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Bambi y el duque - Capítulo 193

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193: Capítulo 194 – Sala del tribunal – Parte 2 193: Capítulo 194 – Sala del tribunal – Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian miró fijo el cuerpo que yacía en el suelo que ahora se llevaban los dos guardias que lo habían traído.

El hombre se llamaba Abel; un compañero concejal inclinó la cabeza con una sonrisa en los labios antes de que sus ojos se posaran sobre ella, mirándola a los ojos antes de desviar la mirada, darse la vuelta y llevarse el cuerpo junto con los guardias.

—Ayúdame.

La súplica del hombre resonó en su cabeza, lo que le provocó un fuerte escalofrío en la columna vertebral.

Ella siempre había creído que en el consejo estaba la gente más sensata, agradable y que ayudaba a los demás, pero esto.

Vivian no tenía palabras.

Sin pestañear, su superior había matado al hombre cuando se volvió loco.

Los sirvientes entraron, limpiando la sangre y quitando las pruebas de lo que se había hecho, lo que la hizo preguntarse cuántas personas más habían muerto en esta sala donde todo el mundo parecía como si no se hubiera matado a nadie delante de sus ojos.

La muerte era suficiente para que los hombres de aquí la usaran y con el tiempo Vivian vería muchas cosas antes de darse cuenta de que el consejo no se trataba de prestigio y ley, sino de mucho más que eso.

Colocó la punta de la pluma en el pergamino y comenzó a escribir lo que veía, redactando un borrador lo más diplomático que podía.

Una vez terminada la sesión del tribunal, ella salió y se alejó de la sala, caminando, pero no hacia el departamento.

Como necesitaba usar el baño, entró y abrió el grifo del lavabo para lavarse la cara.

Salpicó una y dos veces el agua fría tratando de limpiarse la cara, pero no podía limpiar de su mente la muerte que vio.

Mirando al espejo que estaba colgado en la habitación apenas iluminada y cuya ventana estaba en lo alto, cerca del techo, miró su reflejo.

Los hombres aquí eran bestias que no tenían ni un ápice de humanidad ni interés por el sufrimiento.

Si uno muriera, matarían a la persona en nombre de la seguridad.

Sus métodos eran rápidos, pero no estaba segura de si podían considerarse eficientes.

Ahora podía ver el parecido del trabajo con Leo y Lionel, que era su superior.

El hombre se había visto débil y dolorido cuando sus ojos se volvieron color marrón, lo que indicaba que se había vuelto humano durante ese minuto.

Ella había sentido su dolor en ese momento, y se identificó con el hombre por la forma en que debía haber sido convertido, sólo para que lo matasen y etiquetaran como un vampiro canalla que era otra abominación para la sociedad.

Sus pensamientos se remontaron a la época en que Leonard había intentado convertirla en vampiro.

Eso la hizo pensar.

Si se hubiera convertido en un intento fallido, habría corrido la misma suerte a pesar de ser la esposa de Leonard.

Ella había visto cómo la Sra.

Carmichael había sido asesinada frente a sus propios ojos.

Cuando se trataba del bienestar de la sociedad, los concejales dejaban de lado cualquier parentesco.

Si ese día, Leo hubiera dejado vivir a su madre, pero poniéndole un freno, el resultado final habría sido el mismo.

La habrían matado y ejecutado.

Una pequeña sensación de ansiedad comenzó a formarse en su pecho ante las palabras del hombre muerto.

Ella no pudo ayudarlo y eso la angustiaba.

El concejal que había comprado al canalla había hablado de las fluctuaciones, pero no se le dio tiempo para discutir.

Era como si hubiera llevado al vampiro trastornado sabiendo muy bien cómo iba a caer y hubiera puesto la muerte del hombre en manos de Lionel, el jefe del consejo.

¿Y por qué el hombre le pareció tan familiar?

Se preguntó mirándose al espejo.

Mirando su reflejo en el espejo, movió su cara hacia un lado, empujando el cuello hacia arriba para ver que las huellas dactilares se habían ido.

El hombre, Ezequiel, le había apretado tanto el cuello para matarla que la marca se había quedado durante más de una semana.

Cerró los ojos, frunció el ceño cuando recordó cómo sentía que le faltaba el aire para respirar.

De repente se dio cuenta de algo muy extraño en sus ojos, ya que uno de ellos se había vuelto de color rojo, y en el momento en que parpadeó, desapareció.

Se acercó al espejo y abrió bien los ojos para ver su ojo izquierdo, que ahora era de color negro.

Ella sabía que no se lo estaba imaginando, pero ¿Qué pasó?

Retrocedió y miró de nuevo.

Se suponía que iba a encontrarse con la Hermana Isabelle, pero no quería perderse el trabajo del consejo, había venido aquí todos los días.

Si alguien podría tener información esa sería la bruja blanca.

Con sus ojos rojos que aparecían y desaparecían como una vela encendida y apagada, se preguntaba si sus rasgos de sangre pura se estaban manifestando.

Si tan sólo pudiera recordar cómo y cuándo se volvió una humana, pero desafortunadamente, aunque podía tratar de leer a otros y usar su habilidad para sanar, no podía leer sus recuerdos.

La Hermana Isabelle había dicho que necesitaría mucha concentración, pero no había garantía de que funcionaría.

Pero, pensó, había una manera posible de comprobar si sus rasgos de vampiro se estaban manifestando después de haber sido suprimidos durante todos estos años.

Sacó el reloj de bolsillo de su vestido y miró la hora.

Era mediodía, la hora del almuerzo.

Salió del baño, se dirigió a la sala donde a menudo se servía comida gratis a los concejales.

—Lady Vivian, qué sorpresa verla aquí —se volteó para mirar por encima de sus hombros y vio que era Lancelot Knight, quien estaba con el antiguo examinando, Axel.

Vivian inclinó la cabeza para saludarlos a los dos.

—Buenas tardes, señores.

—Buenas tardes.

Discúlpeme —el dócil vampiro refunfuñó en voz baja, llamando su atención, a lo que Lancelot respondió una vez que el hombre se había ido a la fila para buscar su comida.

—No te preocupes por, Axel —oyó decir a Lancelot, quien volvió para mirarla y le sonrió con calidez— ¿Es verdad que había un fantasma ahí?

—parecía que Axel había estado hablando sobre el fantasma, tratando de probar que lo que había visto era real.

—No vi ningún fantasma ahí —Vivian mantuvo la cara seria y su voz calmada para que fuera creíble, frunció el ceño y el hombre levantó la mano y se rio detrás de ella.

—Sé que es absurdo, pero ha estado tan empeñado en explicarme su encuentro y el tiempo que pasó en la Mansión de Nieve, que me pidieron que lo acompañara para enterrar todas las pruebas, ya que no se vería bien en el consejo —asintió con la cabeza, mirando de nuevo al hombre que ahora se sentaba en una mesa lejana—.

Estaba muy molesto de que no le dieras tu opinión sobre el asunto —tenía una sonrisa en su cara, pero la forma en que la miraba era como si tratara de deducir algo del asunto.

—No creo que uno pueda dar una opinión si no ha visto algo.

Los fantasmas no existen, Sr.

Knight.

—respondió ella con una educada sonrisa en los labios.

—Por supuesto que no.

Son absurdas historias de fantasía para asustar a los humanos —sus ojos se posaron en la mano de ella, que sostenía los pergaminos escritos—.

Debes estar muy ocupada.

Lionel es un hombre estricto, al igual que el Duque.

Escuché algunas cosas interesantes.

Rumores, ¿son ciertos?

—preguntó, y sus ojos se movieron del pergamino a sus manos enguantadas.

El hombre se preguntaba sobre su relación con Leonard, y aunque estaban casados, no era asunto suyo.

—No sé de qué rumores hablas —se inclinó como si no entendiera de qué estaba hablando.

Era una situación en la que ambos sabían lo que uno estaba preguntando y cómo el otro se estaba haciendo el ignorante.

Lancelot le sonrió.

—Así como que te perdiste la última vez en el edificio —se rio de nuevo al ver su cara avergonzada—.

Le pasa a todo el mundo.

Los primeros meses son para asegurarse de que no te pierdas, ya que es muy fácil para perderse en su camino.

Vivian se preguntaba si había un significado oculto de trasfondo, por la manera en que enfatizó en la palabra “perderse”.

Parecía que no se trataba sólo de la información sobre ella y Leonard, sino que el hombre también se había enterado del pequeño percance que tuvo al perderse en el edificio.

—Espero aprender el camino rápido, si es así —respondió ella, mirando a los hombres que estaban comiendo, algunos apresurados y otros que se tomaban su tiempo—.

Me acostumbraré a ello mientras camino de un lado a otro como todo el mundo aquí.

—Mmm —tarareó el hombre.

Miró a su alrededor, y como vio que no estaba con nadie, le ofreció— ¿Quieres venir con nosotros?

Estoy seguro de que también aclararás el malentendido del hombre que está allí —se refería a Axel, que ya había comenzado a comer.

Cuando lo conoció, el hombre le había parecido agradable, pero sus preguntas intrusivas la hicieron mantener su guardia, mientras observaba cada uno de sus movimientos, desde la forma en que sus manos estaban en el bolsillo, hasta sus ojos que le miraban las manos y la cara.

De manera cortés, se negó.

—Sólo vine para buscar una taza de té de sangre para el concejal Lionel —contestó ella—.

Estaba con él en la corte.

Es un lugar interesante —intentó cambiar el teman de manera sutil.

—De hecho, lo es.

Podría ser la única sala donde ocurren cosas en todo éste edificio, aparte de las salas de celdas que se encuentran lejos del edificio, por supuesto.

Los pensamientos de Vivian se remontaron al momento en que ella había ido a la sala de celdas para reunirse y hablar con Paul.

El hombre había sido golpeado y herido hasta el punto de quedar inconsciente.

Su corazón sufrió su pérdida.

Los concejales usaron su brutalidad y su estatus para terminar todo.

Sucedió una vez, pero mientras trabajara aquí, no permitiría que un alma inocente como esa se perdiera en la etiqueta de ladrona, culpable o asesina.

No le gustaba su don porque sólo le traía recuerdos dolorosos, pero si miraba el lado positivo, podía mejorar la vida de los demás.

Darles la ayuda que necesitarían.

Entonces, Vivian lo escuchó hablar.

—No sabía que el concejal principal Lionel bebía té de sangre.

¿En serio?, Vivian le hizo la pregunta en su mente.

—Eso no lo sé.

Me pidió que le llevara una —contestó ella—.

Si me disculpas —inclinó la cabeza y fue al mostrador a buscar el té de sangre con los ojos de Lancelot en la espalda.

Vivian no se quedó ni un minuto más en la sala y una vez que la recibió, se la llevó al departamento para ver si Leonard estaba de vuelta con los demás.

—¿Cómo estuvo el consejo de la corte?

—preguntó Leonard luego de verla, sus ojos cayeron sobre la taza de té de sangre que ella tenía, pero él no la interrogó.

Vivian era una persona que hacía cosas que uno no entendía, pero para Leo, quien estaba tan cerca de ella, había momentos en los que no necesitaba una explicación, ya que él ya sabía lo que estaba pasando.

Le hizo preguntarse si ella había notado el parpadeo de sus ojos que volvieron a pasar de negro a rojo y de nuevo a negro.

—Interesante —contestó ella— ¿Acabas de llegar?

Caminado hacia ella, le quitó el archivo para leerlo y le dijo.

—Hace media hora —moviendo los pergaminos, la miró y le preguntó— ¿Te encuentras bien?

—no era usual que el consejo de la corte tuviera casos extremos, pero por sus notas, él podía ver lo que había pasado.

Vivian asintió con la cabeza, sonriendo y luego le preguntó: —¿Has almorzado?

Tengo hambre —con el consejo de la corte y con lo que había pasado con sus ojos, la comida no había cruzado su mente.

—Milady…

Hueren fue a responder, pero Leonard interrumpió: —No, aún no he comido ¿Te gustaría salir?

—se encogió de hombros, dando a entender que le daba lo mismo donde comieran.

—Claro.

Déjame buscar mi abrigo.

—fue a buscarlo al puesto que había en el rincón de la habitación.

Leonard informó a su compañero concejal: —Saldremos y nos iremos a casa desde allí.

—y la pareja salió de la sala.

Hueren, quien miraba fijo a la puerta, movió la cabeza para mirar a Datan y decirle: —¿No acabamos de comer mucho en la mansión de la Sra.

Filanch?

—el concejal humano estaba seguro de que a su superior le habían ofrecido más comida que no podía rechazar.

Datan se rio entre dientes.

—A él no le importa.

La señora tiene hambre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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