Bambi y el duque - Capítulo 191
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- Capítulo 191 - 191 Capítulo 192 – Días solitarios del demonio 'Everest' - Parte 2
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191: Capítulo 192 – Días solitarios del demonio ‘Everest’ – Parte 2 191: Capítulo 192 – Días solitarios del demonio ‘Everest’ – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Jan llamó a la puerta de la sala de estudio donde Lady Vivian estaba sumergida en los libros la última vez que la había visto.
Hace unos momentos, ella lo había llamado, pidiéndole que le trajera un vaso lleno de sangre fresca y dos tazas de té.
El amo de llaves se había confundido porque la señora no pedía una, sino dos tazas.
¿Estaba preparando té de sangre para el maestro Leonard?
Pero había salido a trabajar y quizás no llegaría a casa hasta más tarde por la noche, no en la siguiente hora por lo menos.
Un té de sangre era el tipo de té que no podía ser almacenado y tenía que beberse de inmediato o sólo se pudriría y produciría un mal sabor y un olor fétido.
La señora abrió la puerta, pero no del todo.
—Yo me ocupo a partir de ahora —sus palabras fueron muy amables, como lo eran hace unas semanas.
Después de que la señora se casara con el duque, el amo de llaves había empezado a ser más cuidadoso con la niña humana, ya que ella ya no era una simple mujer ni un huésped en esta casa.
Ella era la esposa del amo y ya todos en la mansión se habían enterado.
Todo el mundo estaba conmocionado por la repentina noticia.
Aunque decir que fue una sorpresa sería un eufemismo.
La pareja continuó con su plan y se casaron, y si no fuera por su anterior maestro, entonces tal vez no se hubiera enterado jamás.
Después de todo, siempre estaban juntos o besándose en la habitación o en el comedor, como si los otros no existieran a los ojos del Duque, lo que podría haber sido cierto.
La señora cerró la puerta rápido.
Antes de que pudiera echar un vistazo dentro de la sala de estudio, se encontró con la puerta de madera delante de sus ojos.
Dándole una mirada, se dio la vuelta y siguió para hacer su trabajo.
Vivian estaba de pie en la puerta con la bandeja que había recibido del amo de llaves mientras escuchaba las débiles pisadas desaparecer.
Se dio la vuelta y miró al demonio que había hecho sentar en la silla y que parecía tan confundido como siempre, ya que no sabía qué hacer.
Como si fuera su amigo y como disculpa por herir sus sentimientos que no estaban heridos, Vivian le había preguntado si le gustaría tomar el té con ella.
Tomó la bandeja frente a ella y dijo: —Debes tener hambre.
Me disculpo por haberte quitado la comida antes.
Espero que te guste el té de sangre que hago.
El Sr.
Sullivan no tuvo ninguna queja, así que debe gustarte.
Tomó el recipiente que contenía sangre y lo vertió en una taza.
Luego tomó la leche y la vertió en la taza que tenía sangre, removiéndola y vertiéndola poco a poco hasta que el líquido se espesó.
Una vez que terminó, empujó la taza hacia el demonio, quien se encontraba en silencio, perdido.
—Tienes que tomarla y beber —y cuando dijo esto, lo oyó hablar, su voz era por lo general confusa y ella no podía entender.
Ella misma tomó la taza y se la dio al demonio.
—Tómala.
Y él se la quitó obediente, pero sin llevárselo a la boca, pues no sabía ni qué hacer con ella.
Vertiendo ella misma la leche y el té en su taza, Vivian la removió antes de llevar la taza de té a sus labios y mirar al demonio que la observaba con intensidad.
Como si la imitara, el demonio llevó la taza de té a su boca e inclinó la taza cuando la vio hacerlo.
Retuvo la sonrisa que amenazaba con aparecer en sus labios y continuó bebiendo su té, a pesar de que había terminado de beberlo después de siete sorbos, sólo para que el demonio no se detuviera.
Por sorpresa, el ghoul llevó la taza de té frente a su cara y ella colocó su taza sobre la mesa.
—¿Quieres más?
—le pidió que empujara su taza hacia ella—.
Por supuesto.
Déjame prepararlo rápido.
Cuando se abrió la puerta, entró Leonard, quien había vuelto a casa antes de lo habitual, ya que no había mucho que hacer en el ayuntamiento.
No podía concentrarse en su trabajo, especialmente con Vivian en casa.
Ella se había enfermado, por lo que la preocupación aún persistía en su mente.
Pero cuando regresó a casa y el amo de llaves le dijo que la señora estaba tomando el té en su cuarto de estudio, lo que vio no era lo que él esperaba.
En la mesa estaban sentados Vivian junto con un ghoul, que sin duda era Everest, quien no sólo estaba sentado, sino que tenía una taza de té en la mano.
No sabía qué hacer con la escena.
Cerró la puerta y caminó hacia donde estaba ella.
—No sabía que estabas celebrando una fiesta de té —comentó, mirando a su esposa y luego al demonio que pretendía mantener la taza sobre la mesa—.
Por favor, toma el té, sería descortés dejarlo a medio camino —le habló al demonio que por casualidad recogió la taza y se la tragó de un tirón haciéndole poner los ojos en blanco.
Al acercarse a ella, se inclinó y le plantó un beso en la mejilla y Vivian le dijo.
—No esperaba que volvieras pronto a casa.
Él no esperaba que ella tomara el té con el demonio, pero decidió guardarse el comentario para sí mismo.
—Terminé mi trabajo temprano y decidí pasar antes de irme a ver al magistrado.
Es bueno ver que has hecho un buen amigo para tomar…
té de sangre —olía la sangre en el aire— ¿Hay más?
—Déjame preparar uno rápido —y se detuvo al ver que sólo había pedido dos tazas.
—Puedes verterlo en tu taza si ya has terminado de beber —sugirió Leo, jaló una silla y se sentó al lado de ella.
Y cuando Vivian comenzó a preparar la sangre para Leonard, vio otra taza de té que empujaron hacia ella como si quisieran más—.
Así no es como se bebe el té —regañó Leo al demonio.
—No lo regañes, Leo.
No hay ningún problema en beber más de dos tazas.
Todavía queda un poco para otra taza —le dijo al ghoul.
—Cuando te hiciste tan amiga de él, deberías hablar con Narciso.
Me pregunto si siquiera miraría a alguien con otra intención que no sea matar.
—comentó Leonard, antes de echar un vistazo al demonio que se sentaba de una manera muy incómoda.
—Le quité la comida.
Pensé que sería correcto invitarlo a tomar un poco de té de sangre —contestó ella, mientras presionaba el té en el borde de la taza.
Después de haber terminado de removerlo, se lo dio a Leonard y comenzó a preparar el té de sangre para el demonio.
Después de tomar un sorbo, Leo murmuró: —Qué amable de tu parte —y ella sonrió.
A Leonard no le importaba la compañía del demonio, pero era extraño tenerlo cerca.
Debía ser la primera vez que lo veía sentado en una silla y tomando té.
Su esposa era en verdad especial, haciendo amistad con la criatura muerta e invitándola a una fiesta de té.
Al terminar el té, agradeció a su esposa y se puso a trabajar mientras ella se sentaba a hablar con el demonio como si entendiera cada palabra.
Por muy educada que fuera, a veces él no sabía qué hacer con ella.
Su mente abierta a veces era extraña.
Si se tratara de otra persona, habrían corrido en la dirección opuesta con sólo mirar al demonio, pero en vez de eso, aquí estaban…
pensó Leo.
Tal vez era por el hecho de que éste demonio era dulce con ella.
La ayudó con la herida, mató a un hombre por ella, eran cualidades para ser un amigo digno.
Miró a su esposa y una pequeña sonrisa se formó en sus labios.
Después de lo que le pasó a Paul, ella había dejado de hablar con el personal.
Se había dado cuenta de que sus palabras eran mínimas, ya que temía que uno de ellos la traicionara.
Aunque el demonio no podía ser considerado como una persona para tenerlo de amigo, le proporcionaba la compañía de uno de ellos, lo que le hizo pensar que ella no iba a salir a mezclarse con los demás.
No era que Leonard la hubiera restringido, sólo le había advertido con un par de palabras sobre quiénes eran sus amigos y quiénes estaban allí sólo para familiarizarse con ella y poder acercarse a él.
Vivian era lo suficiente inteligente como para saber que el mundo en el que había entrado no era el lugar donde uno podía hacer amigos con facilidad.
La gente hablaba bien en frente de uno, pero no era lo mismo a sus espaldas.
Manipularían y tratarían de estar en la buena gracia del otro para su propio beneficio y el de nadie más.
Así era la vida en la alta sociedad.
Anoche, antes de irse a dormir, sus ojos eran negros, pero a menudo los ojos rojos recibían su atención, lo que le hacía preguntarse sobre la teoría que acababa de descubrir.
¿Era posible que Vivian hubiera consumido el líquido y tal vez la poción era un prototipo hecho por la bruja negra que no logró los resultados deseados?
Habían pasado unos años desde que Vivian había venido a vivir a la mansión Carmichael.
¿Quién se lo habría dado?
Sobre todo a una niña.
No pudieron ser sus padres, ya que la habían abandonado, así que ¿Quién podría ser?
Se levantó de la silla de su escritorio, salió de la sala de estudio, cerró la puerta y subió a su habitación.
Al llegar, se dirigió a su cajón de ropa.
Tuvo que revisar debajo de él para sacar la botellita que pertenecía a la bruja negra.
De todas las botellas que había recibido, se había quedado con una y entregó el resto a Nicolás, quien a su vez lo había entregado directamente al consejo central, donde tirarían el líquido después de realizar ciertas inspecciones para que no se utilizara de manera indebida.
Con los ingredientes quemados hasta la raíz y que no crecerían para la posterior creación de la poción, la botella que tenía en la mano era la última poción que quedaba en las cuatro tierras.
Muy en el fondo, Vivian seguía siendo un vampiro de pura sangre.
No era que Leo no estuviera satisfecho con cómo estaba Vivian ahora mismo.
Estaba más que contento, pero después de que ella cayera enferma ayer, pensó en los días que le quedaban con él.
Ella era el amor de su vida y él haría cualquier cosa para mantenerla a salvo y viva a su lado.
Dejar un vínculo de alma podía prolongar su longevidad, pero no es lo mismo que vivir una vida plena.
Ella era preciosa a sus ojos.
Con su capacidad de curación, existía la posibilidad de que, si bebía esta poción, no tuviera ningún efecto en ella.
Pero… pensó Leo, si el núcleo de Vivian todavía existía y su corazón no se había vuelto completamente humano, había una alta probabilidad de que la poción pudiera afectar su corazón.
Lo que él no podía saber era si tendría un efecto positivo al devolverla al vampiro de sangre pura que era o un efecto negativo que podría llevarla a la muerte.
Dejó la poción donde la había tomado, cerró con llave el cajón y luego su habitación, dirigiéndose hacia donde su Bambi estaba hablando con el demonio.
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