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Bambi y el duque - Capítulo 194

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194: Capítulo 195 – ¿Podría haber sido…

un mundo perfecto?

– Parte 1 194: Capítulo 195 – ¿Podría haber sido…

un mundo perfecto?

– Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Leonard ya había comido suficiente y esperaba que Vivian hubiera almorzado en el consejo, pero no lo hizo.

Pasada ya la hora del almuerzo, caminaron por los pasillos exteriores del edificio del ayuntamiento, donde sólo unos pocos caminaban y la mayoría eran visitantes.

Al llegar a una posada cercana que servía comida en la ciudad, Vivian se sentó en frente de Leonard con la espalda hacia la pared.

Era la primera vez para ella estando sentada con él en una posada local.

La posada local no era lujosa y nunca hubiera imaginado que un hombre como Leonard entraría en ese pequeño lugar.

Ella lo había extrañado desde el momento en que salió del edificio para ir a ver el asunto por el cual lo llamaron a él y a los demás.

—¿Qué pasó?

—le preguntó, viendo que ella lo miraba fijo, y ella agitó la cabeza con una sonrisa—.

Yo también te extrañé —dijo mostrando una sonrisa más amplia en su rostro.

—¿Pudiste resolver el asunto?

—le preguntó cuándo un hombre puso las tazas grandes sobre la mesa con un ruido sordo, salpicando el agua dentro de ella sobre la mesa— ¿Cuántas veces vienes aquí?

—le hizo otra pregunta.

—Sólo dos o tres veces al mes.

A Hueren le gusta invitarnos cuando pierde una apuesta conmigo o con Datan —contestó, cogió la servilleta y se la pasó.

—Ah —no había derramado nada porque la comida aún no llegaba.

—Ponte esto en el regazo.

Tómala —ella la tomó, y la extendió completa.

Miró a su alrededor lo desaliñado del lugar y vio que aparte de ella y Leo, había otros dos hombres que estaban sentados y que eran del consejo, ya que recordaba haber visto a uno de los hombres en la sala del tribunal, quien había estado sentado justo enfrente de su línea de visión.

Las únicas personas que cuidaban la posada eran dos hombres y una mujer que entraban y salían por una puerta trasera donde se preparaba la comida.

El resto de la gente era de la aldea ruidosa e intranquila, insolente con sus charlas y cháchara.

Algunos de ellos demostraban lo varoniles que eran.

Mientras sus ojos vagaban por la habitación, vio a un hombre que la miraba fijo y evitó de inmediato el contacto visual.

Leonard no estaba sentado frente a ella, sino más cerca de ella en la mesa redonda.

Cuando terminó de mirar los papeles que Vivian había traído, levantó la cara para encontrar al hombre a quien Vivian había intentado evitar mirándola fijo.

Como si sintiera los ojos de Leo, los ojos del hombre se encontraron con los de Leo y de repente cayeron para darse cuenta de quién había venido a la posada.

Vivian, quien había estado mirando el vaso de agua cerca de ella, oyó a Leo hablarle.

—Levanta la barbilla —dijo, y cuando ella lo hizo, continuó— No tengas miedo de lo que tienes delante, Bambi.

Vivian le lanzó una mirada interrogativa.

—No tienes que esconderte porque alguien te está mirando.

Has venido aquí con el derecho a comer la comida que pagarás como los demás.

Si alguien te mira fijo, vuelve a mirarlo, al punto en que sus ojos se acobarden para mirar hacia abajo.

—No creo que tenga la habilidad de hacer eso.

—le contestó ella con un leve susurro.

—Cierto.

Pero siempre se puede desarrollar con práctica.

A partir de éste momento, verás y conocerás a mucha gente que tratará de atacarte si no te mantienes firme —ella reflexionó sobre sus palabras Leonard era un hombre celoso, pero no irracional.

Estaba orgulloso de tener a Vivian como esposa y, como se habían casado, había seguido el consejo que el Lord le había dado.

En ese momento, Nicolás se acercó a felicitarlos.

—Las mujeres son como las flores, Leo —le dijo Nicolás—.

Hay que dejarlas respirar y crecer con mucho espacio.

Eso no significa que no la cuides de las plagas que puedan llegar a dañarlas, pero si no les das el espacio que necesitan, nunca verás la flor florecer por completo para ti.

Después de lo que dijo Nicolás, Leonard pensó seriamente en ello.

Con ella ahora al descubierto, no podía mantenerla alejada para siempre de los malos ojos.

Para tenerla a salvo, tendría que aprender a volar y saber qué hacer.

Esa había sido una de las muchas razones por las que no había estado encima ella durante el Baile de Invierno que se celebró en la Mansión Delcrov.

—Estaré aquí cuidándote, Bambi.

Así que no tienes nada de qué preocuparte, sino de mirar de frente sin una sola pizca de miedo.

Te amo y continuaré haciéndolo, así que no temas nada, ya que estaré allí en cada paso que des en éste mundo en el que al que entraste, protegiéndote con todo lo que tengo —tomó su mano, sin importar el lugar ni la hora, la levantó y la besó en el dorso de sus dedos.

Los presionaba con suavidad y Vivian le estaba dando toda su atención, pero las miradas que ambos recibían ahora debido a la voz clara y fuerte de Leo la hicieron sentir tímida y avergonzada en el lugar.

Los hombres que los rodeaban gritaban y vitoreaban, las dos mujeres que habían venido con sus maridos se apresuraban a mirar a la pareja.

Incluso el hombre que la había estado mirando antes parecía estar sonriéndoles después de escuchar lo que dijo Leo.

—¿Quién iba a pensar que el Duque sería tan romántico, ella es su amante?

Preguntó uno de los hombres de la posada local y otro hombre respondió.

—Debe serlo, miren cómo están sentados tan cerca.

—También besó la mano de la dama.

Muchos murmullos comenzaron a sentirse en el lugar y era como si hubieran salido como una pareja por primera vez, a pesar de que ya habían pasado varios días desde que se casaron.

—¡Haré lo que pueda!

—Vivian le respondió para que él le diera su aprobación.

—Lo sé.

Después de terminar la comida, volvieron al carruaje.

Vivian estaba lista para entrar cuando Leonard le preguntó: —¿Alguien te pidió que trajeras té de sangre?

¿O era para ti?

—sus palabras fueron casuales al hacer la pregunta.

Leo se dio cuenta, pensó Vivian.

—Era para mí —cuando vio que él no hizo ningún comentario y le dio la mano para que ella la tomara, colocó su mano en la de él y su pie en el pedestal antes de entrar en el carruaje.

Cuando entraron, le preguntó.

—¿Planeabas convertirte en vampiro bebiendo sangre?

—¿Uno se puede convertir así nada más?

—ella le preguntó y él viró los ojos.

Su mirada se volvió más seria— Leo.

—¿Ah?

—¿Notaste algo extraño en mí?

Sé que soy un paquete lleno de rarezas, pero ¿Hay algo que hayas visto y que yo no sepa?

—frunció el ceño esperando una respuesta de él.

Levantó la mano y le señaló los ojos.

—Tus ojos han estado parpadeando desde hace tiempo ¿Los has visto hoy?

—ella asintió con la cabeza.

—No lo había visto antes.

Mi ojo izquierdo se puso completamente rojo y luego, al instante, desapareció.

—esto llamó la atención de Leonard, quien había estado pensando en sus ojos parpadeantes.

—¿Sólo el ojo izquierdo?

—le preguntó.

—Ajá, sólo el ojo izquierdo —volteó su cuerpo para ponerse en frente de él—.

Igual que mis ojos negros ahora.

Completamente rojo.

Esta podría ser la primera vez, pensó Leo.

Según el número de veces que sus ojos habían parpadeado, era la primera vez que oía que sus ojos se habían vuelto completamente rojos.

—¿Crees que estoy cambiando de nuevo?

—No creo que sea así —dijo en tono serio—.

Si estuvieras cambiando, la transformación debió haber sido suficiente para activar y accionar el interruptor de los rasgos de vampiro de pura sangre que hay en ti, pero tu cuerpo lo rechazó.

Bebiste mi sangre la última vez cuando estabas medio inconsciente, ¿crees que puedes beberla esta vez?

Al estar rodeada de vampiros, el olor de la sangre no le daba asco, pero nunca había pensado en beberla.

La sangre no era algo que los humanos consumían, sino una fuente de vida para los vampiros y los vampiros de pura sangre.

Sus labios se apretaron pensando qué hacer.

Esto era mucho mejor que andar a escondidas y beber sangre de un lugar desconocido.

—Está bien.

—asintió con la cabeza.

Mientras que los vampiros sólo podían consumir sangre de los humanos, el vampiro de sangre pura podía tomarla de los humanos, de los vampiros e incluso de su propia especie; a menudo se decía que la sangre del vampiro de sangre pura era más dulce en comparación con el resto de las razas.

Levantó la mano en el aire y Vivian lo vio pasar el dedo por su muñeca, de tal manera que se formó una delgada línea roja antes de que la sangre comenzara a brotar.

—Toda tuya —dijo, llevándola hacia ella.

Respiró hondo y cogió su mano, se inclinó hacia delante para posar sus labios en su piel antes de cerrar la pequeña herida con su boca.

Cuando el sabor de hierro de la sangre tocó su lengua, Vivian se estremeció y luego retrocedió.

Ella agitó la cabeza.

—No…

—Está bien si no vas a ser un vampiro o un vampiro de pura sangre —le aseguró—.

Me enamoré de la chica humana, así que no importa si vives para siempre como un ser humano —se llevó su mano a la boca y pasó la lengua, lamiéndola y volviéndola a poner a su lado.

—Pero no me quedaré…

—las palabras se convirtieron en un murmullo inaudible que Leo pudo captar.

—¿No te quedarás?

¿Estás planeando escapar de mí?

—la miró fijo.

—En éste estado, no estaré viva para siempre —finalmente la escuchó decir, sus ojos se suavizaron.

Era una preocupación que incluso Leo tenía en su cabeza.

No es que no estuviera contento de que ella fuera humana, sino que le preocupaba la idea de que tenía poco tiempo en su vida.

—¿Le preguntamos a la bruja blanca si puede ayudarte con una poción que te ayude a prolongar tu vida?

Ella agitó la cabeza.

—Las pociones de las brujas no funciona todo el tiempo.

—¿Por qué dices eso?

—Muchos libros dicen eso.

No importa la edad de la bruja, siempre existe la posibilidad de empeorar las cosas.

También estaba éste dicho…

—Si no está roto, no lo arregles.

—Leo completó su frase.

Tomó la mano de Vivian en el camino de regreso a la mansión, dejándola tomar prestado su hombro para que ella pudiera descansar mientras el carruaje cabalgaba por el camino lleno de lodo.

No parecía que se estaba convirtiendo en un vampiro, pero sus ojos se comportaban de forma extraña.

Ambos sabían que la fluctuación del color de sus ojos no era una buena noticia.

—Esperaba que encontraras mi sangre tentadora.

—escuchó a Leonard hablar a su lado, lo que le trajo una sonrisa a su rostro.

—Sus deseos son extraños, Sr.

Carmichael.

—murmuró.

—¿Por qué?

—¿Quién espera cosas así?

Yo soy humana, puedes tener mi sangre, puede que sea más tentadora que la tuya.

—envolviendo sus brazos alrededor de su brazo izquierdo, ella lo abrazó.

—Eso ya lo hago —pero no se detuvo ahí—.

Encuentro tus ojos tentadores, la forma en que me miras con esa sonrisa desenfrenada cuando estás muy contenta y lo reprimes, pero lo compartes conmigo y con el resto del mundo.

Vale la pena morir por ello.

—giró la cabeza y besó la parte superior de la cabeza de ella.

Una tonta sonrisa se asentó en sus labios ante su comentario sobre ella.

Leonard había sido su compañero desde los primeros días y no había nada más que pudiera esperar de él o de su vida en éste momento.

Ella esperaba que las cosas siguieran así, esperando que nada arruinara lo que tenían.

Su mente volvió a la corte del consejo.

—Si una persona ha pasado por la transformación con el veneno de vampiro para convertirse en medio vampiro y no le va bien —se detuvo—, pero sus ojos fluctúan ¿Hay alguna diferencia?

— le preguntó.

—¿Diferencia en cómo fue convertido o su probabilidad de estar cuerdo?

—Ambos —levantó la cabeza y se volvió para mirarlo— ¿No hay forma de traer de vuelta lo que se perdió?

No pudo evitar pensar en la forma en que el hombre pidió con ojos indefensos, lo que la hizo sentir culpable, aunque ella no tuvo nada que ver con ello.

—No hay cura, Vivi.

Una vez que te empiezas a corromper, te conviertes en una amenaza porque tu mente comienza a hacer bromas.

Primero vienen las alucinaciones y luego pierdes la razón, por lo que la rabia interna comienza a salir a la superficie y a quemar todo lo que te rodea hasta que no eres tú mismo —le explicó Leo—.

Los concejales han investigado y los han sometido a una serie de experimentos, pero no he oído que nada bueno haya salido de ellos.

Es una causa perdida.

—se quedó callado al final de la frase.

—¿Crees que pueda intentar ayudar?

—esto le hizo fruncir el ceño—.

Tal vez no, —se acomodó en el asiento del carruaje.

—No necesitas ayudar a la gente.

La mayoría de ellos ya saben en lo que se están metiendo cuando van por la transformación.

—¿Y si son forzados y no son conscientes de ello?

—Entonces llámalo su destino —dijo, con fuerza sus palabras—.

El que tú los ayudes es igual a que acortes tus ya cortos días conmigo.

¿Es eso a lo que aspiras?

—No —murmuró ella.

—Hubiera estado bien si tu habilidad fuera ilimitada, pero no lo es.

No puedes salvar a un hombre que se ahoga cuando no puedes salvarte a ti misma en el agua.

—Sí —Vivian podía ver que Leonard estaba molesto con sus pensamientos de querer y necesitar ayudar a otra persona a costa de su vida.

No era que quisiera perder sus años.

Leonard suspiró mientras miraba por la ventana.

—Hay algunas cosas en éste mundo por las que no puedes hacer nada más que verlas pasar.

Incluso si me estoy muriendo, no debes usarlo —dijo con dureza.

—Pero ¿Qué haré sin ti?

—sus palabras fueron suficientes para disipar su ceño fruncido y derretir su corazón.

—Tonta.

Si muero, me seguirás de cerca —dijo aun mirando por la ventana.

Levantó la cara que había estado sosteniendo con la mano y se encontró con sus ojos confundidos—.

Déjame arreglarlo —la acercó y la besó en los labios.

Desabrochó la parte superior de su vestido con cuello, sus colmillos salieron, no esperó y le mordió el cuello.

Como no lo esperaba, Vivian se estremeció en sus brazos, con los ojos cerrados, sintió su boca sobre su cuello, donde sus colmillos se habían clavado en su tierna piel.

A diferencia de antes, él no le chupaba la sangre, pero su cuerpo comenzó a sentirse caliente antes de que extrajera sus colmillos.

Dándole unos cuantos golpes para cerrar los dos pequeños pinchazos, se echó hacia atrás para ver el diseño que se había formado alrededor de su cuello.

Siendo Leonard el hombre posesivo que era, había algunas cosas que no reprimiría a la hora de demostrar que Vivian era su esposa y compañera de por vida.

Vivian parpadeó un par de veces, con la cara sorpresa en la cara y le preguntó: —¿Unidos por el alma?

—Tú eres mía y yo soy tuyo en todas las formas, no tenemos que vivir separados, preocupados uno del otro —dijo poniendo su mano en el costado de la mejilla de ella.

Se inclinó hacia adelante y le besó la frente.

Vivian, quien había leído y oído hablar del vínculo del alma, lo miró con asombro antes de que sus manos le rodearan el cuello para abrazarlo.

Los vínculos del alma eran preciosos y no todos o cualquiera podía dejarlos en una persona.

Era un símbolo que mostraba cómo se separarían del mundo juntos, uno tras otro.

Era una de las prácticas del mundo de sangre pura cuando encontraban al “indicado” para pasar y compartir su vida.

—Ya no hay de qué preocuparse —lo oyó murmurar en su cálido abrazo.

Las cosas les habían salido bien.

La hizo preguntarse cómo habrían sido las cosas si hubiera sido una vampiresa de sangre pura que vivía en Valeria…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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