió otro archivo que tenía una línea de pergaminos dentro y comenzó a leer la letra que se veía en mal estado.

… En un momento de la noche, Vivian estaba parada al lado de Leonard esperando el carruaje.

Aunque no habían pronunciado una palabra, la noticia de que el duque estaba cuidando a su mujer en su equipo se transmitió rápidamente.

—¡Duque Leonard!

—un joven llamó desde una gran distancia, con la mano levantada, queriendo impedir que se subiera al carruaje—.

El jefe de la junta, Rueben, lo estaba buscando.

Dijo que necesita revisar los informes que se presentaron éste mediodía.

Pero Leonard no estaba de humor para quedarse en el consejo y quería irse a casa.

—Dile que me voy a casa —el joven lo miró preocupado.

—Por favor, Duque Carmichael —suplicó el hombre—.

Esto no debería tomar más de cinco a diez minutos.

—¿Y cómo sabes eso?

—Leonard ladeó la cabeza— Si eres consciente de eso por qué no miras los informes tú mismo —al ver al Duque girar hacia la puerta del carruaje, el hombre respondió.

—Sólo estaba estimando el tiempo que podría tomar.

Discúlpame —el joven inclinó la cabeza, no la levantó y permaneció así hasta que Leonard finalmente habló.

—Bien.

Di que estaré allí —asintiendo con la cabeza y volvió por donde había venido— ¿Estarás bien aquí?

—preguntó sin poder dejar de lado su viejo hábito de preocuparse por ella.

—Estaré bien —le regaló una sonrisa tranquilizadora al verlo alejarse de ella y del carruaje.

Ella se quedó allí esperándolo, preguntándose cuánto tiempo le tomaría regresar, cuando escuchó un susurro detrás de ella.

Girando, sus ojos vagaron por el bosque, pero no vio nada allí.

Mirando hacia los árboles, sus ojos se encontraron con un nido que había sido construido sobre donde ella estaba.

Dando un paso atrás, trató de ver mejor antes de ver por el rabillo del ojo que algo se movía.

Su cuello se movió de izquierda a derecha para escanear los altos árboles y delgados y el suelo cubierto con las hojas caídas, secas y doradas.

—Voy a dar un pequeño paseo —informó Vivian al cochero.

Mientras se adentraba en el bosque arbolado que rodeaba el edificio del consejo, pisó las hojas secas que se habían marchitado y caído.

Aunque el edificio estaba ubicado alrededor del bosque que albergaba a más de trescientas personas, casi no se podía encontrar a nadie afuera.

En algún lugar en la esquina más lejana, pudo ver unas ropas harapientas detrás de un árbol.

La última vez se había encontrado con Everest aquí y se preguntó qué estaría haciendo hoy.

Sus botas caminaron sobre el suelo, acercándose al ghoul que se encontraba parado frente a un árbol.

Al acercarse, se dio cuenta de que el ghoul no estaba solo, sino con su mano alrededor del cuello de una mujer que no había notado al principio.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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