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Bambi y el duque - Capítulo 197

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197: Capítulo 198 – ¿Podría haber sido…

un mundo perfecto?

– Parte 4 197: Capítulo 198 – ¿Podría haber sido…

un mundo perfecto?

– Parte 4 Editor: Nyoi-Bo Studio Después de esconderse de Leonard, Vivian se preguntó de repente por qué se escondía de él.

No había hecho nada malo y por eso volvió a mirar el espacio que el libro vacío había creado para darse cuenta de que ya no estaba allí.

¿Se había ido?

se preguntó ella, poniéndose de puntillas para compensar su altura mientras miraba a través del espacio.

Por alguna extraña razón, su corazón se hundió al ver que se había ido.

—¿A quién buscas?

La repentina voz la asustó y sus pies, que habían estado de puntillas, perdieron el equilibrio, puso su mano sobre el bastidor y éste se balanceó hacia atrás.

Sus ojos se abrieron lo más podían y vio cómo se movía, su corazón se deslizó hacia afuera de su caja torácica por lo que estaba por venir; el estante golpeó los otros dos estantes detrás de ella.

El hombre se movió de repente para evitar que el estante se cayera.

Algunos libros sueltos se movieron de su posición, pero Leonard evitó que se cayeran y que causaran un gran lío que le costaría al personal o al dueño un día entero de trabajo.

—Tan problemática ¿Siempre vas golpeando cosas al azar en tu camino?

—lo oyó preguntarle.

—Me tomaste por sorpresa —confesó.

Luego, el asintió con la cabeza como si creyera lo que ella decía y colocó el estante como estaba.

—Perdón por asustarte —se disculpó, con la voz firme y un poco más profunda— ¿Vas a leer esto?

—ojeó el libro que había sacado antes.

—No —contestó ella, sus ojos lo miraron y luego volvió a mirar los libros.

Ella no entendía por qué se sentía tímida frente a él.

¿Era porque le había golpeado la barbilla en el jardín?

—Siento lo que pasó antes —dijo ella, levantando la mano y señalando hacia atrás.

—No te molestes.

Sintiendo la necesidad de explicarlo, dijo ella entonces.

—Si hubiera sido por la abeja, no habría pasado nada —esto llamó su atención y se volvió hacia ella—Ya ves, no me gustan las abejas.

Pueden ser diminutas y parecer inofensivas, pero su picadura es dolorosa, incluso para una vampiresa como yo.

—Deben encontrarte muy dulce —Leonard lo dijo tan serio que Vivian no entendió el significado subyacente.

Se acercó un poco más a él, pero también mantuvo una buena distancia, ya que eran extraños, ella respondió.

—No lo soy.

Es sólo que la mayor parte del tiempo la paso en el jardín arrancando flores.

—Las flores son el alimento de las abejas.

Qué grosero —la miró ligeramente mientras se sentaba en el borde de la ventana donde podía sentarse cómodo—¿Sabías que, si no fuera por las abejas, no habría vida en estas tierras?

Ella asintió con la cabeza.

—Eso he oído —sonrió ella, mirando el libro que él sostenía y que no se veía bien desde donde ella estaba.

Leonard dejó el libro a un lado.

—¿Para qué arrancas las flores?

—le preguntó curioso mientras esperaba una respuesta tonta, pero cuando ella le contestó, pareció bastante sorprendido.

—Las uso para crear medicinas que puedan ser consumidas por los humanos.

He aprendido algunas de las técnicas básicas y todavía estoy aprendiendo.

—sonrió complacida por su reacción.

—¿Y qué tan efectivas son estas medicinas que creas?

—Son buenas.

Una de las más recientes ayudó con el dolor de estómago de una persona.

—Es bueno oír eso ¿Dónde está tu tienda?

Me gustaría echarle un vistazo —cuando lo mencionó, Vivian lo miró con disgusto— ¿No tienes una?

—No se me permite tener una.

Verás, las medicinas no se prueban y luego se venden a granel.

Tengo que probarlas con los aldeanos con su consentimiento si eso les ayuda —le explicó—.

Mis padres no lo aprueban.

—No creo que nadie lo aprobaría por el miedo a que mataras a alguien —sin saber qué decir al respecto, se quedó allí inmóvil y luego fue a sentarse junto a él— ¿Dónde está tu compañero?

—lo oyó preguntar mientras leía la portada del libro “Maestro de los tronos”.

—¿Ah?

¡Oh, no!

Él no es mi compañero.

Sólo alguien que conocí —aclaró la información que él había malentendido antes— ¿Dónde está tu señora?

—Ella es mi prima segunda.

Fue a hablar con la señora de la casa —dijo antes de que el silencio volviera a caer sobre ellos.

Eran extraños, pero compartían una ventana en un lugar con el que no estaban familiarizados.

Qué raro, pensó Vivian.

Golpeó los pies contra el suelo durante algún tiempo.

Se había sentado a hablar, pero ahora no había nada de qué hablar.

Ni él ni ella hablaron, lo que prolongó aún más el silencio.

A escuchar un pájaro cantar junto a la ventana abierta, Vivian giró la cabeza para mirar el pequeño nido.

Leonard, quien estaba sentado a su lado, la vio mirando ansiosa a los pájaros cantando y revoloteando alegres en las ramas del árbol.

Ahora parecía una niña, con una sonrisa suave en los labios y el pelo que le caía por detrás de la cara.

—Debiste tener mucha prisa hoy al salir de casa.

—comentó mirando sus pestañas moverse hacia arriba y hacia abajo cuando parpadeaba.

A sus ojos, ella era una pieza bastante extraña que no encajaba en esta sociedad.

Como una mariposa, había alas en las palabras que ella decía, las cuales necesitaban volar libres.

—Sí ¿Cómo lo sabes?

—preguntó mientras seguía mirando a los pájaros.

Un mechón de su cabello se movía delante de sus ojos, lo que le impedía ver, pero no hizo nada para apartarlo de su vista.

—Sólo una conjetura —murmuró en voz baja.

Eran sólo pajaritos, así que él no sabía qué era tan interesante para que ella no se girara a verlo y le contestó— Por cierto, yo soy Leonard Carmichael —se presentó a sí mismo.

Al darse cuenta de que ella había ido a sentarse junto a él, se dio la vuelta.

—Vivian Harlow.

Un gusto cono… —tenía el pelo suelto justo delante de su cara y antes de que pudiera levantar la mano, el hombre le quitó el pelo de la cara—.

Es bueno conocerte…

—su tacto le quemó la piel, y como si ésta hubiera revivido con su tacto, ella se movió hacia atrás con los ojos hacia abajo.

Muchos hombres la habían cortejado e invitado a salir, pero ninguno la había tocado.

Su aliento se quedó atrapado en su garganta.

Se levantó rápido y se acomodó el cabello detrás de las orejas.

—Fue un placer conocerte.

Creo que debería irme ahora.

—dijo.

Ni siquiera se había girado por completo cuando lo oyó hablar: —Huyes —sus ojos se encontraron con él, que la miraba justo al alma, como si pudiera ver y sentir cada parte de ella, asustándola.

—¿Qué?

Leonard se levantó, dejando el libro en la ventana para caminar hacia ella.

—¿La asusté, Lady Vivian?

—le habló, ella no se movió y él ya no podía verla.

Por la forma en que su corazón seguía latiendo y golpeando en su pecho, Vivian sabía que él también podía oír el sonido de su corazón— Te vas huyendo como un conejo.

—Me alejé más de lo que debía.

—¿Y por dónde andas?

—preguntó como para burlarse de ella.

Ella se tragó su pregunta y sus ojos no dejaban de notar ese pequeño movimiento suyo.

—Aquí, por supuesto.

¡Oh!

creo que mi madre me ha llamado —su voz salió más fuerte de lo que ella esperaba, volviéndose rápido para irse, su brazo quedó atrapado en la mano de él.

Su cuerpo estuvo a punto de estrellarse contra él, con su mano apretada alrededor de ella.

Su mano se aflojó, pero el agarre siguió siendo el mismo.

Vivian podía sentir el aliento de menta del hombre, que estaba fresco, mientras la miraba a los ojos.

En verdad tenía ojos oscuros, más oscuros que los otros que ella había visto.

Se decía que, cuando se trataba de los vampiros de sangre pura, mientras más oscuro era el rojo, eran mucho más superiores.

Él podría haber sido guapo y de mayor estatus en comparación con ella en la sociedad, pero eso no significa que sus acciones repentinas no la preocuparan.

¿Por qué un hombre cuerdo tomaría la mano de una mujer en su primer encuentro?

¡Qué vergüenza!

Pensó Vivian, sin saber que Leonard era un hombre sencillo.

Era extraño, pero la chica le había llamado la atención y lo había intrigado de manera tan dulce que no podía evitar querer retenerla más tiempo y que no huyera como el conejo que era.

—¿Sr.

Carmichael?

—llamó a su atención para que él estuviera más cerca de ella.

Ahora que estaban tan cerca y solos, se dio cuenta de lo alto que era.

Tuvo que estirar el cuello y doblar su espalda para mirarlo.

—¿Qué vas a hacer este el domingo?

—le preguntó de la nada.

—Tendré que revisar mi agenda y para eso, tendrás que soltarme la mano…

—Soltarla —sus palabras no dejaron lugar a discusión.

—Podría incluso estar muriendo antes de que eso pase.

Su réplica lo hizo mirarla fijo e inclinando la cabeza, dijo: —Faltan tres días.

Oí que hay una iglesia que fue demolida hace años y ahora no hay nada más que ruinas.

—¿Quieres que te lleve allí?

—Sí.

—Está bien —su rápida respuesta le gustó.

Leonard era hijo único y tenía el hábito de tener todo a su disposición para elegir.

Vivian era el raro animal que pasaba por allí, por lo tanto, el león no podía hacer otra cosa sino cazarla.

Leonard finalmente soltó su mano y se aseguró de que ella no había aceptado solo por llevarle la corriente.

—¿Conoces la campana de la torre que está en la siguiente aldea?

La que está pintada de negro —le preguntó—.

Te estaré esperando allí a las cuatro.

—¿Las cuatro de la mañana?

—sus ojos se abrieron de par en par.

—No sabía que te levantaras tan temprano.

Ah, se refería a las cuatro de la tarde, ¿pero cuánto tiempo estarían fuera?

—No estoy segura de poder ir a esa hora.

—Inténtalo por mí —lo dijo en un tono tan serio que ella no pudo negarse, así que estuvo de acuerdo.

Vivian salió corriendo de allí, sintiendo sus pasos no muy lejos de ella.

Sostenía la parte delantera de su vestido para no caerse por las escaleras.

Cuando llegó al último escalón, Vivian se volvió para mirar hacia atrás y luego hacia arriba para verlo parado allí y mirarla con las manos apoyadas en la rejilla.

Recogiendo su pelo detrás de su oreja mientras su corazón daba un latido al ver su sonrisa, ella inclinó su cabeza de manera educada y luego salió al jardín otra vez.

… Los días pasaron y Vivian no podía detener los pensamientos sobre el hombre que había conocido en la velada.

Era tanto que hasta había soñado con él, pero sin recordar qué hacía allí.

Pero cuando llegó el domingo, la promesa que ella le había hecho se le había escapado de la cabeza.

Ella había estado ocupada trabajando y ayudando a su madre y como después de mucho tiempo había llovido en Valeria, se había quedado dentro de la casa y no había ido al pueblo a ver si a alguien necesitaba la medicina que ella hacía.

Miró fijo a la lluvia afuera, y mientras veía su reflejo desde el cristal de la ventana, se dio cuenta del reloj detrás de ella que dio la hora.

¿Por qué sentía como si hubiera olvidado algo?

Intentó recordar lo que podía ser, pero le costaba recordar y suspiró.

Tal vez no era nada importante si ella no era capaz de recordar.

Podía recordar todos los demás detalles, pero había algunas cosas que se le escaparon de la cabeza hasta que pasó un día entero preguntándose qué era.

Pasaron los minutos hasta que la manecilla de hora se acercó a las cinco.

Mordiendo su mejilla interna, estaba tarareando una canción cuando su hermano Gregorie vino a llamar a su puerta.

—Hermana Vivian, ¿has visto mi reloj de bolsillo?

—le preguntó.

—No lo creo ¿Dónde lo viste por última vez?

Su hermano se rasguñó la nuca.

—Con honestidad, no me acuerdo.

Debo haberlo perdido como siempre.

—¡Mira!

—Vivian se levantó de su cama—.

La campana de la torre al lado del reloj —empezó a preocuparse y agarró el primer abrigo que llegó a su mano.

Luego tomó sus botas de repuesto, que usaba a menudo cuando tenía que salir de casa sin que sus padres lo supieran.

—¡¿A dónde vas?!

—preguntó Gregorie, al ver a su hermana salir por la ventana de su habitación.

Vivian ató su abrigo y luego se volvió para mirarlo con un pie en el alféizar de la ventana.

—Cúbreme mientras estoy fuera.

Estaré en casa pronto.

—¡Hermana, espera!

—pero Vivian ya había saltado por la ventana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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