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Bambi y el duque - Capítulo 196

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196: Capítulo 197 – ¿Podría haber sido…

un mundo perfecto?

– Parte 3 196: Capítulo 197 – ¿Podría haber sido…

un mundo perfecto?

– Parte 3 Editor: Nyoi-Bo Studio No era sólo el hombre quien hacía muecas, sino también Vivian, porque una escena tan simple fue causada por la abeja.

Si su madre veía lo que pasaba, estaba segura de que la regañarían cuando llegara a casa.

—¿Estás bien, Leonard?

—preguntó una mujer que había venido con el hombre con el que Vivian acababa de chocar.

El hombre se frotó la barbilla y luego miró a Vivian con los ojos entrecerrados por causar problemas.

Dando dos pasos hacia atrás esta vez, Vivian volvió a inclinar la cabeza por su repentino comportamiento.

¡La maldita abeja!

Vivian la regañó en su cabeza.

Si pudiera, asaría a todas las abejas para que no la atacaran cada vez que una se le acercara.

¿Me disculpo por…

por golpearte la cabeza?

No, no, eso sonaría mal, pensó Vivian en su cabeza —Lo que acaba de pasar —mantuvo la voz baja sin querer llamar la atención, pero la gente de alrededor ya se había dado cuenta y su familia también.

Su hermano menor, Gregorie, disimuló la risa con una tos y cogió el vaso de agua antes de que la chica que estaba junto a él y con la que había estado hablando con lo cogiera por él.

El hombre le asintió con la cabeza y luego se volvió para hablarle a la vampiresa que también la miraba.

La persona con la que se golpeó la cabeza estaba bien, así que no sabía cuál era el problema de la vampiresa.

Sin contenerse, miró a la mujer con una expresión de desdén que a menudo usaba para molestar a su madre.

Como era de suponerse, su expresión obtuvo la reacción que esperaba.

—¿Qué estás mirando?

—preguntó la vampiresa, su mirada se encendió aún más y esta vez Vivian la miró confundida.

—¿Qué?

—¿Qué miras después de golpearle la cabeza?

—dijo la mujer, quien dejó de estar de pie frente al hombre para poder enfrentarse a Vivian.

Era extraño que esta era unos centímetros más alta que ella.

—Eleanor —el hombre al que la vampiresa había llamado Leonard, le advirtió que no armara un alboroto.

La abeja la había metido en problemas y lo que pasó entre ella y el hombre fue un simple golpe de cabeza.

Era como si le hubiera robado al hombre, ¿era eso?

Miró a la mujer y luego al hombre que ahora la miraba como el resto.

Vivian no se contuvo y le preguntó: —¿Y tú qué estabas haciendo?

—¿Qué estaba haciendo?

—la mujer levantó una de sus cejas.

—Me estabas mirando —declaró Vivian y logró que la mujer se enfadara.

La otra vampiresa la miró de arriba a abajo preguntándose quién había tenido la audacia de responderle como lo hacía esta pequeña vampiresa.

—Yo no.

—Entonces, ¿cómo puedes saber que estaba mirando, ah?

—Vivian retuvo la sonrisa que amenazaba salir de sus labios, sin saber cuánto tiempo sería capaz de hacerlo ante la cantidad de molestias que la mujer le estaba causando.

—Esta pequeña…

—¡Señoras, señoras!

—Jerome, quien había estado parado detrás de Vivian, se adelantó con la intención de disipar la tensión, pero en vez de eso, sólo provocó a la otra mujer llamada Eleanor.

—Hasta el dócil vampiro tiene el valor de detenerse ¿A qué familia perteneces?

—preguntó Eleanor con arrogancia.

Vivian no estaba contenta con la forma en que la vampiresa menospreciaba a Jerome o a ella.

No le gustaban los hombres y mujeres que a menudo se burlaban de la situación de los demás para mirarles con desprecio.

Sus padres eran iguales, pero ella había resultado ser la extraña y por lo general regañaba a su hermano menor si lo veía seguir los pasos de sus padres.

—¿Por qué?

—le preguntó Vivian poniendo la taza de té sobre la mesa para no dejarla en el suelo— ¿Piensas ser una sirvienta allí?

—esto causó la ira de Eleanor, haciendo que diera un paso adelante.

—¿Cómo te atreves a hablarme en ese tono?

—la mujer la miró fijo.

—Oh, claro que me atrevo —Vivian sabía que iba a recibir más que un regaño una vez que volviera a casa.

Olvídate de llegar a casa, ella recibiría el regaño una vez que se sentara en el carruaje con sus padres o peor aún, sería repudiada por no comportarse como una dama.

Pero entonces, pensó Vivian, ella no era la única que no se comportaba como una dama, había otra justo en frente de ella.

—No sólo golpeaste la cabeza de un caballero, sino que también intentaste insultarme —Eleanor apretó los dientes, sus ojos estaban brotados mientras hablaba y si las miradas mataran, a Vivian le habrían prendido fuego, pero esta mujer no era una bruja.

Tal vez sí, Vivian seguía hablando en su mente, peor que una bruja, ajá.

—Disculpa, pero ya me he disculpado y él no parece tener ningún problema con ello —el hombre miraba a la chica que hablaba tan directo con su prima segunda.

Tan bella como su prima, Eleanor estaba con una dulce sonrisa cuando su estado de ánimo se volvió amargo e intimidó a la mujer que estaba cerca.

Pero esta joven vampiresa parecía no tener problemas para mantenerse firme mientras decía lo que pensaba.

Tenía una cara delicada, su piel pálida y suave como una muñeca de porcelana con su pelo rubio suelto, parecía despeinada, lo que la hacía parecer un pájaro con sus plumas pegadas alrededor de su cara.

Por la forma en que estaba vestida, no parecía que fuera de una familia de clase baja, sino que venía de una familia decente.

Sus ojos, aunque rojos, parecían vivos mientras cuestionaba a su prima segunda por sus comentarios, y se disgustó cuando Eleanor hizo un comentario sobre su bajo estatus.

Sus labios se veían blandos y rosados, pensaba si eran tan suaves como parecían, lo que le hizo querer correr su lengua, o mejor sus propios labios, sobre ellos.

Leonard agitó la cabeza para deshacerse de sus pensamientos.

La chica era una extraña, una mujer que él no conocía y no era el tipo de hombre que se acostaba con una mujer de forma casual.

A diferencia de muchas otras vampiresas, esta parecía un poco diferente, quizás un poco más salvaje que el resto.

Su respuesta a Eleanor en una situación menos complicada, en la que él no hubiera estado involucrado, podría haber sido hilarante, pero él estaba involucrado.

—Ya basta, Eleanor.

La señora se ha disculpado.

No hay necesidad de crear una escena —sus cortas palabras no le agradaron a su prima segunda.

Sin mirar a Eleanor, miró a la dama de la que no sabía su nombre—.

Por favor, tenga cuidado con lo que sostiene y golpea milady —y se inclinó para recibir una rápida reverencia de parte de ella también.

Vivian vio al hombre y a la mujer caminar por el césped y luego escuchó a Jerome hablar.

—Habla usted muy bien, Señora Vivian.

Yo pensaba que era una persona tranquila —al escuchar esto, Vivian se sonrojó, sus mejillas se habían puesto rojas ante sus palabras.

—Ja, ja, ja…

—se rio mientras se regañaba a sí misma, a la abeja y a la mujer con el hombre guapo—.

Tomemos ese té —dijo ella.

Tomó la tetera que el hombre había puesto sobre la mesa.

Así que Leonard, pensó Vivian.

Se dio vuelta sobre su hombro después de que terminó de tomar el té para mirar al hombre que ahora estaba hablando con el hombre que era dueño de esta mansión.

Sorbió su té, asintiendo con la cabeza a lo que el Sr.

Wells decía antes de que sus ojos fueran a buscar al hombre de nuevo entre la multitud.

Se parecía a cualquier otro hombre guapo en la sala y Vivian había conocido a muchos de ellos, ya que a su madre le encantaba tener a los hombres en fila.

Algunos los conocía en una velada, mientras que otros iban a su casa a sacarla a pasear.

Era fácil evitar a los hombres en las veladas, pero los más difíciles eran los que la acompañaban durante casi un día entero.

—Sr.

Wells —le preguntó a quién estaba con ella bajo el huerto de manzanas— ¿Es usted un hombre pobre?

Su franqueza lo hizo toser.

Bajó la taza de té que estaba tomando, la miró fijo y luego le dijo.

—¿Por qué la pregunta?

¿Crees que soy un hombre pobre?

—le preguntó y continuó hablando—.

Aunque no creo que te importe mucho —le sonrió— ¿Se trata de lo que dijo la señora?

No deberías preocuparte por eso.

—Pero no eres pobre —le frunció el ceño.

—¿No lo soy?

—inclinó la cabeza.

—Ajá, usted construyó esta hermosa mansión.

Debe estar ganando más de lo que gana mi padre —el hombre estalló a carcajadas mientras se cubría con el dorso de su mano, y Vivian lo miró confundida en cuanto a lo que era gracioso.

¿Dijo algo malo?

—Milady, ¿le han dicho que su discurso es único?

—le preguntó el Sr.

Wells.

Vivian sonrió y asintió con la cabeza.

—Muchas veces ¿Cómo lo sabe usted?

No nos hemos visto antes —le preguntó.

—Es usted una mujer encantadora, Lady Vivian, —la elogió.

El cumplido inesperado la hizo apartar la mirada de él y ella se volvió tímida—.

Y aún no tengo el pago de la mansión que recibiré después de esta velada.

Tal vez entonces seré menos pobre.

—Ya veo.

Es una hermosa mansión la que usted construyó —ella le devolvió el cumplido.

Él se inclinó ante ella.

—Es bueno saber que le gustó.

—Dijo que vivía en Bonelake, ¿cuánto tiempo estará aquí entonces?

—un pequeño destello pasó frente a sus ojos, como si ella ya le hubiera hecho esta pregunta, pero esta era la primera vez que se reunía con el Sr.

Wells.

—Sí, así es, pero tengo a mi hermano aquí.

Mi hermano menor, Elliot Wells, quien trabaja para el Señor de Valeria.

Me quedaré aquí durante un mes antes de regresar a casa.

Quería ir a ver algunos lugares turísticos antes de regresar, ¿le gustaría acompañarme?, ya que ir solo, puede ser muy aburrido.

—Vivian no sabía por qué le resultaba tan familiar.

Esta escena en la que se paraban y hablaban, la forma en que ella sostenía su taza cerca y la mirada en los ojos del Sr.

Wells, que tenía una poca cantidad de esperanza en ellos, la hizo preguntarse si esto había ocurrido en uno de sus muchos sueños.

Al notarla un poco ausente mientras miraba el árbol, el Sr.

Wells dijo su nombre.

—¿Lady Vivian?

—Sí.

Perdóneme —se disculpó—.

Me siento un poco mal ¿Le importa si entro y descanso?

—le preguntó, sintiendo que sería descortés dejarlo ahí parado.

—¿Quiere que la ayude a entrar?

—le preguntó de manera educada.

De inmediato agitó la cabeza.

—Ah, no.

Estaré bien.

—le ofreció una pequeña sonrisa e inclinó su cabeza, se fue para volver a entrar en la mansión sin hacer contacto visual con su madre en ese momento.

La temperatura dentro de la mansión era más fresca y ella miró a su alrededor antes de subir las escaleras.

Si se quedaba abajo había una posibilidad de encontrarse a los hombres que ya había conocido y a la gente promiscua de la sociedad que no quería conocer.

Subió corriendo y luego caminó hasta llegar al final de las escaleras.

Cuando miró al suelo, sus ojos se fijaron en la pintura expansiva que colgaba de la pared.

Era una pintura extraña.

En una parecía haber una mujer asomándose por la ventana en una solitaria y oscura mansión.

Otra era la de una iglesia y un carruaje que estaba junto a ella en un día lluvioso.

Se acercó un poco más y se encontró con dos figuritas en el cuadro que se abrazaban.

—Qué interesante —murmuró, observando todas y cada una de las pinturas.

Lo único bueno de estas veladas era que se le permitía explorar las casas y la mansión cuando todos estaban ocupados con sus charlas sin sentido.

Todas las casas eran tan hermosas, que no podía evitar dejar de explorar el espacio.

Se acercó más adentro, el ruido de la multitud disminuía al adentrarse en la habitación sin saber lo que la esperaba al otro lado del pasillo.

Una sonrisa se formó en sus labios cuando vio tres estanterías llenas de libros.

Caminó feliz hacia las estanterías y fue leyendo un título tras otro.

Encontró un libro que estaba puesto al revés y fue a sacarlo cuando alguien más sacó el libro del otro lado, en ese momento vio a Leonard.

Ambos se quedaron atrapados con sus miradas fijas.

Era un hombre apuesto, pero tenía un aire de indiferencia que lo distinguía del resto.

Sus rasgos serenos como los de los príncipes que se leían en los libros de cuentos.

Vivan sintió que su corazón se saltaba un latido, cuando vio una leve sonrisa en sus labios, ella aclaró su garganta rápido y se hizo a un lado para poder esconderse detrás de todos los libros.

Colocó su mano sobre su pecho mientras se preguntaba por qué le sonreía.

¿No fue hace tan sólo un momento que la había mirado fijo?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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