Bambi y el duque - Capítulo 207
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
207: 208 Bruja Blanca – Parte 1 207: 208 Bruja Blanca – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio —¿De qué se trata?
—oyó a la hermana Isabelle preguntarle.
Vivian no contestó durante los primeros segundos y notó que la Hermana Isabelle no la apresuraba para preguntarle qué era.
En vez de eso, la mujer le dio tiempo suficiente para reunir las palabras por las que había ido hasta allí.
—No lo sé —susurró Vivian desde la casilla.
Sus ojos se fijaron en las tablas de madera que la cubrían del mundo en ese momento.
—No pasa nada.
Hay muchas cosas que no entendemos por qué nos sentimos pesados y culpables ¿Te sientes culpable, Vivian?
—la hermana Isabelle le dijo desde el otro lado— Háblame, hija mía.
Lo que sea, tienes mi oído y no te juzgaré por lo que me cuentes —dijo la mujer.
—Siento que todo lo que ha pasado está mal —dijo Vivian, sus dedos jugando juntos en un movimiento muy lento sobre su regazo—.
Desearía poder ayudar más, pero se siente como si cuanto más ayudo y me involucro, más se acumula la culpa.
—¿Quieres dejar el consejo?
Está bien si quieres.
—No.
No pienso dejar de trabajar en el consejo —admitió para sí misma y para la hermana Isabelle—.
A veces tengo miedo.
—¿Sobre lo que ves?
¿Tu habilidad?
—preguntó la hermana Isabelle— ¿Para eso viniste a confesarte?
—la señora le dio tiempo para responderle y Vivian se tomó más de un minuto esta vez, preguntándose cómo decir las palabras.
—Estoy agradecida por lo que he recibido, con esto puedo ayudar a la gente que lo necesita, al inocente, pero la habilidad no se detiene ahí.
Me asusta porque a veces veo cosas, cosas que no han sucedido o cosas paralelas a lo que ha sucedido —Vivian se detuvo, apartando la mirada de donde había estado viendo anteriormente y continuó—: Como lo que pasó con la mujer en la mansión de nieve.
El asunto era confidencial en cuanto a lo que había pasado, pero al tener a la hermana Isabelle cerca durante tanto tiempo, no parecía que tuviera que esconderlo, no porque fuera ella la que se estaba confesando.
—Antes de ir a dar mi segundo examen, vi a la señora una y otra vez hasta que realmente la vi y me encontré con ella en la mansión.
Sé que usted podría pensar que es un producto de mi imaginación, pero cuando Leo y yo fuimos allí, nunca fuimos a cierta parte de la mansión que era donde la mujer solía aparecer más —mientras decía eso, escuchó a la Hermana Isabelle hablar desde el otro lado.
—Nada es producto de tu imaginación, Vivi, —la mujer le habló como una madre lo haría con su hijo para decirle que le creía.
—He tenido algunos sueños, especialmente uno que me ha estado molestando últimamente —dijo Vivian agarrando sus manos juntas—.
Veo a Leonard allí con sangre en el pecho, demasiada sangre para saber que es de él y no de otra persona —ella sabía que Leo estaba ahí fuera escuchando cada palabra que decía ahora mismo y no quería ocultarlo.
A veces era más fácil hablar con un extraño que con alguien que estaba directamente involucrado en el asunto—.
Siempre es lo mismo y no puedo evitar preocuparme por lo que nos depara el futuro.
—confesó lo que en realidad le molestaba.
Leonard, quien había estado sentado allí escuchándola a ella y a la hermana, había cerrado los ojos hasta que oyó lo que Vivian soñaba.
Esos pocos días había pensado que era su primera misión lo que había ocupado su mente, pero parecía que eran sus sueños o premoniciones sobre él las que la habían puesto en un estado tan ansioso.
La Hermana Isabelle dijo: —Los detalles subconscientes pueden llevar a muchos significados, pero no tienen por qué caer en lo que pensamos que es verdad.
¿Qué viste con respecto a la amante del segundo señor de Bonelake?
«Así que la Hermana Isabelle también sabía de la mujer», pensó Vivian para sí misma.
—La vi acercarse a mí con ira.
Enojada y gritando —respondió a su pregunta sobre los sueños de los fantasmas.
—¿Y así era ella cuando la conociste?
—No…
—Los sueños, aunque son recurrentes, son algo que a nuestra mente le gusta poner como un recuerdo en un bucle debido a muchos factores.
Nunca antes tuviste esos sueños y creo que empezaste a verlos sólo recientemente, ¿no?
—Sí.
—Entonces no hay nada de qué preocuparse.
Puede que sea tu mente la que ha estado tratando de asimilar muchas cosas —la Hermana Isabelle trató de hacerla entender.
Con una sonrisa evidente en su voz, dijo—: Leo es un hombre especial y afortunado, y por lo tanto, también tú; al tenerse y amarse tan cariñosamente, empiezan a preocuparse por el otro.
Es muy natural que nuestra mente proyecte nuestras preocupaciones y el estado de ánimo a través de nuestros sueños.
—No hay nada más —respondió Vivian y, finalmente, cuando salió del confesionario, vio a Leo esperándola, quien, sentado en el banco, estaba ahora de pie en la parte delantera, encendiendo las velas una por una.
Vivian no sabía lo que Leo le pediría o le diría, pero cuando la vio, colocó la vela en el estrado y levantó la mano para que ella la tomara.
Al mismo tiempo, la Hermana Isabelle también salió del confesionario.
—¿Cómo te sientes ahora?
—empujó una hebra de su cabello detrás de su oreja mientras miraba la profundidad de sus ojos, que parecía mucho más clara que la niebla que se cernía sobre ella anteriormente.
—Mejor —dijo, dándole una sonrisa.
—Es bueno oír eso.
Mejor siempre es bueno —murmuró.
Besó su frente inclinándose hacia adelante.
Tirando, arrugó ligeramente el cabello que se había asentado allí para esconderlo con una sonrisa—.
Sabes, Vivi, yo no voy a ninguna parte ¿Olvidaste de qué se trata el vínculo del alma?
Ella agitó la cabeza y dijo: —No, pero tú me importas más que yo.
—Yo tengo las mismas palabras para ti.
No te dejaré sola en éste mundo aterrador —dijo, tirando de ella en sus brazos—.
No te dejé cuando una araña te aterrorizó.
Estaré allí para eliminar no a una, sino cientos y miles de ellas para ti.
Así que, por favor, no te preocupes.
—Lo intentaré.
—cerró los ojos sintiéndose segura en su abrazo.
—Por supuesto que sí —dijo sonriendo.
Vio sonreír a la Hermana Isabelle, pero cuando vaciló, se dio cuenta de que algo andaba mal.
Sin embargo, abrazó de cerca a la única persona que le era querida.
No tenía que cuestionar lo que estaba mal, ya que tenía una idea clara de lo que se trataba por lo que dijo Vivian.
Sin querer ahondar en ello, dijo: —¿Nos vamos?
Al retroceder, la oyó preguntar: —¿Y tú?
—él movió su cabeza hacia un lado.
—¿Qué hay de mí?
—¿No tienes nada que confesar?
—le dio una sonrisa de niña.
—Si hay alguien con quien quisiera, serías tú, Bambi.
Nadie más.
La hermana Isabelle se aclaró la garganta y dijo: —Eso mismo puede considerarse una confesión.
Cuando la pareja se fue, la Hermana Isabelle continuó con lo que Leo había empezado, encendiendo las velas que comenzaron a arder con fuerza al tocar la llama.
El Padre Connor, que había salido a hacer un pequeño recado de la Hermana Isabelle, regresó para ver a la pareja que se había ido.
—¿Lo rociaste por todas partes?
—preguntó sin parar lo que estaba haciendo.
El Padre Connor se acercó, sosteniendo un balde vacío que antes estaba lleno.
—Sí, Hermana Isabelle.
Me aseguré de poner los restos en el río.
Cada tanque y cada canal de agua almacenada.
No dejé una sola casa intacta ¿Crees que funcionará?
—Lo hará —contestó ella.
Ella había pasado todo el día preparando los rituales y otro día rezando con el agua que había recogido, la cual actuaría con más fuerza que el agua bendita misma, pero esa agua bendita no iba a afectar a los vampiros.
Eran para las brujas negras y la nueva criatura extranjera llamada «cambiadores».
Una vez que uno de ellos la consumiera, crearía la reacción correcta al alejarlos de los humanos, y cuando eso ocurriera, ella podría matarlos uno por uno sin que nadie se diera cuenta.
Si la sangre se había derramado antes allí, con la participación de la bruja negra y la bruja blanca, ella podría decir que había más por venir.
—¿Vas a crear más?
—preguntó el hombre que colocaba el cubo a un lado de la pared.
—Tendré que hacerlo una vez que terminemos aquí.
Creo que es hora de que nos mudemos de éste lugar, Connor.
—¿Nos lo permitirá el consejo?
—él padre preguntó con duda.
El consejo vigilaba de cerca a las brujas blancas, tan de cerca como lo haría con las brujas negras.
Connor era un ser humano ordinario que había llegado para servir a Dios, pero siendo aprendiz de la Hermana Isabelle durante tanto tiempo, quería ir adonde ella fuera.
—No lo harán —sonrió ella, colocando la vela y volviéndose para mirar su confusa cara—, no necesitan saberlo, Connor.
—Pero te matarán si te encuentran desobedeciendo sus órdenes.
—Cierto.
Pero tampoco tengo suficiente tiempo.
Mi tiempo aquí ha llegado a su fin y es sólo cuestión de unos días antes de que me vaya —tarareó la Hermana Isabelle, quien le ofreció una sonrisa que el hombre no tomó bien.
—¿Por qué dices eso?
Estaría perdido sin tu guía —argumentó presionando sus labios en una delgada línea.
La conocía desde que se unió al servicio de la iglesia.
Aunque la mayoría de las veces se guardaba sus pensamientos para sí misma, como bruja blanca, la mujer era admirable por ayudar a muchas personas que a veces no eran de la misma tierra ni de la misma clase— ¿Has descubierto el consumo de las brujas que no pueden ser curadas?
La bruja blanca no respondió a su pregunta y caminó hacia la ofrenda de agua, rociándola en sus manos.
Ella había tomado al Padre Connor bajo su protección, pero el hombre no dudó ni una sola vez de sus capacidades.
Hubo momentos en los que ella tuvo que dejar las tierras y él se había quedado de pie vigilando la iglesia y manteniendo al consejo con mentiras para que no supieran que ella se había ido.
Algunos concejales eran buenos, pero otros no tenían en cuenta la existencia de nadie más que la de ellos.
—Te has superado a ti mismo, Connor —lo miró por encima del hombro, sus ojos parpadeando suavemente—, estarás bien.
Y una vez que termine de limpiar esta aldea, empezaré a moverme hacia arriba y hacia el Oeste, necesitaré que te quedes aquí para vigilar.
—Pero…
—Tenemos que eliminar tantos enemigos como podamos antes de que empiece la guerra.
Y ellos… —se detuvo sin completar la frase y sonrió— ven a ayudarme con las hierbas.
Me ahorrará tiempo.
Al llegar la noche, la Hermana Isabelle tomó su linterna y salió de la Iglesia por la puerta trasera.
La llama de la linterna se encendió de forma intermedia, su llama se encendió en la vitrina al alejarse de la iglesia y acercarse al bosque que venía después de la ciudad.
Como muchas otras noches, la tierra de Bonelake no tuvo la suerte de tener una noche estrellada con la luna emitiendo su luz.
Se adentró en el bosque, sus pasos se ralentizaron cuando se acercó a él y se alejó de la aldea.
Escuchó los susurros de las hojas que traía el viento.
Ella giró la perilla de la luz para bajar la llama hasta que se apagó completamente.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com