Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Bambi y el duque - Capítulo 192

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Bambi y el duque
  4. Capítulo 192 - 192 Capítulo 193 – Sala del tribunal - Parte 1
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

192: Capítulo 193 – Sala del tribunal – Parte 1 192: Capítulo 193 – Sala del tribunal – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio En el alto edificio del consejo que estaba rodeado de árboles, ella siguió al hombre alto y delgado.

Sus pasos eran rápidos para seguir al anciano concejal, sus manos sostenían un archivo que se le pidió que llevara con ella.

El pasillo estaba lleno de otros concejales que estaban de pie a un lado mientras esperaban que se abriera la puerta principal de una sala en particular.

Vivian había estado leyendo los archivos que Leonard le había pedido que completara mientras los tres concejales, Leonard, Hueren y Datan, habían abandonado el edificio para asistir a un caso paralelo que se les había dado.

Mientras estaba en su tarea, Lionel entró en la sala y se encontró con que Datan se había ido, quien por lo general le escribía las notas durante una reunión.

—Toma tu pluma y pergamino con el documento, y ven conmigo.

Eso era todo lo que le había dicho y ella de inmediato se puso pie para tomar lo que él le había pedido antes de salir corriendo para no perderse en el edificio.

Habían pasado más de dos semanas desde que ella había empezado a ir al consejo para aprender cómo trabajaba el equipo al que había sido asignada en sus casos pasados y actuales.

La planta baja tenía un diseño básico y había mucho espacio, tenía paredes blancas que les daban la bienvenida a los trabajadores y visitantes, pero cuando uno pasaba por estas simples paredes y caminaba más lejos, los caminos a los diferentes departamentos y pisos eran confusos.

Esto hizo que Vivian se preguntara quién estuvo a cargo de la arquitectura y construyó éste extraño lugar.

Había varias puertas después de la estructura blanca donde se abrían diferentes caminos y corredores.

La semana pasada, cuando salió del departamento, estuvo deambulando durante más de treinta minutos tratando de encontrar el camino de regreso, ya que cada vez que intentaba caminar y encontrar el camino, terminaba en el mismo lugar.

Por fortuna, Hueren había ido a buscarla y la había llevado de vuelta mientras le daba pequeños consejos que uno necesitaba cuando usaba estos caminos confusos.

La puerta principal de la sala donde todos se habían reunido se abrió y Lionel entró, seguido por Vivian y los demás.

—Puedes sentarte aquí —dijo Lionel mientras se movía alrededor de la silla alta y se sentaba cuando los hombres y una mujer comenzaron a sentarse frente a él.

Vivian, quien había estado cargando los archivos, se sentó a su lado, a una altura inferior a la de su silla.

Se sentó frente a una multitud de concejales que parecían ser una mezcla de viejos y jóvenes, pero la mayoría de ellos eran vampiros, y muy pocos humanos.

Algunos de ellos la vieron y otros ni se molestaron por el hecho de que una mujer hubiera entrado por primera vez en la jurisdicción que se celebraba tres veces a la semana para asegurarse de que se respetara el decoro de las tierras con las leyes y los edictos que debían seguir los civiles.

Como era la primera vez para ella, Vivian no sabía por qué le habían pedido que viniera o qué se suponía que debía hacer.

Sin embargo, se sentó derecha en su silla sin encorvarse.

A medida que pasaban los días, había ido aprendiendo mucho lo que aumentaba su confianza en su entorno.

El hecho de haber superado el segundo examen, que había llegado con un toque de imprevisión, en principio hizo que se ganara un nombre, aparte de ser una de las pocas mujeres concejalas asociadas.

Además, se había corrido la voz de que ella era la esposa del duque Leonard, sopesando la responsabilidad de llevar el nombre de Carmichael con ella ahora.

Aunque la mayoría de ellos tenían sus sospechas, tanto Leonard como Vivian lo confirmaban cuando estaban fuera.

Las manos de Vivian, que estaban cubiertas con los guantes negros, sacaron la pluma y abrieron el pergamino en blanco del archivo.

—Traigan al primer infractor —la voz de Lionel resonó por toda la sala, llamando la atención de los espectadores que se estaban formando como testigos y esperaron mientras se abrían las puertas.

Los guardias salieron con un hombre que miraba a diestra y siniestra, con la ansiedad evidente en su rostro.

Trajeron a otro hombre junto con él y otros dos guardias a cada lado de la persona—.

Nombres —preguntó Lionel.

Desde donde estaba sentada, Vivian pudo ver que ambos tenían cortes y moretones que cubrían su cara y su cuerpo.

Era curioso que ambos hombres tuvieran un ojo morado, que estaba tan golpeado, que se había vuelto pequeño y rojo, haciéndolos entrecerrar los ojos.

—Gilbert Monar —contestó el hombre, quien estaba más cerca y que tenía un rasguño alrededor de la mandíbula, lo que lo hacía lucir harapiento.

—Claude Yarger —contestó el otro hombre, quien era más grande.

Era corpulento, musculoso, sus ojos marrones miraban pasivamente a Lionel.

Escuchó que volteaban los papeles sobre ella mientras Lionel buscaba sus nombres y leía el breve informe que presentaron los guardias de la aldea después de enviar a los dos hombres a las celdas donde se mantenían a las personas que no cumplían la ley, antes de que fueran evaluadas y enviadas a la celda que estaba más cerca del concilio o de que se las dejara salir dependiendo del grado de sus crímenes.

Lionel levantó las cejas, leyendo los archivos de papel a través de su monóculo.

—Una pelea en la calle cuya consecuencia fue que le rompieron el cuello a una mujer —dijo el concejal mayor que estaba sentado en el asiento alto— ¿Está aquí la mujer?

—Sí, señor —contestó uno de los concejales que se levantó y ayudó a la mujer que estaba sentada a su lado.

La mujer tenía una venda de color blanco mate alrededor de su cuello, su movilidad era tan reducida que Lionel hizo un gesto con la mano para que ella se sentara.

Llevarla al frente a la sala sería demasiado molesto, ya que sólo consumiría su tiempo— ¿No les da vergüenza?

Comportándose como niños asquerosos —espetó las palabras mirando a los dos hombres adultos.

Vivian se estremeció con la forma en que Lionel les habló a los hombres que de repente saltaron para defender su caso.

El hombre llamado Gilbert comenzó: —Éste hombre me ha estado causando pérdidas desde que abrió su tienda ¡Le dije que no la abriera al lado de la mía!

Eso fue lo que acordamos, pero nooo, tuvo que abrir su tienda como venganza.

—dijo el hombre.

—No tenía otro lugar donde abrirla.

No tengo tierra —respondió el hombre corpulento.

—¡Éste cabrón tiene una tierra que me robó!

—comparado con el hombre corpulento, éste parecía un ratón delante de él, pero su voz resonó— ¡¿No es cierto?!

Cuando estaba borracho, tú te robaste las llaves.

—Eso es porque eres un cabrón tonto y descuidado.

Si no lo hubiera hecho, me la habrían robado —contestó el hombre corpulento, volviéndose a mirar a Lionel, dijo— Sólo tomaba prestadas las llaves y…

El hombre más pequeño saltó sobre él como si fuera un mono, mientras que el otro lo empujó.

—¡Eras un maldito campesino trabajando para mí!

Si tienes dinero, ¿de dónde viene?

¡Es mi sangre y mi sudor, ladrón!

—Me lo gané con mi trabajo, suéltame —en medio de su discusión, Lionel se pellizcó el puente de la nariz.

Vivian miró fijamente a los dos hombres que se insultaban uno al otro antes de que los puños empezaran a volar en el aire, uno contra el otro.

Los guardias tuvieron que separarlos para que no causaran más conmoción.

Una vez que la sala del tribunal se quedó en silencio, uno de los hombres tenía una mirada fija y el otro una mirada de furia.

Lionel les dijo a los guardias: —Métanlos aquí en la celda.

Tres días aquí deberían ser suficientes para que se pongan de acuerdo.

—el hombre más bajo volteó la cabeza de manera brusca para mirar al concejal.

—¿Por qué me van a meter en la celda?

Él fue el quien me robó el dinero.

Déjelo una semana —dijo el aldeano, señalando con el dedo al hombre más corpulento.

Con una mirada de desdén, el concejal le dijo al hombre: —Póngalo allí durante una semana —e inclinó la cabeza hacia el hombre más bajo, lo que hizo que los ojos de Gilbert casi se salieran de su cabeza.

Antes de que el hombre tuviera la oportunidad de responder sobre la injusticia, Lionel continuó— Sigue causando un alboroto aquí y sólo aumentarás tu tiempo a un año —esto hizo que el hombre cerrara la boca al instante sin más quejas.

—Teniendo en cuenta lo que pasó aquí y el daño que le causaron a un compatriota civil que no era parte de la riña, ambos infractores deben una suma de diez monedas de plata a la dama por los daños causados.

El Sr.

Monar pasará una semana en la celda y el Sr.

Yarger será puesto en la celda durante tres días.

—cerró el caso.

Los hombres fueron sacados por los guardias del consejo y Vivian, quien los había estado siguiendo con su mirada, escuchó a Lionel hablarle.

—Tú serás la transcriptora del caso, Vivian.

Éste es un caso sencillo que no necesita anotación en el diario, pero escribe lo que viste y oíste al final de lo que se ha concluido de ese caso.

Estas transcripciones se usarán como referencia.

Se presentó el siguiente caso y el siguiente, en los que Vivian estuvo sentada durante casi dos horas, pero no encontró que el trabajo fuera tedioso.

Algunos de ellos eran disputas que se llevaron al consejo para que se hiciera justicia.

Otros tenían una gran importancia, disputas entre ricos y los pobres, unos pocos que implicaban al consejo por no dejar pasar su propuesta de que les quitaran sus tierras o sus pertenencias que se les habían arrebatado por no pagar el dinero a tiempo.

Vivian tomó nota de todos los casos que se discutieron antes de que se dictara la sentencia.

Mientras el último caso era desestimado, todos hablaban con un susurro ruidoso cuando Lionel dijo: —Pueden traer al siguiente.

Su voz era fuerte y clara mientras la sala se quedaba en silencio.

Las puertas dobles en la parte trasera de la sala se abrieron y dos guardias entraron con un hombre que estaba atado con cadenas y grilletes.

Detrás de él seguía un hombre que debía ser concejal, de pelo rubio arenoso y peinado a un lado de forma equilibrada.

Pero no fue el hombre de atrás sino el del frente el que llamó la atención de todos.

El hombre que estaba atado con cadenas tenía una apariencia salvaje, sus ojos bastante negros, su pelo estaba cubierto de lluvia y había suciedad pegada a su cabeza.

Había algo de salvaje en él, y si Vivian no supiera tanto, habría pensado que el hombre estaba poseído.

Pero sus ojos revelaban que debía haber pasado por una transformación infructuosa de humano a vampiro.

Era tan real que podían llamarlo un vampiro cuyo corazón había sido corrompido, ya que su cuerpo no pudo aceptar el cambio.

El hombre gruñó mirando a la multitud que se había reunido en la sala.

—ARRGHHH —y algunos de los que estaban cerca miraron al hombre como si fuera un pedazo de ratón de laboratorio, manteniéndose cautelosos, ya que estaba loco.

Según lo que Vivian había leído, no había mucha diferencia cuando se trataba de un vampiro corrupto y un humano que había cambiado.

Una vez que se llegaba a una cierta etapa, no había vuelta atrás para ellos.

Estaban tan muertos que sólo traería destrucción a su alrededor debido que su mente había desaparecido.

—Te pasaste de la raya, Abel —Lionel se molestó porque no enviaran a la persona que seguía en el turno, y que su concejal hubiera presentado su caso antes de esperar su turno.

—Discúlpeme, gran concejal —el rubio arenoso inclinó la cabeza—.

El concejal Creed quería que terminara con el caso, ya que éste hombre, como puede ver, puede ser una amenaza para la gente que lo rodea.

—La transformación equivocada la maneja el equipo de transformación.

Lleva al hombre allí para la ejecución.

—A Vivian se le secó la boca al escuchar esto.

Ella había visto vampiros con el corazón corrompido, pero esta era la primera vez que se encontraban con una transformación equivocada.

Los casos que no tenían éxito eran desafortunados en más de un sentido.

No sólo perdían la cabeza, sino que una vez que se sabía que no había salido bien, la persona era separada de inmediato de su familia para entrar en la ejecución directa, lo que implicaría menos tiempo, ya que no había nada más que alegar y discutir.

—El hombre no se ha arreglado —le dijo el hombre llamado Abel a Lionel.

—Puedo ver que es así.

—Verá, él fluctúa más a menudo en el lado humano.

El concejal Creed quería asegurarse de que usted estuviera informado al respecto.

—Vivian sintió una extraña familiaridad cuando miró al concejal.

—¡ARRG!

—gruñó el hombre, su voz más fuerte que antes, lo que hizo temblar la sala.

Se agachó mirando a la gente como si fueran presas, haciendo que algunos de ellos se levantaran de su asiento y se movieran.

De repente, saltó hacia adelante, lo que los guardias no esperaban, ya que se había visto apagado y sin energía.

La cadena que sostenían se deslizó entre sus manos, lo que hizo que el hombre encadenado se adelantara para atacar cualquier cosa y a todos.

Vivian, quien estaba sentada allí, sintió que su corazón saltaba de su garganta cuando se acercó justo delante de ella, mostrándole sus colmillos.

Apenas a unos centímetros de ella, levantó las manos para protegerse cuando el guardia tiró de la cadena tratando de alejar al hombre de ella.

Al mismo tiempo, los colmillos del hombre se retrajeron hacia atrás y sus ojos se volvieron marrones, su expresión se volvió laxa.

Sus ojos se encontraron con los de ella y allí se sintió impotente mientras decía: —Sálvame —y cayó de rodillas, sentado en el suelo con la cabeza gacha.

Uno de los guardias fue a tirar del hombre, pero éste se volvió agresivo de nuevo y en un abrir y cerrar de ojos, el brazo del guardia fue arrancado antes de arrancarle la cabeza que derramó sangre.

Antes de que se produjera más conmoción, Lionel se había adelantado para arrancarle el corazón al hombre.

Tirándolo al suelo, se sacó el pañuelo del bolsillo, diciendo.

—La próxima vez que tengas un caso como éste, mátalo antes de entregar el cuerpo y evita que nos ensuciemos sin necesidad.

—Lionel miró a Vivian, quien parecía desconcertada—.

Transcribe éste también.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo