Bambi y el duque - Capítulo 209
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209: 210 Cartas Perdidas – Parte 1 209: 210 Cartas Perdidas – Parte 1 Editor: Nyoi-Bo Studio Vivian frotó las dos almohadas juntas, colocándolas en la cabezera, tiró de las sábanas con las manos para que la cama se viera limpia.
Echando un vistazo a la habitación vacía, se sentó en el borde de la cama.
Sus ojos cayendo sobre el cajón que estaba al lado de la cama, se inclinó hacia adelante para tirar y abrirla.
Ese cajón parecía ser como una caja de tesoros de recuerdos pasados, ya que era el lugar de donde Vivian había sacado la pequeña cinta que una vez él le había atado al cuello.
Tocarse el cuello no hizo que obtuviera exactamente la memoria que buscaba, sino el recuerdo de la vez que aquel hombre, Ezequiel, había tratado de estrangularla con sus propias manos.
Alejando la mano de su cuello, tiró del cajón, cargándola con ambas manos para soportar el peso y ponerla sobre la cama.
Lo primero que vio fue la cinta que estaba dentro.
Había sobres, varios de ellos, que estaban casi marrones.
Preguntándose de quién podrían ser, ella los recogió; estos estaban atados con la ayuda de un hilo.
Al girarlos, descubrió que no eran más que sus propias cartas que habían sido atadas, y cuando miró el hueco del cajón que había sacado, abajo había más cartas que habían sido apiladas, lo que la hizo sentir curiosidad por saber lo que había escrito.
Mirando las fechas se dio cuenta de que eran de hace cuatro años.
Con la puerta cerrada no había nadie que la molestara y, con ese pensamiento, desató el hilo que mantenía unidas todas las cartas.
Tomando la primera, agarró la carta que tenía dentro y empezó a leer el contenido.
[Para el querido Leo, Hoy le pregunté a Paul si podía visitarte en la mansión en la que vives, pero me dijo que necesitaría un permiso especial para ello.
No pude preguntarle a la Sra.
Carmichael porque ha estado ocupada con los invitados.
Ha pasado un tiempo desde que nos visitaste aquí.
Esperaba verte.
Tuya, Vivian.] Vivian notó que la carta era corta.
Ella había enviado muchas cartas a lo largo de los años que él estuvo allí, para compensar el tiempo perdido.
Aunque Leonard se había mudado durante esos años, sin poder pasar el mismo tiempo de calidad que antes, Vivian había tratado de mantenerlos unidos.
Para cualquier persona habría sido una tontería, después de todo, ella era una doncella en esa época y él era el joven maestro real que sobresalía en casi todo, lo que incluía su temperamento, por el que había aterrizado en la mansión de Rufus y Rune.
Que un sirviente escribiera cartas era algo inaudito.
Si Sullivan Carmichael se hubiera enterado, las cartas no sólo habrían sido quemadas, sino que a Vivian se le habría prohibido estar cerca de una pluma, tinta o un pergamino de papel para enviárselas a Leonard.
Paul había animado a la niña a escribir, pero nunca tuvo la intención de pasar esas cartas al joven maestro.
La primera semana, cuando Leo se fue, Vivian había ido a buscarlo por toda la mansión sin darse cuenta de que el niño no iba a volver pronto.
Su ausencia la había dejado en lágrimas, lo que era fue similar a lo que había pasado cuando la separaron de sus padres.
Paul la había instado a escribir para distraer su mente, esperando que la pequeña se olvidara de ello con el paso de los días.
Cuando casi había terminado de escribir, la Sra.
Carmichael había encontrado a la pequeña escribiendo.
Tomó la carta y la envió a la mansión de Rune; si se tratara de otra persona, la carta podría haber sido desechada, pero en su lugar fue a parar a las manos de Nicholas Rune, lo que le pareció muy entrañable.
Leo todavía se estaba adaptando en ese momento y no estaba en contacto con el joven Señor de Bonelake, que le estaba haciendo pasar un mal momento como lo hizo él; para prepararlo y tener una conexión con su casa, le daba las cartas cada vez que llegaban.
El joven Leo estaba obligado a responderle a la joven humana.
Consciente de que la niña estaba afectada por su ausencia, él le había contestado por escrito, lo que duró años hasta que se volvieron a encontrar.
La Sra.
Carmichael era consciente de ese pequeño intercambio, pero nunca se interpuso en él, esperando que un día la niña llegara a domar el temperamento de su hijo, que a veces era volátil.
Ahora mismo, Vivian abrió la siguiente carta que estaba fechada unos días después de la carta que acababa de abrir.
Abriéndolo, ella leyó: [Para el joven maestro Leo, Al no haber recibido una respuesta de su parte desde hace días, espero que todo esté bien.
Está bien si no consigo permiso.
Esperaré su visita a la mansión.
Por favor, no lo haga, tenga cuidado con el clima.
He contraído una gripe y una fiebre que está tardando en disminuir.
Espero que se encuentre bien, joven maestro Leo.
Atentamente, Vivian.] La carta fue leída y Vivian notó la diferencia entre la primera y la segunda carta que tenía en sus manos.
En la primera carta se dirigía de manera informal, mientras que en la última se dirigía a Leonard como “joven maestro Leo”.
En algún lugar, al fondo de sus recuerdos, recordaba tenuemente la forma en la que había escrito.
Fue hace cinco años, pero habían pasado la mayor parte de su tiempo escribiéndose en la distancia, recuperando el tiempo y el espacio perdido.
Ella había estado preocupada en ese momento.
Preocupada de que ella lo hubiera ofendido de alguna manera sin saber qué mal había hecho.
Para corregir sus errores, ella le había dado el estatus que, como una criada, ella tenía que utilizar para dirigirse a él.
Pero la carta y su escritura habían funcionado.
Leonard había llegado al día siguiente justo después de recibir la carta de ella.
Todavía no sabía si fue por la forma en la que se había dirigido a él o si fue por su fiebre que irrumpió al día siguiente, lo que lo había llevado a la mansión medio preocupado y ansioso.
A un extraño le hubiera parecido que Leonard había ido a ver a sus padres, pero en realidad, ya los había visto una semana antes y sólo había ido a ver a Vivian.
Una sonrisa apareció en sus labios pensando en eso.
Esos recuerdos de ellos eran dulces.
Dulces y amargos ahora con las cosas que estaban sucediendo.
Por muy contenta que estaba de que hubieran cruzado juntos el primer obstáculo.
No eliminaba el peligro que ya se había asentado y creado un hogar a su alrededor.
El tiempo era oscuro y sólo se podía esperar que mejorara en los próximos años.
Habían resuelto el caso de Charlotte, pero no pudieron encontrar el consuelo con la gente que ya estaba muerta.
¿Dónde estaba la redención?
Las emociones se apagaron, el dolor se alejó como si fuera un viento pasajero.
No sabían cuántos otros cambiadores existían aún en esas tierras.
Dos habían muerto prematuramente, pero estaba el principal, que residía en el consejo, que nadie podía imaginar.
«¿En quién confiar y en quién no?» Era algo difícil de hacer, pensó Vivian para sí misma.
Había una bruja negra que había utilizado la ayuda del vampiro de sangre pura, Jamien, pero Jamien estaba muerto y no había nada de lo que pudieran deducir.
Era obvio que el cambiador que estaba en el consejo estaba trabajando con la bruja negra, pero ¿Cómo iban a saberlo?
Vivian recordó la memoria del momento en el que Rory y la mujer se hablaban.
Ella había hablado de que ya se había probado con una familia.
¿Era la familia Carmichael?
Tenía sentido.
Las familias Carmichael e Easton habían sido sacrificadas en nombre del odio que se creaba entre las criaturas.
Quería ir a Valeria, pero ahora que estaba en el consejo, la mudanza se le hacía difícil y no podía.
Todos los días había un trabajo.
Todos los días había un problema que había que resolver de día a noche y con un horario extendido si era necesario.
Las responsabilidades nunca se detenían y su mente permanecía ocupada.
Recogiendo todos los sobres, los ató para ponerlos en el cajón, y encontró una cajita en la esquina del cajón.
Un poco confundida, la miró antes de levantarla y volver a colocar el cajón en su sitio.
Era una caja de música, muy similar a la que tenía.
Curiosa de saber cómo sonaba, la abrió, lo que produjo una pieza musical que la hizo sonreír.
La caja de música que ella misma tenía era una que Leonard le había regalado.
Ella giró la pequeña perilla a un lado para escuchar la misma música que se escuchaba en ella, haciendo que una sonrisa más amplia se asentara en sus labios.
Hizo un tintineo hasta que ella siguió dándole la vuelta.
La puerta de la habitación se abrió y Leonard entró, viéndola con la caja de música.
—No sabía que había dos de ellas —dijo Vivian, moviendo su cuerpo a la izquierda para enfrentarlo.
La música continuó sonando de nuevo en el fondo mientras ella giraba la perilla.
—Lo compré unos meses después de dejar éste lugar.
—Leo miró la pequeña caja de música mientras se quitaba el abrigo y se arremangaba las mangas para doblárselas hasta el codo.
Leonard, quien había salido con Sir Malcolm Rufus, había acompañado al hombre debido a una disputa en la aldea que había surgido en relación con los propietarios de las tierras donde se celebraba una feria cercana.
Leo había visitado las ferias solo con Vivian porque decía que ella se perdería si él no estaba cerca.
Recordando el regalo que había arreglado para dárselo a ella, había buscado fervientemente la música exacta.
Sus acciones no tenían sentido y, en cambio, se había argumentado a sí mismo que era porque no tenía una caja de música.
—Esta música debe ser muy popular para ser vendida —murmuró Vivian, guardando la caja de música en el cajón.
Incapaz de contener la felicidad, ella dijo, mientras sus ojos se encontraban con los de él sonriendo—: Vi mis cartas allí dentro.
—Eran demasiado valiosas para ser desechadas —dijo.
Vivian sintió que era verdad, había guardado todas las cartas de Leo en una caja que ahora estaba escondida detrás de una de las puertas del armario—.
¿Y las mías?
—lo escuchó preguntar.
—Están en un lugar seguro, pero son las del último año.
Creo que Paul las guardó en alguna parte o debió haberlas tirado después de que yo terminara de leerlas.
—ya que Vivian era joven y una sirvienta, recibir cartas del joven maestro de la casa no quedaría bien.
Después de la muerte de Paul, Vivian había sido una de las sirvientas que se había encargado de limpiar su habitación y esperaba encontrar las cartas perdidas, pero no había encontrado ni una sola allí.
Eso la entristeció.
—No pasa nada.
Estoy aquí ahora mismo, así que no tienes que preocuparte por esas cartas perdidas —Leo se inclinó hacia adelante, con la cabeza inclinada hacia su cara mientras sus labios se cernían sobre ella—.
Hablando de las últimas cartas, debo decir que hubo algunas cosas que no me gustaron —Vivian levantó las cejas cuestionando lo que era.
—¿De qué se trataban?
—Sólo de una niña que creía que estaba reemplazando mi lugar en su vida por otra persona —su expresión era serena y aunque estaban casados, el momento en que recibió la carta le había amargado y viciado el estado de ánimo.
—¿Eh?
Pero nunca lo hice, ¿qué carta era esa?
—ella lo vio retroceder del beso que ella esperaba de él.
…
[N/A: Por favor, léanlo: Éste libro termina el 1 de octubre y del siguiente libro de la serie: “La mascota del joven maestro Damián”, se han comenzado a subir capítulos.
Me encantaría que añadieran la historia y empezaran a apoyar el libro con su lectura continua.
Pueden votar por el nuevo libro a partir del 1 de octubre, hasta entonces continúen derramando sus piedras de poder en éste libro.
Debido al fin de BAD a finales de éste mes, no habrá ningún privilegio.
Lo estaré quitando, lo que significaría que todos los capítulos del privilegio serán desbloqueados como sus capítulos regulares.
Para saber cuándo saldrá a la venta, vayan a “Acerca de éste libro”; en la pestaña de información podrán ver “Comprar privilegios para obtener…” pulsando sobre él podrán ver el tiempo que queda para que expire.
Las SS para éste capítulo han sido establecidas con anterioridad, así que incluso si agrego un capítulo entero extra al contenido existente, todavía tendría la piedra de Espíritu anterior que fue establecida.
Sé que algunos de ustedes no leen las notas del autor.
Por lo tanto, escribo aquí para comunicarme con ustedes.
También porque la nota del autor no puede contener lo que quiero decir.
WN va a combinar el ranking de libros, por lo tanto, entrar en el top 20 va a ser difícil a partir de éste momento.
No olviden entrar en la aplicación todos los días para votar por el libro, sólo hace falta un par de toques.
Actualmente estamos en el puesto #23 Voy a escribir otro libro también: “El último turno” que pueden añadir a su biblioteca.
Prepárense para embriagarse y lean BAD pronto.
Gracias por escucharme.]
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