Bambi y el duque - Capítulo 195
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195: Capítulo 196 – ¿Podría haber sido…
un mundo perfecto?
– Parte 2 195: Capítulo 196 – ¿Podría haber sido…
un mundo perfecto?
– Parte 2 Editor: Nyoi-Bo Studio En Valeria, en el pueblo de Mérida, la niña se fijó en su reflejo, sus ojos rojos mirándola a ella, que era tan rojos como la sangre que había bebido para su desayuno.
Sus largas pestañas se agitaban al girar la cabeza a la izquierda y a la derecha para asegurarse de que había aplicado la cantidad correcta de polvo que había comprado, no en el Valle de la Isla, sino en un pueblo local con su madre.
Tomó la cajita que había en la superficie del tocador y giró la tapa para ver el gel rojo que había en ella.
Usando su dedo meñique, lo frotó sobre el gel y luego se lo pasó por los labios.
—¡Vivian!
¿Ya estás lista?
—podía oír a su madre llamándola fuera de la habitación— ¿Qué está haciendo?
—su puerta se abrió y la Sra.
Harlow entró, su pelo corto hasta los hombros estaba atado de manera muy elegante, su vestido recorría el piso limpio; se paró detrás de su hija— ¿Fue eso lo que compraste esta semana?
—su madre la miró a ella y a la caja que tenía en la mano.
Su madre se había opuesto a comprar algo tan ridículo que no era de la Villa de la Isla o de una de las tiendas caras donde la familia de sangre pura a menudo compraba.
Vivian, siendo una niña despreocupada, había pedido que se detuviera el carruaje para comprar la cajita.
Había escuchado de ella por casualidad de una de las mujeres que hablaba con otra durante la última velada.
—¿Qué opinas, madre?
—preguntó Vivian, sus ojos estaban llenos de luz y su piel brillaba como resultado de su felicidad.
—¡Mmm!
Está bien.
Pero no vuelvas a comprar cosas baratas, nunca se sabe lo que los humanos usan para hacerlas —le dijo su madre con indignación—.
Estaremos en el carruaje, apúrate antes de que nos retrases.
He oído que la Sra.
Bruxely ha enviado invitaciones a todas las familias de sangre pura de las cuatro tierras ¿Sabes lo que significa?
—preguntó su madre mientras caminaba hacia el espejo y se estiraba de la piel cerca de los ojos.
Vivian no tenía que responder, ya que sabía o estaba acostumbrada a que su madre siempre hablara de ello—.
Significa que mi hija tendrá pretendientes en fila.
—su madre estaba entusiasmada con ello.
Estaba acostumbrada tanto a la emoción de su madre como a los pretendientes que a menudo venían a visitarla.
No era que no sintiera la misma emoción que su madre, sino que esperaba enamorarse de un hombre y luego casarse con él.
Los Harlow no eran de los vampiros de sangre pura de alto estatus, sino que estaban en el nivel más bajo en términos de vampiros de sangre pura.
Su madre esperaba enviarla a la familia de sangre pura más alta, lo que no sólo beneficiaría a su hija, sino también a la familia Harlow en nombre y condición.
—Siempre están en fila —murmuró Vivian en voz baja, y su madre la miró con descontento.
—Ya eres mayor de edad, Vivian.
No puedes seguir pensando como una niña tonta que un caballero vendrá y te enamorarás perdidamente de él.
Ocurre sólo en obras de teatro y libros.
No olvides que papá y mamá dependen de ti —sintió que le tocaban el hombro.
Su madre, mirando la hora, exclamó— ¡Oh, ya se nos hizo tarde!
Date prisa, niña.
Rápido, voy a salir.
—Sí, madre —respondió Vivian al ver a su madre salir apresurada de su habitación.
Inflando sus mejillas, miró a la chica que la estaba observando a través del espejo.
Una vez que los Harlow llegaron a la mansión de los Bruxely, que era grande y amplia, vio a algunos de los invitados que acababan de llegar como ellos.
—Mira, no llegamos tarde.
Te preocupas por nada, madre —le dijo su hermano, Gregorie, tirándo de los collares que le apretaban del cuello— ¿Y es necesario que me arrastres?
Entiendo lo de Vivi, pero todavía me quedan años por delante —sus palabras fueron lo suficiente fuertes como para que los demás hombres y mujeres de su entorno hubieran escuchado, lo que hizo que la Sra.
Harlow lo mirara con tranquilidad.
—Compórtate, Gregorie —les sonrió a los invitados y ellos les devolvieron la sonrisa—.
Y no te acerques tanto a tu hermana.
Necesita tener algo de tiempo con los hombres.
Vivian sólo podía virar los ojos en su interior, ya que su madre los miraba a ella y a su hermano.
Los hermanos eran muy unidos y compartían cada detalle.
Cada vez que Vivian no sabía cómo manejar la atención que un hombre tenía sobre ella o si se sentía demasiado dominante, Gregorie solía venir y sacarla de la situación, lo que a menudo hacía enojar a su madre.
Vivian era una hermosa vampiresa, pero aparte de ser una vampiresa de sangre pura, tenía el aspecto de una humana que parecía pura y dulce, a diferencia de otras vampiresas que eran mojigatas, lo que hacía difícil que los hombres resistieran su presencia.
—¿Por qué no te has atado el pelo?
Estás despeinada —se quejó su madre cuando el viento sopló el cabello rubio de Vivian para entorpecer su rostro.
Ella le dio a su madre una sonrisa como una niña y dijo: —Iba a atarlo, pero me dijiste que me apurara —hizo una pequeña mueca mientras su madre se veía frustrada.
Antes de que su madre pudiera decir algo más, llegaron carruajes y ya estaban dentro de la mansión, lo que hizo que la mujer se quedara callada.
La mansión era amplia y sus techos altos pasaban a través de la estructura en forma de cúpula para mostrar la cantidad de espacio que contenía justo en la entrada del pasillo.
Dos sirvientes se pusieron de pie para ayudar a los invitados con sus abrigos.
Su padre y su hermano se retrasaron y aunque Vivian quería esperar a que su hermano la alcanzara para que su madre no la enviara con el primer hombre elegible, su madre la agarró del brazo y la arrastró al otro lado de la pared.
—¡Mamá!
—exclamó ante la presión de sus manos— ¿Por qué te comportas como una ladrona?
—preguntó en broma antes de cerrar la boca.
—Mira allí —su madre le inclinó la barbilla a la derecha.
Siguiendo la mirada de su madre, vio al hombre de pelo negro y rizado que estaba en el pasillo con un pequeño vaso de sangre en la mano.
—¿Quién es él?
Su madre la empujó para que le diera la espalda al invitado y susurró: —Ese es Jerome Wells, uno de los arquitectos de renombre que reside en Bonelake.
Es un vampiro, pero estoy segura de que esta mansión es una de sus propias creaciones.
Vivian se volvió para mirar al hombre que parecía ser amable: —¿No es maravilloso?
—escuchó a su madre preguntar mientras miraba al hombre y luego volvió a mirar a su madre— ¿No eras tú la que dijo que querías un hombre de buena contextura?
¡Ahí está!
Ahora no pierdas la oportunidad quedándote con tu hermano —su madre la miró y luego fue a saludar a otra mujer para charlar y caminar por los pasillos.
Vivian le echó una dura mirada a su madre cuando le dio la espalda y luego se dio cuenta de que su hermano había desaparecido en algún lugar con su padre.
Suspirando, entró sola.
La mansión era diferente al resto de las que había visto hasta ahora.
Aunque su familia no había sido invitada a las mejores casas de la clase alta sociedad, ella había venido a ver una buena parte de cómo eran las élites de los de sangre pura.
Cuando llegó al final del pasillo, se dio la vuelta para ver a algunos de los invitados entrando, hablando en los pasillos mientras ella estaba sola.
El lugar en el que se encontraba ahora tenía a un jardín abierto que se construyó alrededor de la mansión en lugar de tener un jardín al aire libre.
Qué interesante, pensó Vivian.
—¿No vas a salir a tomar aire?
Giró rápido su cabeza y vio al hombre responsable del diseño de la mansión.
Vivian no esperaba que viniera a hablar con ella.
La mayoría de los vampiros de sangre pura o vampiros, en éste caso, por lo general buscaban a gente de su clase o a la gente que estaba por encima de ellos para que pudieran ampliar su red y avanzar en su estilo de vida.
Era una de las razones por las que se celebraban veladas como ésta.
¿Cuánto tiempo había estado de pie bloqueando el camino para que él tuviera que hablarle para llamar su atención?
Se preguntó Vivian.
Pudo ver a otra mujer, pero él no le habló.
Ella lo miró fijo mientras el hombre que estaba frente a ella le ofrecía una sonrisa que la confundía.
—Mis disculpas por mi grosería.
Yo soy… —Lo sé, Jerome Wells —dijo su nombre y luego lo miró avergonzada.
Jerome se rio entre dientes.
—Veo que me conoces.
No creo que nos hayamos visto antes —sacudió la cabeza al no querer usar un discurso ante la idea de que podría soltar algo innecesario—.
Eso es lo que yo pensaba ¿Puedo saber su nombre, milady?
—preguntó con toda cortesía.
—Vivian Harlow —inclinó la cabeza y sintió como él le cogía la mano y le besaba el dorso.
—Es un nombre bonito —ante su cumplido ella murmuró gracias antes de que un silencio incómodo cayera entre ellos.
Desde la ventana podía ver a su madre que parecía muy contenta cuando sus ojos se encontraron antes de continuar hablando con los otros invitados.
Para llenar el silencio incómodo, ella le preguntó: —¿Cómo has venido aquí?
—Usé el carruaje.
¿Vives en Valeria?
—le preguntó y ella asintió con la cabeza.
—Nunca he viajado por las otras tres tierras.
Jerome parecía sorprendido.
—¿Nunca?
Debes visitar a Wovile.
Tiene unas vistas preciosas, pero no soy de Wovile.
Vengo de Bonelake.
—¿No hay un lugar bonito en Bonelake?
—se preguntaba por qué no elogiaba la tierra de la que venía.
—Llueve día y noche.
Para una dama que viene de la tierra del sol, puede que no le guste —ella podría estar de acuerdo con eso.
A Vivian le gustaba el sol y la lluvia, pero demasiada lluvia sería deprimente, pensó en su mente— ¿Te gustaría tomar una taza de té afuera?
—cuando Vivian lo miró fijo, él sonrió—.
No es obligatorio.
—Está bien —no había nada malo en tomar una taza de té, se dijo Vivian, la mayoría de los hombres que había conocido sólo eran pretenciosos.
En comparación con ellos, Jerome parecía ser algo normal.
Salieron de la mansión y entraron al jardín que era un lugar espacioso para que todos los invitados se movieran y se entretuvieran, y se dirigieron a la mesa donde se colocaban las teteras.
Jerome fue el que cogió la taza de té y se la dio a Vivian para que la sostuviera.
Como la tetera estaba cerca de ella, fue a cogerla, cuando una abeja de la miel se atravesó.
Por miedo, movió la mano en la otra dirección y empujó la tetera hacia adelante y ésta se deslizó fuera de la mesa.
Sus ojos se abrieron de par en par y fue a cogerla antes de que alguien más la cogiera por ella.
Su cuerpo se inclinó junto con el de la persona que había cogido la tetera, miró fijo al par de ojos oscuros que le devolvieron la mirada.
Ella notó el cabello rubio que caía en la frente del hombre, sus labios tenían un tinte rosado en ellos y su expresión era laxa.
—Perdóname —inclinó rápido su cabeza.
Antes de que pudiera retroceder, desde el rabillo de sus ojos vio a la abeja venir directo hacia ella, por lo que su cabeza golpeó la barbilla del hombre y éste hizo una mueca de dolor ante la repentina colisión— ¡Lo siento mucho!
—se disculpó.
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