Bambi y el duque - Capítulo 198
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- Capítulo 198 - 198 Capítulo 199 – Expedientes de casos - Parte 1
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198: Capítulo 199 – Expedientes de casos – Parte 1 198: Capítulo 199 – Expedientes de casos – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Asegurándose de que nadie la viera, salió corriendo de la casa y entró en la aldea con sus botas tocando el suelo húmedo por el agua que se había filtrado en él.
¡Cómo pudo olvidarlo!
Lo había recordado hasta la mañana y ahora llegaba tarde.
Se preguntaba si el hombre aún estaba allí esperándola.
Estaba lloviendo y las gotas de agua se posaron sobre su rostro mientras ella seguía corriendo como nunca antes lo había hecho.
Llegar a la campana de la torre le llevó casi quince minutos.
Miró la campana de la torre y no encontró a nadie.
No sabía si tenía que sentirse aliviada o triste porque no había podido reunirse con el hombre.
Por supuesto, no la habría esperado bajo la lluvia.
Ella no podía creer que no había podido reunirse con él, pero ¿vino?
Estaba lloviendo y seguramente él debió pensar que ella no aparecería con éste clima.
Las gotas de lluvia continuaron empapándola, el agua se deslizaba por su cara.
Suspiró.
En algún lugar de su corazón quería verlo de nuevo.
Sus piernas se sintieron cansadas de correr desde su casa hasta la campana de la torre y caminó hacia la pared de la misma.
Colocó su mano, buscándolo con la más mínima esperanza de que aún apareciera.
Al sentarse en el banco que estaba pegado a la pared, dejó descansar sus piernas durante un rato mientras la lluvia seguía cayendo.
Cerró los ojos y se dejó envolver por el sonido de la lluvia y el silencio que traía consigo.
De repente, las gotas de agua dejaron de caer sobre ella, como si hubiera dejado de llover.
Abrió los ojos y vio un par de zapatos que estaban cubiertos de tierra en la parte superior.
Siguiendo el zapato para ver quién era, vio que era el Sr.
Carmichael, quien sostenía un paraguas con él.
Mientras ella estaba completamente empapada por la lluvia, él todavía estaba fresco y seco, excepto por la cuarta parte de sus piernas desde abajo.
—Estás aquí —dijo ella mientras lo miraba.
—Nunca me fui —aunque sus palabras eran serias y la miraba con su expresión indiferente, había algún tipo de amabilidad en ellas que fue suficiente para calentarla en esta lluvia fría por la que estaba empapada— ¿Qué ibas a hacer si yo no venía?
¿Planeabas pasar la noche aquí afuera?
—le preguntó mientras sostenía el paraguas para los dos, pero más del lado de ella.
—Lo olvidé, y cuando me di cuenta vine de inmediato.
Pensé que te habías ido —eso era lo que quería decir, pero salió de manera diferente cuando lo dijo.
—¿Lo hiciste?
—era una simple pregunta de sí o no, pero ella se tomó unos segundos para responder.
—No.
—Bien —parecía satisfecho con su respuesta—.
Te perdono por eso.
Ven, vamos a calentarte antes de que te resfríes —le ofreció su mano para que la tomara y ella colocó sus manos sobre las de él, sintiendo la misma frialdad, lo cual mostraba la verdad de cuánto tiempo había estado ahí esperando por ella.
Caminó bajo el paraguas, pero no demasiado cerca de él para no empaparlo, ella se paró a unos centímetros de distancia.
De la nada, su nariz se estremeció y estornudó.
Él se quitó el abrigo que llevaba y se lo puso a ella.
—Mejor…
… —¿Vivi?
Vivi?
—escuchó a alguien llamándola cuando se despertó de su sueño— Ya estamos en casa —dijo Leonard, agitando su hombro, ya que se había quedado dormida al volver del consejo.
Vivian tardó un tiempo en darse cuenta de que había dormido mucho rato y de que su sueño había sido tan profundo que lo sintió vívido.
Una vez en la mansión, Vivian se cambió de ropa frente al espejo.
Empujó su vestido hacia la esquina con los pies.
Caminó más cerca del espejo y se inclinó hacia adelante para mirarse a sí misma.
Se sentía como si todavía tuviera sueño y se tomara el tiempo para salir de ese estado.
Mirando sus propios ojos, de color negro, parpadeó para ver si cambiaba de color, pero seguían siendo del mismo tono.
Entonces notó algo en su cuello.
El sueño había ocupado tanta parte de su mente que se había olvidado del vínculo del alma, haciendo que su corazón se saliera de su pecho.
Pero la marca no era sólo una mordida.
Tenía un diseño intrínseco como raíces que se movían hacia arriba de su cuello.
Ahora ella y él estaban unidos de por vida.
No había vuelta atrás.
Si ella moría pronto, él la seguiría, y si él moría, ella lo seguiría.
No importaba que pertenecieran a dos razas diferentes, así era el vínculo del alma.
Cuando se fueron a la cama, Vivian se instaló primero, y pronto, Leonard la siguió y se metió dentro de la manta.
La haló hacia él y no pudo resistirse a besar a su esposa.
—Has estado aturdida desde que te despertaste ¿Qué es lo que estás pensando?
—le preguntó, poniendo su mano sobre su espalda.
—¿Hay una torre en el reino valeriano?
—preguntó Vivian.
—Sí, ¿por qué lo preguntas?
—le preguntó.
—Tuve un sueño muy extraño —asintió con la cabeza y continuó— ¿Has pensado alguna vez en cómo sería la vida si nunca me hubiera convertido en un ser humano?
Si todavía fuera un vampiro de sangre pura viviendo en la tierra de Valeria.
Leonard no la miró, sino que ordenó los finos y pequeños cabellos que estaban en la línea de su cabeza.
—Muchas veces más de las que puedo contar.
—¿Qué piensas de eso?
Si alguna vez nos conociéramos de nuevo, como sería.
—le preguntó interesada en saber lo que pensaba.
—Mmm, en realidad yo también lo he soñado —sus ojos se movieron de la frente de ella a sus ojos, que lo esperaban para decirle con impaciencia— En un universo alternativo, tú y yo nos conocemos en una velada.
—¿En serio?
—le preguntó ella, en su sueño también se habían conocido en una velada.
—No te gustaban las abejas, creo —dijo como si tratara de recordar un recuerdo lejano—.
Sí, abejas, porque tumbaste la tetera.
Incluso mi subconsciente sabe lo buena que eres para dejar caer y romper cosas —sonrió.
Vivian estaba asombrada de que su sueño fuera similar a lo que él había soñado, y le preguntó curiosa.
—¿Lo dejé caer?
—él tatareo buscando la respuesta.
—Mi torpe esposa —dijo con mucho amor—.
Eras tan adorable como eres ahora.
Encantadora y adorable ¿Qué tal tu sueño?
—le preguntó.
—¿Me creerías si te dijera que tuve un sueño similar al tuyo?
—levantó la frente.
—¿Ah, sí?
Asintió con la cabeza.
—Olvidé que me pediste que nos encontráramos en la campana de la torre.
Qué extraño.
—murmuró al final.
Leonard no lo comentó, sino que lo meditó por un rato.
Miraba la pequeña sonrisa que había dibujado en sus labios mientras jugaba con el botón de su camisa.
—Qué mezquino de tu parte hacerme esperar bajo la lluvia.
—le dijo con una sonrisa.
Era un sueño y no podía cambiar lo que pasaba ahí dentro.
Pero era tan extraño para ellos soñar exactamente lo mismo en tiempos diferentes.
El sueño la hizo preguntarse si la vida hubiera sido buena si fuera una vampiresa de sangre pura, quien tenía una vida despreocupada con una familia.
Familia.
Pensando en ello, trató de recordar la cara de su familia, pero ahora que había pasado el tiempo, no podía recordar cómo eran su madre o su padre.
En su sueño, tenía un hermano.
¿Cómo se llamaba?
Algo que empezaba con la letra V, no, no, no, era G.
Greg algo.
Greg Harlow, ¿verdad?
Tal vez, se dijo a sí misma.
Y como era un sueño, Leonard se había perdido los detalles que incluían su posible apellido, mientras que Vivian tenía el sueño fresco en su mente con algunos nombres que había elegido.
Le tomó a Vivian algún tiempo antes de que llegara a dormirse en los brazos de Leonard, en paz, con la nieve comenzando a caer del cielo.
… Al día siguiente, la tierra de Bonelake tenía una ligera capa de nieve en el suelo.
Vivian, quien había estado leyendo los archivos durante dos semanas, terminó, y finalmente se le permitió unirse a los demás para observar el espectáculo del crimen, lo que la emocionó.
Por fin estaría haciendo algo más que leer los casos ya resueltos.
Caminando hacia la aldea donde el magistrado los había llamado, los cuatro: Leonard, Vivian, Hueren y Datan, se abrieron paso, dejando huellas detrás de ellos.
Un asesinato había ocurrido en una de las casas y esto no involucraba a los vampiros sino sólo a los humanos.
El magistrado, incapaz de resolver lo que había ocurrido, se había acercado al consejo para ayudar a la aldea.
La gente del pueblo parecía asustada por alguna extraña razón mientras miraban desde las ventanas o desde las esquinas, y vieron a las cuatro personas caminar por el estrecho callejón.
—¿Soy yo o está más tranquilo que lo normal?
—preguntó Hueren mientras caminaban por el pasillo.
—Está tranquilo —Leonard estuvo de acuerdo, sus ojos se movieron para ver la forma en la que algunos de los habitantes del pueblo se asomaban—.
Por eso estamos aquí ¿Ha habido algún ataque reciente aquí, Hueren?
—preguntó a su colega concejal.
Hueren miró los pequeños apuntes que llevaba consigo sobre la verificación de antecedentes que había hecho después de recoger la información necesaria.
—La aldea no ha sufrido ningún ataque reciente de brujas, al menos no en los últimos dos meses.
Escuché que la mayoría de ellos ni siquiera sale de casa y se quedan ahí —explicó—.
Es extraño.
Al pasar por la ventana, Vivian vio una cabeza que se asomaba por la cortina, era una mujer que la miraba fijo.
Había algo muy peculiar en la forma en que la mujer la miraba que la hacía sentir como si hubiera entrado en un pueblo en el que no los querían.
Con una voz baja, preguntó: —¿Alguien los ha amenazado para que no hablen?
—algunas de las personas que los miraban estaban paradas en su puerta sin dar un paso adelante.
Antes de que la pregunta de Vivian pudiera ser contestada, el magistrado vino a saludarlos.
—¡Duque Leonard!
Es bueno tenerte aquí finalmente —parecía que, de todo el pueblo, el magistrado era el único con vida en este lugar un; hombre flaco con un bigote en la cara.
—Su aldea parece muerta, Sr.
Fleek, —dijo Leonard sin rodeos.
Vivian miró a Leonard desde atrás preguntándose cómo trabajaban los demás con él.
Un poco fuera de tacto sin endulzar las cosas, sus palabras eran a menudo contundentes al hablar.
—Ha sido así desde hace algún tiempo.
Vengan por aquí, por favor —el hombre los guio por la ciudad desierta—.
Ha habido un aumento de muertes desde hace unas semanas.
—¿Lo denunció al consejo?
—preguntó Leonard, quien caminaba junto al Sr.
Fleek.
El Sr.
Fleek asintió con la cabeza, con las manos cerca de él mientras mostraba su mano hacia la casa frente a ellos.
—Lo hice, pero cancelaron el informe —después de entrar en el consejo y estudiar algunas cosas más allí, ella descubrió que un informe podía ser rechazado si no tenía ningún valor para el consejo.
—Duque Leonard —interrumpió Hueren, que estaba detrás de ellos—.
La muerte ha sido causada por una anomalía desconocida.
Algunos de los doctores vinieron aquí a revisar, pero fueron enviados lejos, mientras que los que los visitaron vinieron después de la muerte.
Cuando Leonard miró al magistrado, el hombre respondió rápido.
—Hubo una plaga.
Una infección que atacó e infectó a algunos de los hombres y sus familias, pero desapareció en dos semanas, por lo que el consejo rechazó su transmisión al consejo superior.
La mirada de Vivian se movió de la casa a las personas que la rodeaban y observaba a los espectadores que la miraban.
Sintió un poco de incomodidad cuando sus ojos cayeron sobre su espalda.
Por suerte, entraron en la casa, lo que impidió que siguieran observándolos.
La casa tenía un aspecto deteriorado, pero estaba limpia y contaba con lo mínimo necesario.
—¿Dónde está el cuerpo?
—Está detrás —contestó el magistrado.
Vivian siguió al resto del grupo hasta la parte de atrás de la casa.
Le recordó la época en que había pisado la tierra del hombre muerto.
Se encontraron con el cuerpo, que no se parecía a nada de lo que ella hubiera visto antes.
En un lapso de un año, Vivian había visto muchos cadáveres, tantos que podía empezar a explicar los diferentes tipos de cadáveres por el estado en el que se encontraban.
El cuerpo estaba sentado derecho con los ojos abiertos y la boca bien abierta.
Lo más extraño de todo era que el cuerpo parecía como si hubiera sido succionado, seco, sin oxígeno y sin agua.
Si uno se acercaba a tocarlo, podría apostar a que se rompería como una ramita y se desmoronaría.
No es de extrañar que el cuerpo no oliera, pero ¿Qué es lo que lo convirtió en un cuerpo así?
No era una muerte normal, pero algo había hecho que el cuerpo tuviera esa reacción.
—Se ve tostado en éste clima frío —comentó Datan, mirando el cuerpo.
Leonard se acercó y vio una buena cantidad de copos de nieve que se asentaron sobre el cadáver.
Se sentó, agachando su cuerpo para mirar fijo al hombre muerto que tenía delante.
Observó los ojos que eran de color negro.
Su lengua parecía estar intacta en su boca.
Aunque el cuerpo se veía delicado, como si se pudiera desvanecer con un fuerte viento, Leo escogió la mano que yacía a un lado del cuerpo para revisar las uñas que se habían vuelto negras.
Bajando la mano, Leo dijo: —Sr.
Fleek, parece que hay una bruja negra viviendo en su pueblo.
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